ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA
Francisco Sánchez de Oropesa.
La calle
Oropesa es una pequeña y discreta barreduela situada en pleno casco histórico
de Sevilla. Nace en la confluencia de la calle Cuna con la plaza del Salvador y
concluye pocos metros después en un fondo de saco, circunstancia que le confiere
un ambiente tranquilo. Aunque su trazado es de origen antiguo, no recibió el
nombre de Oropesa hasta la reforma del
callejero emprendida por el Ayuntamiento tras la Revolución de 1868, con la que
se pretendía sustituir numerosas denominaciones tradicionales por otras
dedicadas a personajes ilustres vinculados a la ciudad.
Calle Oropesa
La calle
recuerda la figura de Francisco Sánchez de Oropesa,
uno de los médicos españoles más prestigiosos del Renacimiento y considerado un
precursor de la urología moderna. Natural de la villa de Oropesa, cursó
estudios de Medicina en la Universidad de Salamanca, donde fue discípulo del
célebre médico Lorenzo Alderete, obteniendo el grado de doctor antes de iniciar
una brillante carrera profesional que lo llevó a ejercer en Sevilla, Madrid y
Valladolid. No obstante, fue en Sevilla donde alcanzó mayor reconocimiento y
donde desarrolló la parte más fecunda de su actividad científica y literaria.
Durante su
estancia en la capital hispalense mantuvo una estrecha relación con algunos de
los principales humanistas de su tiempo, entre ellos Benito Arias Montano y el
médico y botánico Simón de Tovar, integrándose en un ambiente intelectual
abierto a las corrientes científicas europeas y especialmente a los
intercambios mantenidos con los Países Bajos. Esta formación humanista y su
sólida preparación médica se reflejan en una obra caracterizada por la
observación directa del enfermo y el estudio de los casos clínicos, alejándose
de la mera repetición de las doctrinas escolásticas para adoptar una
metodología inspirada en la tradición hipocrática.
Una parte
importante de su producción estuvo dedicada a la gran epidemia de peste que
asoló España a finales del siglo XVI. En varios tratados analizó tanto las
manifestaciones clínicas de la enfermedad como sus mecanismos de propagación,
proponiendo medidas preventivas de carácter individual y colectivo para limitar
el contagio. Estas obras constituyen un valioso testimonio del pensamiento
médico de la época y muestran una temprana preocupación por los aspectos
epidemiológicos y sanitarios de las enfermedades infecciosas.
Su obra más
conocida es el “Discurso para averiguar qué
mal de orina sea el que padece Diego Anríquez León”,
considerada una de las primeras monografías españolas dedicadas de forma
exclusiva a la litiasis de las vías urinarias. En ella estudia con
extraordinario detalle las causas de la enfermedad, su frecuencia según la
edad, los síntomas, el diagnóstico, el pronóstico y las posibilidades de
tratamiento, tanto médico como quirúrgico. Asimismo, describe las técnicas
empleadas para la extracción de los cálculos vesicales, distingue con precisión
entre la retención y la supresión de orina y analiza el papel que desempeña el
estrechamiento de los uréteres en el desarrollo de la enfermedad.
Especial
relevancia tiene la defensa que realizó del estudio anatomopatológico mediante
la autopsia. Sánchez de Oropesa sostenía que la apertura de los cadáveres de
pacientes fallecidos por enfermedades de difícil diagnóstico permitiría conocer
mejor las lesiones internas y avanzar en el conocimiento médico, proponiendo
incluso que esta práctica se realizara de forma habitual en los hospitales.
La modesta calle sevillana que lleva su nombre recuerda a un médico cuya obra contribuyó de manera decisiva al progreso de la urología y de la práctica clínica en la España del Renacimiento.