ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA
Manuel Laraña y Fernández.
Manuel Laraña y
Fernández (Sevilla, 24 de febrero de 1815 – 11 de febrero de 1903) fue una de
las personalidades más relevantes de la vida jurídica, académica y política de
la Sevilla decimonónica. Abogado de extraordinario prestigio, catedrático de
Derecho, rector de la Universidad de Sevilla y senador del Reino, dedicó toda
su vida al servicio de la enseñanza superior y contribuyó decisivamente al
fortalecimiento de la institución universitaria durante la segunda mitad del
siglo XIX.
Pintura que representa al Rector Manuel Laraña Fernández
retratado vestido con toga negra y banda, con tres medallas , entre ellas la de
Rector (ver) (CC BY 3.0)
Hijo de Manuel
Laraña y Muñoz de Rivero y de María del Carmen Fernández Contreras, nació en el
seno de una familia sevillana de sólida formación. Contrajo matrimonio en 1843
con María del Rosario Ramírez Pascual, natural de Santa Cruz de Tenerife, con
quien tuvo cuatro hijos. La familia residió en la calle Cervantes, en pleno
centro histórico de Sevilla. Hombre de profundas convicciones religiosas, dejó
constancia de su ferviente fe católica en el testamento otorgado pocos años
antes de su fallecimiento, donde expresaba su confianza en alcanzar la gracia
divina y la protección de la Virgen María.
Su brillante
trayectoria académica comenzó de forma precoz. Obtuvo el grado de bachiller en
Filosofía con apenas trece años y completó posteriormente los estudios de Leyes
y Cánones, doctorándose en Derecho por la Universidad de Sevilla en 1838. Desde
muy joven destacó por su capacidad intelectual y por sus extraordinarias
cualidades como docente, iniciando una larga carrera universitaria como
profesor sustituto de diversas cátedras de Jurisprudencia y Derecho Público.
En 1847 fue
nombrado catedrático propietario de Historia y Elementos de Derecho Civil de la
Universidad de Sevilla, renunciando incluso a una prometedora carrera en la
Audiencia Provincial para dedicarse plenamente a la enseñanza. Durante más de
medio siglo impartió diversas materias de Derecho Civil, Mercantil y Penal,
convirtiéndose en uno de los profesores más admirados por sus alumnos.
Paralelamente
desarrolló una intensa actividad institucional. Fue abogado en ejercicio y
decano del Colegio de Abogados de Sevilla, miembro de la Sociedad Económica
Sevillana de Amigos del País, académico de las corporaciones de Legislación y
Jurisprudencia de Sevilla y Madrid, además de participar en numerosos
tribunales de oposiciones y comisiones ministeriales relacionadas con la
enseñanza pública. Su prestigio le valió importantes distinciones honoríficas,
entre ellas la Cruz de la Orden de Carlos III y la Gran Cruz de Isabel la
Católica.
Su vinculación
con la Universidad alcanzó su máxima expresión cuando fue nombrado vicerrector
en 1872, decano de la Facultad de Derecho en 1875 y, tras el fallecimiento de
Manuel Bedmar, rector de la Universidad de Sevilla en noviembre de 1876. Bajo
su mandato consolidó el prestigio de la Universidad hispalense, impulsó la
calidad docente y reforzó el papel de la Facultad de Derecho como uno de los
principales centros jurídicos del país.
Su influencia
trascendió el ámbito universitario. Fue elegido en tres ocasiones senador del
Reino por representación del claustro universitario de Sevilla, entre 1891 y
1898, reconocimiento que evidenciaba el enorme prestigio alcanzado tanto en los
círculos académicos como en la vida pública española.
Como homenaje
permanente a su memoria, el Ayuntamiento de Sevilla acordó en 1903 dar su
apellido a la antigua calle de la Universidad —conocida anteriormente como
calle de la Compañía—, una de las principales vías del centro histórico. La
actual calle Laraña recuerda así a quien dedicó toda su vida al
engrandecimiento de la Universidad de Sevilla y al progreso de la enseñanza
jurídica, convirtiéndose en una de las figuras más ilustres de la historia
intelectual sevillana de los siglos XIX y comienzos del XX.