AREA CENTRO 1
Rectorado.
El actual edificio del Rectorado de la
Universidad de Sevilla constituye uno de los monumentos civiles más
extraordinarios de la ciudad y una de las obras maestras de la arquitectura
industrial europea del siglo XVIII. Concebido originalmente como la Real
Fábrica de Tabacos, fue la primera gran manufactura tabaquera establecida en
Europa y un edificio levantado para responder a las necesidades de una
industria estratégica para la Corona española. Desde mediados del siglo XX
alberga el Rectorado de la Universidad de Sevilla y diversas dependencias
universitarias, manteniendo viva una construcción que ha sabido adaptarse a
nuevos usos sin perder su extraordinario valor histórico y artístico.
Su construcción comenzó en 1728 y se
prolongó durante varias décadas bajo la dirección de destacados ingenieros
militares como Ignacio Sala, Diego Bordick y, especialmente, Sebastián Van der
Borcht, autor de la configuración definitiva del edificio. No resulta casual
que fueran ingenieros militares quienes proyectaran la fábrica, pues debían
resolver simultáneamente problemas estructurales, defensivos e industriales. El
resultado fue un edificio singular que combina el aspecto de un palacio
barroco, la solidez de una fortaleza y la funcionalidad de una gran instalación
fabril, una tipología prácticamente única en la arquitectura europea del
Antiguo Régimen.
El edificio ocupa una inmensa planta
rectangular de aproximadamente 185 por 147 metros, lo que lo convierte en uno
de los mayores inmuebles históricos de España. Se desarrolla en dos alturas y
presenta un diseño rigurosamente simétrico, reforzado por salientes en sus
cuatro esquinas que acentúan su carácter monumental. Su arquitectura refleja
una equilibrada síntesis de influencias renacentistas, barrocas, herrerianas e incluso
neoclásicas, fruto de las diferentes fases constructivas y de las posteriores
reformas.
Real Fábrica de Tabacos (ver) (CC BY 3.0)
La distribución original respondía a
criterios estrictamente funcionales. La mitad septentrional estaba destinada a
residencia de los altos cargos de la fábrica, mientras que la meridional acogía
las instalaciones industriales donde se elaboraba el tabaco. Las amplias naves
abovedadas permitían alojar la maquinaria y facilitar futuras transformaciones
del proceso productivo, demostrando un avanzado concepto de flexibilidad
arquitectónica poco habitual en el siglo XVIII.
Cimentación
Uno de los aspectos más admirables de
la construcción es su complejo sistema de cimentación. Debido a la proximidad
del antiguo arroyo Tagarete y del río Guadalquivir, el terreno era
especialmente inestable y fangoso. Para solucionar este problema se diseñó una
innovadora red de galerías subterráneas sustentadas por arcos invertidos, un
sistema único en España que proporcionó una extraordinaria estabilidad al
edificio y explica que apenas sufriera daños durante el terremoto de Lisboa de
1755. Entre los pilares de piedra se emplearon incluso conchas de ostión para
amortiguar los movimientos del terreno, un recurso constructivo tan ingenioso como
eficaz.
Fachada y Puertas
La fachada principal, orientada hacia la actual avenida de San Fernando, constituye una de las grandes obras del barroco civil sevillano. Ejecutada con piedra procedente de las canteras de Morón y Estepa, fue diseñada por Sebastián Van der Borcht y enriquecida con la exuberante decoración escultórica realizada por el portugués Cayetano de Acosta.
El monumental arco de ingreso aparece flanqueado por columnas dobles
que sostienen un balcón abalaustrado, sobre el que se desarrolla un frontón
partido presidido por el gran escudo de Fernando VI y la inscripción que
recuerda la culminación de las obras en 1757. En la clave del arco se presenta
el rotulo de la Fábrica de Tabacos. La
cancela de entrada se realizó a partir de 1837.
Fachada principal
Detalle de la Puerta principal
Detalle del balcón durante las obras de restauración
Escudo de Fernando VI y fecha de terminación de las obras
Clave del arco con el rotulo de Fábrica de Tabacos
La portada está decorada con relieves
alusivos al comercio del tabaco, entre ellos ruedas de molino utilizadas para
triturar las hojas, indígenas americanos (uno con arco y flechas y otro fumando
tabaco), fardos de tabaco y los medallones con los bustos de Cristóbal Colón y
Hernán Cortés, evocando el origen americano de este producto. La Puerta de entrada se
hizo con Madera de Caoba de Guinea. Era la única puerta de entrada de la
Fábrica de Tabacos.
Indio con arco y flechas
Indio fumando tabaco
Busto de Cristóbal Colón
Busto de Hernán Cortés
Coronando la fachada se alza la
elegante escultura de la diosa Fama, flanqueada por jarras de azucenas marianistas. Hecha en mármol por Cayetano
Da Costa en 1755; las
alas son de cobre, en su día sobredoradas. Mirando al sol naciente, proclama el
poderío de los Borbones que mandan hacer este monumental edificio, en su época,
el mayor de Europa de tipo fabril. Con un sólo clarín, -posiblemente, el de la
verdad- y su ropa agitada por los vientos, domina el edificio y el orbe,
difundiendo su mensaje. Fama es la mensajera de Júpiter. Por ello fue objeto de
algunos préstamos iconográficos por parte de Mercurio, a quien tradicionalmente
se había asignado esta función.
Según Morales Marín, para los romanos
representaba la "Voz pública"
y fue engendrada por la Tierra. Habita para Virgilio en el centro del mundo y
vive en un palacio sonoro, con mil aberturas por las que penetran las voces,
rodeándose de la Credulidad, el Error, la Falsa Alegría, el Terror, la Sedición
y los Falsos Rumores.
Cuenta la leyenda que cuando las cigarreras
entraban en la Real Fábrica de Tabacos, a menudo la estatua hacía sonar su
trompeta. Lo curioso es que nadie sabe por qué tocaba la
trompeta de forma aleatoria.
Con el paso del tiempo esta imagen ha
trascendido su significado original para convertirse en el emblema oficial de
la Universidad de Sevilla.
Escultura de la diosa Fama
Detalle de la diosa Fama
La portada de la avenida del Cid constituye uno de los accesos secundarios abiertos en la antigua Real Fábrica de Tabacos tras su adaptación como sede de la Universidad de Sevilla, a mediados del siglo XX.
Aunque respeta el lenguaje arquitectónico del edificio
dieciochesco, no pertenece al proyecto original de Sebastián Van der Borcht,
sino que fue ejecutada en 1956 para facilitar el acceso a las nuevas facultades
universitarias. Su decoración escultórica fue realizada por Antonio Cano Correa
y Carmen Jiménez Serrano, autores también de las restantes portadas abiertas en
las fachadas este, sur y oeste del edificio.
Fachada este
Arquitectónicamente responde a un planteamiento sobrio y clasicista, perfectamente integrado en la monumental fábrica de piedra que caracteriza todo el edificio.
El vano de acceso, de
proporciones monumentales, aparece enmarcado por pilastras cajeadas que
sostienen un entablamento de líneas depuradas. Sobre él se dispone un amplio
balcón central, mientras
que el conjunto se remata mediante un frontón partido, recurso heredado del
barroco clasicista.
Portada
Detalle del remate
Detalle de jarras de azucenas
En el centro del frontón se sitúa el escudo de la Universidad de Sevilla, símbolo de la nueva función docente del edificio, sustituyendo la antigua identidad industrial de la Real Fábrica de Tabacos por la de una de las instituciones académicas más antiguas de España.
La ornamentación escultórica, combina elementos
alegóricos y decorativos con un lenguaje de inspiración clásica, buscando
armonizar con la arquitectura del siglo XVIII sin competir con la monumental
portada principal de la calle San Fernando.
Detalle de la portada
Detalle de las bases de las columnas pareadas
Busto de Francisco Suarez
San Raimundo de Peñaflor
Francisco de Vitoria
Alfonso X el Sabio
San Isidoro
Fray Bartolomé de las Casas
Esta puerta ha adquirido además un
importante protagonismo en la configuración actual del edificio. Tras las obras
de rehabilitación concluidas en 2025, volvió a abrirse al público, recuperando
el histórico eje transversal que atraviesa la antigua Fábrica de Tabacos de
norte a sur. Gracias a esta intervención es posible recorrer nuevamente el
edificio desde la avenida del Cid hasta la calle María de Padilla, atravesando
la sucesión de patios y galerías que articulan este extraordinario ejemplo de
arquitectura industrial ilustrada.
La portada de la antigua Facultad de Ciencias se abre en la calle Palos de la Frontera, en la fachada posterior del edificio de la antigua Real Fábrica de Tabacos, en contraste con la monumental portada principal que mira hacia la calle San Fernando.
Aunque de menores
dimensiones, constituye un interesante ejemplo de la arquitectura clasicista
que caracteriza al conjunto diseñado por Sebastián Van der Borcht en el siglo
XVIII.
Fachada de la Facultad de Ciencias
Rotulo de la Facultad
Su composición presenta un acceso
adintelado enmarcado por pilastras, sobre el que se dispone un balcón principal
coronado por un elegante frontón partido o roto, uno de los elementos más
característicos de la arquitectura barroca clasicista. En el centro de este
frontón se sitúa un escudo monumental, originalmente el escudo del régimen
franquista, sostenido por dos figuras infantiles de inspiración alegórica que
completan la decoración escultórica de la portada.
Escudo
La presencia de este emblema ha sido
objeto de un prolongado debate durante las últimas décadas. La Ley de Memoria
Histórica de 2007, posteriormente reforzada por la Ley de Memoria Democrática
de 2022, establece con carácter general la retirada de los símbolos de
exaltación de la dictadura franquista presentes en los edificios públicos. Sin
embargo, la antigua Real Fábrica de Tabacos está declarada Bien de Interés
Cultural, circunstancia que obliga a compatibilizar la protección del
patrimonio histórico con el cumplimiento de la legislación sobre memoria
democrática. Por ello, cualquier intervención sobre un elemento integrado en la
arquitectura del inmueble requiere la autorización de los organismos
competentes en materia de patrimonio.
Tras diversos informes técnicos y
administrativos, se ha acordado la sustitución del escudo franquista por el
escudo de la Universidad de Sevilla, una solución que permite eliminar un
símbolo de la dictadura sin alterar la composición arquitectónica de la
portada. De este modo, el edificio continúa adaptándose a las nuevas
sensibilidades sociales sin renunciar a la conservación de uno de los conjuntos
monumentales más relevantes de la arquitectura industrial del siglo XVIII en
Europa.
La fachada del edificio se remata por una balaustrada, de la
que emergen pináculos de diseño idéntico al de la Casa Lonja. Esta balaustrada
oculta la percepción de la cubierta del edificio, resuelta en azotea, en la que
se abren ocasionalmente linternas para la introducción de luz a espacios
significativos, tal es el caso del paraninfo y las escaleras monumentales de
las facultades.
Pináculo
Detalle del pináculo
Detalle de cruz y veleta
Detalle de cruz y veleta
Foso y Garitas
El edificio estuvo concebido igualmente para garantizar la seguridad de una mercancía extremadamente valiosa. Originariamente disponía de una única puerta de acceso vigilada por soldados de la Corona, reforzada por garitas distribuidas en las esquinas del recinto.
Tres de sus lados estaban protegidos por un amplio foso que impedía el contrabando del tabaco, mientras que el lado norte quedaba naturalmente defendido por el cauce del arroyo Tagarete.
Estos elementos conferían al conjunto un marcado aspecto
militar que aún hoy puede apreciarse en las garitas, los muros perimetrales y
el trazado del antiguo foso, convertido actualmente en uno de los rasgos más
característicos del edificio. La tradición popular llegó incluso a afirmar que
en el foso vivían caimanes traídos de América para disuadir a posibles
ladrones, una pintoresca leyenda que forma parte del imaginario sevillano.
Foso
Fotografía tomada en 1932 y en la que podemos ver tras
las plataneras, la antigua fábrica de tabaco, y en primer término, el foso que
la recorre.
Garita del centinela de la puerta
Garita del centinela de la esquina con Doña María de
Padilla
Garita del foso
Entre los numerosos árboles monumentales que enriquecen el patrimonio verde de Sevilla, uno de los más entrañables por la historia que encierra es el conocido como Ficus del Foso de la Universidad.
Se trata de un magnífico ejemplar de Ficus macrophylla, la
higuera australiana, plantado en 1970 junto al foso de la antigua Real Fábrica
de Tabacos, actual Rectorado de la Universidad de Sevilla, en la calle Palos de
la Frontera.
Su origen está ligado a un gesto
cargado de simbolismo. Aquel año, un ciudadano, movido por un profundo
sentimiento paternal y un sincero amor por la naturaleza, solicitó al Servicio
de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla autorización para plantar un
árbol con motivo del nacimiento de su hijo. El Ayuntamiento acogió favorablemente
la iniciativa y eligió para ello un lugar privilegiado, situado entre tres de
los edificios más emblemáticos de la ciudad: el Palacio de San Telmo, el Hotel
Alfonso XIII y la antigua Fábrica de Tabacos. La tradición recuerda que el
propio padre participó en la plantación, depositando las primeras paladas de
tierra alrededor del joven árbol.
Más de medio siglo después, aquel
pequeño plantón se ha convertido en un coloso vegetal. Catalogado como árbol
singular y maduro de Sevilla, alcanza en la actualidad unos quince metros de
altura y desarrolla una espectacular copa cercana a los veintiocho metros de
diámetro. Sus enormes ramas se proyectan hacia el foso de la antigua fábrica y
descienden con elegancia en busca del vacío, creando una de las estampas arbóreas
más bellas y sorprendentes del entorno universitario. La fuerza de su tronco,
la amplitud de su ramaje y la sombra que proyecta convierten este ficus en un
auténtico monumento vivo, simbolizando el crecimiento paralelo de un árbol y de
una nueva vida.
Hoy ignoramos quiénes fueron aquel
padre y aquel hijo cuya historia quedó para siempre unida a este extraordinario
ejemplar.
Ficus
Detalle del ficus
Tras la portada principal se accede a
un amplio vestíbulo que conduce al zaguán y a las monumentales escaleras dobles
que ascienden hasta el Paraninfo, espacio reservado para las ceremonias
académicas más solemnes, como investiduras de doctores honoris causa, actos
institucionales y conferencias.
Vestíbulo
Zaguán
Detalle de la cancela con el escudo real
Detalle de una de las escaleras
La sucesión de galerías, patios y
escalinatas produce una sensación de grandiosidad que recuerda simultáneamente
a un palacio, un convento y una fortaleza, reflejo de la compleja historia del
edificio.
Detalle de galería y al fondo el primer patio
Patios
La organización interior gira en torno
a cinco grandes patios.
El Patio del Reloj es rectangular,
organizado en dos plantas mediante galerías porticadas. Fue construido entre
1756 y 1759 siguiendo las trazas del ingeniero militar Sebastián Van der
Borcht, principal artífice del monumental complejo fabril.
En sus orígenes este espacio era
conocido como Patio de las Cuadras o Patio de los Arrieros, denominación que
aludía a la intensa actividad que aquí se desarrollaba. Hasta este lugar
llegaban diariamente las recuas de mulas y caballos cargadas con las hojas de
tabaco procedentes del puerto o de los almacenes, donde eran descargadas antes
de iniciar el proceso de elaboración. El patio era, por tanto, uno de los
principales centros logísticos de la fábrica.
Con el paso del tiempo el recinto
adoptó el nombre de Patio del Reloj, debido al gran reloj instalado en la
fachada oriental, cuya presencia marcaba el ritmo de la actividad fabril y
regulaba las jornadas de cientos de operarios. Aún hoy este elemento constituye
una de las referencias visuales más características del patio.
Patio del Reloj
Detalle de la planta inferior
Detalle de la planta superior coronada por el reloj
Presidiendo el espacio se alza la
estatua de bronce de Maese Rodrigo Fernández de Santaella, fundador de la
Universidad de Sevilla. La escultura, realizada por Joaquín Bilbao en 1900,
representa al humanista sosteniendo en sus manos la bula pontificia otorgada
por el papa Julio II en 1505, documento que hizo posible la creación de la
institución universitaria. La presencia de esta imagen simboliza el encuentro
entre las dos grandes etapas históricas del edificio: su pasado como fábrica de
tabacos y su presente como centro del saber.
Estatua de Maese Rodrigo Fernández de Santaella
Detalle
Detalle de la mano con la bula del papa Julio II
Como recuerdo
de aquella intensa actividad industrial, el patio conserva también una antigua
máquina de liar cigarrillos de la firma Vilaseca. Esta pieza constituye un
valioso testimonio de la evolución tecnológica de la industria tabaquera.
Antigua máquina de liar cigarrillos de la firma Vilaseca
Más adelante se encuentra el Patio de
la Fuente, verdadero corazón del edificio, presidido por la elegante fuente
diseñada por Cayetano de Acosta, que antiguamente presidía las labores de
pesaje y distribución del tabaco y que hoy constituye uno de los espacios más
emblemáticos de la vida universitaria.
La fuente está rematada por la Corona Real.
Bajo su posición, cuatro inocentes niños juegan con el agua.
Llegada al patio de la fuente
Trasera del reloj
Fuente
Detalle de la fuente
Gipsoteca y Biblioteca
El Rectorado conserva asimismo un
importante patrimonio artístico y cultural. Destacan la Gipsoteca, que reúne
reproducciones en yeso de esculturas de las principales civilizaciones antiguas
y de grandes obras del arte universal.
Puerta de acceso a la Gipsoteca
Patio
Detalle del Patio
Detalle de la fuente
Busto de Antínoo
Alfonso X el Sabio
Cantoría de Florencia
Apoxiómeno
Detalle del pie
Tondo de la Virgen con el Niño
Busto de María Antonieta
La Biblioteca Histórica de la
Universidad, cuyos orígenes se remontan a 1505. Entre sus tesoros sobresale uno
de los escasos ejemplares conservados de la Biblia de Gutenberg, además de
valiosos manuscritos, incunables y documentos fundamentales para la historia de
Sevilla y de la propia institución universitaria.
Desde 1950, cuando la Universidad de Sevilla trasladó aquí su sede central, la antigua Real Fábrica de Tabacos inició una nueva etapa de su historia. Las reformas realizadas respetaron la monumentalidad del conjunto e incorporaron nuevas portadas y espacios docentes inspirados en la arquitectura original, logrando que este excepcional edificio continúe siendo un referente de la ciudad. Su extraordinaria dimensión, la riqueza de su arquitectura, la calidad de su patrimonio artístico y la singularidad de su historia hacen del actual Rectorado no solo el corazón administrativo de la Universidad de Sevilla, sino también uno de los edificios históricos más importantes y admirados de España.

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