ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA
Francisco de Pelsmaeker e Iváñez.
Francisco de
Pelsmaeker e Iváñez fue uno de los juristas y romanistas más destacados de la
Universidad de Sevilla durante el siglo XX. Nacido en Granada el 24 de enero de
1901, pertenecía a una familia de ascendencia belga. Era hijo del ingeniero
Carlos Luis Julián de Pelsmaeker Van der Weeen, natural de Denderbonde
(Bélgica), y de María Araceli Iváñez Alonso, malagueña, aunque en algunos
documentos el apellido materno aparece escrito como Ibáñez.
Francisco de Pelsmaeker
Realizó
sus estudios de Derecho en la Universidad de Granada, donde obtuvo la
licenciatura con sobresaliente en 1922, ampliando al mismo tiempo su formación
en diversas materias de Filosofía y Letras. Continuó los estudios de doctorado
en la Universidad Central de Madrid y alcanzó el grado de doctor en 1926 tras defender
la tesis La
Audiencia en las colonias españolas de América, trabajo que
evidenciaba ya su interés por la historia del Derecho y las instituciones
jurídicas.
Consciente de la importancia de la formación
internacional, completó su preparación en prestigiosas universidades europeas,
especialmente en Friburgo y Múnich, donde profundizó en el estudio del Derecho
Romano y del Derecho Civil. Posteriormente amplió sus investigaciones mediante
estancias académicas en París, Bruselas y otros centros universitarios
europeos, incorporando a su magisterio las corrientes científicas más avanzadas
de la romanística continental.
Su carrera docente comenzó en la Universidad de Granada
como ayudante de Historia del Derecho y de Instituciones de Derecho Romano. En
1929 obtuvo por oposición la cátedra de Derecho Romano de la Universidad de La
Laguna, donde además desempeñó la enseñanza de Derecho Civil y ejerció como
secretario de la Facultad de Derecho. Apenas dos años después, en 1931,
consiguió el traslado a la Universidad de Sevilla, institución con la que
permanecería vinculado durante cuatro décadas y en la que desarrollaría la
parte más importante de su trayectoria académica.
La Guerra Civil y los complejos procesos
administrativos derivados de la situación política afectaron temporalmente a su
situación profesional. Diversos recursos y resoluciones ministeriales
provocaron una interrupción en su nombramiento, aunque finalmente recuperó de
forma definitiva la cátedra de Derecho Romano de la Universidad de Sevilla,
desde la que continuó desarrollando una intensa labor docente e investigadora.
Durante sus cuarenta años de docencia formó a varias
generaciones de juristas sevillanos. Fue considerado un profesor de
extraordinaria preparación y gran exigencia académica. Su rigor en los exámenes
llegó a convertirse en un rasgo conocido entre el alumnado de la Facultad de
Derecho, circunstancia recordada años después por la escritora y jurista
Mercedes Fórmica en sus memorias Visto y vivido. Sin embargo, esa severidad respondía a
una concepción profundamente humanista de la enseñanza universitaria, basada en
el estudio directo de las fuentes jurídicas romanas y en la precisión científica.
Además de su labor docente, desempeñó numerosas
responsabilidades dentro de la Universidad de Sevilla. Fue secretario de la
Facultad de Derecho, interventor y administrador general de la Universidad,
director del Secretariado de Publicaciones, Intercambio Científico y Extensión
Universitaria y miembro de numerosos tribunales nacionales para la provisión de
cátedras universitarias. Asimismo dirigió tesis doctorales y preparó a futuros
catedráticos de Derecho Romano, contribuyendo decisivamente a consolidar la
escuela sevillana de esta disciplina.
Su producción
científica estuvo centrada principalmente en el Derecho Romano. Entre sus
publicaciones destacan Algunas notas sobre el aestimatum (1935) y Formulario
procesal ad usum cupidae legum iuventutis (1952), trabajos que
reflejan su dominio de las instituciones jurídicas clásicas y su vocación
pedagógica.
En
reconocimiento a toda una vida dedicada a la enseñanza y a la investigación
jurídica, en 1973 recibió la Encomienda con Placa de la Orden de Alfonso X el
Sabio, una de las máximas distinciones españolas en el ámbito de la educación y
la cultura.
Francisco de Pelsmaeker falleció en Sevilla el 22 de
noviembre de 1973. Según recogió la prensa de la época, tras visitar el
Santísimo en la capilla de las Reparadoras sufrió una indisposición cuando
regresaba a su domicilio de la calle Amor de Dios, falleciendo pocos minutos
después. Su funeral, celebrado en la parroquia de San Andrés, reunió a
destacadas autoridades civiles, profesores universitarios, abogados y numerosos
discípulos, testimonio del prestigio que había alcanzado dentro de la vida
intelectual sevillana.
Como homenaje a su dilatada trayectoria docente y
científica, el Ayuntamiento de Sevilla acordó dedicarle una calle a propuesta
del claustro de la Universidad. Con ello, la ciudad perpetuó la memoria de
quien fue uno de los grandes maestros del Derecho Romano en la España del siglo
XX, ejemplo de dedicación universitaria, rigor intelectual y servicio a la
formación de generaciones de juristas.
Calle Francisco de Pelsmaeker
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