sábado, 8 de octubre de 2022

 ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS DE LAS CALLES DE SEVILLA

Antonio Salado y Moreno

Rótulo de la calle Antonio Salado

Sevilla, 1.835 – 1.900, hijo de un médico de modesta posición, discípulo del famoso doctor en medicina Federico Rubio, prestigioso cirujano y catedrático de patología quirúrgica de la Facultad de Medicina de Sevilla, médico de la Beneficencia provincial, de la que fue Decano, y académico de la Real Academia de Medicina.

Fue el autor de una de las primeras transfusiones de sangre realizadas en España que tuvo lugar en Sevilla. 

Introdujo en Sevilla el ácido carbónico como antiséptico e igualmente la tintura de yodo cristalizado, lo que en el año 1.870 representó un gran avance para la medicina.

                                      AntonioSalado Moreno

Se refiere que, en marzo de 1.888, un niño de cinco años fue atropellado por un carro en la calle San Luis. La infeliz criatura fue conducida al Hospital Central donde el Doctor don Antonio Salado, se ocupó de su tratamiento. Tuvo que proceder a la amputación de un brazo, pero consiguió salvarle la pierna con muchos cuidados y desvelos. Dados los escasos recursos económicos del niño, lo llevó a su casa, lo vistió, lo alimentó y lo ingresó en un colegio público.


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Calle Antonio Salado

Rótulo de la calle Antonio Salado

Al menos desde 1639 está documentada con el nombre de Castellón, cuya razón se desconoce, aunque González de León especula con la posibilidad de que se refiera a ese título de nobleza. 

En 1900 fue rotulada como el actual, en homenaje a Antonio Salado y Moreno, catedrático de la Escuela de Medicina de Sevilla y prestigioso cirujano, fallecido en ese mismo año.

Ofrece varios salvar ruedas de granito. 

Las viviendas son de tipo tradicional de 2-3 plantas con patios y cierros que dan a la calle un aspecto homogéneo y cierta belleza. Cumple una misión casi exclusivamente residencial.


Llegada de la Calle Antonio Salado a la Plaza Puerta Real

En la esquina con la plaza de Puerta Real, figura un azulejo que refiere el fallecimiento del pintor Gustavo Gallardo Ruiz (ver).

Se formó en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, siendo discípulo de Gonzalo Bilbao y Virgilio Mattoni, y amplió sus conocimientos en Roma de 1917 a 1924. 

Unos años antes tuvo oportunidad de viajar por distintas ciudades españolas y en 1913 estuvo algún tiempo en Tánger. 

En 1934 pasó a ser profesor de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y luego de la de Artes y Oficios de Sevilla. 

Concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924, donde obtuvo tercera medalla por un cuadro titulado Desnudo

Destacó como retratista, al tiempo que cultivaba el paisaje y la pintura costumbrista.



Antonio Salado y Moreno (ver) (Sevilla, 1.835 – 1.900), hijo de un médico de modesta posición, discípulo del famoso doctor en medicina Federico Rubio, prestigioso cirujano y catedrático de patología quirúrgica de la Facultad de Medicina de Sevilla, médico de la Beneficencia provincial, de la que fue Decano, y académico de la Real Academia de Medicina.

Fue el autor de una de las primeras transfusiones de sangre realizadas en España que tuvo lugar en Sevilla. 

Introdujo en Sevilla el ácido carbólico como antiséptico e igualmente la tintura de yodo cristalizado, lo que en el año 1.870 representó un gran avance para la medicina.

Antonio Salado

Se refiere que, en marzo de 1.888, un niño de cinco años fue atropellado por un carro en la calle San Luis. La infeliz criatura fue conducida al Hospital Central donde el Doctor don Antonio Salado, se ocupó de su tratamiento. Tuvo que proceder a la amputación de un brazo, pero consiguió salvarle la pierna con muchos cuidados y desvelos. Dados los escasos recursos económicos del niño, lo llevó a su casa, lo vistió, lo alimentó y lo ingresó en un colegio público.

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Calle Goles

La calle Goles discurre a lo largo del antiguo lienzo de muralla derribado en la segunda mitad del XIX. Tiene un trazado recto y algo curvado en su arranque. Hay edificios que se encuentran elevados sobre el nivel del resto de la calle.

Esta calle, así como sus alrededores, después de la reconquista de Sevilla, formó parte de un barrio llamado Goles o barrio de los Goles, cuya existencia histórica está demostrada en una carta firmada por el rey Alfonso X El sabio, en la que se confirma el cambio de unas casas en Sevilla.

Distintas opiniones de historiadores sobre el origen del nombre de la calle.

Fue llamada Huerta de Goles por el nombre de su dueño, pero algunos historiadores opinan que en este lugar había un templo oratorio, en la época romana, dedicado a Hércules y por error de fonética se diría Goles.

Según Luis Peraza, Goles quiere decir Hércules, perdida algunas letras y la C vuelta en G, que el tiempo suele hacer fácilmente, por lo que se quedó con su nombre antiguo, aunque corrupto.

Rogelio Reyes, en cambio, considera que no es una corrupción lingüística de Hércules, sino tal vez una derivación de la palabra Gules, perteneciente a la heráldica o, quizás, un topónimo de origen árabe.

José María de Mena piensa que la corrupción fonética de Hércules daría Er-coles, Er-goles y finalmente Goles.

Al ampliar la muralla a finales del siglo XI, la puerta situada en ese lugar se llamó Bad Er Goles (Puerta de Goles) lo que pudo dar nombre a la calle y aunque la puerta de la muralla se llamó, desde el siglo XVI, puerta Real, la calle siguió llamándose Goles.

Como calle goles consta en el padrón de pecheros de 1533, si bien al final del siglo XV se conoció como Adurve. Posteriormente, en los planos del siglo XIX, aparece como Muro de la Puerta Real. Finalmente, en 1869 vuelve a recibir el topónimo de Goles con el que sigue en la actualidad.

Resto de la muralla Almohade y azulejo indicativo

Destaca la presencia de uno de los vestigios de la muralla islámica, que discurre por el interior en dirección al Arenal, dónde vuelve a ser visible junto a la Torre de la Plata y que han sido recientemente restaurada por la Gerencia de Urbanismo.

Cañería de agua dentro de la muralla

Su caserío es variado y cumple una función residencial y destacan algunas por su belleza arquitectónica.

En una casa, sin número y en mal estado, se muestra una placa que indica: “En este lugar, junto a la Casa Grande del Carmen Calzado, estuvo la capilla de Nuestra Señora de la Soledad desde 1575 hasta 1810” .

La Casa Grande del Carmen de Sevilla fue el principal convento de esta orden en la ciudad (Ver). Se fundó en 1358. Fue desamortizado en el siglo XIX. Posteriormente pasó a ser utilizado como cuartel. En 1990 fue adquirido por la Junta de Andalucía y en 2002 pasó a ser utilizado como Conservatorio Superior de Música y Escuela Superior de Arte Dramático.

En el número 23, sobre la fachada de una vivienda particular, un azulejo muestra el siguiente texto: "En este solar estuvo ubicado el antiguo "Corral de la Mosca" del Siglo XVI, que como otros forma parte de la historia de esta Ciudad". Este azulejo es reflejo de una iniciativa particular para recordar la existencia del que fuera uno de los más antiguos corrales de vecinos de la ciudad. Aunque artísticamente no ofrece mayor valor, constituye un reconocimiento a la importancia que éste y otros corrales tuvieron en el desarrollo de las costumbres populares y en la propia evolución histórica ciudadana.


El Corral de Vecinos Andaluz tiene su origen en los adarves árabes –callejones ciegos con una sola entrada– y más propiamente en el curralaz mozárabe –corral sobre el que se abrían las puertas de las viviendas–. Se tienen noticias históricas de su existencia desde el siglo XIV, y con mayor precisión en el siglo XVI. Fue en esta época cuando experimentaron un gran desarrollo, especialmente en Sevilla, por ser puerto exclusivo de entrada y salida para las Indias. Es el modelo arquitectónico surgido en esta época el que se ha conservado hasta nuestros días y el que tanto ha contribuido a caracterizar la vida y el urbanismo de Sevilla y otras ciudades andaluzas.

Actualmente, el Corral de la Mosca es un edificio de Apartamentos, que conserva un patio central con fuente. En el hall, muestra un azulejo de la antigua Puerta de Goles.

Fachada principal de la calle Goles 23

Azulejo del Hall y patio central con fuente

El número 28, es de estilo regionalista iniciado por Jun Talavera y terminado por Rafael Gómez Cabrera, nos muestra un azulejo de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. 

Calle Goles número 28

El número 39. Es de estilo regionalista del arquitecto Francisco Pérez Bergalí.

Fachada principal de la calle Goles número 39

Detalle del dintel de la puerta principal y detalle del balcón principal


 ca la El número 43 es igualmente de estilo regionalista del arquitecto Francisco Pérez Bergalí.

Vista general del edificio y detalle de la esquina entre calle Goles y Baños  

El número 44, es un edificio modernista del arquitecto Gómez Millán y sirvió de cochera y caballerizas a la empresa de vehículos Laveran.

El número 48 A, debió ser una casa de vecino o una barreduela de artesanos. Pero no tengo información. Actualmente presenta una decoración floral y una fuente de gran belleza.



El número 54, puede ser la muestra de la actividad desarrollada hasta principios de siglo XX, consistente en la manufactura de cuerdas. En aquellos alargados patios y naves se labraban “jarcias” para embarcaciones y “redes”. La existencia de esta industria marinera está documentada desde 1668, año en el que el padrón parroquial de san Vicente cita una calle de Cordoneros (fabricante de jarcia) en los humeros. En 1915 y tras casi tres siglos de permanencia, la fábrica cerró, por el decaimiento general de la pequeña industria cordonera local pero también en la coyuntura del mercado inmobiliario en esos años. 


 ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS DE LAS CALLES DE SEVILLA

José Manuel de Arjona y Cubas.

Calle Arjona (ver)

Hermano menor del religioso, escritor y poeta Manuel María de Arjona y Cubas, nació  en Osuna, en un palacio que ha estado en manos de la familia hasta 1862, y durante un siglo pasó por distintos propietarios, hasta que en 1975 fue adquirida por la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos para instalación de sus dependencias. En 1979 cambió su titularidad a favor de la Cámara Agraria Local de Osuna, entidad que ha suscrito el convenio de colaboración con el Ayuntamiento de Osuna, para la cesión del uso del edificio como Museo.

Palacio de los Arjona en Osuna y su patio central

José Manuel de Arjona y Cubas nació en Osuna el 2 de diciembre de 1781. Era hijo de Zoylo Alfonso de Arjona y Arjonal, doctor en Leyes, abogado del Real Consejo y corregidor de la villa, y de Andrea de Cubas y Berdugo. 

Fue bautizado en la parroquia mayor de la Asunción con los nombres de José Manuel María de Santa Bibiana. Su infancia transcurrió en su localidad natal.


Comenzó sus estudios en la Universidad de Osuna, donde se formó en Latinidad. En 1793 se trasladó a Sevilla e ingresó como colegial en Santa María de Jesús. Ese mismo año se matriculó en la Facultad de Filosofía de la Universidad Hispalense, institución en la que su hermano Manuel ejercía como rector. Entre 1793 y 1795 cursó Lógica, Metafísica y Filosofía, obteniendo el grado de bachiller en esta última el 13 de mayo de 1795. Posteriormente amplió sus estudios en Derecho Canónico y Civil, para graduarse de Bachiller en ambas disciplinas el 4 de mayo de 1800, tras lo cual inició en 1801 los cuatro años reglamentarios de pasantía.

Concluida su formación práctica, se estableció en Madrid. Allí contrajo matrimonio el 4 de octubre de 1806 con Antonia Micaela Tamarit y Moure. Poco después se trasladó a Cáceres para ocupar la alcaldía del Crimen de la Audiencia de Extremadura y servir como ministro del Tribunal de Seguridad Pública, organismo vinculado a la Suprema Junta Central.

Durante la Guerra de la Independencia fue comisionado para investigar los sucesos ocurridos en Badajoz el 16 de diciembre de 1808, que se saldaron con cuatro víctimas. En 1810, la Audiencia experimentó un constante traslado forzado por el conflicto —Valencia de Alcántara, Garrovillas, Brozas y, finalmente, de nuevo Cáceres—.

Con el retorno del absolutismo, bajo el Gobierno de Fernando VII, en 1814, Arjona aparece como alcalde de Casa y Corte, responsable del Cuartel de San Francisco. 

El 11 de diciembre de 1816 fue nombrado fiscal togado del Supremo Consejo del Almirantazgo, cargo del que tomó posesión el día 23. Un año después, en septiembre de 1817, recibió el nombramiento de corregidor. Entre 1816 y 1820 desempeñó además la alcaldía de Madrid.

El cambio político inaugurado en 1820 tuvo un impacto decisivo en su trayectoria. Entre 1819 y 1820 actuó como presidente de la Sociedad Económica de Córdoba. A partir del 26 de noviembre de 1823 asumió la Superintendencia General de Vigilancia Pública, desde donde elaboró la Real Cédula de 13 de enero de 1824, documento que dio forma definitiva a la Superintendencia General de Policía, considerada el origen institucional de la policía moderna en España. Fue su primer superintendente hasta agosto de ese mismo año, compatibilizando el cargo con el de gobernador de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte, para el que fue designado el 15 de febrero de 1824.

Entre 1825 y 1833 residió en Sevilla como intendente del Ejército de Andalucía y Asistente de la ciudad, funciones a las que se sumaban responsabilidades como interventor militar, delegado provincial de Hacienda, gobernador civil y alcalde-presidente del Ayuntamiento. Todo ello lo situó como la principal autoridad civil sevillana. El 12 de octubre de 1829 ingresó como caballero maestrante en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. También recibió la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Cruz de Caballero de la Legión de Honor de Francia. Desde el 18 de septiembre de 1827 presidió la Junta Rectora de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría.

Su gestión en Sevilla destacó por un ambicioso programa de transformación urbana. Impulsó la renovación del empedrado en el centro, el embaldosado de las aceras y la instalación de alumbrado público mediante farolas de tres mecheros. Ordenó el derribo del tramo de muralla entre la Torre del Oro y la Torre de la Plata, lo que permitió la apertura del paseo de Cristina y el de las Delicias. Favoreció el ensanche y saneamiento de numerosas travesías y la apertura de las plazas de Doña Elvira, de Armas y del Cristo de Burgos. En el barrio de San Pedro dispuso la demolición de la antigua fábrica de tabacos para habilitar la Morería. Promovió la creación de nuevos barrios, como San Roque, la Resolana y Campo de los Mártires. Impulsó además la instalación de los mercados de la Encarnación, Triana y Feria, la construcción de varios cementerios extramuros y la configuración de los Jardines de las Delicias tal como se conocen hoy.

El 4 de agosto de 1833 fue nuevamente nombrado superintendente general de Policía del reino, aunque fue cesado el 17 de octubre. Más tarde, una Real Orden de 1 de septiembre de 1834 lo desterró a Cádiz, comenzando un periodo de exilio que lo llevó a residir en Marsella entre 1839 y 1842. Regresó a España en 1843.

En la sesión del 18 de diciembre de 1849 fue designado senador y tomó posesión el día 24. Su última intervención en la Cámara tuvo lugar el 3 de diciembre de 1850.

Falleció en Madrid el 14 de diciembre de ese año, tras sufrir un catarro pulmonar, en su domicilio de la calle Ancha de San Bernardo, número 17. Fue sepultado en la Sacramental de San Isidro.

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Plaza de Puerta Real 

El elemento fundamental de esta plaza es la puerta de Goles.

Al menos desde 1487 está documentado el topónimo Puerta de Goles, aunque este término se usaba genéricamente desde el siglo XIII, a raíz de la Reconquista de la ciudad, para nombrar a todo el sector o barrio contiguo a dicha puerta, así llamada por el cortijo o alquería próxima, documentada en ese mismo siglo, pues en algunos textos se habla de la “Carrera de Goles”.

Los historiadores Rodrigo Caro ​ y Peraza, apoyándose en una leyenda, atribuyen su origen a Julio Cesar, considerando la denominación Goles como una degeneración lingüística del nombre Hércules, personaje mitológico fundador de Sevilla a quien estaría dedicada la puerta.

Quizás sea una derivación de la palabra “Gules”, perteneciente al mundo de la heráldica, o tal vez de un topónimo árabe, desde "BAB ER GOLES", pues esta puerta se considera que surgió durante la ampliación del sultán Alí Ibn Yúsuf (1083-1143) y por lo tanto de la época almorávide de la ciudad.

Tradicionalmente la Puerta de la Macarena era la usada habitualmente por los Reyes para entrar en Sevilla. En ella juraban acatar sus fueros, y por la calle Real continuaban hasta la Catedral y los Reales Alcázares. 

Así lo hicieron Isabel I de Castilla (1477), Fernando II de Aragón (1508), su nieto Carlos I de España y la prometida de éste, Isabel de Portugal (1526), en relación con sus desposorios, celebrados en los Reales Alcázares.

Sevilla en el siglo XVI era una ciudad rica y poderosa, y fue visitada en 1570 por el rey Felipe II. 

El recibimiento al monarca fue acorde a su grandeza, y la ciudad fue profusamente engalanada con arcos triunfales, colgaduras, esculturas. 

Durante su estancia se celebraron diversos festejos, como cañas, toros, fuegos y otros regocijos.

Pero, en este caso, el rey llegó por el rio, pasó revista a la flota, y entró en la ciudad bajo mazas, el día diez de 1570 por la Puerta de Goles.

La comitiva desfiló por la calle Armas (actual Alfonso XII), más ancha y recta que las callejuelas de la Macarena, y con capacidad para mayor cantidad de súbditos, llegando a la Catedral   tras cruzar la Plaza del Duque, calle de la Sierpe, Plaza de San Francisco, y calle de Génova.

Según su cronista, Felipe II   dedicó a Sevilla estas elogiosas palabras:   ”El rey gozó de ver la ciudad grande, hermosa, rica, noble, leal, aficionada a su príncipe, compuesta de lo mejor que otras tienen, grandes Señores, ilustres Caballeros, Letrados, Mercaderes, excelencia de artífices, de ingenio, templanza de ayre, serenidad de cielo, fertilidad del suelo en todo lo que la naturaleza puede desear, el apetito procurar, el regalo inventar, la gula demandar la salud y apetecer la enfermedad. Sirvió al Rey para su viaje y casamiento con seiscientos mil ducados por vía de empréstito, y juzgóla y estimóla leal, noble y poderosa”.

Desde ese momento se llamará Puerta Real, como hemos comentado anteriormente, no solo la puerta propiamente dicha, sino todo el espacio inmediato a ella, tanto interior como exterior.

En 1624, el monarca Felipe IV visitó la ciudad y recuperó la tradición de ingresar por la Puerta de la Macarena, con lo que la entrada real, por la puerta de Goles, se realizó en una sola ocasión.

Esta puerta fue la tercera que se reformó en la ciudad, detrás de la Puerta de la Macarena y de la Puerta de Jerez, en un proceso de remodelaciones de las puertas de acceso, por las que se eliminabas las entradas en recodo para sustituirlas por otras frontales, y realizadas con la estética imperante renacentista, más acorde con la importancia alcanzada por la ciudad.

Así, siguiendo lo ordenado por el Cabildo municipal en 1560, Hernán Ruiz II, que realizó el cuerpo de campanas de la Giralda, por entonces Maestro Mayor de la ciudad, diseñó y levantó la nueva Puerta, quizás de mejor planta que las dos anteriores, pues al ser nueva pudo contar, con más facilidades, para instaurar una nueva estética que luego se continuó en la Puerta del Arenal, comenzada en 1566, año en que se concluyó ésta de Goles.

La reconstrucción fue total, eliminándose todos sus aspectos militares, y en su interior albergaba una capilla dedicada a la  Virgen de las Mercedes  y otra al Cristo de la Redención.

Los dibujos del célebre viajero romántico Richard Ford, realizados en los años 1830 (desde el exterior) y 1832 (desde el interior), son importantes documentos gráficos que se complementan con algunas fotografías que nos permiten saber que era una de las puertas más airosas de la ciudad. “Algo tendría de humana (escribe el novelista Manuel Ferrand) cuando al desmontarla la llevaron al cementerio”.


Antigua Puerta de Goles (Ver Crédito)

Fue derribada en 1862, y en 1995 se llevaron a cabo obras en el lienzo de muralla existente, donde se señaló la antigua existencia de la puerta. 

Un azulejo, colocado sobre el trozo de muro superviviente, nos muestra la belleza de esta Puerta después de la restauración de mediados del siglo XVI, y nos da los datos históricos comentados:  que su nombre antiguo fue el de Goles, que el nombre de Puerta Real comenzó a partir de 1570 y que fue derribada en 1864. También podemos ver una placa de mármol que hace referencia al rey Felipe II.

Restos de la Puerta Real y azulejo lateral

Restos de la Puerta Real y mármol superior

Según algunas referencias documentadas, la primera Puerta de Goles queda asociada en lo esencial a una simple torre, por lo que se puede pensar que sería una torre-puerta con la tradicional entrada en recodo, aunque algún estudioso cree que sería más bien una puerta protegida por una torre. 

Tenía una planta rectangular, y constaba de dos cuerpos, formando una construcción alta y robusta de trazado elegante, donde el hueco o vano quedaba ordenado a partir de elementos de orden clásico. 

El cuerpo superior quedaba rematado por un frontón que se decoraba en cada frente con un tondo (composición pictórica realizada en forma de disco, y no en rectángulo como es tradicional). En el interior las armas de la ciudad de Sevilla, y en el exterior las del monarca reinante, Felipe II.

Todo el conjunto quedaba coronado con las clásicas bolas y pirámides talladas en piedra que caracterizan las obras manieristas  de Hernán Ruiz II.

El arco era de medio punto con la clave decorada sobre la que había una placa a cada lado, fechadas en 1565, año de finalización de las obras.

La obra de cantería fue más importante en ésta que en las Puertas de la Macarena o de Jerez, probablemente pensando en la fuerza de los empujes del agua en las crecidas del río. Fue realizada, como era habitual en Sevilla, con piedras traídas de las localidades gaditanas de El Puerto de Santa María y Espera.

Gonzales de León la describe como una puerta “sin vista por el exterior, porque el terreno que ocupa esta tan bajo, que el campo inmediato está a nivel de la clave de su arco, y por consiguiente cubre todo el claro de la puerta, no dejando más que una, como calle, que forma cuesta para salir del terraplén al piso”.

Efectivamente, el bajo nivel del terreno propiciaba acumulaciones de agua procedentes del vecindario, del husillo y de las frecuentes avenidas del Guadalquivir.

En la parte exterior de la puerta había un vertedero muladar formado por vertido de escombros y basuras. Por dentro una fuente publica con agua procedente de la del Arzobispo.

Por la parte de fuera tenia adosada una escalera de mármol que permitía el acceso al arrabal de los Humeros. 

En su frontal oeste estaba gravada la siguiente leyenda “Férrea Ferrandus perfregit claustra Sibillae. Ferrandi, et nomen splendet , ut astra polli”.

La puerta ha marcado durante siglos la personalidad y las funciones de este espacio. Era continuo el paso de carruajes y caballerías y el movimiento de personas hacia la zona del rio. A pesar de la importancia de tal función, el sitio era sucio e insalubre, porque, como hemos comentado, allí iba a parar uno de los grandes husillos de la ciudad, que vaciaba en el rio, lo que en algunos momentos motivó la prohibición de los baños (1743).

La pueda cerraba de noche todavía en la primera mitad del XIX y también con motivo de epidemias, riadas, etc.. aunque debían de quedar en ella guardas o vecinos “para los casos urgentes que se ofrezcan en el barrio de los Humeros” (1839).

Son los habitantes de este arrabal los que en 1802 “manifiestan que con causa de cerrarse la Puerta Real a las oraciones del Ave María y abrirse a las seis de la mañana, están careciendo de médico, cirujano, botica etc.. por lo cual suplican a la ciudad se sirva acordar quede abierta toda la noche”.

Una vez derribada, el espacio resultante entre las actuales Alfonso XII y San Laureano se rotuló Plaza de Arjona, en homenaje a José Manuel de Arjona y Cubas (1781-1868) (ver), asistente de Sevilla (equivalente a lo que sería el Alcalde actual) e impulsor de importantes reformas y mejoras urbanísticas de la Ciudad.

En 1875 vuelve a llamarse plaza de la Puerta Real, nombre que sigue conservando desde entonces, aunque en 1931 hubo una propuesta, que no prospero, de suprimir del rotulo el apelativo Real, llamándola simplemente “plaza de la Puerta”.

El topónimo Puerta Real está todavía muy arraigado en el uso popular sevillano para nombrar no solo esta plaza, sino en general toda la zona que históricamente ha gravitado en torno a ella.

La plaza es un espacio cuadrado de dimensiones medias, que asciende en ligera pendiente hacia San Laureano y que hasta el derribo de la puerta en 1865 presentaba mayor estreches.

Plaza Puerta Real con sus soportales

En la acera oeste, esta la capilla de Nuestra Señora de las Mercedes, que mantiene la advocación, al menos desde el siglo XVII. 

Su titular ha tenido históricamente mucha devoción entre los vecinos de los cercanos barrios de los Humeros, San Vicente y San Lorenzo, cuyas calles recorre procesionalmente. 

En su lateral derecho presenta un azulejo de "Nuestra Señora de las Mercedes Coronada" donado por D. Gabriel Solís Pérez y D. Gabriel Solís Carvajal. 

Capilla de Nuestra Señora de las Mercedes y su azulejo

Como anécdota final, comentar que a partir de 1900 discurrió por la plaza el tranvía eléctrico, el famoso “tranvía de la Puerta Real”, como lo conocían los sevillanos, muy popular por su proverbial lentitud y su carácter familiar.