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Real Fabrica de Tabacos.
La Real Fábrica de Tabacos constituye uno de los edificios
más sobresalientes de la arquitectura civil e industrial del siglo XVIII en
Europa y una de las construcciones más emblemáticas de Sevilla. Concebida para
centralizar y racionalizar la producción del tabaco, fue durante casi dos
siglos el mayor centro manufacturero de la ciudad y símbolo del poder económico
de la Corona. En la actualidad alberga el Rectorado y varias facultades de la
Universidad de Sevilla, conservando intacta la monumentalidad que la convirtió
en una de las obras más ambiciosas de la ingeniería ilustrada española.
La estrecha relación entre Sevilla y el
tabaco comenzó poco después del descubrimiento de América. La planta del
tabaco fue estudiada en el siglo XVI por Nicolás
Monardes, que tenía un huerto con especies del Nuevo Mundo en la calle Sierpes
de Sevilla. Gracias al monopolio del comercio con
las Indias ejercido por la ciudad a través de la Casa de la Contratación, el
tabaco procedente principalmente del Caribe llegaba al puerto sevillano para
ser transformado y distribuido por toda Europa.
La primera fábrica de tabacos europea fue fundada en 1620 por el armenio Juan Bautista Caraffa, en unas casas cercanas a la actual plaza de Cristo de Burgos, donde la
creciente demanda obligó a sucesivas ampliaciones.
El Estado se
hizo con el monopolio de la renta del tabaco en 1636. El Estado arrendaba
las fábricas a un intermediario para que produjese y poder obtener ganancias.
Entre 1684 y 1687 se suprimió a este intermediario y la Real Hacienda tomó el
control directo de las fábricas (antecedente de lo que ocurriría en
el siglo XVIII). En 1701
el Estado limitó el sistema de arriendos del tabaco a las producciones al por
menor. En 1730 el Estado asumió el control completo de las fábricas de tabacos.
El constante aumento de la producción y la progresiva
intervención del Estado en el monopolio del tabaco hicieron necesaria la
construcción de un edificio mucho mayor y adaptado a las nuevas necesidades
industriales.
La Corona decidió levantar una nueva fábrica fuera del
recinto amurallado, en un amplio solar conocido como “las Calaveras”, junto a
la Puerta de Jerez, el Colegio de San Telmo y el convento
de San Diego, llamado así por haberse asentado sobre
una antigua necrópolis romana. Su emplazamiento resultaba estratégico: próximo
a la Puerta de Jerez, al río Guadalquivir y al Palacio de San Telmo,
facilitando tanto el abastecimiento de la materia prima como la salida de la
producción. Las obras comenzaron en 1728 y se prolongaron durante más de
cuarenta años, convirtiéndose en uno de los proyectos constructivos más
complejos de la España ilustrada.
La dirección de los trabajos recayó
sucesivamente en tres ingenieros militares. Ignacio Sala redactó el proyecto
inicial y ejecutó la cimentación y el encauzamiento del arroyo Tagarete, que
corría por la actual calle de San Fernando, para desembocar al pie de la Torre
del Oro; Diego Bordick Deverez reformó el diseño adaptándolo a las nuevas
exigencias productivas; pero sería el ingeniero flamenco Sebastián Van der
Borcht, con la colaboración de arquitectos y aparejadores
locales como Vicente Catalán Bengoechea, Pedro de
Silva y Lucas Cintora, quien otorgaría al
edificio su configuración definitiva. Bajo su dirección se levantaron la gran
fachada principal, los patios, las galerías, buena parte del foso y los
edificios anexos destinados a capilla y cárcel, elementos que todavía hoy
forman parte inseparable del conjunto monumental.
Las dimensiones de la fábrica son impresionantes. Su planta
rectangular, de aproximadamente 185 por 147 metros, sólo era superada en España
por el monasterio de El Escorial. Todo el edificio se encontraba rodeado por un
amplio foso atravesado originalmente por puentes levadizos, circunstancia que,
unida a la presencia de garitas y cuerpos de guardia, le confería el aspecto de
una auténtica fortaleza industrial. Esta singular combinación de monumentalidad
palaciega y funcionalidad fabril llevó al viajero inglés Richard Ford a
definirla como el “Escorial tabaquero”, mientras que el historiador Antonio
Bonet Correa la calificó como un auténtico “Palacio de la industria”.
Arquitectónicamente constituye una brillante síntesis del
clasicismo y el barroco. La organización general responde a esquemas renacentistas
inspirados en Palladio y Serlio, con ecos de la severidad herreriana, mientras
que la portada principal introduce un lenguaje plenamente barroco. Diseñada por
Van der Borcht y enriquecida con la decoración escultórica del portugués
Cayetano de Acosta, presenta una composición de extraordinaria riqueza
iconográfica. Sobre ella destaca la alegoría de la Fama, convertida en emblema
del edificio, junto con los jarrones de azucenas y los relieves alusivos al
descubrimiento de América y a la elaboración del tabaco. En el interior
sobresalen igualmente las fuentes monumentales de mármol, los amplios patios y
las galerías iluminadas mediante elegantes lucernarios.
La fábrica alcanzó una enorme
importancia económica y social. Durante los siglos XVIII y XIX llegó a emplear
a miles de trabajadores, aunque fueron las cigarreras, en el siglo XIX, quienes
otorgaron al establecimiento una personalidad inconfundible. Su habilidad para
elaborar cigarros y cigarrillos manualmente, unida a su independencia económica
y a su fuerte carácter, las convirtió en protagonistas del imaginario popular
sevillano. Su figura trascendió las fronteras de España gracias a la
literatura, la pintura y, sobre todo, a la célebre ópera Carmen
de Georges Bizet, inspirada en una cigarrera sevillana.
Cigarrera del siglo
XIX en la Real Fábrica de Tabaco (ver) (CC BY 3.0)
Cigarreras en el embarcadero y cruzando el río para incorporarse
a sus puestos de trabajo en la fábrica de Tabacos. De la Fototipia Laurent, año
1.903.
Cigarreras. Año 1930
Cigarreras entrando en la Fábrica de Tabacos desde la calle San Fernando. Año 1.910.
En
1883 una zona del este del edificio fue destinada a cuartel del Regimiento
Montado de Artillería. En 1929, encontrándose en este lugar el Tercer
Regimiento de Artillería, estas tropas fueron trasladadas al nuevo cuartel de
Pineda. A partir de este traslado pasó a llamarse Regimiento de Artillería n.º
14.
Cuartel
de Artillería en 1880. Entrada facultad de Derecho
A finales del siglo XIX y comienzos del XX la introducción
de maquinaria transformó profundamente los sistemas de producción. La
mecanización redujo progresivamente la mano de obra y alteró el tradicional
funcionamiento de la fábrica.
En
1945 se creó Tabacalera S.A., que gestionaría la producción del
tabaco. La factoría se trasladó a unas instalaciones en el barrio de Los
Remedios. Tabacalera S.A. tendrá la concesión para el monopolio del tabaco en
España durante 25 años, concesión que fue renovada en 1971. En 1999 se
fusionará con la francesa Seita creando Altadis. La fábrica
Altadis de Sevilla cerró en 2007.
Finalmente, entre 1954 y 1956 el histórico edificio fue
adaptado para convertirse en sede de la Universidad de Sevilla, una transformación
dirigida por los arquitectos Alberto Balbontín de Orta, Delgado Roig y Toro
Buiza, que permitió conservar uno de los conjuntos monumentales más
extraordinarios del patrimonio español.
Hoy, la antigua Real Fábrica de Tabacos continúa siendo un referente imprescindible de la ciudad. A su excepcional valor arquitectónico se suma un importante patrimonio artístico custodiado por la Universidad, entre el que destacan la capilla, presidida por el Santísimo Cristo de la Buena Muerte de Juan de Mesa, la monumental escalera principal, los patios históricos y la prestigiosa Gipsoteca universitaria. Todo ello convierte este edificio en un espacio donde confluyen la memoria industrial, el arte barroco y la tradición académica, reflejando como pocos la evolución histórica de Sevilla desde el comercio con las Indias hasta su condición de gran ciudad universitaria.




