domingo, 12 de abril de 2026

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

José de Velilla.

José de Velilla. (CC BY 3.0)

José de Velilla y Rodríguez nació en Sevilla el 14 de diciembre de 1847, en el seno de una familia acomodada y profundamente vinculada al ámbito cultural. Su padre, José de Velilla y Pons, ejercía como procurador de los tribunales, profesión que el propio Velilla terminaría adoptando, mientras que su madre, María de los Dolores Rodríguez, pertenecía a un entorno social favorecido. Desde muy joven creció rodeado de libros y de inquietudes intelectuales, en una casa situada en la calle Manteros que pronto se convertiría en un destacado foco de vida literaria en la ciudad.

En ese ambiente doméstico cultivado, desempeñó un papel fundamental en la formación de su hermana, la también escritora Mercedes de Velilla, a quien enseñó a leer utilizando textos del Romancero español y obras clásicas del teatro, alejándose de métodos más convencionales. Aquella misma casa familiar fue, durante años, punto de encuentro de jóvenes escritores sevillanos, que acudían a tertulias literarias conocidas como “el Parnaso”, donde se compartían lecturas, ideas y proyectos creativos.

Realizó sus estudios de Bachillerato, obteniendo el título en 1864, y posteriormente cursó Derecho en la Universidad de Sevilla, licenciándose en 1869. Paralelamente a su formación jurídica, se interesó intensamente por la literatura, recibiendo enseñanzas de figuras como José Fernández Espino y Francisco Rodríguez Zapata, lo que le permitió entrar en contacto con la tradición de la escuela poética sevillana y conocer la obra de autores como Herrera, Jáuregui o Lista, que influyeron en su estilo.

Su vocación literaria se manifestó de forma temprana. Con apenas diecisiete años estrenó su primer drama, Don Jaime el desdichado, que obtuvo una favorable acogida y marcó el inicio de una carrera dramática que se desarrollaría con notable éxito. Años más tarde, en 1873, otra de sus obras fue elegida para la inauguración del Teatro Cervantes de Sevilla, lo que evidencia el reconocimiento que ya había alcanzado en los círculos teatrales. A lo largo de su vida compaginó esta actividad creativa con su trabajo como procurador, manteniendo ambas facetas de manera constante.

Además de su producción teatral, Velilla cultivó la poesía y el ensayo. En 1875 publicó Meditaciones y recuerdos, su primer libro de poemas, donde ya se perciben tanto su sensibilidad lírica como su inclinación hacia temas sociales y reflexivos. Su obra poética se inscribe en la tradición sevillana, aunque muestra influencias de autores contemporáneos como Gaspar Núñez de Arce, Ramón de Campoamor o Gustavo Adolfo Bécquer. También participó en numerosas publicaciones periódicas de Sevilla y Madrid, colaborando en revistas y periódicos de diversa orientación, desde los de carácter literario hasta los de tono político y satírico.

Comprometido con las ideas de progreso de su tiempo, tras la Revolución de 1868 se integró en círculos de pensamiento liberal junto a otros intelectuales sevillanos. Esta implicación se reflejó tanto en sus escritos como en su participación en la vida cultural de la ciudad. Fue miembro activo de instituciones como la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, en la que ingresó en 1875 con un discurso sobre la evolución del teatro español, el Ateneo de Sevilla y la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

Como dramaturgo e historiador del teatro, dejó obras en las que abordó tanto la creación literaria como el análisis histórico, entre ellas estudios sobre la escena española y textos dramáticos como Una herida en el alma o Fondo y superficie. Sus contemporáneos lo consideraron una figura relevante dentro de la continuidad de la escuela poética sevillana en la segunda mitad del siglo XIX.

En sus últimos años, afectado por la enfermedad, mantuvo una actitud serena y reflexiva. Solía pasear por los alrededores de Sevilla, especialmente por la ribera del Guadalquivir y los campos de Tablada, en lo que parecía una despedida consciente de la ciudad que había marcado toda su vida y su obra.

Falleció en Sevilla en agosto de 1904, dejando tras de sí una producción literaria amplia y variada. Fue enterrado en una tumba sin inscripción, junto al pintor José Jiménez Aranda. Años después, en 1914, el Ayuntamiento de Sevilla decidió honrar su memoria dando su nombre a una calle cercana a su lugar de nacimiento, reconociendo así la huella que dejó en la vida cultural sevillana.

 

Calle José de Velilla

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