miércoles, 5 de agosto de 2026

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Francisco de Pelsmaeker e Iváñez.

Francisco de Pelsmaeker e Iváñez fue uno de los juristas y romanistas más destacados de la Universidad de Sevilla durante el siglo XX. Nacido en Granada el 24 de enero de 1901, pertenecía a una familia de ascendencia belga. Era hijo del ingeniero Carlos Luis Julián de Pelsmaeker Van der Weeen, natural de Denderbonde (Bélgica), y de María Araceli Iváñez Alonso, malagueña, aunque en algunos documentos el apellido materno aparece escrito como Ibáñez.

Francisco de Pelsmaeker


Realizó sus estudios de Derecho en la Universidad de Granada, donde obtuvo la licenciatura con sobresaliente en 1922, ampliando al mismo tiempo su formación en diversas materias de Filosofía y Letras. Continuó los estudios de doctorado en la Universidad Central de Madrid y alcanzó el grado de doctor en 1926 tras defender la tesis La Audiencia en las colonias españolas de América, trabajo que evidenciaba ya su interés por la historia del Derecho y las instituciones jurídicas.

Consciente de la importancia de la formación internacional, completó su preparación en prestigiosas universidades europeas, especialmente en Friburgo y Múnich, donde profundizó en el estudio del Derecho Romano y del Derecho Civil. Posteriormente amplió sus investigaciones mediante estancias académicas en París, Bruselas y otros centros universitarios europeos, incorporando a su magisterio las corrientes científicas más avanzadas de la romanística continental.

Su carrera docente comenzó en la Universidad de Granada como ayudante de Historia del Derecho y de Instituciones de Derecho Romano. En 1929 obtuvo por oposición la cátedra de Derecho Romano de la Universidad de La Laguna, donde además desempeñó la enseñanza de Derecho Civil y ejerció como secretario de la Facultad de Derecho. Apenas dos años después, en 1931, consiguió el traslado a la Universidad de Sevilla, institución con la que permanecería vinculado durante cuatro décadas y en la que desarrollaría la parte más importante de su trayectoria académica.

La Guerra Civil y los complejos procesos administrativos derivados de la situación política afectaron temporalmente a su situación profesional. Diversos recursos y resoluciones ministeriales provocaron una interrupción en su nombramiento, aunque finalmente recuperó de forma definitiva la cátedra de Derecho Romano de la Universidad de Sevilla, desde la que continuó desarrollando una intensa labor docente e investigadora.

Durante sus cuarenta años de docencia formó a varias generaciones de juristas sevillanos. Fue considerado un profesor de extraordinaria preparación y gran exigencia académica. Su rigor en los exámenes llegó a convertirse en un rasgo conocido entre el alumnado de la Facultad de Derecho, circunstancia recordada años después por la escritora y jurista Mercedes Fórmica en sus memorias Visto y vivido. Sin embargo, esa severidad respondía a una concepción profundamente humanista de la enseñanza universitaria, basada en el estudio directo de las fuentes jurídicas romanas y en la precisión científica.

Además de su labor docente, desempeñó numerosas responsabilidades dentro de la Universidad de Sevilla. Fue secretario de la Facultad de Derecho, interventor y administrador general de la Universidad, director del Secretariado de Publicaciones, Intercambio Científico y Extensión Universitaria y miembro de numerosos tribunales nacionales para la provisión de cátedras universitarias. Asimismo dirigió tesis doctorales y preparó a futuros catedráticos de Derecho Romano, contribuyendo decisivamente a consolidar la escuela sevillana de esta disciplina.

Su producción científica estuvo centrada principalmente en el Derecho Romano. Entre sus publicaciones destacan Algunas notas sobre el aestimatum (1935) y Formulario procesal ad usum cupidae legum iuventutis (1952), trabajos que reflejan su dominio de las instituciones jurídicas clásicas y su vocación pedagógica.

En reconocimiento a toda una vida dedicada a la enseñanza y a la investigación jurídica, en 1973 recibió la Encomienda con Placa de la Orden de Alfonso X el Sabio, una de las máximas distinciones españolas en el ámbito de la educación y la cultura.

Francisco de Pelsmaeker falleció en Sevilla el 22 de noviembre de 1973. Según recogió la prensa de la época, tras visitar el Santísimo en la capilla de las Reparadoras sufrió una indisposición cuando regresaba a su domicilio de la calle Amor de Dios, falleciendo pocos minutos después. Su funeral, celebrado en la parroquia de San Andrés, reunió a destacadas autoridades civiles, profesores universitarios, abogados y numerosos discípulos, testimonio del prestigio que había alcanzado dentro de la vida intelectual sevillana.

Como homenaje a su dilatada trayectoria docente y científica, el Ayuntamiento de Sevilla acordó dedicarle una calle a propuesta del claustro de la Universidad. Con ello, la ciudad perpetuó la memoria de quien fue uno de los grandes maestros del Derecho Romano en la España del siglo XX, ejemplo de dedicación universitaria, rigor intelectual y servicio a la formación de generaciones de juristas.

Calle Francisco de Pelsmaeker

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