ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA
Tirso de Molina.
La calle Tirso
de Molina es rotulada en 1935 y se corresponde con una calle sin salida desde Moratín.
Tirso de
Molina, seudónimo literario de fray Gabriel Téllez, fue una de las figuras
esenciales del teatro del Siglo de Oro español y uno de los dramaturgos más
brillantes de su tiempo, junto a Lope de Vega y Calderón de la Barca.
Bautizado en
Madrid el 29 de marzo de 1579 en la parroquia de San Sebastián, nació
probablemente unos días antes, el 24 de marzo, festividad de san Gabriel. Era
hijo de Andrés López y Juana Téllez, modestos sirvientes vinculados a la casa
de Pedro Mesía de Tovar, señor de Molina de Herrera, circunstancia que pudo
influir en la elección posterior de su célebre seudónimo.
Desde
joven mostró inclinación por las letras y conoció en sus años de formación
universitaria en Alcalá de Henares la poderosa influencia de Lope de Vega, cuya
renovación teatral defendió durante toda su vida.
En 1600
ingresó en la Orden de la Merced, profesando al año siguiente en el monasterio
de San Antolín de Guadalajara. Su vocación religiosa marcó profundamente su
existencia, aunque nunca sofocó su extraordinaria creatividad literaria.
Ordenado
sacerdote en Toledo en 1606, cursó estudios de Artes y Teología mientras
comenzaba a desarrollar una intensa actividad como escritor.
Toledo fue durante años uno de sus principales centros
de residencia y creación. Allí inició una producción dramática que muy pronto
alcanzó notable reconocimiento. Obras tempranas como La villana de la Sagra, El
vergonzoso en palacio, El castigo del penseque o la trilogía de La santa Juana
revelaron ya su ingenio para combinar humor, crítica social y profundidad
psicológica. Su teatro, en especial sus comedias de enredo, destacó por la
riqueza de sus personajes femeninos, dotados de inteligencia, voluntad y gran
capacidad de acción, rasgo novedoso en la escena española de su época.
Sin embargo, su éxito literario también despertó
recelos. Sus sátiras y comedias profanas provocaron tensiones con sectores
religiosos y moralistas, obligándolo en ocasiones a retirarse temporalmente de
la vida pública.
Entre 1616 y 1618 viajó a Santo Domingo en misión de su
Orden, donde ejerció como profesor de Teología y amplió su conocimiento del
mundo colonial, experiencia que enriquecería posteriormente varias de sus obras
históricas, especialmente las relacionadas con la conquista americana.
A su regreso a España, su prestigio teatral se
consolidó definitivamente. Durante la década de 1620 publicó diversas
colecciones de sus comedias, aunque la Junta de Reformación impulsada por el
Conde-Duque de Olivares condenó sus escritos por considerarlos moralmente
peligrosos. Como consecuencia, fue apartado de Madrid y destinado a Sevilla,
además de sufrir posteriores periodos de reclusión en conventos alejados. Pese
a estas sanciones, nunca abandonó su vocación literaria y continuó escribiendo
con notable fecundidad.
Su
producción fue inmensa; aunque afirmó haber compuesto más de cuatrocientas
comedias, solo una parte ha llegado hasta la actualidad. Entre sus obras más
célebres figuran Don Gil de las calzas verdes, Marta la piadosa, El condenado
por desconfiado y, sobre todo, El burlador de Sevilla y convidado de piedra,
pieza fundamental en la creación del mito universal de Don Juan, personaje que
alcanzaría proyección internacional en siglos posteriores a través de autores
como Molière, Byron, Zorrilla o Mozart.
Además de
dramaturgo, Tirso desempeñó importantes cargos dentro de la Orden mercedaria.
Fue definidor general, cronista oficial y autor de la Historia general de la
Orden de la Merced, reflejo de su compromiso institucional. En sus últimos años
residió principalmente en conventos de Cataluña, Cuenca y Soria, donde ejerció
funciones de responsabilidad religiosa.
Murió en Almazán, Soria, en 1648. Su legado literario
permanece como uno de los más ricos, complejos y originales del Barroco
español. Tirso de Molina supo unir la disciplina de su vida monástica con una
imaginación desbordante, creando un teatro donde convivían el entretenimiento,
la reflexión moral, la sátira social y una penetrante comprensión de la
naturaleza humana. Su obra no solo enriqueció la comedia nueva, sino que dejó
una huella imborrable en la literatura universal.
