RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes
Virgen de los Olmos.
Al contemplar
la fachada oriental de la Giralda, orientada hacia la plaza de la Virgen de los
Reyes, podemos descubrir, bajo uno de sus balcones y junto a una ventana, una pequeña
imagen mariana alojada en una hornacina. Se trata de la Virgen de los Olmos,
una advocación histórica cuya trayectoria está estrechamente vinculada al
desaparecido Corral de los Olmos y a la vida institucional y religiosa de la
Sevilla medieval.
Detalle de la Giralda con la hornacina de la Virgen de los Olmos
Su denominación
procede del antiguo Corral de los Olmos (leer mas), un recinto
situado en el espacio que hoy ocupa buena parte de la plaza de la Virgen de los
Reyes, frente a la fachada oriental de la Catedral. El lugar recibía este
nombre por los olmos que crecían en su interior y que daban personalidad a
aquel espacio urbano.
El Corral de
los Olmos fue uno de los centros de la vida política y eclesiástica de la
ciudad. En él se celebraban las reuniones de los cabildos municipal y
catedralicio, cuyas dependencias estuvieron instaladas allí desde la Baja Edad
Media hasta el siglo XVI.
La Virgen de
los Olmos estuvo colocada sobre la puerta de acceso a una de las dependencias
capitulares, tradicionalmente identificada con la antigua sala de reuniones del
Cabildo Catedralicio.
La devoción que
despertó entre los sevillanos llegó a ser considerable. La imagen estaba
acompañada en su entorno por exvotos pintados que recordaban los favores y
milagros atribuidos a su intercesión, testimonio de la veneración popular que
alcanzó durante los siglos XV y XVI.
En 1629 fue
trasladada a la entrada del denominado portal de los Olmos, y permaneció
vinculada a este entorno hasta que, en 1791, se procedió al derribo del antiguo
Corral de los Olmos. Tras su demolición, se acondicionó
una hornacina abierta en la fachada oriental de la Giralda, donde fue instalada
la escultura para mantenerla a la vista de los sevillanos.
Iluminación de la escultura de la Virgen de los Olmos mediante un farol
(ver)(CC BY 3.0)
Allí permaneció
durante casi dos siglos, hasta que las intervenciones de restauración llevadas
a cabo en la Giralda durante la década de 1980 aconsejaron retirar la escultura
original para garantizar su conservación. En 1986 se realizó una réplica
destinada a ocupar la hornacina exterior, mientras que la talla histórica pasó
al interior de la Catedral.
Así, la imagen
original se conservó en la Capilla de San Antonio, también conocida como
Capilla Bautismal, donde podía contemplarse sobre un capitel de mármol. Tras su
presentación en la exposición Fons Pietatis, fue incorporada a la Sala de las
Columnas de la Catedral, según la última ubicación indicada en la documentación
aportada.
La réplica de
1986 continúa ocupando la hornacina de la Giralda, manteniendo así la presencia
de esta antigua advocación en el lugar donde permaneció durante generaciones.
La escultura
original es una obra anónima del siglo XIV, realizada en alabastro sin
policromar, con unas dimensiones de 81 × 28 × 23 centímetros. En cuanto a su
iconografía, la escultura representa a la Virgen María sosteniendo al Niño
Jesús sobre su brazo izquierdo. La composición responde a un modelo de
tradición bizantina conocido como Hodegetria, término griego que puede
traducirse como “la que muestra el camino” o “la que guía”, en referencia a
María como conductora de los fieles hacia Cristo. La Virgen aparece vestida con
elegantes ropajes y mantiene una actitud serena, mientras que el Niño establece
con ella una relación de proximidad.
Virgen de los Olmos
Uno de los
detalles más significativos se encuentra en la mano del Niño, que toca la
diadema de su Madre. Este gesto se ha interpretado como una alusión simbólica a
la futura coronación de María como Reina del Cielo. La Virgen sostiene asimismo
un ramo de flores, elemento que puede relacionarse con las virtudes marianas y,
particularmente, con su misericordia.
La Virgen de los Olmos constituye, por tanto, una pequeña pero valiosa pieza del patrimonio escultórico medieval sevillano. Su interés no reside únicamente en sus cualidades artísticas, sino también en su relación con el desaparecido Corral de los Olmos, con la historia del Cabildo Catedralicio y con la religiosidad popular de la ciudad.





