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Capilla del Carmen.
Entre las verjas que delimitan el compás de la iglesia del Salvador y los muros del templo se encuentra la Capillita del Carmen, un pequeño oratorio que, pese a su modestia arquitectónica, posee un notable valor histórico y devocional dentro del conjunto parroquial.
Su presencia pasa fácilmente desapercibida frente a la
grandiosidad barroca del Salvador, pero constituye uno de esos rincones que
conservan la memoria de las antiguas devociones populares de la ciudad.
Compas de la iglesia del Salvador. Al fondo, la Capilla del Carmen
Capilla del Carmen
Sobre el entablamento de la capilla puede contemplarse el escudo de la Orden Carmelita.
La devoción a la Virgen del Carmen llegó a la Archidiócesis de Sevilla en el siglo XV de la mano de los Carmelitas y, seis siglos después, continúa profundamente arraigada tanto en la capital como en numerosos pueblos de la diócesis.
Cada 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, esta tradición
vuelve a manifestarse con especial intensidad.
Escudo de la Orden Carmelita
La capillita está vinculada a la antigua hermandad del Carmen que, tras la supresión del carácter colegial del templo en 1855 y su transformación en parroquia, se estableció en el Salvador junto a otras corporaciones religiosas.
La hermandad procedía de una casa de la calle Sierpes derribada en 1820 y conservó aquí sus antiguas reglas de 1731, custodiadas hoy en la parroquia.
En el interior se conserva una delicada escultura de pequeño formato atribuida a Juan Bautista Petroni. Tallada en madera, representa a la Virgen del Carmen según la iconografía tradicional: túnica y escapulario marrón, cubiertos por una capa blanca que cae sobre los hombros. En la mano derecha sostiene los escapularios, símbolo fundamental de la espiritualidad carmelitana, mientras que con la izquierda porta al Niño Jesús. Tanto la Virgen como el Niño muestran ricos estofados dorados.
Imagen de la Virgen del Carmen a través de la reja y el cristal
Detalle de la Virgen del Carmen
Antes de la colocación de la actual talla, la capilla albergó una pequeña pintura del siglo XVIII, atribuida a Juan Ruiz Soriano, de inspiración murillesca, en la que la Virgen del Carmen aparecía con el Niño sobre un trono de nubes.
Pintura del siglo XVIII
Su reducido tamaño, el cristal que la protege —que dificulta notablemente su fotografía por los reflejos— y su situación junto a las gradas del templo hacen que pase desapercibida o que muchos transeúntes la contemplen casi de pasada. Sin embargo, este pequeño santuario constituye un valioso testimonio de la religiosidad sevillana, donde la gran arquitectura barroca convive con espacios íntimos de oración.
Una vez más, incluso en plena ola de calor, el doctor Carranza nos recuerda que hay rincones en Sevilla, por los que hemos pasado cientos de veces, sin contemplar la curiosa historia que encierran. Tal vez la urgencia de ingerir una Cruzcampo gélida en la Alicantina nos haga pasar velozmente por esta capilla, sin reparar en su existencia. Prometo detenerme ante élla, si bien despues de ese primer trago reparador de la Cruzcampo.
ResponderEliminarFuno detalle de Sevilla. Gracias Ansres
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