AREA DE LA MAGDALENA
Hermandad de Nuestra Señora del Amparo.
En el
siglo XVI, el arzobispo de Sevilla, Fernando de
Valdés, impulsó la creación de una obra piadosa denominada Amparo de
María Santísima y San José. Su propósito era acoger y proteger a los niños
expósitos, cuyo número era elevado en la ciudad en aquella época. De esta
institución benéfica parece derivar el título de la advocación, aunque la
tradición popular ha conservado relatos legendarios que lo explican de forma
distinta, vinculándolo a un episodio de clemencia hacia un ladrón que intentó
sustraer la corona de la imagen.
También en el
siglo XVI residía en Sevilla el escultor flamenco Roque Balduque, a quien la historiografía
artística ha atribuido la hechura de la imagen mariana, considerada una de las
más antiguas y devocionalmente arraigadas de la ciudad.
Durante el
pontificado de Alejandro VII se concedió a
la Iglesia de España la celebración litúrgica del Patrocinio de Nuestra Señora,
fijada en una de las dominicas del mes de noviembre. Posteriormente, el papa Benedicto XIII extendió esta festividad a toda
la cristiandad, consolidando así una devoción que armonizaba plenamente con la
advocación del Amparo.
A lo largo de los siglos, la imagen ha suscitado una
profunda veneración entre fieles de toda condición social. Entre sus devotos
más destacados se recuerdan al arzobispo Jaime de
Palafox y Cardona, los duques de
Montpensier y María Luisa Fernanda de
Borbón, así como a su hijo Carlos de
Borbón-Dos Sicilias.
En 1735,
hallándose la imagen en la parroquia de Santa María Magdalena, se constituyó
una hermandad destinada a rendirle culto. Sus reglas fueron aprobadas por la
autoridad eclesiástica el 22 de diciembre de 1736. En un principio, la fiesta
principal se fijó el 18 de diciembre, solemnidad de la Expectación del Parto de
la Virgen, aunque pronto se trasladó al segundo domingo de noviembre para
coincidir con la festividad del Patrocinio.
El 1 de
noviembre de 1755, el devastador terremoto de Lisboa causó graves daños en
numerosas zonas de Sevilla. Sin embargo, la collación de la Magdalena apenas
sufrió desperfectos, hecho que los fieles interpretaron como una señal de la
protección de la Virgen del Amparo. En acción de gracias, la hermandad y el
clero parroquial realizaron voto solemne de celebrar perpetuamente novena,
función, procesión, vísperas y maitines en su honor, así como de defender la
entonces piadosa creencia en la Inmaculada Concepción.
La corporación
atravesó periodos de decadencia, especialmente tras la epidemia de 1800, que
redujo notablemente el número de hermanos. Pese a ello, algunos miembros
lograron reorganizarla.
Tras la
demolición de la antigua parroquia, el 16 de junio de 1810 la imagen fue
trasladada al exconvento de San Pablo. Recuperado el templo por la Orden de
Predicadores, la parroquia quedó establecida el 19 de mayo de 1815 en la que
había sido capilla de la Hermandad de la Antigua, Siete Dolores y Compasión
—actual capilla de la Hermandad de Montserrat—. Allí presidió el altar mayor
hasta el 22 de enero de 1848, fecha en la que la parroquia quedó
definitivamente asentada en el antiguo templo dominico, pasando la imagen a su
actual capilla en la nave del Evangelio.
El siglo XIX
supuso una etapa de cierto decaimiento, aunque no faltaron celebraciones
relevantes, como la función solemne del 23 de agosto de 1835, presidida por el
cardenal Francisco Javier Cienfuegos con
motivo de la institución de la fiesta del Inmaculado Corazón de María, siendo
la primera hermandad de la archidiócesis en solemnizarla. En 1848 ingresaron
como hermanos protectores los duques de Montpensier, lo que contribuyó a
revitalizar la corporación.
El siglo XX
marcó una etapa de especial esplendor. Entre sus impulsores destacó el párroco
de la Magdalena, José Álvarez, promotor en 1916 de la construcción del actual camarín.
En 1920 y 1923 se estrenaron sendas plegarias compuestas por el insigne músico Joaquín Turina, quien en 1924 dedicó a la
hermandad un Alabado. El 18 de diciembre de 1927, durante una función solemne,
la corporación realizó voto de creer, confesar y defender el misterio de la
Mediación de Nuestra Señora; ese mismo año se estrenó, aún incompleto, el
actual paso procesional.
El 7 de
noviembre de 1943, siguiendo las directrices de Pío
XII, la hermandad se consagró al Inmaculado Corazón de María en una
función presidida por el cardenal Pedro Segura y
Sáenz. Por deseo expreso de este prelado, la imagen se alza en el
monumento a los Sagrados Corazones de la localidad sevillana de San Juan de Aznalfarache,
representando al Sagrado Corazón de María.
Mención
especial merece la labor asistencial desarrollada por la hermandad,
especialmente en el ámbito educativo. Junto con otras corporaciones de la
collación, sostuvo durante décadas las llamadas Escuelas de la Virgen María,
surgidas en tiempos de la Segunda República para ofrecer una formación
inspirada en los principios del catolicismo.
En 1987,
gracias a la colaboración entre el Consejo General de Hermandades y Cofradías
de Sevilla, la Obra Cultural de la Caja Provincial de Ahorros San Fernando y la
propia hermandad, la imagen fue restaurada por el prestigioso especialista José
Rodríguez Rivero-Carrera.
Hoy, como en
siglos pasados, la Virgen del Amparo continúa recibiendo la devoción de sus
fieles desde su capilla en la parroquia de Santa María Magdalena, donde es
invocada como protectora y consuelo de quienes acuden a ella en busca de amparo
espiritual.
La Virgen con
el Niño Jesús en brazos, en su mano derecha sostiene un corazón alado, atributo
característico de esta advocación que simboliza la prontitud y misericordia de
María para socorrer a quienes acuden a ella en momentos de aflicción.
Detalle de la Virgen del Amparo