RUTAS POR SEVILLA: Ruta de las Cruces
Cruz de Cerrajería.
Cruz de Cerrajería
La Cruz de la Cerrajería, considerada
una de las obras maestras de la forja barroca sevillana, es uno de esos
monumentos que, pese a su reducido tamaño, atesoran varios siglos de historia,
devoción y tradición popular. Aunque hoy preside la Plaza de Santa Cruz, su
emplazamiento original se encontraba en la antigua plazuela de la Cerrajería,
en la confluencia de las actuales calles Sierpes y Rioja, un lugar que durante
siglos constituyó uno de los espacios más transitados de la ciudad.
Primera ubicación de la cruz, en la confluencia de Cerrajería, Sierpes
y Rioja
Sus orígenes se remontan a comienzos
del siglo XVII, cuando los vecinos levantaron en aquel lugar una sencilla cruz
de madera vinculada a un retablo callejero dedicado a la Virgen de Regla. La
creciente devoción que despertó aquella cruz, unida al deterioro que sufría por
permanecer a la intemperie, motivó que en 1692 se encargara una nueva cruz de
hierro al maestro rejero Sebastián Conde, natural de Almonte. La obra fue
costeada mediante suscripción popular y trasladada solemnemente desde las
Gradas de la Catedral hasta la plaza de la Cerrajería el 1 de noviembre de ese
mismo año, donde comenzó a recibir culto público. Cada 3 de mayo, festividad de
la Invención de la Santa Cruz, el lugar se convertía en escenario de
celebraciones religiosas y populares.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX la
cruz protagonizó un continuo ir y venir por las calles de Sevilla. En varias
ocasiones fue retirada para facilitar el paso de comitivas reales o mejorar la
circulación de carruajes. En 1729 se desmontó con motivo de la visita de Felipe
V y fue trasladada al cercano convento de las Mínimas.
La cruz en el convento de las Mínimas
Cinco años después, una prolongada
sequía castigó Andalucía y la tradición cuenta que el franciscano fray
Sebastián de Jesús anunció que las lluvias regresarían cuando la cruz
recuperara su emplazamiento original. Los vecinos solicitaron su restitución y,
según relatan las crónicas, poco después comenzaron las esperadas
precipitaciones, hecho que alimentó aún más la fama milagrosa del monumento.
La cruz volvería a ser retirada en
distintas ocasiones, hasta que en 1840 fue desmontada definitivamente debido a
las quejas de quienes consideraban que obstaculizaba el intenso tráfico de
carruajes de la calle Sierpes. Aquella decisión provocó un notable descontento
entre numerosos sevillanos, que incluso promovieron campañas para recuperar el
monumento, convencidos de que protegía a la ciudad de calamidades y epidemias.
Tras su retirada fue depositada en el entonces Museo Provincial, instalado en
el antiguo convento de la Merced, actual Museo de Bellas Artes de Sevilla.
No sería hasta las primeras décadas del
siglo XX cuando la cruz volvería a ocupar un espacio público. En 1916 el
escritor e historiador Santiago Montoto propuso su recuperación y, tras varios
debates sobre su ubicación, la Real Academia de Bellas Artes recomendó
instalarla en la Plaza de Santa Cruz. Finalmente, en 1921 quedó colocada en el
centro de la plaza, dentro del proyecto de remodelación diseñado por el
arquitecto Juan Talavera, convirtiéndose desde entonces en uno de los símbolos
más reconocibles del antiguo barrio de Santa Cruz.
Desde el punto de vista artístico, la
Cruz de la Cerrajería constituye una extraordinaria muestra del barroco
sevillano aplicado al hierro forjado. Sebastián Conde concibió una obra de gran
riqueza ornamental, en la que la estructura queda prácticamente oculta bajo una
exuberante decoración de hojas de acanto, flores, roleos y elementos vegetales
trabajados con una delicadeza que recuerda más a la labor de un orfebre que a
la de un herrero.
La iconografía de la Cruz de Cerrajería
convierte este monumento en un auténtico compendio de simbolismo cristiano,
donde cada detalle ornamental posee un significado espiritual. Lejos de ser un
simple ejercicio decorativo, la rica labor de forja desarrolla un elaborado
programa iconográfico centrado en la Pasión, la Redención y la victoria de
Cristo sobre el pecado.
Cruz de Cerrajería
El repertorio
vegetal está dominado por las hojas de acanto, que recorren el fuste y los
brazos de la cruz, además de extenderse por la base en forma de roleos y
grandes rosetas. Este motivo, heredado de la tradición clásica, adquirió en el
arte cristiano un profundo valor simbólico al asociarse con la vida eterna y el
sacrificio redentor de Cristo.
Detalle de los
brazos de la cruz
En los lugares donde se clavaron las manos y los pies de
Jesús aparecen representados los clavos, insertos en grandes lirios que
sobresalen de la estructura. El lirio, tradicional símbolo de pureza, esperanza
y resurrección, adquiere aquí un significado aún más profundo al surgir de las
llagas de Cristo, evocando la redención de la humanidad. La tradición cristiana
también relaciona esta flor con las lágrimas derramadas por Eva tras la
expulsión del Paraíso, de las que, según una antigua leyenda, brotaron lirios
como promesa de salvación. Sobre la cartela del INRI aparecen otros tres lirios
que aluden a la Santísima Trinidad.
Detalle
del INRI
Detalle
de los lirios en los brazos de la cruz
En la parte superior de la cruz pueden apreciarse
estilizadas representaciones de pasifloras o flores de la Pasión. Desde el
siglo XVII esta planta fue interpretada como una imagen natural de la Pasión de
Cristo, pues sus distintas partes recuerdan los instrumentos del suplicio: la
corona floral se identifica con la corona de espinas, los estambres con los
clavos, los estigmas con los tres clavos de la Crucifixión y los zarcillos con
los azotes. Su disposición rodeando el cuerpo superior de la cruz parece
reforzar precisamente esa evocación de la corona de espinas que ciñó la cabeza
de Cristo.
También están presentes las rosas, otra
flor cargada de simbolismo cristiano, vinculada a la sangre derramada por
Cristo, al sacrificio redentor y a la promesa de una nueva vida.
En el centro
de la cruz sobresale uno de los elementos más expresivos del conjunto: un
corazón atravesado por el dolor y rodeado por la corona de espinas. Esta
composición remite tanto al sufrimiento de Cristo durante la Pasión como al
dolor compartido por la Virgen María al pie de la Cruz, convirtiéndose en una
poderosa imagen del amor llevado hasta el sacrificio.
Detalle del centro
de la cruz
La base del monumento completa este
discurso simbólico con varias representaciones figurativas. Las serpientes que
se enroscan en el pedestal personifican el pecado y el mal, definitivamente
vencidos por la Cruz, mientras que los cuatro evangelistas ocupan las esquinas
como testigos y custodios del mensaje de Cristo. Finalmente, los elegantes
ángeles lampareros que sostienen los faroles acentúan el carácter devocional
del monumento, concebido desde su origen como una auténtica cruz de humilladero
o altar urbano, destinada a presidir y santificar el espacio público.
Detalle de la base del monumento
Detalle de la cabeza de una serpiente
Detalle de apóstol
Ángel lamparero
Durante mucho tiempo fue conocida
indistintamente como Cruz de la Cerrajería y Cruz de las Sierpes. Sin embargo,
diversos investigadores sostienen que esta última sería su denominación
históricamente más precisa, ya que la cruz de hierro estuvo siempre situada
junto a la calle Sierpes, mientras que la auténtica Cruz de la Cerrajería
habría sido una cruz de madera distinta, hoy desaparecida. Sea cual sea el
origen exacto de su nombre, lo cierto es que esta magnífica obra de Sebastián
Conde continúa siendo uno de los grandes iconos de la Sevilla barroca y un
magnífico testimonio de la importancia que tuvieron las cruces públicas en la
religiosidad y la vida cotidiana de la ciudad.






