RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes
Virgen de la Merced. Hermandad de Pasión.
Virgen de la Merced
La imagen de la Virgen de la Merced de
la Hermandad de Pasión tiene su origen en un periodo de transición para la
corporación, que quedó privada de su antigua titular mariana en la década de
1840. Ante esta circunstancia, y movidos por el deseo de mantener vivo el culto
a la Santísima Virgen, un grupo de hermanos decidió donar una nueva imagen
realizada hacia 1800, obra de autor anónimo sevillano.
No obstante, antes de la incorporación
definitiva de esta talla, la hermandad intentó sin éxito obtener la cesión de
una Dolorosa perteneciente a la parroquia de San Ildefonso, gestionando la
petición ante el Gobernador Eclesiástico del Arzobispado. Fracasada esta vía,
varios cofrades adquirieron en diciembre de 1842, sufragándola con recursos
propios, una imagen mariana que originalmente había sido concebida como
representación de una santa. Esta escultura, adaptada posteriormente a la
iconografía dolorosa, se integró como cotitular de la corporación durante más
de un siglo.
A lo largo del tiempo, sin embargo,
comenzaron a surgir dudas sobre la idoneidad artística y devocional de la
talla, que, pese al cariño que le profesaban los hermanos, era considerada de
escaso valor estético y con limitada capacidad expresiva dentro del lenguaje
propio de las Dolorosas sevillanas. Por ello, a comienzos de 1966, la Junta de
Gobierno presidida por Juan Fernández Rodríguez García del Busto impulsó un
proceso de renovación de la imagen titular.
En el transcurso de estas gestiones, los
responsables de la hermandad tuvieron conocimiento de la existencia de una
escultura en el taller del reconocido imaginero Sebastián Santos Rojas. Con el
fin de fundamentar la decisión, solicitaron informes a destacadas
personalidades del ámbito artístico sevillano, quienes valoraron positivamente
tanto la calidad formal como la adecuación devocional de la obra. A la vista de
estos dictámenes, se convocó un Cabildo General Extraordinario el 6 de febrero
de 1966, en el que se sometió a votación la sustitución de la antigua imagen.
La propuesta fue aprobada por aclamación, reflejo del consenso alcanzado entre
los hermanos.
Virgen de la Merced
La nueva imagen de Nuestra Madre y
Señora de la Merced, tallada en madera de ciprés, destaca por un equilibrio muy
logrado entre serenidad y contenido dolor. Su rostro presenta una expresión
recogida, en la que la emoción se manifiesta de manera contenida, sin
estridencias. Los ojos, de cristal y ligeramente mayores de lo habitual en la producción
del escultor, aportan una mirada profunda y verosímil, matizada por pestañas
postizas y cejas de trazo descendente que refuerzan el carácter melancólico del
conjunto.
Detalle de la Virgen
de la Merced
Las mejillas aparecen surcadas por
siete lágrimas de cristal, símbolo tradicional de los dolores de la Virgen,
mientras que los labios, apenas entreabiertos, permitiendo
incluso la visión de la lengua, sugieren un suspiro contenido que humaniza la
expresión. El modelado del cuello, de líneas suaves y elegantes, demuestra un
cuidado estudio anatómico, al igual que las manos, también de ciprés, donde se
aprecia una evolución en el lenguaje plástico del autor. En ellas, la
disposición de los dedos rompe con esquemas anteriores, generando un movimiento
más natural y expresivo.
Detalle de la Virgen
de la Merced
La policromía, aplicada con tonos
pálidos y suaves matices rosáceos, evoca las primeras etapas creativas de
Sebastián Santos, aportando a la imagen una delicadeza que contribuye a su
intensa capacidad devocional. Tras su sustitución, la antigua talla fue trasladada
al convento de las Madres Mercedarias de la calle Levíes, donde continúa
recibiendo culto, cerrando así un capítulo significativo en la historia de la
hermandad.
Detalle de la Virgen de la Merced