jueves, 6 de agosto de 2026

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Francisco Sánchez de Oropesa. 

La calle Oropesa es una pequeña y discreta barreduela situada en pleno casco histórico de Sevilla. Nace en la confluencia de la calle Cuna con la plaza del Salvador y concluye pocos metros después en un fondo de saco, circunstancia que le confiere un ambiente tranquilo. Aunque su trazado es de origen antiguo, no recibió el nombre de Oropesa hasta la reforma del callejero emprendida por el Ayuntamiento tras la Revolución de 1868, con la que se pretendía sustituir numerosas denominaciones tradicionales por otras dedicadas a personajes ilustres vinculados a la ciudad.

Calle Oropesa

La calle recuerda la figura de Francisco Sánchez de Oropesa, uno de los médicos españoles más prestigiosos del Renacimiento y considerado un precursor de la urología moderna. Natural de la villa de Oropesa, cursó estudios de Medicina en la Universidad de Salamanca, donde fue discípulo del célebre médico Lorenzo Alderete, obteniendo el grado de doctor antes de iniciar una brillante carrera profesional que lo llevó a ejercer en Sevilla, Madrid y Valladolid. No obstante, fue en Sevilla donde alcanzó mayor reconocimiento y donde desarrolló la parte más fecunda de su actividad científica y literaria.

Durante su estancia en la capital hispalense mantuvo una estrecha relación con algunos de los principales humanistas de su tiempo, entre ellos Benito Arias Montano y el médico y botánico Simón de Tovar, integrándose en un ambiente intelectual abierto a las corrientes científicas europeas y especialmente a los intercambios mantenidos con los Países Bajos. Esta formación humanista y su sólida preparación médica se reflejan en una obra caracterizada por la observación directa del enfermo y el estudio de los casos clínicos, alejándose de la mera repetición de las doctrinas escolásticas para adoptar una metodología inspirada en la tradición hipocrática.

Una parte importante de su producción estuvo dedicada a la gran epidemia de peste que asoló España a finales del siglo XVI. En varios tratados analizó tanto las manifestaciones clínicas de la enfermedad como sus mecanismos de propagación, proponiendo medidas preventivas de carácter individual y colectivo para limitar el contagio. Estas obras constituyen un valioso testimonio del pensamiento médico de la época y muestran una temprana preocupación por los aspectos epidemiológicos y sanitarios de las enfermedades infecciosas.

Su obra más conocida es el “Discurso para averiguar qué mal de orina sea el que padece Diego Anríquez León”, considerada una de las primeras monografías españolas dedicadas de forma exclusiva a la litiasis de las vías urinarias. En ella estudia con extraordinario detalle las causas de la enfermedad, su frecuencia según la edad, los síntomas, el diagnóstico, el pronóstico y las posibilidades de tratamiento, tanto médico como quirúrgico. Asimismo, describe las técnicas empleadas para la extracción de los cálculos vesicales, distingue con precisión entre la retención y la supresión de orina y analiza el papel que desempeña el estrechamiento de los uréteres en el desarrollo de la enfermedad.

Especial relevancia tiene la defensa que realizó del estudio anatomopatológico mediante la autopsia. Sánchez de Oropesa sostenía que la apertura de los cadáveres de pacientes fallecidos por enfermedades de difícil diagnóstico permitiría conocer mejor las lesiones internas y avanzar en el conocimiento médico, proponiendo incluso que esta práctica se realizara de forma habitual en los hospitales.

La modesta calle sevillana que lleva su nombre recuerda a un médico cuya obra contribuyó de manera decisiva al progreso de la urología y de la práctica clínica en la España del Renacimiento.

 RUTAS POR SEVILLA: Ruta Cofrade. Compositores.

Pedro Gámez Laserna.

El pasaje Maestro Gámez Laserna, que comunica las calles Cuna y Sierpes, recuerda la figura de Pedro Gámez Laserna (Jódar, Jaén, 1907-Sevilla, 1987), uno de los compositores de música procesional más relevantes del siglo XX y una personalidad decisiva en la configuración del repertorio musical de la Semana Santa sevillana.

Pasaje Maestro Gámez Laserna

Desde muy joven mostró una extraordinaria vocación por la música. Inició su formación en la banda de su localidad natal y, con tan solo dieciséis años, ingresó como músico en el Regimiento de Infantería de la Reina n.º 2, en Córdoba, donde desempeñó sucesivamente las plazas de trombón y trompa, instrumento en el que alcanzó una notable especialización. Su afán de superación lo llevó a Madrid para ampliar estudios y preparar las oposiciones al Cuerpo de Directores Músicos del Ejército, en las que obtuvo el primer puesto con la máxima calificación. Tras dirigir la banda del Regimiento de Lepanto n.º 2, en 1957 fue destinado a Sevilla como director de la Banda del Regimiento de Infantería Soria n.º 9, cargo que desempeñó hasta su retiro en 1967.

Su llegada a Sevilla marcó el momento culminante de su carrera artística. El contacto con las hermandades y la intensa vivencia de la Semana Santa despertaron una inspiración que él mismo resumía con una frase convertida en célebre: “Yo empecé a componer en Sevilla porque así lo quiso la Macarena”. Durante aquellos años creó algunas de las marchas procesionales más admiradas del repertorio andaluz, que supo traducir musicalmente la solemnidad y la emoción de las procesiones.

Entre sus composiciones más conocidas figuran Pasa la Virgen Macarena (1957), convertida en una de las marchas inseparables del recorrido de la Virgen de la Esperanza Macarena durante la Madrugada; Sevilla Cofradiera, considerada por numerosos especialistas como una de las obras maestras de la música procesional; María Santísima del Subterráneo, Nuestra Señora del Socorro, El Cachorro, Cristo de la Sed, Virgen de la O, Nuestra Señora de la Oliva y Ante el Gran Poder, entre muchas otras. Su producción trascendió el ámbito cofrade e incluyó música militar, instrumental, vocal y obras inspiradas en el folclore andaluz, como la suite Estampas de nuestra Andalucía, Impresiones cordobesas, Sevilla, yo te canto o el Himno de la Cruz Roja.

Su labor fue reconocida en vida por numerosas hermandades e instituciones, que le rindieron diversos homenajes y promovieron que el Ayuntamiento de Sevilla perpetuara su memoria dando su nombre a este pasaje del centro histórico. Falleció en Sevilla en 1987 y, cumpliendo su voluntad, tras las exequias celebradas en la Basílica de la Macarena, la Banda del Regimiento Soria n.º 9 interpretó Pasa la Virgen Macarena, la obra con la que había quedado para siempre unido a la ciudad.