RUTAS POR SEVILLA: Apóstoles
Santiago el Mayor.
Santiago,
llamado el Mayor para distinguirlo de otro apóstol del mismo nombre, fue hijo
de Zebedeo y de Salomé, y hermano de Juan (Mt 4:21). Probablemente nació en
Betsaida, en la región de Galilea, en el seno de una familia dedicada a la
pesca. Junto a su padre trabajaba en el lago de Genesaret cuando recibió la
llamada de Jesús para convertirse en “pescador de hombres”. Desde entonces
formó parte del grupo de los Doce (Mt 10:3).
Jesús le dio,
junto a su hermano, el sobrenombre de “Boanerges” (Mc 3:17), es decir, “hijos
del trueno”, aludiendo a su temperamento enérgico. Santiago integró, junto con
Juan y Simón Pedro, el círculo más cercano al Maestro, participando en momentos
clave de su vida pública. Fue testigo de la resurrección de la hija de Jairo (Mc
5:21-43) de la transfiguración en el monte Tabor (Lc 9) y de la oración de
Jesús en Getsemaní (Mc 14:33). También estuvo presente en la aparición del
Resucitado junto al lago de Tiberíades (Jn 21:1-8) y formó parte del grupo
reunido en el Cenáculo a la espera del Espíritu Santo (Hch 1:13).
Una tradición
medieval sostiene que, tras Pentecostés, Santiago emprendió la predicación del
Evangelio en Hispania. Según este relato, logró algunos discípulos que
continuarían su labor tras su regreso a Jerusalén, conocidos como los “Siete
varones apostólicos”.
Según estos relatos, cuando María ve
cerca su muerte, recibe la visita de Jesucristo resucitado. Ella le pide estar
rodeada por los apóstoles en el día de su muerte, pero todos ellos están
dispersos por el mundo. Jesucristo le concede su deseo y permite que sea la
misma María, por medio de aparición milagrosa, quien avise a sus discípulos.
Así, la misma
tradición recoge que, hacia el año 40, María se le apareció en Caesaraugusta,
la actual Zaragoza, cuando aún vivía. Se dice que llegó de forma milagrosa y
dejó como señal una columna de jaspe, origen de la devoción a la Virgen del
Pilar, patrona de Aragon. Allí, Santiago y sus primeros seguidores habrían
levantado un pequeño oratorio a orillas del Ebro.
Santiago habría hecho todo el viaje de vuelta desde la Península
Ibérica hasta Jerusalén para encontrar a María, madre de Jesús de Nazaret (ya
que ella seguía viva allí, en la capital de Judea) antes de su dormición.
De vuelta en Jerusalén, y en un contexto de
persecución, el rey Herodes Agripa I ordenó su ejecución para ganarse el favor
de ciertos sectores judíos. Santiago murió decapitado entre los años 41 y 44, a la edad de 49 años, pues fueron los años en que
Agripa I fue rey de Judea. Puesto que su muerte fue por
decapitación, de aquí que la cruz de Santiago se asemeje tanto a una
espada.
Para evitar que sus restos mortales fueran
devorados por fieras salvajes y aves carroñeras, pues su tipo de condena lleva consigo
que su cuerpo sea arrojado al desierto de Judá, y ante la negativa del emperador de poder sepultar a Santiago, dos de sus discípulos, Atanasio y
Teodoro, habrían llevado su cuerpo hasta el puerto de Joppe, donde sería
embalsamado, posiblemente por deshidratación. La ciudad bíblica de Jope es actualmente
Jaffa, a unos cincuenta kilómetros al sur de Cesarea, uno de los puertos más
antiguos del mundo, todavía operativo.
Desde el puerto de Joppe hasta Galicia
por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra para arribar
finalmente al puerto de Iria Flavia, en el rio Sar, que una milla más abajo,
junto con el Ulla, desemboca en la ría de Arousa. De allí al bosque de Liberum Donum
(Libredón), donde construyen su sepultura.
Debido a la persecución de los
cristianos se pierde el rastro de la tumba de Santiago sin que se tenga
noticias durante un periodo de 800 años. Las lluvias torrenciales derrumban el mausoleo,
las tierras de aluvión junto a la maleza del bosque protegen la sepultura
durante las sucesivas invasiones de barbaros y musulmanes.
Alrededor del año 813, o 820 según otras fuentes, en
tiempos del rey de Asturias Alfonso II, un ermitaño de la zona, llamado Pelayo, observó unas
estrellas o luces brillando en movimiento en el cielo. Medio hipnotizado por su
resplandor, decide seguirlas y al rato, tras internarse en el bosque, se topa
con una tumba de mármol y un pequeño altar, probablemente de origen romano,
donde se encontraba un cuerpo decapitado con la cabeza bajo el brazo.
El rey ordenó construir una iglesia encima de la tumba,
origen de la Catedral de Santiago de Compostela. El
nombre Compostela se ha relacionado tanto con la expresión “campo de estrellas”
como con otras interpretaciones etimológicas.
Se convierte así este rey
asturiano en el primer peregrino,
a partir de entonces, el santuario se convirtió en uno
de los principales centros de peregrinación de la cristiandad, junto con Roma y
Jerusalén. El Camino de Santiago consolidó una red de rutas que, en parte, seguían
antiguos itinerarios europeos.
Pero, peregrinaciones galas hacia
el noroeste de España se han probado arqueológicamente, y se puede afirmar que
los celtas - en el primer milenio antes de nuestra era - recorrían toda Europa
para ir a estos sitios, donde celebraban sus matrimonios y otros ritos.
Desde ese momento se nombra a
Santiago patrono de España y tal fue la importancia adquirida de este evento,
que se formó una famosa orden militar en su honor, la Orden de Santiago. Su labor principal era la de proteger a los
peregrinos que deseaban viajar a Compostela de posibles asaltos en el camino,
entre otros peligros.
El rey Alfonso III de Asturias (852-910)
asegura en carta que él presenció en personas los milagros obrados por diversos
peregrinos durante su visita a la tumba del apóstol
El obispo Teodomiro no tiene
dudas de que esta es la tumba de Santiago, en cuanto lee la inscripción: “Aquí jaz
Jacobo filho do Cebedeo e de Salome , hirman de san Juan, que matou Herodes en Jerusalén,
e veo por Mar co os seus discípulos hasta Iria Flavia de Galicia”
En el año 862 el rey Alfonso II se negó a seguir
pagando el humillante tributo de las “Cien Doncellas” (ver) a los moros y su hijo Ramiro I fue quien hubo de hacer
frente a esta negativa, pues las tropas sarracenas se entregaron al saqueo
y la rapiña.
Este rey Ramiro
I obtuvo una victoria frente a los moros en Clavijo (ver) en 844,
victoria obtenida gracias a una aparición de Santiago. Agradecido, el rey
habría hecho el voto de que todos los habitantes pagasen al Apóstol, o sea a su
santuario, una cantidad anual.
El “miles Christi” medieval, imagen
poco frecuente, se convierte a partir de la segunda mitad del siglo XV y a lo largo del siglo XVI en “Santiago Matamoros”, defensor del
catolicismo frente a todos sus enemigos: los turcos, los herejes y los paganos,
cuyos cuerpos o cabezas ruedan entre las patas de su caballo.
En el mes de mayo de 1589, Francis Drake amenazó
Compostela después de desembarcar en La Coruña. El Arzobispo, Juan de
Sanclemente, acordó con el Cabildo de la Catedral ocultar cuanto de importante
había en ella. Por ello, los restos fueron depositados en un escondrijo dentro
del ábside de la capilla mayor, detrás del altar.
Estas no serían
redescubiertas hasta finales del siglo XIX, durante unas excavaciones dirigidas
por Antonio López Ferreiro. En ellas aparecieron restos humanos junto a
inscripciones que llevaron a identificarlos con Santiago y sus discípulos, Atanasio y Teodoro.
Desde entonces,
los restos se conservan en una urna bajo el altar mayor, manteniendo viva una
tradición que ha perdurado durante siglos y que continúa atrayendo a peregrinos
de todo el mundo.
En 1988, dos académicos de
la Real Academia de la Historia, afirman haber hallado la
inscripción “martyr” y una
referencia a Atanasio en una piedra datada a finales del s. I o principios del s. II, lo cual, sostienen, confirma
indirectamente la presencia en el lugar de los restos del Apóstol.
Santiago
el Mayor. Francisco Polanco. Hacia 1640. Óleo sobre lienzo. 100 x 79 cm. Museo
de Bellas Artes. Sala VI. Procede del convento de Capuchinos tras la
desamortización de 1840
La pintura presenta al apóstol en
formato de medio cuerpo o tres cuartos, siguiendo un esquema compositivo sobrio
y directo que favorece la intensidad devocional de la imagen. La figura emerge
sobre un fondo oscuro, en el que se advierte un tenebrismo atenuado,
característico del entorno artístico vinculado al taller de Zurbarán, donde la
luz no solo modela los volúmenes, sino que también contribuye a resaltar la
dignidad espiritual del personaje.
Detalle
Durante el barroco español,
especialmente en el contexto de la espiritualidad contrarreformista, la
representación de los apóstoles alcanzó una notable difusión. Estas series,
conocidas como apostolados, respondían tanto a fines catequéticos como
ornamentales. Era habitual que se dispusieran en los pilares de iglesias y
conventos, simbolizando a los apóstoles como pilares de la Iglesia y garantes
de la fe cristiana.
Las obras dedicadas a Santiago el Mayor
y Santiago el Menor formaban parte de un conjunto apostólico más amplio, en el
que cada figura se individualiza mediante sus atributos iconográficos. En este
caso, Santiago el Mayor aparece identificado por elementos tradicionales como
la espada, aludiendo a su martirio, el bordón o bastón de peregrino y la concha
que adorna el sombrero, símbolos vinculados a su condición de peregrino y a su
especial devoción en la tradición jacobea.
Detalle del rostro con el sombrero con la concha
La iluminación procede de un foco lateral situado a la izquierda, que incide con intensidad sobre ese lado del rostro, generando un marcado contraste con la zona opuesta, sumida en la penumbra. Este recurso acentúa el dramatismo contenido de la escena y dirige la atención hacia la expresión del apóstol. En contraste, los pliegues de las vestiduras presentan un tratamiento lumínico más suave y graduado, lo que aporta equilibrio a la composición y evidencia la pericia técnica del pintor en la modulación de luces y sombras.