jueves, 12 de marzo de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen de las Fiebres. Iglesia de la Magdalena.

Retablo de la Virgen de las Fiebres

En la nave del crucero de la iglesia de la Magdalena, junto a la puerta de la sacristía, se encuentra la imagen de la Virgen de las Fiebres. 

La escultura fue realizada en 1564 por el escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo y constituye una recreación de la antigua imagen que se veneraba en la desaparecida iglesia de San Pablo, perdida tras el hundimiento de aquel templo. 

Aquella primitiva talla fue considerada una de las representaciones marianas más sobresalientes del Renacimiento sevillano, lo que explica el interés por reproducirla y mantener viva su devoción.

Virgen de las Fiebres

La imagen muestra a la Virgen sosteniendo al Niño Jesús sobre el brazo izquierdo, mientras con la mano derecha recoge suavemente un pliegue del manto. Este gesto sencillo aporta elegancia a la composición y contribuye a dotarla de una notable naturalidad. 

Detalle de la Virgen de las Fiebres

Detalle dela mano derecha de la Virgen de las Fiebres

Uno de los aspectos más admirables de la obra es la delicada expresión del vínculo maternal entre la Virgen y el Niño. 

María sostiene al pequeño con gesto protector, envolviéndolo con su manto, mientras el Niño dirige su mirada hacia el rostro de su Madre como buscando amparo. 

Esa sonrisa del Niño al contemplar a su Madre evoca el célebre verso de Virgilio: “Incipe, parve puer, risu cognoscere matrem”, que puede traducirse como “empieza, pequeño niño, a reconocer a tu madre con la sonrisa”.

Detalle de la Virgen de las Fiebres

En esta obra de Juan Bautista Vázquez el Viejo la ternura de los rostros alcanza una intensidad especialmente lograda, sin caer nunca en el exceso expresivo. 

Se suma el magnífico tratamiento de los pliegues de las vestiduras, que contribuyen a reforzar la armonía general del conjunto. 

La escultura transmite, en definitiva, una sensación de cercanía y acogimiento que explica el profundo arraigo devocional que llegó a alcanzar.

Detalle del Niño

Durante siglos la imagen gozó de gran veneración en Sevilla. A ella acudían especialmente las mujeres para implorar protección frente a las fiebres y complicaciones tras el parto, mientras que el resto de la población también solicitaba su intercesión contra las enfermedades febriles que con tanta frecuencia afectaban a la sociedad de la época.

De esta tradición procede la antigua advocación de Virgen de las Fiebres con la que fue conocida.

La tradición piadosa vincula esta devoción con un episodio relacionado con la muerte de Alfonso XI de Castilla y los acontecimientos que siguieron a su fallecimiento. 

En 1350 el monarca se encontraba sitiando el Peñón de Gibraltar cuando la epidemia de peste que desde hacía años se extendía por la península alcanzó también el campamento cristiano. 

Muchos soldados enfermaron y, pese a las precauciones adoptadas, el propio rey contrajo la enfermedad. Fue apartado del frente con la esperanza de favorecer su recuperación, pero finalmente falleció en marzo de ese mismo año.

La muerte del monarca obligó a levantar el cerco de Gibraltar, pues el ejército castellano se encontraba muy debilitado por la epidemia. 

El cadáver de Alfonso XI fue trasladado a Sevilla para recibir sepultura. En la comitiva fúnebre viajaban, entre otros, Leonor de Guzmán (perteneciente a una destacada familia sevillana y amante del rey) y los hijos de ambos, Enrique y Fadrique.

En Sevilla aguardaban la reina legítima, María de Portugal, y el joven príncipe Pedro I de Castilla, conocido posteriormente con el sobrenombre del Cruel para unos y el Justiciero para otros, que fue proclamado rey con apenas dieciséis años.

Poco después de su proclamación, el nuevo monarca enfermó gravemente, hasta el punto de temerse por su vida. Según la tradición, su madre imploró entonces la intercesión de la Virgen de las Fiebres, cuya primitiva imagen era una escultura de terracota situada en el claustro del convento dominico de San Pablo.

La leyenda cuenta que, tras varios días de oración, el joven rey experimentó una inesperada mejoría y logró recuperarse de la enfermedad. 

En agradecimiento por la curación, la reina prometió ofrecer una escultura de plata que representara a su hijo arrodillado en actitud orante ante la Virgen. 

Una vez restablecido, el propio monarca cumplió el voto y la estatua fue colocada a los pies de la imagen mariana como exvoto de gratitud.

Sin embargo, los cambios políticos posteriores alteraron el destino de aquella ofrenda. Tras la victoria de Enrique II de Castilla y el final del reinado de Pedro I, la presencia de una efigie del monarca derrotado dejó de ser conveniente. Por este motivo la estatua fue retirada y con el paso del tiempo se perdió su rastro, sin que se conserve noticia cierta de su paradero.

Pese a la desaparición de aquel exvoto, la devoción a la Virgen de las Fiebres continuó viva durante siglos, enriquecida por la tradición popular y por los relatos históricos que acompañaron a esta advocación mariana. 

La actual imagen de la Virgen de las Fiebres conserva así la memoria de una devoción profundamente arraigada en la historia religiosa de Sevilla.

RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen del Amparo.

Capilla de la Virgen del Amparo

En el crucero del lado del evangelio, de la iglesia parroquial de la Magdalena, se encuentra la capilla dedicada a la Virgen del Amparo. El espacio queda delimitado por una elegante reja fechada en el primer cuarto del siglo XVIII, pieza de notable valor artístico que no solo cumple una función de cierre, sino que contribuye a realzar el carácter solemne y devocional del recinto.

El interior está presidido por un retablo barroco del siglo XVIII, atribuido al ensamblador Cristóbal de Guadix. Se trata de una estructura de gran riqueza ornamental, articulada mediante columnas salomónicas que aportan dinamismo al conjunto y que responden plenamente al gusto escenográfico propio del barroco sevillano. La decoración, abundante y minuciosa, refuerza el carácter sagrado del espacio y dirige la atención hacia el centro del retablo, donde se sitúa la imagen titular.

Retablo

En el camarín central, revestido con azulejería decorativa, se venera la imagen de la Virgen del Amparo, escultura atribuida al escultor flamenco Roque Balduque y fechada hacia 1555. La policromía de la obra se atribuye tradicionalmente al pintor Antonio de Alfian. La adscripción de la escultura al maestro flamenco ha sido defendida por diversos especialistas. Entre ellos destacan las consideraciones del profesor José Hernández Díaz, así como los estudios de Juan Miguel González Gómez realizados con motivo de la exposición Los Esplendores de Sevilla, y los análisis más recientes del profesor José Roda Peña.

Virgen del Amparo


La advocación del Amparo hunde sus raíces en una de las plegarias más antiguas dedicadas a la Virgen en la tradición cristiana: la antífona “Sub Tuum Praesidium” (“Bajo tu amparo nos acogemos”), oración que expresa la confianza del pueblo cristiano en la protección maternal de María. A partir de esta invocación se desarrollaron diversas representaciones iconográficas en el arte cristiano, especialmente en Oriente, en las que la Virgen aparece como protectora de los fieles, a menudo con actitud orante o de intercesión.

La escultura de Nuestra Señora del Amparo es una imagen de bulto redondo de aproximadamente 1,53 metros de altura. Representa a la Virgen de pie sosteniendo al Niño Jesús en su regazo. El rostro responde a un ideal de belleza próximo a los modelos renacentistas, con rasgos serenos y equilibrados. Sus facciones rectas, la mirada suavemente baja y una leve sonrisa confieren a la imagen una expresión dulce y contenida. Este tratamiento revela la influencia del humanismo artístico del siglo XVI y la cercanía a ciertos planteamientos del arte italiano, perceptibles en el incipiente naturalismo de la escultura.

Detalle de la Virgen del Amparo

La composición rompe con la rigidez frontal característica de etapas anteriores. La figura presenta un ligero contraposto, visible en la flexión de la rodilla izquierda y en la inclinación de la cabeza, recursos que aportan naturalidad y movimiento al conjunto. Este planteamiento compositivo revela una sensibilidad más moderna dentro del panorama escultórico sevillano del momento.

La Virgen viste una túnica de color jacinto, ajustada en el cuello mediante un discreto cierre, decorada con una delicada estampación floral donde predominan los tonos dorados combinados con perfiles rojos y blancos. Sobre ella lleva una toca marfileña y un amplio manto azul con matices verdosos, ricamente estofado. El manto se organiza en abundantes pliegues que caen con elegancia alrededor de la figura. Su superficie se adorna con grandes medallones dorados cincelados, mientras que la cenefa perimetral presenta motivos vegetales en tonos azules, rojos y blancos sobre fondo dorado. Las vueltas interiores, también en tono marfil, muestran una decoración floral menuda en la que pequeñas flores de cuatro pétalos, perfiladas en rojo, contrastan con hojas verdes.

La túnica se dispone en amplios pliegues que se fragmentan en ondulaciones más pequeñas al llegar a los pies. Bajo el borde inferior, enriquecido con una fina ornamentación vegetal dorada, apenas se deja ver el zapato derecho de la Virgen, detalle que añade naturalidad al conjunto.

Detalle de la Virgen del Amparo


A lo largo del tiempo la imagen ha contado con un amplio ajuar textil compuesto por distintos mantos y sayas. En la actualidad se reviste habitualmente solo con manto durante el ciclo litúrgico anual. Para su salida procesional utiliza el manto bordado en 1851 por el bordador Manuel María Ariza, pieza de extraordinaria calidad que constituye una de las obras más destacadas de su patrimonio.

Sobre el brazo izquierdo de la Virgen se dispone la figura del Niño Jesús, que dirige su mirada hacia su madre mientras bendice con la mano derecha. El Niño aparece desnudo, símbolo de pureza e inocencia, cubierto únicamente por unos pañales de tonalidad rojiza que aluden simbólicamente al sacrificio redentor y anticipan la pasión de Cristo.

Detalle de la Virgen y el Niño Jesús


La imagen se enmarca en una ráfaga de plata realizada a finales del siglo XVIII por el platero Tomás de Pedraxas, obra representativa del gusto rococó. Entre las piezas históricas que posee la imagen destacan también las coronas de plata sobredorada que ya aparecen documentadas en representaciones antiguas de la Virgen, como la datada hacia 1750. Según la profesora María Jesús Sanz Serrano, estas piezas pueden situarse a comienzos del siglo XVIII. La corona, ricamente decorada con flores, querubines y óvalos con símbolos de las letanías lauretanas, ha sido atribuida al orfebre Juan Laureano de Pina.

Entre los atributos más característicos de la imagen se encuentra el corazón alado que sostiene en su mano derecha, obra fechable en la segunda mitad del siglo XVIII. Este símbolo, propio de la advocación del Amparo, representa la prontitud y misericordia de María para socorrer a quienes acuden a ella en momentos de necesidad. Su presencia responde al lenguaje simbólico de la emblemática barroca y remite de forma directa al sentido protector expresado en la plegaria del “Sub Tuum Praesidium”.

Detalle del corazón alado

Existe la leyenda de que el nombre primitivo de Nuestra Señora fue el de Virgen de Gracia, y que se cambió como consecuencia de un hecho milagroso durante el intento del robo sacrílego de la corona de la imagen en la que protegió al ladrón.

La tradición popular conserva además una leyenda relacionada con la imagen. Según este relato, la Virgen habría recibido en origen el título de Virgen de Gracia, cambiando posteriormente al de Amparo tras un episodio considerado milagroso. La historia, transmitida en un romance anónimo publicado hace algo más de un siglo en la revista “La Hojita Celeste”, narra el intento de robo sacrílego de la corona de la imagen. 

La Hojita Celeste. (ver) CC BY 3.0)


En el relato, un ladrón logra entrar de noche en la iglesia de la Magdalena y trata de apoderarse de la corona de la Virgen. Sin embargo, al tocarla queda inexplicablemente inmovilizado junto a la imagen. Al amanecer, el templo se llena de fieles, autoridades y clero que contemplan asombrados la escena. Finalmente interviene el prelado de la diócesis, identificado en ocasiones con el cardenal Enrique Almaraz y Santos, quien concede el perdón al culpable tras reconocer este la protección que la Virgen le había dispensado.

La Hojita Celeste. A la Virgen del Amparo (ver) CC BY 3.0)

La Virgen del Amparo es considerada patrona y protectora de la feligresía de la Magdalena. Su hermandad se fundó en 1736 y desde 1755 realiza su salida procesional el segundo domingo de noviembre. Esta procesión tiene su origen en un voto de acción de gracias formulado por la parroquia tras el devastador Terremoto de Lisboa de 1755. El seísmo se produjo el 1 de noviembre de ese año, coincidiendo con la celebración de la misa mayor del día de Todos los Santos. Ante el pánico causado por el temblor, clero y fieles invocaron la protección de la Virgen del Amparo, atribuyendo posteriormente a su intercesión la salvación de la feligresía.

La procesión se acompaña de un destacado despliegue litúrgico y musical. Entre las composiciones vinculadas a esta devoción destaca la “Plegaria de la Virgen del Amparo”, obra del compositor sevillano Joaquín Turina. Asimismo, al concluir la procesión se entona tradicionalmente la antífona mariana “Sub Tuum Praesidium”.

El paso procesional de la Virgen fue estrenado en 1927. Su realización se llevó a cabo en el taller de Antonio Corrales, con trabajos de talla de Rafael y Luis Domínguez según diseño del artista Montenegro.

Paso procesional de la Virgen del Amparo

La imagen ha sido objeto de varias intervenciones de conservación. Entre 1986 y 1987 fue restaurada por el especialista José Rodríguez Rivero Carrera con el patrocinio de la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla. Posteriormente, en 2015, se llevó a cabo una nueva limpieza y revisión técnica por parte de los restauradores Almudena Fernández García y José Joaquín Fijo León.