miércoles, 8 de julio de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Ruta de las Cruces

Cruz de Cerrajería.

Cruz de Cerrajería

La Cruz de la Cerrajería, considerada una de las obras maestras de la forja barroca sevillana, es uno de esos monumentos que, pese a su reducido tamaño, atesoran varios siglos de historia, devoción y tradición popular. Aunque hoy preside la Plaza de Santa Cruz, su emplazamiento original se encontraba en la antigua plazuela de la Cerrajería, en la confluencia de las actuales calles Sierpes y Rioja, un lugar que durante siglos constituyó uno de los espacios más transitados de la ciudad.

Primera ubicación de la cruz, en la confluencia de Cerrajería, Sierpes y Rioja

Sus orígenes se remontan a comienzos del siglo XVII, cuando los vecinos levantaron en aquel lugar una sencilla cruz de madera vinculada a un retablo callejero dedicado a la Virgen de Regla. La creciente devoción que despertó aquella cruz, unida al deterioro que sufría por permanecer a la intemperie, motivó que en 1692 se encargara una nueva cruz de hierro al maestro rejero Sebastián Conde, natural de Almonte. La obra fue costeada mediante suscripción popular y trasladada solemnemente desde las Gradas de la Catedral hasta la plaza de la Cerrajería el 1 de noviembre de ese mismo año, donde comenzó a recibir culto público. Cada 3 de mayo, festividad de la Invención de la Santa Cruz, el lugar se convertía en escenario de celebraciones religiosas y populares.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX la cruz protagonizó un continuo ir y venir por las calles de Sevilla. En varias ocasiones fue retirada para facilitar el paso de comitivas reales o mejorar la circulación de carruajes. En 1729 se desmontó con motivo de la visita de Felipe V y fue trasladada al cercano convento de las Mínimas. 

La cruz en el convento de las Mínimas

Cinco años después, una prolongada sequía castigó Andalucía y la tradición cuenta que el franciscano fray Sebastián de Jesús anunció que las lluvias regresarían cuando la cruz recuperara su emplazamiento original. Los vecinos solicitaron su restitución y, según relatan las crónicas, poco después comenzaron las esperadas precipitaciones, hecho que alimentó aún más la fama milagrosa del monumento.

La cruz volvería a ser retirada en distintas ocasiones, hasta que en 1840 fue desmontada definitivamente debido a las quejas de quienes consideraban que obstaculizaba el intenso tráfico de carruajes de la calle Sierpes. Aquella decisión provocó un notable descontento entre numerosos sevillanos, que incluso promovieron campañas para recuperar el monumento, convencidos de que protegía a la ciudad de calamidades y epidemias. Tras su retirada fue depositada en el entonces Museo Provincial, instalado en el antiguo convento de la Merced, actual Museo de Bellas Artes de Sevilla.

No sería hasta las primeras décadas del siglo XX cuando la cruz volvería a ocupar un espacio público. En 1916 el escritor e historiador Santiago Montoto propuso su recuperación y, tras varios debates sobre su ubicación, la Real Academia de Bellas Artes recomendó instalarla en la Plaza de Santa Cruz. Finalmente, en 1921 quedó colocada en el centro de la plaza, dentro del proyecto de remodelación diseñado por el arquitecto Juan Talavera, convirtiéndose desde entonces en uno de los símbolos más reconocibles del antiguo barrio de Santa Cruz.

Desde el punto de vista artístico, la Cruz de la Cerrajería constituye una extraordinaria muestra del barroco sevillano aplicado al hierro forjado. Sebastián Conde concibió una obra de gran riqueza ornamental, en la que la estructura queda prácticamente oculta bajo una exuberante decoración de hojas de acanto, flores, roleos y elementos vegetales trabajados con una delicadeza que recuerda más a la labor de un orfebre que a la de un herrero.

La iconografía de la Cruz de Cerrajería convierte este monumento en un auténtico compendio de simbolismo cristiano, donde cada detalle ornamental posee un significado espiritual. Lejos de ser un simple ejercicio decorativo, la rica labor de forja desarrolla un elaborado programa iconográfico centrado en la Pasión, la Redención y la victoria de Cristo sobre el pecado.

Cruz de Cerrajería

El repertorio vegetal está dominado por las hojas de acanto, que recorren el fuste y los brazos de la cruz, además de extenderse por la base en forma de roleos y grandes rosetas. Este motivo, heredado de la tradición clásica, adquirió en el arte cristiano un profundo valor simbólico al asociarse con la vida eterna y el sacrificio redentor de Cristo.

Detalle de los brazos de la cruz

En los lugares donde se clavaron las manos y los pies de Jesús aparecen representados los clavos, insertos en grandes lirios que sobresalen de la estructura. El lirio, tradicional símbolo de pureza, esperanza y resurrección, adquiere aquí un significado aún más profundo al surgir de las llagas de Cristo, evocando la redención de la humanidad. La tradición cristiana también relaciona esta flor con las lágrimas derramadas por Eva tras la expulsión del Paraíso, de las que, según una antigua leyenda, brotaron lirios como promesa de salvación. Sobre la cartela del INRI aparecen otros tres lirios que aluden a la Santísima Trinidad.

Detalle del INRI

Detalle de los lirios en los brazos de la cruz

En la parte superior de la cruz pueden apreciarse estilizadas representaciones de pasifloras o flores de la Pasión. Desde el siglo XVII esta planta fue interpretada como una imagen natural de la Pasión de Cristo, pues sus distintas partes recuerdan los instrumentos del suplicio: la corona floral se identifica con la corona de espinas, los estambres con los clavos, los estigmas con los tres clavos de la Crucifixión y los zarcillos con los azotes. Su disposición rodeando el cuerpo superior de la cruz parece reforzar precisamente esa evocación de la corona de espinas que ciñó la cabeza de Cristo.

También están presentes las rosas, otra flor cargada de simbolismo cristiano, vinculada a la sangre derramada por Cristo, al sacrificio redentor y a la promesa de una nueva vida.

En el centro de la cruz sobresale uno de los elementos más expresivos del conjunto: un corazón atravesado por el dolor y rodeado por la corona de espinas. Esta composición remite tanto al sufrimiento de Cristo durante la Pasión como al dolor compartido por la Virgen María al pie de la Cruz, convirtiéndose en una poderosa imagen del amor llevado hasta el sacrificio.

Detalle del centro de la cruz

La base del monumento completa este discurso simbólico con varias representaciones figurativas. Las serpientes que se enroscan en el pedestal personifican el pecado y el mal, definitivamente vencidos por la Cruz, mientras que los cuatro evangelistas ocupan las esquinas como testigos y custodios del mensaje de Cristo. Finalmente, los elegantes ángeles lampareros que sostienen los faroles acentúan el carácter devocional del monumento, concebido desde su origen como una auténtica cruz de humilladero o altar urbano, destinada a presidir y santificar el espacio público.

Detalle de la base del monumento

Detalle de la cabeza de una serpiente

Detalle de apóstol

Detalle de apóstol
Detalle de apóstol
Detalle de apóstol

Ángel lamparero

Durante mucho tiempo fue conocida indistintamente como Cruz de la Cerrajería y Cruz de las Sierpes. Sin embargo, diversos investigadores sostienen que esta última sería su denominación históricamente más precisa, ya que la cruz de hierro estuvo siempre situada junto a la calle Sierpes, mientras que la auténtica Cruz de la Cerrajería habría sido una cruz de madera distinta, hoy desaparecida. Sea cual sea el origen exacto de su nombre, lo cierto es que esta magnífica obra de Sebastián Conde continúa siendo uno de los grandes iconos de la Sevilla barroca y un magnífico testimonio de la importancia que tuvieron las cruces públicas en la religiosidad y la vida cotidiana de la ciudad.