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Hotel Cristina.
El Hotel Cristina fue uno de los establecimientos hoteleros
más destacados de la Sevilla del siglo XX y una de las construcciones
singulares surgidas al calor de la Exposición Iberoamericana de 1929. Situado
en el entorno de la Puerta de Jerez, junto al Paseo de Cristina y muy cerca del
río Guadalquivir, nació con la intención de ampliar la oferta de alojamiento de
la ciudad durante el certamen internacional. Su historia reúne arquitectura,
vida social, espectáculos y episodios relacionados con la Guerra Civil, hasta
desembocar en la profunda transformación que sufrió el edificio durante las
últimas décadas del siglo pasado.
La construcción de este establecimiento respondió a la
necesidad de disponer de nuevos alojamientos para los numerosos visitantes que
se esperaban con motivo de la Exposición. El lujoso Hotel Alfonso XIII,
concebido para una clientela de elevada capacidad económica, necesitaba un
complemento que ampliara la oferta hotelera de la ciudad. Para ello se destinó
al nuevo proyecto una parte de los jardines de Cristina, cuyo espacio quedó
reducido por la construcción del inmueble. El hotel tomó precisamente su nombre
de este paseo ajardinado, que a su vez lo había recibido de María Cristina de
Borbón-Dos Sicilias, esposa de Fernando VII.
El proyecto fue encargado al arquitecto Modesto López Otero,
una figura destacada de la arquitectura española de la primera mitad del siglo
XX. Su trayectoria estuvo vinculada a diferentes corrientes renovadoras, Entre
sus obras más conocidas se encuentran el edificio de la Unión y el Fénix
Español, en la Gran Vía madrileña, y el monumento a las Cortes de Cádiz.
La elección de López Otero resultaba significativa en una
Sevilla donde predominaba entonces el regionalismo arquitectónico, impulsado
por figuras como Aníbal González, José Espiau y Muñoz y Juan Talavera y
Heredia. Frente a las formas historicistas y regionalistas que caracterizaban
buena parte de las construcciones vinculadas a la Exposición, el Hotel Cristina
ofrecía una propuesta diferente, basada en la combinación de referencias
neocoloniales y elementos propios del art déco.
La influencia neocolonial se manifestaba en determinados
motivos ornamentales inspirados en la arquitectura de las antiguas misiones
españolas de Norteamérica. Estos recursos se apreciaban especialmente en las
puertas de acceso y en los detalles decorativos de la fachada, algunos de los
cuales fueron dibujados por el propio arquitecto. El art déco, por su parte,
aportaba una concepción más geométrica y ordenada de la composición, visible en
la disposición de los huecos, las columnas de ventanas y diversos elementos
ornamentales, aunque su presencia resultaba todavía más perceptible en los
espacios interiores.
El resultado fue un edificio que se apartaba de las
tendencias dominantes en la arquitectura sevillana de aquellos años y que
introducía en la ciudad un lenguaje poco habitual. Su singularidad no residía
únicamente en la apariencia exterior, sino también en la organización de sus
dependencias y en la concepción moderna de sus instalaciones.
El Hotel Cristina abrió sus puertas el 14 de marzo de 1929,
pocas semanas antes de la inauguración oficial de la Exposición Iberoamericana.
Se había proyectado con 456 habitaciones y un centenar de cuartos de baño, una
dotación considerable para la época. Sin embargo, las cifras publicadas sobre
su capacidad y el número de habitaciones que continuaron destinadas a la
actividad hotelera durante las décadas siguientes deben distinguirse de las
correspondientes a las dependencias que acabaron convirtiéndose en viviendas.
Hotel Cristina. Año 1.928. (ver)
(CC BY 3.0)
Aunque se
concibió como una alternativa al vecino Hotel Alfonso XIII, el Cristina tampoco
fue un establecimiento especialmente económico. Las referencias de la época
sitúan en 28 pesetas por noche el precio de una habitación doble, una cantidad
que permite apreciar que su clientela no se limitaba a los visitantes de
recursos modestos. Empresarios, aristócratas, políticos, viajeros y
profesionales encontraron en él una ubicación privilegiada, a escasa distancia
del centro histórico y del frente portuario.
Su proximidad
al Guadalquivir, a la Torre del Oro y a los principales espacios monumentales
de Sevilla reforzaba su atractivo. Además, la vida del hotel no se
circunscribía a sus huéspedes: pronto se convirtió en un lugar frecuentado por
los propios sevillanos, especialmente por quienes buscaban ambientes elegantes
y nuevas formas de entretenimiento.
Uno de los espacios más recordados del Hotel Cristina fue la
denominada Parrilla, espacio que no estaba reservada exclusivamente a los
clientes alojados en el establecimiento. Se trataba de un
amplio salón situado en el sótano que acogía bailes y espectáculos con orquestas
y vocalistas. Su popularidad hizo que el local se convirtiera en uno de los
lugares de ocio más conocidos de la Sevilla de aquellos años.
Durante los
meses estivales, las celebraciones se trasladaban a la azotea, donde el espacio
recibía el nombre de la Terraza del Cristina. La alternancia entre la Parrilla
invernal y la Terraza veraniega convirtió el establecimiento en un escenario
privilegiado de la vida nocturna sevillana.
La historia del establecimiento adquirió una dimensión
diferente a partir de julio de 1936, cuando el golpe militar contra la Segunda
República desencadenó la Guerra Civil española. El Hotel Cristina, por su
ubicación y categoría, acogió a visitantes relacionados con aquel contexto
político y militar. Entre ellos se encontraban integrantes de la Legión Cóndor
alemana, así como periodistas y personalidades vinculadas al bando franquista.
Uno de los
episodios más conocidos relacionados con el establecimiento fue el
protagonizado por Arthur Koestler (1905-1983), escritor y periodista de origen
húngaro que trabajaba para el periódico británico News Chronicle. Koestler
viajó a España para informar sobre la Guerra Civil y llegó a entrevistarse con
el general Gonzalo Queipo de Llano. Su actividad periodística encubría también
una labor de información relacionada con el movimiento comunista internacional.
La presencia de militares alemanes e italianos y de corresponsales extranjeros
convirtió a Sevilla en un escenario de interés para los servicios de
inteligencia de diferentes países.
Según los
relatos publicados sobre el episodio, Koestler frecuentaba el bar del Hotel
Cristina y mantenía conversaciones con militares españoles y alemanes. Tras ser
reconocido y denunciado, fue detenido y encarcelado en Sevilla, donde
permaneció varios meses antes de recuperar la libertad gracias a las gestiones
realizadas desde el extranjero.
Tras los años
de esplendor, el hotel comenzó a perder progresivamente parte de su actividad
durante la década de 1960. Algunas de sus dependencias dejaron de utilizarse
para el alojamiento turístico y fueron transformadas en viviendas. En torno a
esta etapa destaca la figura la del torero Juan Belmonte (1892-1962), cuya
vinculación con el inmueble aparece recogida en relatos y recuerdos de la
época.
La decadencia del establecimiento desembocó finalmente en
una profunda intervención inmobiliaria. En marzo de 1978, el diario ABC publicó
información sobre el proceso que amenazaba la conservación del edificio. Los
nuevos propietarios alegaban el mal estado de la construcción y defendían la
necesidad de proceder a su demolición. La operación suele situarse entre
finales de los años setenta y los primeros años de la década siguiente.
Se conservaron elementos de su imagen exterior, aunque con
modificaciones, así como las galerías porticadas de la planta baja y
determinados recursos ornamentales. También se mantuvieron, en distinto grado,
la bicromía y algunos detalles decorativos que permitían reconocer la fisonomía
del antiguo hotel.
El interior,
en cambio, sufrió una transformación radical. Las antiguas habitaciones,
dependencias y espacios comunes fueron sustituidos por una distribución
adaptada a los nuevos usos, principalmente residenciales y comerciales. El
patio y los espacios interiores perdieron buena parte de su configuración
original, de modo que la conservación exterior no implicó la supervivencia
efectiva del edificio histórico.
Por ello, el
edificio que ocupa su emplazamiento conserva elementos que evocan la construcción
diseñada por López Otero, aunque la apariencia exterior no debe confundirse con
la supervivencia material de sus antiguos interiores.
Actual edificio Cristina
