lunes, 14 de agosto de 2023

 AREA DE SAN VICENTE-MIGUEL DEL CID-TEODOSIO

El Palacio de Monsalud.

Casa-palacio construida en el siglo XVIII por los marqueses de Villamarín, que después pasó a ser propiedad de los marqueses de Rivas y los de Monsalud, por lo que es conocida como palacio de Monsalud, título nobiliario español, otorgado en 1762 por el rey Carlos III al ecijano Juan José Nieto Domonte, Golfín y Ortiz de Zúñiga, regidor perpetuo de Almendralejo, Caballero de la Orden de Santiago, señor de la villa y sierra de Monsalud.  

Hasta 1886, los marqueses de Monsalud residieron en el Palacio de Monsalud de Almendralejo  construido en 1752 y situado en el centro del casco urbano, que actualmente es la sede del Ayuntamiento de la ciudad.

El edificio presenta fachadas a las calles Cardenal Cisneros, Abad Gordillo y San Vicente. 

Su portada, de piedra, ocupa una posición excéntrica en la fachada principal y está rematada por un frontón curvo partido sobre el que se abre el balcón principal flanqueado por los escudos de armas de la familia. 

Hasta la década de 1970 estuvo ocupado por dependencias del Ejército del Aire (sede de la Región Aérea del Estrecho), posteriormente ha tenido distintos usos, por lo que además de las reformas en sus fachadas laterales, se ha visto afectada por numerosas obras de acondicionamiento que han alterado, aunque no de forma sustancial, la estructura primitiva de la construcción. 

Después quedó abandonado, acentuándose su deterioro y recientemente ha sido rehabilitada para viviendas de pisos y apartamentos.

El edificio se organiza en torno a un patio central con arquerías semicirculares y sobre columnas de mármol en planta baja y rebajados en la planta alta, a la cual se asciende por una espléndida escalera de dos tramos.

Los balcones de este edificio cobraron especial predicamento en tiempos del teniente general José Rodríguez y Díaz de Lecea, acreditado benefactor de artistas y de toreros, a los que liberaba del servicio militar, para que pudiesen cumplir con sus respectivos compromisos profesionales. Por ello, no faltaban los cantaores dispuestos recompensar sus favores, cantando a las imágenes que salen y entran en San Vicente desde el balcón de Aviación. 

 AREA DE SAN VICENTE-MIGUEL DEL CID-TEODOSIO

La casa de la Torre. Jesús de la Vera Cruz 12

Es la casa del marqués de Gómez de la Barreda, denominada La Casa de la Torre, que tiene su historia interesante.

A mediados del siglo XV, los Duques de Arcos y de Medina Sidonia, se disputaban el control de la Ciudad, y muchas residencias se convirtieron en fortalezas con edificios amurallados y torres defensivas.

Terminadas estas disputas, los Reyes católicos ordenaron derribar esas torres defensivas, pero una de ellas ha llegado a nuestros días, la casa de la Torre, en la esquina de Jesús de la Vera Cruz con Virgen de los Buenos libros.

Sus orígenes se remontan al siglo XIV siendo sus propietarios los Duques de Medina Sidonia, además del Palacio de los Guzmanes en la Plaza del Duque. 

A finales del XVIII fue vendida a un comerciante y posteriormente a distintos propietarios, hasta comienzos del XIX en que pasó a la propiedad de los marqueses de Gómez de la Barreda. 

Fue rehabilitada por Antonio Gómez Millán, uno de los arquitectos más reconocidos del momento, que le terminó de dar el aspecto actual.

Pudo ser derribada al abrirse la calle Virgen de los Buenos libros, pero en su lugar solo se incluyó la casa número 10 de Jesús de la Vera Cruz, justo en el límite con ella. 

Esto explica que su fachada a la calle Virgen de los Buenos Libros sea una simple medianera, con alguna ventana abierta con el paso de los tiempos, pero sin la elegancia que le corresponde a un edificio de su antigüedad.

Derribo del cuartel de san Hermenegildo

Fachada a la calle Virgen de los Buenos Libros

La torre presenta una planta rectangular, en tres alturas, la superior sobresale del resto del edificio, no coronada por merlones o almenas que denoten su posible pasado bélico, pues la cierra un simple pretil de fábrica.


Vista desde Cardenal Cisneros

La intermedia muestra un balcón protegido por guardapolvo de pizarra en su parte superior y una reja de forja en el piso, flanqueada por dos hachones con velas simuladas, que se repite en el resto de huecos de la fachada de esta planta.

Estos hachones pueden ser de finales del XVIII cuando Larrumbe y otros asistentes de Sevilla ordenaban a los dueños de los edificios más importantes que colocaran lámparas, antorchas o luces en las fachadas, para iluminar la ciudad de noche.

Área intermedia de la torre

En la planta baja, la fachada principal es de gran sobriedad, conserva dos guardacantones de mármol a su entrada y otro haciendo esquina a Virgen de los Buenos libros.

El Guardacantón es un elemento arquitectónico situado en las esquinas de numerosas calles, son las innumerables columnas, algunas antiguas con capiteles romanos, para preservarla de posibles golpes (ver)

La R.A.E. nos dice que cantón es esquina, y guardacantón es poste de piedra para resguardar de los carruajes las esquinas de los edificios.

Guardacantón a cada lado de la puerta y Botarruedas en la pared

A lo largo de toda su fachada a Jesús de La Vera Cruz presenta una colección de ruedas de molino que conforman el zócalo. 

Estas ruedas de molino, denominadas Botarruedas, protegían los bajos del edificio de las ruedas de carruaje, que botaban sobre ellas, al preservarlas de los golpes de los carros y carruajes. 

Es una palabra del habla popular, que no está recogida en el diccionario de la R.A.E. 

Parece que el propio Antonio Gómez Millán, los rescató de varias capas de enfoscado que las tenían ocultos desde hacía mucho tiempo.

 

Guardacantón en la esquina con Virgen de Buenos libros y a los lados de la puerta y Botarruedas en el zócalo

La fachada está avitolada (ver), concepto relacionado con la modalidad en la colocación del ladrillo, que casi elimina las juntas verticales entre ellos, mientras que marca la separación de las hiladas, apareciendo entre ellas una superficie ligeramente hundida. Este sistema de enladrillado fue una creación del barroco sevillano, por Leonardo de Figueroa, el arquitecto más importante del   siglo XVIII de la ciudad. 

Fachada avitolada, vista desde la calle Virgen de los Buenos Libros