sábado, 18 de abril de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Ruta de la Tauromaquia

Temeridad de Martincho en la plaza de Zaragoza. Francisco de Goya.

Temeridad de Martincho en la plaza de Zaragoza. Goya, Francisco. 1814-1816. Aguafuerte, aguatinta, punta seca y bruñidor. 246 x 354 cm. Calcografía Nacional. (ver) CC BY 3.0)

La escena recoge una de las acciones más arriesgadas atribuidas al diestro aragonés Francisco Antonio Ebassún Martínez, conocido como Martincho (1708-1772), figura célebre por su arrojo extremo y por la fama que alcanzó en la tradición taurina de Aragón. En esta ocasión, Goya representa el momento en que el torero, sentado en una silla y con los pies sujetos por grilletes, se dispone a dar muerte al toro justo cuando este sale por la puerta de toriles. El animal, al advertir su presencia, inicia la embestida, mientras Martincho, con el estoque en una mano y el sombrero en la otra, mantiene una actitud desafiante y serena ante la inminencia del peligro.

Detalle

Uno de los aspectos más notables de la composición es el cambio de punto de vista respecto al resto de la serie. Goya abandona aquí la perspectiva habitual para construir una escena de gran tensión dramática mediante ángulos inesperados que intensifican la relación entre los tres protagonistas del episodio: el toro, el torero y los espectadores. La barrera de la plaza se sitúa en el lado izquierdo, tras la cual el público observa con expectación el desarrollo de la suerte, mientras la acción principal se concentra en la zona derecha, donde se encuentra el diestro.

Desde el punto de vista técnico, domina una atmósfera de tonalidades grises, característica de la aguatinta bruñida, que envuelve casi toda la escena. En contraste, la chaquetilla del torero actúa como principal foco de luz y atrae inmediatamente la mirada del espectador. La intensidad oscura del toro y las sombras proyectadas sobre el suelo refuerzan la sensación de dramatismo, destacando especialmente la sombra del ángulo superior izquierdo, recurso que Goya utiliza para dirigir la atención hacia el núcleo de la composición.

El primer título manuscrito dado por el propio artista, Matar sentado, con grillos, resume con la habitual concisión goyesca la singularidad de la escena: la ejecución de la suerte con el torero inmóvil, sentado y con los pies trabados. Esta representación alude a una práctica extrema de la lidia tradicional aragonesa, entendida como una demostración máxima de destreza, audacia y temeridad.

la imagen no solo exalta la valentía casi insensata de Martincho, sino que también revela la capacidad de Goya para transformar un episodio taurino en una reflexión visual sobre el riesgo, la violencia y la fascinación colectiva ante el peligro.