domingo, 29 de marzo de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Calle Rioja.

Calle Rioja

Calle Rioja
Calle Rioja

La calle Rioja constituye hoy uno de los ejes comerciales más transitados del centro de Sevilla, conectando la calle Sierpes con la plaza de la Magdalena. Su origen documental se remonta a comienzos del siglo XV: en 1405 aparece ya citada como el camino que unía la plazuela de la Cerrajería con la entonces denominada calle Ancha de la Magdalena, lo que evidencia su temprana importancia dentro del entramado urbano.

A lo largo de su historia, esta vía ha recibido diversas denominaciones que reflejan los usos y referencias de cada época. El primer tramo, comprendido entre Sierpes y Velázquez, fue conocido en el siglo XVI como calle de los Perros, nombre que, según el cronista Peraza, procedía de la presencia de perros de caza mantenidos allí para servir a monteros y cazadores. Posteriormente adoptó el nombre de Dueñas, en alusión a un convento de monjas mínimas situado en la esquina con Sierpes. No sería hasta 1845 cuando se le asignó el nombre actual, en honor al clérigo, humanista y poeta sevillano Francisco de Rioja (Leer mas), figura destacada de la lírica del Siglo de Oro.

El segundo tramo, desde Velázquez hasta la plaza de la Magdalena, aparece documentado desde 1515 como calle Ancha de la Magdalena, debido a su proximidad a la antigua parroquia del mismo nombre. Ya en el siglo XVII era conocida como calle del Ángel, por el convento del Santo Ángel Custodio allí establecido. Incluso existen referencias anteriores que apuntan a la denominación Mesón de los Ángeles, vinculada a documentos de principios del siglo XVI. En 1869 el nombre de Rioja se extendió a todo el recorrido, unificando la vía bajo una sola denominación, aunque en 1935 se intentó ampliarlo a Francisco de Rioja, decisión que fue posteriormente revertida.

Desde el punto de vista urbanístico, la calle presenta dos tramos claramente diferenciados, separados por el cruce con Tetuán y Velázquez. El primero es más estrecho y sinuoso, con un pequeño ensanche inicial que formaba parte de la antigua plaza de la Cerrajería, espacio que también fue conocido como plazuela del Hospital de Santiago. El segundo tramo, en cambio, es más amplio y rectilíneo, resultado de sucesivas reformas y alineaciones.

El trazado actual es fruto de numerosas transformaciones a lo largo de los siglos. En época moderna existieron callejones secundarios que con el tiempo desaparecieron al ser absorbidos por nuevas edificaciones. Sin embargo, las alteraciones más significativas se produjeron entre finales del siglo XIX y el siglo XX, especialmente con los proyectos de ensanche vinculados al eje Reyes Católicos–San Pablo y las intervenciones de las décadas de 1970 y 1980, que implicaron expropiaciones y derribos. Pese a ello, ya en el siglo XIX era considerada una calle amplia y destacada dentro de la ciudad.

En la actualidad, la calle está atravesada por el eje Tetuán-Velázquez y cuenta con varios pasajes comerciales cubiertos en su lado izquierdo, como el pasaje del Ateneo, el pasaje Rioja y el Centro Rioja, que la conectan con calles adyacentes. Estos espacios, dedicados a tiendas, oficinas y algunas viviendas, refuerzan su carácter eminentemente comercial.

El caserío tradicional, antaño de notable calidad arquitectónica, ha sido en gran medida sustituido por edificios modernos, consecuencia del intenso desarrollo comercial de la zona. No obstante, aún se conservan algunos ejemplos de interés, como el edificio de la esquina con Sierpes, de los años veinte, decorado con un azulejo dedicado al dios Mercurio (Leer mas), o el inmueble número 11, obra del arquitecto Aníbal González, realizado en ladrillo visto a comienzos del siglo XX.

Edificio de la esquina con Sierpes

Retablo cerámico del dios Mercurio

Edificios de la esquina con Velázquez

Edificios de la esquina con Velázquez

Entre los edificios desaparecidos destaca el convento de las monjas mínimas o de la Victoria, así como el célebre Salón Llorens, inaugurado en 1911 como teatro de variedades y posteriormente adaptado como cine por el arquitecto José Espiau y Muñoz en estilo regionalista con influencias islámicas. Este espacio mantuvo su uso cinematográfico durante décadas antes de convertirse en establecimiento comercial.

Otro enclave relevante fue el antiguo colegio del Santo Ángel Custodio, fundado en el siglo XVI. Su iglesia, perteneciente a los carmelitas descalzos y datada a comienzos del siglo XVII, logró conservarse tras la exclaustración de 1835, mientras que el convento fue destinado a usos militares. En sus dependencias se instalaron posteriormente instituciones culturales y académicas, como la Sociedad Económica de Amigos del País o el Ateneo, donde en 1927 tuvieron lugar actos literarios vinculados a la Generación del 27. Parte de este conjunto fue reformado por Aníbal González a principios del siglo XX, aunque más tarde sería demolido para dar paso a nuevas construcciones comerciales.

Históricamente, la calle Rioja ha sido un espacio de intensa actividad social. En ella se ubicaron casinos, teatros, cafés y paradas de carruajes, lo que la convirtió en un lugar de encuentro y tránsito constante. Ya en el siglo XVII se la describía como una de las calles más concurridas de Sevilla. Además, formaba parte del recorrido habitual de procesiones, desfiles y celebraciones públicas, especialmente aquellas procedentes de Triana.

La vida cotidiana de la calle también dejó estampas pintorescas, como la presencia de mendigos en torno a la iglesia del Santo Ángel en el siglo XIX, cuya concentración generó quejas vecinales, o el bullicio provocado por los carruajes y los primeros servicios de transporte urbano. En los años 1950 y 1960 estuvo en una de sus casas la sede del Frente de Juventudes.

En tiempos más recientes, la calle ha mantenido su dinamismo, con un intenso tráfico peatonal favorecido por su carácter comercial y su condición de vía peatonal. Durante años, la presencia de vendedores ambulantes incrementó aún más su actividad, aunque esta práctica fue posteriormente regulada. Hoy continúa siendo un espacio de gran vitalidad, especialmente en su tramo más ancho, donde se concentra buena parte del flujo de compradores.

Diversos escritores (Juan Sierra y Joaquín Romero Murube) han evocado la atmósfera de esta calle en momentos significativos de la vida sevillana, destacando su papel como escenario de la Semana Santa y otras celebraciones, donde el bullicio cotidiano puede transformarse en silencio expectante ante el paso de las procesiones.

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA 

Francisco de Rioja.

Retrato de un clérigo, supuesto retrato de Francisco de Rioja, atribuido a Diego Velázquez. Colección particular. Madrid. (ver) (CC BY 3.0)

Francisco de Rioja nació en Sevilla hacia el año 1583. El 22 de noviembre de ese mismo año fue bautizado en la iglesia de Omnium Sanctorum como “Francisco, hijo de Antón García Rioja y de Leonor Rodrigues”. De origen humilde, orientó pronto su vida hacia la carrera eclesiástica, cursando estudios de Teología y Humanidades. Se licenció en leyes, recibió las órdenes sacerdotales y llegó a ser canónigo de la catedral de Sevilla.

Francisco de Rioja. Biblioteca Nacional de España. (ver) (CC BY 3.0)


Desde joven ocupó un lugar destacado en los círculos cultos sevillanos, especialmente en torno al taller del pintor Francisco Pacheco, quien lo consideraba uno de sus amigos más cualificados y recurría a él para solicitar opiniones eruditas sobre su obra poética. En este ambiente intelectual comenzó a forjarse también su estrecha amistad con Gaspar de Guzmán, surgida entre 1607 y 1615, cuando el futuro valido alternaba sus estancias cortesanas con largas temporadas en Sevilla. Rioja le dedicó incluso algunos sonetos, dirigiéndose a él con el nombre arcádico de Manlio.

La subida al trono de Felipe IV consolidó el poder del conde-duque de Olivares, quien reclamó a Rioja a la corte madrileña como consejero y colaborador cercano. Allí desempeñó funciones de gran responsabilidad: actuó como redactor de cámara, corrigiendo y puliendo los documentos del valido, y ejerció como su confidente. Según Gregorio Marañón, Rioja fue un “sesudo abogado y confidente”, además de bibliotecario del propio Olivares.

En la corte obtuvo importantes cargos y beneficios. Fue nombrado cronista real y, en 1634, bibliotecario del rey, acumulando numerosas rentas y prebendas. También formó parte del Consejo de la Suprema Inquisición, tras haber sido previamente inquisidor en Sevilla. Su influencia creció al compás del poder de su protector.

Durante la crisis política que afectó a la monarquía en 1640, con las rebeliones de Cataluña y Portugal, Rioja participó activamente en la defensa escrita del conde-duque, redactando impugnaciones a textos contrarios como la Proclamación Católica. Sin embargo, la caída de Olivares en 1643 arrastró consigo a su círculo más cercano. Rioja acompañó a su amigo en su destierro a Loeches y permaneció fiel a él hasta su muerte.

Tras estos acontecimientos, se retiró a Sevilla, donde vivió un largo periodo de relativa oscuridad. Años después regresó a Madrid, probablemente por instancias superiores, ya en edad avanzada. Allí residía en la calle de San Mateo junto a Alonso Fajardo de Roda, a quien nombró heredero universal de sus bienes.

Francisco de Rioja falleció en Madrid el 8 de agosto de 1659. Su trayectoria vital refleja el ascenso y declive ligados a la fortuna política del conde-duque de Olivares, así como su papel destacado en la vida intelectual y cortesana del Siglo de Oro.

Como escritor, cultivó principalmente la poesía. Se le atribuyen unos treinta sonetos amorosos y otros de carácter filosófico, centrados en temas como la fugacidad de la vida y la inestabilidad de la fortuna. También escribió en prosa, en ocasiones para defender la figura de su amigo Olivares. Su poesía incluye composiciones dedicadas a la naturaleza —árboles, plantas o el río Guadalquivir— y a las ruinas de Itálica y la mítica Atlántida, temas muy apreciados por los poetas de su tiempo.

Calle Rioja

sábado, 28 de marzo de 2026

 ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

La Ultima Cena.

Tanto Jesús como sus discípulos pertenecían al pueblo judío, por lo que el banquete que compartieron se desarrolló en el marco de sus tradiciones religiosas. La última cena con los apóstoles aparece narrada en los cuatro evangelios canónicos (Mt 26,17–30), Mc 14,12–26), Lc 22,7–39) y Jn 13,1: 17,26) y se sitúa en estrecha relación con la celebración de la Pascua judía, que Jesucristo compartió con sus discípulos antes de su pasión.

Esta comida pascual, conocida como Séder de Pésaj, es un rito que conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, tal como se relata en el libro del Éxodo. Su origen se encuentra en el mandato divino de sacrificar un cordero y marcar con su sangre las puertas de las casas para que el ángel exterminador “pasara de largo”. El término Pésaj (pesar) alude precisamente a ese paso, mientras que Séder significa “orden”, en referencia a la estructura ritual que guía la celebración mediante la Hagadá, texto que conduce el relato del éxodo y da sentido a cada gesto.

La cena se celebraba siguiendo normas concretas: los participantes vestidos de blanco en señal de pureza y santidad, sentados en el suelo, adoptaban una postura reclinada, signo de libertad, recordando que ya no eran esclavos. Así se describe también al inicio de la cena de Jesús, cuando se sienta a la mesa con sus apóstoles y expresa su deseo de compartir aquella Pascua con ellos.He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros…” (Lc 22: 14-20).

Los alimentos del Séder no son arbitrarios, sino que poseen un significado simbólico que remite a la experiencia de la esclavitud y a la posterior liberación. Se disponen en una bandeja especial llamada “keará”.

La matzá es el pan sin levadura, que evoca la prisa con la que los israelitas abandonaron Egipto, sin tiempo para que la masa fermentara. También recuerda la dureza de la vida en cautiverio y expresa sencillez y humildad (Deut 16-3).

El maror, compuesto por hierbas amargas (rábano picante o lechuga), representa la amargura de la esclavitud.

El jaroset es una mezcla dulce de frutas, frutos secos, especias y vino que simboliza el barro utilizado para fabricar ladrillos, aunque su dulzura sugiere la presencia de esperanza incluso en medio del sufrimiento.

El karpas, normalmente perejil o apio, se moja en agua salada, evocando las lágrimas del pueblo durante su opresión; al mismo tiempo, su color verde alude a la primavera, a la vida y la renovación.

El zeroa, un hueso de cordero asado, recuerda el sacrificio pascual ofrecido en el Templo de Jerusalén y remite al relato del Éxodo, cuando la sangre del cordero protegió a los israelitas.

El beitzá, un huevo cocido, simboliza el duelo por la destrucción del Templo y, a la vez, la continuidad de la vida.

A ello se añade el afikomán, un trozo de pan que se reserva durante la cena y cuya búsqueda final tiene un valor simbólico ligado a la redención.

Durante la comida, Jesús realiza un gesto decisivo: toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y lo entrega a sus discípulos diciendo: "Tomad, comed; esto es mi cuerpo" (Mt, 26:26). con ello realizó La bendición del pan. 

Otro elemento significativo del Séder es que se deja un lugar vacío y una copa llena de vino, es la copa reservada al profeta Elías, signo de la esperanza en la redención futura anunciada por la tradición profética.” He aquí, yo os envío al Profeta Elías antes que venga el día del Señor”. (Malaquías 4: 5)

La celebración incluye también la obligación de tomar cuatro copas de vino. Cada una de ellas se bebe inclinándose hacia la izquierda y tiene un momento específico y un significado simbólico profundo, relacionado con la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto.

La primera  es la copa de la Liberación. Kiddush (Santificación). Se bebe al inicio de la cena.  Simboliza la santificación de la fiesta y el comienzo del tiempo sagrado.  También se asocia con la primera promesa divina: “Yo soy el Señor; y os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido y con grandes juicios.” (Éxodo 6:6). La frase “os sacaré” es una promesa divina de liberación.

La segunda, es la copa de la Salvación.  Maguid (Narración). Se bebe después de relatar la historia del Éxodo y recordaba las diez plagas de Egipto. Simboliza la memoria de la historia de la liberación, relacionada con la promesa: Yo soy el Señor; y os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido y con grandes juicios.” (Éxodo 6:6). Os libraré…” indica romper la opresión, es decir, quitar el yugo de la esclavitud.

La tercera es la copa de la Redención. Birkat Hamazón (Bendición después de la comida). Se bebe al terminar la comida y las bendiciones. Simboliza el agradecimiento a Dios por la liberación y los alimentos. Vinculada con: Yo soy el Señor; y os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido y con grandes juicios (Exodo 6:6). Aquí, “os redimiré” añade un matiz aún más profundo: no solo liberar, sino rescatar pagando un precio y manifestando el poder salvador de Dios sobre Egipto.

Al finalizar la cena (según algunas interpretaciones, coincidiendo con la tercera copa de la Pascua judía), Jesús tomó una copa de vino, dio gracias y se la pasó diciendo: "Bebed todos de ella; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (Mt 26: 27-28).

Al añadir el mandato "Haced esto en memoria mía" (Lc 22:19), Jesús no solo instituye el rito de la Eucaristía, sino que confiere a los apóstoles el poder de repetirlo, estableciendo así también el Sacramento del Orden Sacerdotal.

Y luego dice algo sorprendente: “No beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios” (Mc 14:25).

Entre la tercera y la cuarta copa los judíos tenían prohibido beber.

La cuarta es la copa de la Consumación. Hallel (Alabanza). Se bebe al final, luego de cantar los salmos de alabanza.  Simboliza la alegría y la alabanza por la salvación, por la consumación del plan de Dios.  Con esta última se daba por terminada la celebración, concluyendo el “Rito Pascual”. Relacionada con: Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios, y sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios, que os sacó de debajo de las cargas de Egipto ”(Éxodo 6:7).

Pero, Mateo refiere: “Después del canto de los salmos, antes de tomar la cuarta copa, salieron hacia el Monte de los Olivos” (MT 26: 30-41). En este supuesto, Jesús habría abandonado el cenáculo sin tomar la última copa y por tanto dejando inconclusa la Cena de Pascua, algo impensable en la tradición judía.

En el monte de los olivos exclama:” Padre mío, si es posible pase de mí este cáliz”, poco después suplicó: “Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad” y nuevamente oró por tercera vez repitiendo las mismas palabras (Mt: 26: 39-44). Es posible que cuando habla de ese cáliz se refiere a la cuarta copa.

Posteriormente Jesús se niega a beber la copa que le ofrecen en el Gólgota, una bebida con intención de aliviar el dolor: “Le dieron de beber vino con hiel, pero Él no quiso tomarlo” (Jn 19: 30).

Finalmente, en la cruz Jesús dijo:” Tengo sed”. “Había allí un recipiente lleno de vinagre, empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después del beber el vinagre Jesús dijo: “Todo se ha cumplido e inclinando la cabeza, entregó su espíritu” (Jn: 19: 23-30). Esto recuerda al hisopo usado en la Pascua judía para rociar la sangre del cordero pascual (Éxodo 12:22), reforzando la idea de Jesucristo como el Cordero pascual.

Así culminaría la celebración pascual que no había terminado en el cenáculo y podemos decir que la Celebración de la Sagrada Cena culminó en el Monte Calvario. Por lo que muchos estudiosos (especialmente en teología bíblica moderna) proponen que: Jesús interrumpe el Séder y deja la cuarta copa sin beber. La cena queda “abierta”. El rito no se completa en ese momento.  La “bebió” simbólicamente en la cruz, al aceptar el vino antes de morir, pues es la copa de la alabanza y consumación. Esto refuerza la idea de que la Última Cena y la crucifixión forman un único acto pascual continuo.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Azulejo de Mercurio en la calle Rioja.

No nos fijamos por la altura, pero en la fachada del número 1 de la calle Rioja, esquina con la calle Sierpes, se alza un edificio levantado en la década de 1920 que conserva uno de los ejemplos más llamativos de publicidad cerámica en Sevilla. 

Se trata de un gran panel de azulejos, de aproximadamente 1,40 por 3 metros, realizado en 1910 por el ceramista José Recio del Rivero en la prestigiosa fábrica sevillana de José Mensaque y Vera. Esta obra constituye no solo un reclamo comercial, sino también una pieza de notable valor artístico e iconográfico.

Número 1 de la calle Rioja, esquina con la calle Sierpes

Detalle de la fachada

Detalle del panel cerámico

El inmueble fue durante años sede de la zapatería “La Ciudad del Betis”, establecimiento perteneciente a una cadena hoy desaparecida que llegó a contar con varios locales en la ciudad. Su casa matriz se encontraba en la calle Don Alonso el Sabio, junto a Puente y Pellón, y disponía además de sucursales en la calle Feria y en la calle Callao, en el barrio de Triana, además de este punto estratégico en pleno corazón comercial.

El panel cerámico presenta una escena de inspiración mitológica en la que se exalta la actividad mercantil. En el centro aparece Mercurio, dios romano del comercio y mensajero de los dioses (identificado con Hermes en la tradición griega), representado en actitud dinámica, con una rodilla en tierra mientras ofrece diversos productos a la figura de la Abundancia, diosa romana personificación de la prosperidad y la riqueza. 

Detalle de Mercurio y la diosa Abundancia

A la composición se suma otra figura femenina que avanza portando una bandeja, sobre la cual un pequeño genio alado vierte el contenido de una copa, símbolo de generosidad y plenitud. 

Detalle de la otra figura femenina

En la zona superior, dos genios sostienen un espejo, elemento que puede interpretarse como alusión a la vanidad o al reflejo del éxito comercial. Coronando la escena aparece el emblema de la ciudad de Sevilla, el conocido NO-DO.

Detalle de los dos genios con un espejo

La elección de Mercurio no es casual, ya que su figura estaba estrechamente vinculada al mundo del comercio. Su nombre deriva del término latino merx, que significa mercancía, y era considerado protector de comerciantes, viajeros y oradores, así como de quienes cruzaban fronteras. Sin embargo, su carácter también incluía atributos más ambiguos, como la astucia y el ingenio, cualidades asociadas igualmente a ladrones y embaucadores. En la iconografía clásica se le reconoce fácilmente por el pétaso (sombrero o casco alado) y por sus sandalias provistas de alas, que simbolizan la rapidez y la capacidad de desplazarse entre distintos ámbitos.

Detalle de Mercurio con el pétaso y las sandalias aladas

Este azulejo publicitario constituye un valioso testimonio de la importancia del comercio en la Sevilla de principios del siglo XX, así como del uso del arte cerámico como medio de expresión estética y herramienta publicitaria en el paisaje urbano.

domingo, 22 de marzo de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Calle Muñoz Olivé.

Esta vía aparece ya documentada en 1441 en un padrón con el nombre de Lombardas, denominación que se mantuvo, con ligeras variantes, al menos hasta 1665, cuando figura como Lombardos. Según González de León, el topónimo se relacionaría con la presencia de italianos procedentes de Lombardía que habrían participado junto a Fernando III en la conquista de Sevilla. Sin embargo, resulta más plausible la interpretación de Santiago Montoto, quien vincula el nombre con los fabricantes de lombardas, es decir, piezas de artillería de gran calibre, que probablemente residían en la zona. En cualquier caso, desde el siglo XVII se consolidó la forma Lombardos, aunque en algunos planos del siglo XVIII, como los de Olavide y Lerena, aparece erróneamente escrita como Bombardas.

En 1913 la calle adoptó su denominación actual en memoria del comandante Manuel Muñoz Olivé, fallecido en combate en Melilla en 1911.

El plano de Olavide de 1771 muestra una ligera inflexión en su arranque, desaparecida probablemente en el siglo XIX, tal vez como consecuencia de la demolición del Hospital del Espíritu Santo y la construcción del teatro San Fernando. La fachada lateral de este último ocupó buena parte de la acera izquierda hasta su derribo en la década de 1960. Aún en 1852 la calle contaba con una barreduela, y a comienzos del siglo XX el Ayuntamiento adquirió varias fincas con el fin de ensancharla.

Hasta 1839 existió un arquillo con una hornacina dedicada a la Virgen del Carmen, levantado a mediados del siglo XVIII por los frailes del Colegio del Santo Ángel, cuya parte posterior daba a esta calle. De aquella relación se conservan todavía algunas vidrieras y pequeñas portadas.

En la actualidad, Muñoz Olivé se comunica con la calle Rioja y Rosario mediante pasajes de construcción reciente y mantiene un marcado carácter comercial.

Una placa recuerda la relación de la maestra de artistas Adelita Domingo con el teatro San Fernando.

Detalle del pasaje

Azulejo de Adelita Domingo

Detalles del pasaje

Detalles del pasaje
Detalles del pasaje

La mayor parte de su antiguo caserío ha sido sustituida por edificios modernos de oficinas y locales comerciales, generalmente de cuatro plantas, con fachadas sencillas y escasa ornamentación. Esta transformación la convierte en una de las vías del centro histórico que más ha cambiado, al encontrarse en pleno núcleo comercial de la ciudad.

Como excepción, se conserva el edificio de viviendas de ladrillo visto proyectado por Aníbal González en 1917 en la esquina con Tetuán. El ambiente de la calle ha evolucionado en paralelo a su fisonomía y de un carácter más vecinal ha pasado a ser un espacio claramente orientado al comercio. 

Coincidiendo con la apertura del teatro San Fernando se inauguró también el llamado Café de los Lombardos (ver), que contaba con billar. Asimismo, existió una fuente pública que se mantuvo al menos hasta finales del siglo XIX.

Café Lombardo. Gustave Doré. (CC BY 3.0)

Hacia 1871 tuvo su sede en esta calle la Sociedad Francesa de Beneficencia, dedicada a la asistencia de residentes franceses necesitados, y también hubo un cuartel de Carabineros.

No obstante, la institución más relevante asentada aquí durante siglos fue el Hospital del Espíritu Santo, cuya fachada lateral ocupaba buena parte de la acera derecha. De este edificio se conservaban hasta hace pocos años algunos restos, entre ellos salas cubiertas con bóvedas de aristas, hoy desaparecidas.

El 5 de enero de 1918 salió por primera vez la Cabalgata de Reyes Magos de esta calle Muñoz de Olivé, como una placa lo recuerda.

Calle Muñoz Olivé con la placa de la Cabalgata

Placa de la Cabalgata