viernes, 26 de junio de 2026

RUTA DE LOS CAMPANARIOS Y VELETAS 

Iglesia del Salvador.

La torre campanario que se alza junto al Patio de los Naranjos constituye uno de los elementos más representativos de la Iglesia Colegial del Divino Salvador y un extraordinario testimonio de la evolución histórica de Sevilla. Su estructura resume más de mil años de arquitectura, al conservar en un mismo edificio vestigios de las etapas islámica, medieval cristiana y barroca.

El cuerpo inferior corresponde al antiguo alminar de la mezquita aljama de Ibn Adabbas, levantada entre los años 829 y 830 durante el emirato omeya. Este primer tramo, construido en ladrillo y de unos once metros de altura, servía para que el almuecín convocara a los fieles musulmanes a la oración. Cuando Sevilla fue conquistada por Fernando III en 1248, la mezquita fue consagrada al culto cristiano, pero su alminar se conservó, siguiendo una práctica habitual en muchas ciudades peninsulares.

Torre campanario desde la calle Córdoba, donde se aprecia el cuerpo inferior

Durante el reinado de Alfonso X el Sabio comenzaron las primeras transformaciones para adaptar el antiguo alminar a su nueva función de campanario. Posteriormente, en el siglo XIV, se añadió un cuerpo de estilo gótico-mudéjar que incrementó su altura y reforzó su presencia sobre el perfil urbano. La configuración definitiva llegó entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, cuando Leonardo de Figueroa diseñó el elegante remate barroco que hoy corona la torre, integrando con notable armonía elementos decorativos propios del barroco sevillano.

Torre campanario desde el patio de los naranjos

Detalle de los dos cuerpos superiores

Detalle del cuerpo superior

Remate de la torre campanario desde la Plaza de Jesús de la Pasión

Detalle de la cruz de forja y la veleta

La torre domina el histórico Patio de los Naranjos, antiguo sahn o patio de abluciones de la mezquita, conservado tras la cristianización del edificio. A finales del siglo XVI, el obispo Francisco Reinoso reorganizó este espacio, disponiendo las hileras de naranjos en perfecta alineación con las antiguas columnas de la sala de oración y configurando un jardín donde conviven naranjos, cipreses y palmeras. Bajo el nivel actual del patio permanecen enterrados numerosos restos de la Sevilla romana y visigoda, entre ellos columnas y capiteles reutilizados en distintas épocas, testimonio de la continuidad histórica del lugar.

Además de su importancia arquitectónica, la torre conserva un notable patrimonio campanero. Alberga uno de los escasos conjuntos de campanas de volteo manual que aún permanecen en funcionamiento en Andalucía, formado por ocho campanas que siguen siendo accionadas de manera tradicional en las principales celebraciones litúrgicas. El sonido de estos bronces constituye un valioso patrimonio inmaterial que mantiene viva una práctica transmitida de generación en generación.

La torre campanario del Salvador no es solo un elemento funcional destinado a albergar las campanas, sino un símbolo de la continuidad histórica de Sevilla. Desde el antiguo alminar islámico hasta el refinado remate barroco, cada una de sus etapas refleja la transformación de la ciudad y la superposición de culturas que caracteriza al conjunto monumental del Salvador, uno de los ejemplos más significativos del diálogo entre el legado andalusí y el arte cristiano en la capital hispalense.

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Capilla del Carmen.

Entre las verjas que delimitan el compás de la iglesia del Salvador y los muros del templo se encuentra la Capillita del Carmen, un pequeño oratorio que, pese a su modestia arquitectónica, posee un notable valor histórico y devocional dentro del conjunto parroquial. 

Su presencia pasa fácilmente desapercibida frente a la grandiosidad barroca del Salvador, pero constituye uno de esos rincones que conservan la memoria de las antiguas devociones populares de la ciudad.

Compas de la iglesia del Salvador. Al fondo, la Capilla del Carmen

Capilla del Carmen

Sobre el entablamento de la capilla puede contemplarse el escudo de la Orden Carmelita.

La devoción a la Virgen del Carmen llegó a la Archidiócesis de Sevilla en el siglo XV de la mano de los Carmelitas y, seis siglos después, continúa profundamente arraigada tanto en la capital como en numerosos pueblos de la diócesis. 

Cada 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, esta tradición vuelve a manifestarse con especial intensidad.

Escudo de la Orden Carmelita

La capillita está vinculada a la antigua hermandad del Carmen que, tras la supresión del carácter colegial del templo en 1855 y su transformación en parroquia, se estableció en el Salvador junto a otras corporaciones religiosas.

La hermandad procedía de una casa de la calle Sierpes derribada en 1820 y conservó aquí sus antiguas reglas de 1731, custodiadas hoy en la parroquia. 

En el interior se conserva una delicada escultura de pequeño formato atribuida a Juan Bautista Petroni. Tallada en madera, representa a la Virgen del Carmen según la iconografía tradicional: túnica y escapulario marrón, cubiertos por una capa blanca que cae sobre los hombros. En la mano derecha sostiene los escapularios, símbolo fundamental de la espiritualidad carmelitana, mientras que con la izquierda porta al Niño Jesús. Tanto la Virgen como el Niño muestran ricos estofados dorados.

Imagen de la Virgen del Carmen a través de la reja y el cristal

Detalle de la Virgen del Carmen

Detalle de la Virgen del Carmen

Detalle de la Virgen del Carmen

Antes de la colocación de la actual talla, la capilla albergó una pequeña pintura del siglo XVIII, atribuida a Juan Ruiz Soriano, de inspiración murillesca, en la que la Virgen del Carmen aparecía con el Niño sobre un trono de nubes. 

Pintura del siglo XVIII

Su reducido tamaño, el cristal que la protege —que dificulta notablemente su fotografía por los reflejos— y su situación junto a las gradas del templo hacen que pase desapercibida o que muchos transeúntes la contemplen casi de pasada. Sin embargo, este pequeño santuario constituye un valioso testimonio de la religiosidad sevillana, donde la gran arquitectura barroca convive con espacios íntimos de oración.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Estatua de Martínez Montañés.

Monumento dedicado a Martínez Montañés

Frente a la Iglesia del Salvador, en la plaza, se alza el monumento dedicado a Martínez Montañés, una de las figuras más sobresalientes de la escultura española del Siglo de Oro y el gran maestro de la escuela sevillana de imaginería. Nacido en Alcalá la Real en 1568, desarrolló la mayor parte de su carrera en Sevilla, donde alcanzó un extraordinario prestigio gracias a la perfección técnica de sus tallas en madera policromada, lo que le valió el sobrenombre de «el dios de la madera». Entre sus obras maestras sobresalen el Cristo de la Clemencia de la Catedral y la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, titular de la Hermandad de Pasión, cuya estrecha vinculación con el templo del Salvador explica la presencia de este monumento en la plaza.

Su ejecución fue promovida por un grupo de vecinos del barrio de San Lorenzo en 1916, aportando un boceto del imaginero Antonio Castillo Lastrucci. Finalmente, en 1920 se aprobó el proyecto presentado por el escultor y médico Agustín Sánchez Cid, por considerarse más adecuado

Fundida en los talleres Codina de Madrid, la obra representa a Martínez Montañés sentado en actitud serena y reflexiva, sosteniendo en una mano una gubia, símbolo de su oficio, y en la otra una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción, conocida popularmente como “La Cieguecita”, una de las creaciones más admiradas de su producción artística. La composición pretende evocar el instante de la creación, mostrando al escultor concentrado en su labor y subrayando la estrecha unión entre el arte y la devoción que caracterizó toda su trayectoria.

Detalle Martínez Montañés

Detalle Martínez Montañés
Detalle del rostro
Detalle del rostro

Detalle de la Cieguecita

La figura descansa sobre un elegante pedestal de mármol blanco de planta cuadrangular con las esquinas achaflanadas. En ellas aparecen relieves de ángeles, mientras que las caras principales albergan cartelas de bronce con inscripciones conmemorativas, configurando un conjunto monumental de gran equilibrio que se integra armoniosamente en el entorno barroco de la plaza.

Monumento 

Detalle de ángel

Detalle de ángel

Detalle de cartela de bronce

Detalle de cartela de bronce
Detalle de cartela de bronce

A lo largo del siglo XX, el monumento conoció diversos emplazamientos. Inicialmente se situó junto a la fachada de la iglesia, más tarde fue trasladado a las inmediaciones de la Catedral, junto al Archivo de Indias, y finalmente regresó a la Plaza del Salvador, donde permanece desde 1985. Su ubicación actual no es casual. La tradición sevillana sostiene que ocupa el lugar desde el que Martínez Montañés contemplaba cada Jueves Santo la salida procesional de su célebre Jesús de la Pasión. Aunque esta historia pertenece más al ámbito de la memoria popular que al de la documentación histórica, ha contribuido a convertir la estatua en uno de los rincones más simbólicos de la ciudad.

Esta estrecha relación entre el escultor y la Hermandad de Pasión queda igualmente reflejada en un azulejo conservado en el interior de la capilla sacramental de Pasión, inspirado en una pintura de finales del siglo XIX de Joaquín Turina y Areal, donde se representa a Martínez Montañés contemplando la salida de la imagen que él mismo talló. De este modo, el monumento de la plaza no solo honra la memoria de un artista excepcional, sino que recuerda las tradiciones de Sevilla, convirtiéndose en uno de los elementos más representativos del entorno de la Iglesia del Salvador.

Azulejo dedicado a Martínez Montañés

Detalle del Azulejo