ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA
Vía Crucis de la Capilla de la Universidad.
El Vía Crucis cerámico de la Capilla de
la Universidad constituye una de las aportaciones artísticas más significativas
incorporadas al templo en época contemporánea. Fue promovido por la Hermandad
de los Estudiantes con motivo de la celebración del LXXV aniversario de su
fundación (1924-1999) y del XXV aniversario de la creación de su cuadrilla de
hermanos costaleros, enriqueciendo el patrimonio de la capilla con una obra que
combina tradición cerámica sevillana, espiritualidad y un profundo simbolismo cofrade.
La iniciativa nació en 1997 por impulso
del entonces director espiritual de la Hermandad y director del Servicio de
Asistencia Religiosa de la Universidad de Sevilla, el reverendo Juan Manuel del
Río Martín, dentro de los actos de preparación para el Gran Jubileo del año
2000. Como modelo iconográfico se eligió el Vía Crucis celebrado por san Juan
Pablo II en el Coliseo de Roma durante el Viernes Santo de 1993, que introducía
una importante novedad respecto al tradicional recorrido de catorce estaciones:
la incorporación de una decimoquinta estación dedicada a la Resurrección de
Cristo, culminando así el camino de la Pasión con el triunfo definitivo sobre
la muerte.
La obra fue bendecida el 15 de mayo de
1999, tras la celebración del Rosario de la Aurora presidido por la Virgen de
la Angustia. Su ejecución fue confiada al taller Barroco Cerámica, integrado
por los ceramistas Juan Manuel Herrera Suárez y Rocío Almarcha Pardo, formados
en la prestigiosa Escuela de Artesanos Della Robbia de Gelves, centro de
referencia en la recuperación y enseñanza de la cerámica artística andaluza. La
coordinación general y el diseño de las escenas correspondieron al ceramista,
licenciado en Bellas Artes y profesor de dicha escuela, Juan José Lupión
Álvarez, mientras que la pintura de los paneles fue realizada por alumnos del
propio centro bajo su supervisión.
La ejecución de esta obra fue
supervisada directamente por el reverendo Juan Manuel del Río Martín, impulsor
del proyecto, junto con la junta de gobierno de la Hermandad de los Estudiantes
y el entonces decano de la Facultad de Químicas, Vicente Flores Luque. Este
último, profundamente vinculado a la tradición artística trianera, era hijo del
recordado pintor y ceramista Vicente Flores Navarro, quien en su juventud cultivó
con notable destreza el arte de la cerámica. Asimismo, pertenecía a una familia
estrechamente relacionada con este oficio, al estar emparentado con el
prestigioso ceramista Antonio Kiernam Flores, una de las figuras más destacadas
de la cerámica sevillana del siglo XX.
Cada estación está compuesta por una
placa cerámica de aproximadamente treinta por veinte centímetros, realizada
mediante la técnica tradicional del azulejo plano pintado. A pesar de sus
reducidas dimensiones, los paneles destacan por la riqueza cromática, la
expresividad de las figuras y la cuidada composición, siguiendo la mejor
tradición de la cerámica sevillana.
Uno de los aspectos más originales de
este Vía Crucis es su planteamiento iconográfico. En lugar de representar
escenas genéricas de la Pasión, cada estación toma como referencia imágenes
titulares de distintas hermandades penitenciales de Sevilla, convirtiéndose en
un auténtico recorrido por la Semana Santa hispalense y convierte el Vía Crucis
en un verdadero homenaje a la imaginería procesional sevillana.
I. La oración en el Huerto se inspira en el Señor
de Montesión.
II. El
Prendimiento en la Hermandad de la Redención.
III.
La comparecencia ante Caifás en el Soberano Poder de San Gonzalo.
IV.
Las negaciones de San Pedro en el Señor de la Paz del Carmen Doloroso.
V. La
Presentación al Pueblo en el misterio de San Benito.
VI.
La Flagelación y Coronación de Espinas en el Cristo de la Coronación del Valle.
VII.
El camino hacia el Calvario en Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.
VIII.
La ayuda del Cirineo en Jesús de las Penas de San Roque.
IX.
El encuentro con las mujeres de Jerusalén en Jesús con la Cruz al Hombro del
Valle
X. La
Crucifixión en el Cristo de la Exaltación.
XI.
La promesa al Buen Ladrón en el Cristo de la Conversión de Montserrat.
XII.
La presencia de la Virgen y San Juan al pie de la Cruz en el Cristo de las
Siete Palabras,
XIII.
La muerte de Cristo se representa mediante el Santísimo Cristo de la Buena
Muerte, titular de la propia Hermandad de los Estudiantes.
XIV.
El traslado al sepulcro toma como modelo el Cristo de la Caridad de la
Hermandad de Santa Marta.
XV.
Finalmente, la Resurrección se inspira en el Señor Resucitado de la Hermandad
de la Resurrección.