jueves, 9 de abril de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Apóstoles

Santiago el Menor.

El apóstol Santiago el Menor ocupa un lugar significativo dentro del grupo de los doce discípulos de Jesucristo, aunque su trayectoria ha quedado tradicionalmente en un segundo plano frente a la de otros apóstoles más mencionados en los evangelios. A pesar de esta menor visibilidad, su figura ha sido valorada por la tradición como un ejemplo de fidelidad, discreción y firmeza en la fe.

Era hijo de Cleofás o Alfeo y de María de Cleofás, y hermano de Judas Tadeo. El sobrenombre “el Menor” no alude a una menor relevancia, sino que probablemente responde a la necesidad de distinguirlo de Santiago, hijo de Zebedeo, ya fuera por su edad, su estatura o por ser menos conocido. Algunos textos lo identifican también con Santiago (Jacobo), hijo de María, mencionado en el evangelio de Marcos (Mc 15:40).

Fue elegido directamente por Jesús como uno de los doce apóstoles, grupo íntimo encargado de acompañarlo y de dar testimonio de su mensaje. Aunque los evangelios no relatan de manera detallada su llamada personal, su nombre aparece de forma constante en las listas apostólicas recogidas en Mateo (Mt 10:3), Marcos (Mc 3:18), Lucas (Lc 6:15) y los Hechos de los Apóstoles (H 1:13). Esta presencia continuada indica que formó parte activa del círculo cercano que presenció las enseñanzas, los milagros y los momentos decisivos de la vida de Jesús, incluida la última cena y las apariciones tras la resurrección.

Los textos bíblicos no ofrecen muchos datos concretos sobre sus intervenciones durante el ministerio público de Cristo. Sin embargo, la tradición posterior ha tratado de completar su perfil, identificándolo en ocasiones con Santiago el Justo, una figura destacada de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, conocida por su austeridad, su profunda vida de oración y su fidelidad a la ley judía.

En representaciones modernas como la serie The Chosen, se le presenta con una discapacidad física que le dificulta caminar, un recurso creativo sin base bíblica que, no obstante, sirve para explorar cuestiones espirituales como el sufrimiento, la fe y el sentido de la misión personal, al no ser sanado inicialmente por Jesús

Tras la ascensión de Jesús, Santiago permaneció junto a los demás discípulos, reunido en oración a la espera de la venida del Espíritu Santo, tal como relatan los Hechos de los Apóstoles (H 1:13-14). Este episodio refleja su perseverancia y su integración en la primera comunidad cristiana. La tradición le atribuye además un papel relevante en el llamado Concilio de Jerusalén, donde se debatió la integración de los gentiles en la Iglesia. Su intervención fue decisiva para establecer un equilibrio entre la tradición judía y la apertura universal del cristianismo, lo que sugiere su liderazgo dentro de la Iglesia naciente.

Se le considera uno de los principales responsables de la comunidad cristiana de Jerusalén, especialmente tras la dispersión de otros apóstoles. Su autoridad moral y espiritual contribuyó a la organización de la Iglesia en sus primeros años, consolidando la cohesión entre los creyentes, siendo el primer obispo de Jerusalen.

También se le atribuye tradicionalmente la autoría de la Epístola de Santiago, un texto que destaca por su énfasis en la relación entre la fe y las obras. En esta carta se insiste en que la fe auténtica debe manifestarse en acciones concretas, subrayando valores como la justicia, la caridad y la coherencia de vida, ideas que han influido profundamente en la espiritualidad cristiana a lo largo de los siglos.

En cuanto a su muerte, el Nuevo Testamento no ofrece detalles, pero diversas fuentes antiguas coinciden en que sufrió martirio en Jerusalén. El historiador Flavio Josefo menciona que, tras la muerte del procurador Porcio Festo, se produjo un periodo de inestabilidad en el que el sumo sacerdote Ananías ordenó su ejecución. Este Ananías era hijo de Anás, vinculado al proceso contra Jesús, quien fue llevado ante Caifás tras su arresto.

Según algunos relatos, Santiago fue arrojado desde lo alto del templo, luego apedreado y finalmente rematado por un batanero que le golpeó con una maza. Por este motivo, la iconografía cristiana suele representarlo con este instrumento, símbolo de su martirio y de su fidelidad hasta el final.

A pesar de la escasez de datos históricos precisos, Santiago el Menor ha sido profundamente venerado en la tradición cristiana. Su figura encarna el modelo de un líder silencioso pero constante, comprometido con la autenticidad de la fe y la unidad de la comunidad. Su legado perdura tanto en la enseñanza moral del cristianismo como en la memoria litúrgica de la Iglesia, que lo reconoce como testigo fiel del mensaje de Cristo y ejemplo de vida coherente. 

Museo de Bellas Artes

Santiago el Menor. Francisco Polanco. Hacia 1640. Óleo sobre tela. 100 x 78,80. Museo de Bellas Artes. Sala VI. Procede del convento de Capuchinos tras la desamortización de 1840. 


La pintura forma parte de una serie dedicada al apostolado, a la que también pertenece la representación de Santiago el Mayor conservada en la misma sala. En esta obra, Francisco Polanco presenta a Santiago el Menor con una iconografía sobria y recogida, acorde con el carácter devocional del conjunto. El apóstol aparece vestido con túnica y manto, sin elementos de ostentación, lo que refuerza su imagen de humildad y recogimiento espiritual.

La figura adopta una postura serena, con las manos unidas en actitud de oración y la mirada baja, lo que sugiere introspección y fervor religioso. Este tipo de representación, frecuente en las series de apostolados del barroco, busca propiciar la meditación del espectador más que narrar un episodio concreto de su vida.

Detalle del rostro

Detalle de las manos

En primer plano se dispone un libro, atributo habitual de los apóstoles como símbolo de su labor evangelizadora y de la transmisión de la doctrina cristiana. Este elemento, tratado con cierta sencillez, adquiere relevancia compositiva al situarse cerca del espectador.

Detalle del libro

Tras la figura se distingue un madero que puede identificarse con la herramienta asociada a su martirio, tradicionalmente interpretada como una maza de batanero. Según la tradición, Santiago el Menor fue ejecutado con este instrumento, que le causó la muerte al ser golpeado en la cabeza. La inclusión de este atributo permite reconocer al santo y al mismo tiempo introduce una alusión discreta a su sacrificio, integrada sin dramatismo en la escena.