viernes, 3 de julio de 2026

AREA CENTRO 2

Calle Córdoba.

La calle Córdoba es una de las vías con mayor personalidad del centro histórico de Sevilla. Une la plaza del Salvador con la confluencia de Lineros y la plaza de Jesús de la Pasión, la popular Plaza del Pan, constituyendo un paso obligado entre dos de los espacios comerciales y monumentales más importantes de la ciudad. Aunque apenas alcanza unas decenas de metros de longitud, concentra siglos de historia, conserva importantes vestigios de la antigua Sevilla islámica y mantiene una intensa actividad comercial que la convierte en una de las calles más animadas del casco antiguo.

Calle Córdoba. Al final los almacenes Pedro Roldan, construidos con proyecto del arquitecto sevillano José Espiau. Década años 20 del siglo XX.

Su historia está íntimamente ligada a los gremios artesanales que la poblaron desde la Edad Media, circunstancia que explica la sucesión de nombres con los que fue conocida. A finales del siglo XIV o comienzos del XV aparece documentada como calle de los Buhones o Buhoneros, por establecerse en ella los vendedores ambulantes de quincalla y pequeños objetos de uso cotidiano. No obstante, algunos autores apuntan también la posibilidad de que el nombre procediera de una familia apellidada Buhones que residía en la calle.

Con el paso del tiempo la actividad artesanal fue transformándose y la vía adoptó nuevas denominaciones. En documentos de 1585 figura simultáneamente como calle de los Alcuceros y calle de los Zapateros de lo Viejo. El primer nombre aludía a los fabricantes de alcuzas, recipientes de barro o metal destinados a conservar aceite y otros líquidos, mientras que el segundo recordaba a los artesanos dedicados al calzado. Más adelante también recibió los nombres de Hojalateros y Faroleros, oficios estrechamente relacionados entre sí, ya que los fabricantes de faroles trabajaban fundamentalmente la hojalata. Todos estos topónimos constituyen un fiel reflejo del intenso carácter comercial y artesanal que siempre distinguió a esta calle.

Su denominación actual fue aprobada el 22 de mayo de 1908. El Ayuntamiento de Sevilla decidió dedicarla a la ciudad de Córdoba como muestra de agradecimiento por la hospitalidad dispensada a las representaciones sevillanas durante una visita oficial. El cambio quedó recordado en un artístico rótulo cerámico que todavía puede contemplarse junto a la torre de la iglesia del Salvador. Sin embargo, el pasado de la calle no cayó en el olvido, pues otro azulejo conserva la memoria de una de sus antiguas denominaciones: calle de Alcuceros.

Rotulo de calle Córdoba

Rotulo de Antigua calle de Alcuceros

Desde el punto de vista urbanístico, la calle Córdoba mantiene un trazado prácticamente rectilíneo y una anchura media, aunque hasta finales del siglo XVIII presentaba un pequeño entrante en su desembocadura hacia la plaza del Salvador que desapareció con las reformas urbanas de la época.

Una de sus características más tradicionales son los toldos que cubren toda la calle durante los meses de verano. Esta costumbre, documentada ya en el siglo XIX, sobrevivió cuando desapareció de la mayoría de las calles sevillanas, proporcionando sombra y alivio frente al intenso calor estival y contribuyendo a crear una atmósfera especialmente agradable para el paseo y las compras.

El edificio más sobresaliente es, sin duda, la torre de la iglesia del Divino Salvador. Su cuerpo inferior corresponde al antiguo alminar de la mezquita mayor de Ibn Adabbás, la principal mezquita de la Sevilla islámica antes de la construcción de la catedral gótica. Sobre esta sólida estructura almohade se levantó posteriormente el cuerpo de campanas cristiano, formando uno de los ejemplos más interesantes de la superposición de las distintas etapas históricas de la ciudad.

Torre de la iglesia del Divino Salvador

Torre de la iglesia del Divino Salvador

Junto a la torre se abre un discreto pasadizo que permite acceder al Patio de los Naranjos del Salvador, antiguo patio de abluciones de la mezquita. Aunque profundamente transformado tras la conquista cristiana, todavía conserva parte de su trazado original y algunos capiteles visigodos reutilizados en sus muros. En este recinto se encuentran además diversas dependencias parroquiales y la capilla del Cristo de los Desamparados, lo que convierte este acceso en uno de los lugares más singulares y menos conocidos del templo.

Acceso al Patio de los Naranjos del Salvador


Patio de los Naranjos del Salvador

La actividad comercial ha marcado la identidad de la calle desde hace más de seis siglos. En ella convivieron buhoneros, zapateros, hojalateros, fabricantes de alcuzas y vendedores ambulantes de quincalla, frutas y comestibles. Durante el siglo XVIII la abundancia de puestos callejeros llegó incluso a provocar protestas de los comerciantes establecidos por las dificultades que ocasionaban al tránsito. En el siglo XIX continuó siendo una vía eminentemente mercantil y aún se conserva, en la esquina con Lineros, un antiguo rótulo con la inscripción «Salida de carruajes», recuerdo de la época en que los vehículos comenzaban a circular por este sector del centro histórico.

En la actualidad todos los locales de la planta baja mantienen esa histórica vocación comercial. Destacan especialmente las zapaterías, heredera de una tradición centenaria, junto con establecimientos de moda, sombrererías, perfumerías, tiendas de recuerdos y pequeños comercios especializados. Muy característico resulta también el puesto de inciensos y aromas instalado junto a la torre del Salvador, cuyos perfumes impregnan la calle durante todo el año y acentúan el ambiente cofrade que caracteriza a esta zona de Sevilla.

Puesto de inciensos y aromas

La calle Córdoba también forma parte del imaginario popular sevillano gracias a varias leyendas. La más conocida narra cómo un joven campanero o monaguillo cayó desde la torre del Salvador mientras tocaba las campanas. Según la tradición, los naranjos del patio amortiguaron milagrosamente la caída, permitiéndole salir ileso del accidente. Otra creencia popular afirma que durante la grave epidemia de cólera de 1863, que causó miles de víctimas en Sevilla, únicamente se registró un fallecimiento en esta calle, correspondiente además a un huésped de una antigua posada y no a un vecino del lugar, circunstancia que muchos interpretaron como un hecho extraordinario.

Calle Córdoba

Azulejo de la Virgen del Rosario Coronada

A finales del siglo XIX también existieron en la calle diversas instituciones de carácter cultural y político, como el Círculo Numismático Sevillano y la Tertulia Escolar Republicana, inaugurada en 1903, prueba de la intensa vida social que se desarrollaba en este pequeño espacio urbano.

Hoy la calle Córdoba sigue siendo uno de los rincones con más encanto del casco histórico. Su incesante trasiego de visitantes, el aroma permanente del incienso, la sombra de sus toldos, la monumental presencia de la antigua torre almohade y el acceso al Patio de los Naranjos convierten este breve recorrido en una síntesis perfecta de la historia de Sevilla. En apenas unos metros conviven el legado islámico, la arquitectura barroca, la tradición comercial, las leyendas populares y el dinamismo de una ciudad que ha sabido conservar la memoria de su pasado sin renunciar a la vitalidad de su presente.