AREA CENTRO 1
Cárcel de la Real fabrica de Tabacos.
Situado junto
al actual Hotel Alfonso XIII, este inmueble, hoy ocupado por dependencias de la
Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, desempeñó
durante más de dos siglos una función muy distinta: fue la cárcel de la Real
Fábrica de Tabacos.
Cárcel de la Real Fábrica de Tabacos
Detalle del remate
Detalle de la cruz y veleta
La Real Fábrica de Tabacos fue
concebida en el siglo XVIII como una auténtica ciudad industrial, una de las
mayores de Europa, donde llegaron a trabajar varios miles de personas entre
operarios, cigarreras, administrativos y personal de vigilancia. La complejidad
de aquella enorme factoría hizo necesario dotarla de servicios propios que
garantizaran su funcionamiento cotidiano: cuerpos de guardia, enfermería,
capilla, almacenes e incluso una cárcel destinada a mantener el orden dentro
del recinto.
Este edificio, levantado con la misma
sobriedad y funcionalidad que caracteriza al conjunto diseñado por Sebastián
Van der Borcht, acogía los calabozos y dependencias disciplinarias de la
fábrica. No se trataba de una prisión ordinaria, sino de un establecimiento
vinculado al fuero especial del que gozaba la institución.
El intendente de la fábrica, máxima
autoridad administrativa, tenía facultades para ordenar el arresto temporal de
aquellos trabajadores que cometieran pequeños delitos, alterasen el orden,
protagonizaran riñas o infringieran las estrictas normas laborales que regían
la vida de la manufactura.
Uno de los problemas más frecuentes era
el contrabando de tabaco. El elevado valor del producto y la facilidad para
ocultar pequeñas cantidades favorecían los intentos de sacar clandestinamente
hojas o labores elaboradas fuera del recinto. Las cigarreras, inmortalizadas
por la literatura y la ópera, no fueron ajenas a estas prácticas, por lo que
algunas de ellas conocieron estas celdas disciplinarias tras ser sorprendidas
por la guardia de la fábrica. Para evitar estas sustracciones existía un cuerpo
de vigilancia permanente que controlaba los accesos y patrullaba las distintas
dependencias del edificio.
El régimen de cumplimiento de las penas
resulta especialmente revelador de la organización de la fábrica. Los
arrestados no permanecían inactivos durante toda la condena. Cada mañana eran
conducidos a sus puestos de trabajo, donde continuaban desempeñando sus labores
habituales, y al finalizar la jornada regresaban a las celdas para pasar la
noche. De este modo, el castigo no interrumpía la producción, uno de los
principales objetivos de una institución cuya actividad era esencial para la
Hacienda Real.
Las celdas, de reducidas dimensiones,
eran espacios austeros, húmedos y escasamente iluminados, concebidos más como
lugar de corrección que de larga reclusión. Sin embargo, la prisión también
reflejaba la jerarquía existente dentro de la fábrica. La planta superior
estaba reservada para empleados de mayor categoría o personas distinguidas,
cuyas condiciones de alojamiento eran algo más confortables que las destinadas
a los operarios comunes.
Hoy este edificio ha cambiado
radicalmente de función. Sus antiguas dependencias penitenciarias albergan
despachos y departamentos universitarios, especialmente vinculados a la
Facultad de Geografía e Historia.
Aun así, se pueden descubrir numerosos
vestigios de su pasado. Todavía se conservan algunos de los antiguos calabozos
y los llamados galeones o celdas, así como las placas cerámicas que numeraban
cada estancia.
Placas cerámicas
En el vestíbulo una lápida explica la
historia del edificio y las características de esta singular prisión, mientras
que un panel cerámico reproduce el aspecto que presentaba la Real Fábrica de
Tabacos en el siglo XVIII, cuando el recinto estaba todavía rodeado por su
muralla.
Lápida que explica la historia del edificio
Vestíbulo
Panel cerámico de la Real Fábrica de Tabacos
Completa el conjunto una fuente
decorada con el escudo de Carlos III, monarca bajo cuyo reinado culminó la
construcción de la fábrica. En su basamento aparecen grabadas cuatro fechas
fundamentales para la historia del edificio: 1757, año de su puesta en
funcionamiento; 1812, cuando comenzaron a trabajar las primeras cigarreras;
1956, fecha de la adaptación del conjunto como sede de la Universidad de
Sevilla; y 1974, año en que se realizó la nueva imagen de Nuestro Padre Jesús
Atado a la Columna para la Hermandad de las Cigarreras.
Fuente con el escudo de Carlos III
La antigua cárcel constituye, en definitiva, uno de los rincones menos conocidos de la Real Fábrica de Tabacos. Su conservación permite comprender que aquel inmenso complejo industrial no era únicamente un lugar de producción, sino una auténtica ciudad autosuficiente, dotada de sus propias normas, autoridades, servicios y mecanismos disciplinarios, reflejo de la organización y del extraordinario poder económico que alcanzó la principal manufactura tabaquera de la España ilustrada.





