sábado, 31 de diciembre de 2022

 ALGUNAS LEYENDAS DE SEVILLA

Leyenda de la Cruz del Rodeo

Dice la leyenda, que don Pedrito Ribera, de la ilustre familia de los Ribera, marqueses de Tarifa, marqueses de la Torre, duques de Alcalá y duques de Medinaceli, junto a sus amigos don Juan de Minestrosa, conde de Arenales y don Lorenzo de Miranda, le dieron una broma pesada al obispo auxiliar don Luis Camargo, que vivía en la Alameda de Hércules, al lado del Hospital del Amor de Dios, actualmente desaparecido.

La broma consistió en hacerlo salir de casa de madrugada, en camisón y zapatillas, para darle un chapuzón en el pilón que había entre las dos columnas de Hércules de la Alameda. 

La respuesta del obispo fue que serían castigados por la justicia de Dios y que los tres fallecerían en un plazo de un año. 

Meses más tarde, don Pedrito de Ribera se enamoró de una bella mujer casada, panadera en un horno de cocer pan, existente al comienzo de la calle Calatrava, y fue muerto en reyerta por el marido ayudado por amigos tejedores de la calle Arte de la Seda.

Esta reyerta, con el resultado de la muerte de don Pedrito Ribera, se produjo en una explanada existente al comienzo de la calle Calatrava, denominada la “Cruz del Rodeo” porque en ella existía una cruz. 

Los participantes serían, Cristóbal de Paredes, marido de la panadera; Galindo, su compadre, tejedor del arte de la seda; Navarro pariente del marido y mozo de mulas.

A Paredes le condenaron a la horca por la muerte de su mujer a la que mató cortándole la cabeza. A Galindo y a Navarro lo condenaron a diez años de galeras, pero cumplieron la mitad por participar en la defensa de la Coruña frente a los ingleses.

A Paredes lo ahorcaron en la misma plazuela del Rodeo y después lo metieron en una cuba de madera que llevaba pintados los animales que señalan las Partidas: “un perro, un mono, un cerdo y un basilisco” y lo arrojaron al rio, de donde lo sacaron los “Hermanos de la Caridad” para darle cristiana sepultura.

Como hemos comentado, la familia de don Pedrito de Ribera, por expiación de sus pecados y sufragio de su alma, hicieron quitar la “Cruz de los Rodeos” y en su lugar construyeron la Capilla actualmente existente.

Aspecto general del exterior de la Capilla 

Este templo fue dedicado a las Ánimas Benditas del Purgatorio y a la Santísima Virgen del Carmen, por ser esta advocación patrona de los difuntos. 

Algunos carmelitas piensan que la advocación del Carmen pudo tomar fuerza para el título del templo por la cercanía de la Cruz del Rodeo al convento de carmelitas de clausura de la Encarnación de Belén, situado al final de la Alameda.

La Santa Cruz del Rodeo era un humilladero que durante la cuaresma y la Semana Santa atraía a numerosos devotos a rezar el Vía Crucis, que aparecía inscrito en la peana que alzaba dicha Cruz, por lo que los fieles debían rodearla para leer todas las estaciones, dando lugar al nombre popular del “Rodeo”. 

Algunos historiadores afirman, además, que hermandades de parroquias cercanas iban al lugar para realizar su estación de penitencia, hasta que fue impuesta la carrera oficial en 1604. 

Parece que dichas procesiones rodeaban la Cruz, siendo esta otra teoría del porqué de su nombre. 

Sí podemos afirmar de esta Cruz estuvo levantada al final de la Alameda de Hércules, aproximadamente donde hoy se encuentran las Columnas de los Leones, de hecho, así aparece en el plano de Sevilla de 1771. 

Se desconoce también por qué motivo y cuando fue quitada del lugar, hecho que desencadena nuevas teorías y fechas, todas muy diversas. 

Igualmente, existen distintas teorías y fechas sobre el material y la ejecución de la Santa Cruz del Rodeo, todas sin documentar, por lo que queda en el aire la veracidad de las misma, aunque todos los analistas coinciden en que, desde un principio, o por un cambio posterior, la Cruz última, que recibió dicho nombre y en torno a la cual se creó esta hermandad, era de hierro.

Lo verdaderamente cierto es que el templo fue levantado como ermita a la Santísima Cruz del Rodeo en 1646. 

Según consta en actas, en el altar mayor se veneraba la Santísima Cruz del Rodeo, pero no se especifica si era la original, que estuvo siglos anteriores a la intemperie, o una réplica de la misma. 

En estas actas el templo quedó registrado en el arzobispado como "Ermita de la Cruz del Rodeo".


Autor: Andrés Carranza Bencano

 AREA DE SANTA CLARA-JESÚS DEL GRAN PODER 

Capilla de la Santa Cruz del Rodeo y Nuestra Señora del Carmen 

La capilla de la Santa Cruz del Rodeo y Nuestra Señora del Carmen de Sevilla   es un pequeño edificio de carácter religioso que se encuentra situado al final de la calle Jesús del Gran Poder y comienzo de Calatrava.

Dicha capilla es motivo de una popular leyenda local que narra la muerte de un joven conde de la casa de Medinaceli apuñalado en una reyerta a los pies de la Cruz del Rodeo. Los hechos que desencadenaron aquella disputa son variados y aún más legendarios que la propia historia. En lo que coinciden todos los cronistas de la época, es que aquel suceso tuvo lugar el domingo 15 de mayo de 1639, y que los familiares del joven, mandaron construir una capilla en el lugar para decir misa en su honor.

Dice la leyenda, según refiere José María de Mena, que don Pedrito Ribera, de la ilustre familia de los Ribera, marqueses de Tarifa, marqueses de la Torre, duques de Alcalá y duques de Medinaceli, junto a sus amigos don Juan de Minestrosa, conde de Arenales y don Lorenzo de Miranda, le dieron una broma pesada al obispo auxiliar don Luis Camargo, que vivía en la Alameda de Hércules al lado del hospital del Amor de Dios, actualmente desaparecido.

La broma consistió en hacerlo salir de casa de madrugada, en camisón y zapatillas, para darle un chapuzón en el pilón que había entre las dos columnas de Hércules de la Alameda. La respuesta del obispo fue que serían castigados por la justicia de Dios y que los tres fallecerían en un plazo de un año.

Meses más tarde, don Pedrito de Ribera se enamoró de una bella mujer casada, panadera en un horno de cocer pan existente al comienzo de la calle Calatrava, y fue muerto en reyerta por el marido ayudado por amigos tejedores de la calle Arte de la Seda.

Esta reyerta, con el resultado de la muerte de don Pedrito Ribera, se produjo en una explanada existente al comienzo de la calle Calatrava, denominada la “Cruz del Rodeo” porque en ella existía una cruz que limitaba las collaciones de San Lorenzo y Omnium  Sanctorum. 

Los participantes serían, Cristóbal de Paredes, marido de la panadera; Galindo, su compadre, tejedor del arte de la seda; Navarro pariente del marido y mozo de mulas.

A Paredes le condenaron a la horca por la muerte de su mujer a la que mató cortándole la cabeza. A Galindo y a Navarro lo condenaron a diez años de galeras, pero cumplieron la mitad por participar en la defensa de la Coruña frente a los ingleses.

A Paredes lo ahorcaron en la misma plazuela del Rodeo y después lo metieron en una cuba de madera que llevaba pintados los animales que señalan las Partidas: “un perro, un mono, un cerdo y un basilisco” y lo arrojaron al rio, de donde lo sacaron los “Hermanos de la Caridad” para darle cristiana sepultura.

Como hemos comentado, la familia de don Pedrito de Ribera, por expiación de sus pecados y sufragio de su alma, hicieron quitar la “Cruz de los Rodeos” y en su lugar construyeron la Capilla actualmente existente.

Este templo fue dedicado a las Ánimas Benditas del Purgatorio y a la Santísima Virgen del Carmen, por ser esta advocación patrona de los difuntos. Algunos carmelitas piensan que la advocación del Carmen pudo tomar fuerza para el título del templo por la cercanía de la Cruz del Rodeo al convento de carmelitas de clausura de la Encarnación de Belén, situado al final de la Alameda.

Lo cierto es que el templo se construyó como ermita a la Santísima Cruz del Rodeo en el año 1646, a extramuros de la ciudad, por los miembros de la Hermandad del mismo nombre, y cuyos fines, en aquellos tiempos, eran de carácter funerario, aportando a los familiares de los hermanos difuntos un crucifijo, paño mortuorio, candelabros y cirios, e incluso acompañamiento hasta su entierro.

La Santa Cruz del Rodeo era un humilladero que durante la cuaresma y la Semana Santa atraía a numerosos devotos a rezar el Vía Crucis, que aparecía inscrito en la peana que alzaba dicha Cruz, por lo que los fieles debían rodearla para leer todas las estaciones, dando lugar supuestamente este hecho al nombre popular del “Rodeo”. Algunos historiadores afirman, además, que hermandades de parroquias cercanas iban al lugar para realizar su estación de penitencia hasta que fue impuesta la carrera oficial en 1604. Parece que dichas procesiones rodeaban la Cruz, siendo esta otra teoría del porqué de su nombre. 

Sí podemos afirmar que esta Cruz estuvo levantada al final de la Alameda de Hércules, aproximadamente donde hoy se encuentran las columnas de los leones, de hecho, así aparece en el plano de Sevilla de 1771. Se desconoce también por qué motivo y cuando fue quitada del lugar, hecho que desencadena nuevas teorías y fechas, todas muy diversas.

Igualmente, existen distintas teorías y fechas sobre el material y la ejecución de la Santa Cruz del Rodeo, todas sin documentar, por lo que queda en el aire la veracidad de las misma, aunque todos los analistas coinciden en que, desde un principio, o por un cambio posterior, la Cruz última que recibió dicho nombre y en torno a la cual se creó esta hermandad era de hierro. Algunos cronistas la sitúan actualmente en Ómnium Sanctorum, aunque es una teoría discutible por parecer documentadas las tres cruces de hierro que en dicha parroquia se encuentran.

Lo verdaderamente cierto es que el templo fue levantado como ermita a la Santísima Cruz del Rodeo en 1646, situándose en los extramuros de la ciudad, cuya edificación fue costeada por los hermanos y fieles de esta hermandad, siendo, por tanto, propiedad de la misma. Según consta en actas, en el altar mayor se veneraba la Santísima Cruz del Rodeo, pero no se especifica si era la original que estuvo siglos anteriores a la intemperie, o una réplica de la misma. En estas actas no se nombra a la advocación del Carmen, y el templo quedó registrado en el arzobispado como ‘Ermita de la Cruz del Rodeo’.
La hermandad representa a la más antigua de las hermandades carmelitanas de Sevilla Debió fundarse en el siglo XVI, según se deduce después de clarificar las fechas que aparecen en un posterior libro de Reglas. Seguramente al principio estuvo dedicada a esa Cruz y luego se la completó con la advocación mariana del Carmen. A mediados del siglo XVII, cuando empezó a celebrar la procesión de la Virgen, celebraba una especie de subasta para cubrir los gastos y colocaba un toldo rodeado de bancos a la puerta de su capilla, bajo el cual se vendían aves, flores y todo cuanto pudieran aportar sus devotos.

El tiempo ha modificado profundamente el templo, que en un primer momento (año 1646) constaba de una pequeña nave casi cuadrada con cubierta inclinada a dos aguas. 

Esta nave fue ampliada para aumentar su longitud hasta en dos ocasiones en los siglos posteriores retranqueado el altar mayor y creando un presbiterio separado con una reja de forja. 

Para mayor actividad, se incluyeron unas dependencias interiores que hoy día conforman la sacristía y casa de hermandad, en donde se localiza desde entonces un pozo (que no he conseguido ver ni fotografiar) que hasta el siglo pasado abasteció de agua potable al vecindario, detalle de gran interés costumbrista y hasta etnológico, pues nos retrotrae dentro de la gran urbe a un mundo casi rural.

Además de estas ampliaciones, la ermita sufrió otras modificaciones como la construcción del campanario en 1754, al que se accedía mediante una escalera vertical de singular diseño, que aún se conserva sin ninguna funcionalidad más que la  originalidad de su forma.

Otra modificación es la reforma de la puerta principal, que actualmente es rectangular y en otros tiempos su terminación fue curva. 

En la última reforma de principios de este siglo, se añadieron cuatro ventanas en la fachada lateral para mejorar la ventilación del templo.

Pero no solo mejoras y ampliaciones han sido los motivos que han promovido obras en el templo, pues el paso del tiempo ha sido muy cruel con esta humilde capilla, que se ha visto castigada en numerosas ocasiones por el deterioro natural de los monumentos y especialmente por inundaciones, que han llegado a provocar importante desastre, como ocurriera en noviembre de 1961, cuando el agua alcanzó metro y cuarto de altura, deteriorando la estructura y provocando el hundimiento de la fachada, campanario y parte de la techumbre. Esto ha motivado la necesidad de buscar sedes provisionales (San Lorenzo, Ntra. Sra. de Belén), pero al final su fervor siempre se ha impuesto a los escasos medios, dando un verdadero ejemplo de religiosidad popular, tan íntima como sincera, tan sencilla como elocuente.

Tras siglos de historia, penurias, esfuerzos y numerosas restauraciones, actualmente el templo aún no ha perdido el carácter de ermita, aunque es conocido popularmente como "Capilla del Carmen" o "Capilla de Calatrava".

En marzo de 2000 culminaron oficialmente las obras de consolidación de su sede, acometidas por el área de Obras Públicas, proyecto que incluía un plan rehabilitador integral del edificio.

Y en el año 2003 se conmemoró el quinto centenario de su fundación, acudiendo a la Catedral, donde la Virgen del Carmen fue entronizada en la misma Capilla Mayor. A su regreso recibió en la Plaza Nueva el homenaje oficial del Ayuntamiento.

En el exterior exhibe desde 1959 un retablo cerámico que representa a la Santísima Virgen del Carmen.

Aspecto general del exterior

Detalle del campanario

Detalle del retablo cerámico del exterior

Consta de cinco altares, el presbiterio presenta cúpula sobre pechinas, en las que aparece el escudo de la orden del Monte Carmelo, con hermosos frescos a su alrededor y de la que pende una lámpara de cristal con más de veinte luces.

Aspecto general del templo 

Cúpula del presbiterio

El retablo mayor es de cerámica y sin apenas relieve, realizado por D. Francisco García Chaparro en el año 2000 y en él se venera en un camarín a la Santísima Virgen del Carmen.

Presenta una hornacina central con columnas pareadas a ambos lados que sostienen un frontón triangular. 

El anterior a este, y que tristemente tuvo que ser eliminado en la última restauración, presentaba un estilo barroco con sencillas labores de talla policromado en blanco con algunos detalles dorados. Constaba además de dos óleos, uno a cada lado de la Virgen, que representaban a Santa Teresa y San Antonio.

Retablo Mayor

Sagrario

Detalle de la Santísima Virgen del Carmen

Desde hace décadas, reciben veneración en la capilla otras imágenes de importante valía artística y antigüedad, las cuales gozaban de retablos similares al anterior descrito, perdidos también a final del siglo XX. 

Actualmente, se han realizado mesas de altares tapizadas en damasco para estas imágenes, que son:

Santísimo Cristo de la Buena Muerte (ver). Imagen no documentada que mide 1,12 m. Guarda una importante similitud con el Santísimo Cristo de la Fundación de la hermandad de los Negritos que fue realizado por Andrés de Ocampo. 

Santísimo Cristo de la Buena Muerte

Detalle de la cabeza

Detalle de los pies

Virgen dolorosaSentada sobre una nube, con cabezas de ángeles, arrodillada con las manos entrelazadas, de tamaño académico, mide 52 cm. 

Es atribuida a Cristóbal Ramos, en torno a 1772, por parecer al boceto de la Virgen de las Aguas de la hermandad del Museo, con la que guarda asombroso parecido. 

Está realizada por el procedimiento llamado de telas encoladas, mostrando una delicadeza extraordinaria.

Virgen Dolorosa

San José. Sedente, de tamaño y características similares a la Virgen, también de 52 cm., atribuido a Cristóbal Ramos.

Divina Pastora. Efigie de reducido tamaño. Es antigua y luce sobre risco en una vitrina. Restaurada en 2011 por Dña. Ángeles Urías Álvarez.

Divina Pastora

Virgen de Gracia. Imagen fernandina que ha sufrido numerosos y malos repites. Mide 1,48 m. Actualmente en restauración.

Virgen de Gracia

Detalle de la Virgen de Gracia

Inmaculada Concepción. Mide 1,20 m. Es antigua, pero mal conservada. Se encuentra actualmente en restauración.

Completa el patrimonio del templo catorce escenas pictóricas del Vía Crucis, restauradas en 2010 por Dña. Ángeles Urías Álvarez, y una vitrina de gran tamaño para la exposición permanente del paso procesional de la Santísima Virgen del Carmen, bendecida en 2010.

El paso es dorado, con canastilla algo recta y de estilo barroco, fue tallado por Carrera Baena en 1939 y se ilumina con amplios candelabros de guardabrisas, realizados por Antonio Díaz en 1986. Para los actos del quinto centenario ha recibido una importante reforma, consistente en suprimir la canastilla y cambiarla por una ligera crestería, mejorando así la visualidad de la pequeña imagen. También se ha hecho una nueva peana, obra de Juan Manuel Pulido, y se ha añadido una nubecilla figurando las Ánimas del Purgatorio, de Francisco Fernández Enríquez, donada esta última por don Gabriel Solís.

El paso ha servido ocasionalmente para llevar a la Pastora de Sta. Marina, al Cristo de la Oración en el Huerto (en su traslado desde San Martín) y a la custodia del monasterio de San Clemente (en una procesión eucarística que organizó la Sacramental de Ómnium Sanctorum). 

Paso a través de la cristalera de protección

Paso a través de la cristalera de protección