AREA CENTRO 2
Calle Faisanes.
La calle Faisanes es una de esas
pequeñas barreduelas del casco histórico sevillano que, pese a su escasa
longitud, conserva entre sus muros la memoria de la transformación urbana de la
ciudad desde la Edad Media. Se trata de un callejón sin salida que arranca de
la calle Manuel Cortina y finaliza junto a uno de los muros del Hospital de San
Juan de Dios, configurando un rincón de gran personalidad y casi desconocido
para la mayoría de quienes transitan por el centro de Sevilla.
Calle Faisanes
Su origen se remonta, al menos, a
comienzos del siglo XV, cuando aparece documentada con el nombre de Gaiteros.
La denominación probablemente hacía referencia a los artesanos que fabricaban
gaitas o a los músicos que interpretaban este instrumento, una circunstancia
frecuente en la toponimia medieval sevillana, donde muchas calles recibían el
nombre del oficio predominante de sus habitantes. Esta denominación permaneció
vigente durante más de cuatro siglos, hasta 1845, cuando la calle quedó
administrativamente integrada en la entonces calle Mercaderes, hoy Álvarez
Quintero.
En 1868 recibió el nombre de Faisanes,
una denominación que, según los estudios históricos más solventes, no responde
a ninguna circunstancia concreta ni guarda relación conocida con la presencia
de estas aves o con algún establecimiento del lugar.
Algunos cronistas antiguos afirmaron
que, tras la instalación de la Real Audiencia en las inmediaciones de la Plaza
de San Francisco, la calle habría sido conocida como Ataúdes, porque en ella se
preparaban los féretros destinados a los reos ajusticiados en dicha plaza.
Aunque esta versión gozó de cierta difusión, las investigaciones posteriores
consideran que se trata de una confusión con otras calles cercanas,
especialmente la antigua calle Ataúdes, cuya ubicación era distinta.
También existe constancia documental de
que en 1708 era conocida como callejuela de la Paz, probablemente por
encontrarse aquí uno de los accesos secundarios al antiguo Hospital de Nuestra
Señora de la Paz, dedicado al tratamiento de enfermos de bubas o sífilis. De
hecho, la historia de esta institución resulta decisiva para comprender la
configuración actual de la calle.
Originalmente, Faisanes no era un
callejón cerrado. La vía continuaba hasta desembocar en la antigua calle
Gallegos (actual Sagasta), pero en 1503 una parte de su trazado fue cedida al
Hospital de Bubas para ampliar sus dependencias. La construcción de nuevos
edificios sobre aquel espacio interrumpió definitivamente el paso, transformando
la antigua calle en la estrecha barreduela sin salida que ha llegado hasta
nuestros días.
Al fondo del callejón se conserva el
conocido postigo del Hospital de San Juan de Dios, heredero de aquel antiguo
conjunto hospitalario. Durante la remodelación llevada a cabo a finales del
siglo XX, concretamente en 1989, desapareció el azulejo dieciochesco que
presidía este acceso, siendo sustituido por una imagen escultórica de San Juan
de Dios situada en el remate del muro, configurado a modo de pequeña espadaña.
Este discreto rincón constituye uno de esos espacios donde la historia
hospitalaria de Sevilla permanece aún visible para quien se detiene a observar.
Puerta trasera del Hospital de
san Juan de Dios en la calle Faisanes
San Juan de Dios
Detalle de San Juan de Dios
Detalle del escudo
El pavimento actual fue colocado en
1905 y la calle conserva una farola de fundición sobre brazo metálico, uno de
esos elementos tradicionales del mobiliario urbano que contribuyen a reforzar
su carácter histórico. Entre sus edificios destaca el inmueble de la esquina
con Manuel Cortina, proyectado en 1907 por el arquitecto José Espiau y Muñoz,
una de las figuras más representativas del regionalismo sevillano, cuya
arquitectura incorpora delicados detalles modernistas. El resto de las
construcciones corresponden principalmente a la primera mitad del siglo XX o
son las fachadas posteriores de inmuebles con acceso por las calles vecinas.
Durante décadas, además, una pequeña
bodega situada en una de sus esquinas fue punto de encuentro para vecinos y
trabajadores del entorno, contribuyendo a mantener el ambiente popular de este
escondido callejón.
Azulejo en la pared de la esquina de la Bodega
Hoy, la calle Faisanes sigue siendo uno de esos lugares que pasan desapercibidos incluso para muchos sevillanos. Su reducido espacio resume, sin embargo, buena parte de la historia de la ciudad: la Sevilla de los oficios medievales, la expansión de sus hospitales, las transformaciones de su trama urbana y la pervivencia de pequeños rincones donde aún es posible descubrir la memoria más íntima del casco histórico.