RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes
Virgen del Velo.
Virgen del Velo. Escuela
andaluza. Siglo XVII. Óleo sobre cobre. Museo del Santo Ángel. Donación de
Rafael y Ana
Desde los
primeros siglos del cristianismo, el velo femenino ha ocupado un lugar
significativo dentro de la espiritualidad y la expresión externa de la fe,
especialmente en el ámbito litúrgico. Su uso, mencionado ya por San Pablo en
sus epístolas, se vinculaba principalmente a la modestia, el recogimiento y la
actitud de respeto durante la oración, dentro de un contexto cultural
determinado. Lejos de interpretarse como un signo de ocultación o sometimiento
de la mujer, el velo cristiano surgió como una manifestación simbólica de
reverencia y dignidad, profundamente arraigada en las costumbres de la época. Era
una expresión visible de virtudes cristianas, no una negación de la identidad
femenina.
Pero existen huellas mucho más antiguas del uso del velo, que se remontan incluso a la civilización asiria. El Código de Hammurabi, redactado alrededor del 1760-1750 a.C., contiene referencias a la obligación de las mujeres de cubrirse la cabeza en señal de humildad y sumisión a la divinidad, y de esta imposición de las leyes asirias de los siglos posteriores derivaron la tradición según la cual las mujeres casadas y viudas debían llevar el velo en público, como símbolo de sumisión y distinción social.
Este simbolismo
alcanza su máxima expresión en la figura de la Virgen María, modelo supremo de
mujer cristiana. En la iconografía mariana, el velo se convierte en signo de
santidad, obediencia a la voluntad divina y plenitud de gracia. María aparece
velada no para esconderse, sino como expresión de su entrega total a Dios, de
su pureza y de su papel como nueva Eva.
La Virgen del
Velo del Museo del Santo Ángel es un pequeño cobre que representa el tema
de la Virgen del Velo en esta obra de escuela andaluza de la segunda mitad del
siglo XVII. La Virgen cuida del sueño del Niño Jesús, la pintura es muy
delicada y centra toda la atención en el rostro hermoso de la Virgen y,
especialmente, la figura del Niño. Solo los resplandores del fondo nos
recuerdan que esta escena maternal se corresponde con la madre de Dios.
Detalle del rostro de la Virgen
Detalle del Niño
Esta advocación
mariana recoge de manera singular toda la riqueza espiritual del velo como
atributo de María: el velo como signo de protección, misterio sagrado y
mediación maternal. La delicadeza con la que el velo enmarca el rostro de la
Virgen subraya su condición de Madre cercana y compasiva, al tiempo que
recuerda su pureza inmaculada.
Esta obra ha sido donada por Rafael y Ana y restaurada por Carles Salafranca.