AREA DE LA MAGDALENA
Puerta de Triana.
Puerta de Triana en
1868
La Puerta de
Triana fue uno de los accesos más importantes del recinto amurallado de Sevilla, tanto por su valor estratégico como por
su significado simbólico. Situada en el entorno de la actual calle Reyes
Católicos, en la confluencia con Santas Patronas, Zaragoza, Julio César y
Gravina, marcaba el punto de conexión entre el núcleo urbano y el arrabal de
Triana, al que se accedía a través del antiguo puente de barcas sobre el río
Guadalquivir.
Su origen se
remonta a época islámica, probablemente bajo dominio almorávide o almohade,
cuando formaba parte del sistema defensivo de la ciudad, debió ser, como las
restantes puertas de la ciudad, un baluarte con entrada acodada. Aquella primera
puerta respondía a criterios militares, aunque con el paso del tiempo fue
adquiriendo una función más representativa.
A finales del
siglo XVI, en un contexto de renovación urbana, el acceso fue completamente
transformado. En torno a 1585-1588, durante el reinado de Felipe II, se reconstruyó en un nuevo
emplazamiento, más al oeste, a la altura de Julio César y Santas Patronas, y
con un lenguaje arquitectónico renacentista que reflejaba el poder y la
prosperidad de la ciudad.
La nueva
Puerta de Triana presentaba una estructura monumental organizada en varios cuerpos.
Constaba de un bello cuerpo de arquitectura de orden dórico, atribuido por
algunos autores a Juan de Herrera. Contaba con dos fachadas prácticamente
idénticas, orientadas al interior y al exterior de la ciudad, y un gran arco de
medio punto como eje central. A ambos lados se disponían columnas estriadas que
sostenían una cornisa sobre la que se extendía un balcón corrido. El conjunto
se remataba con un ático en forma de frontón triangular, decorado con elementos
escultóricos, escudos y remates piramidales. En la fachada interior destacaba
la presencia del escudo de la ciudad, reforzando su carácter institucional.
Bajo este
remate se colocó una inscripción conmemorativa que recordaba la intervención
municipal y el patrocinio de la obra, así como la autoridad del monarca. En
ella se mencionaba también la participación de Don Juan Hurtado de Mendoza y
Guzmán, Conde de Orgaz, figura destacada en la supervisión de los trabajos.
Este tipo de inscripciones no solo cumplía una función informativa, sino que
también actuaba como propaganda del poder político y urbano.
“Siendo poderosísimo Rey de las Españas y de
nuestras provincias por la parte del orbe Felipe II, el amplísimo regimiento de
Sevilla juzgó deber, ser adornada esta puerta nueva de Triana, puesta en nuevo
sitio, favoreciendo la obra y asistiendo a su perfección Don Juan Hurtado de
Mendoza y Guzmán, Conde de Orgaz, superior vigilantísimo de la misma
floreciente ciudad en el año de la salud cristiana de 1588”.
Además de su
función como puerta de acceso, el edificio tenía usos complementarios. En su
parte superior albergaba el llamado Salón del Castillo, destinado a prisión de
nobles o personas de alto rango. Este espacio estaba bajo la custodia de
autoridades vinculadas a casas nobiliarias como los duques de Alcalá, lo que
refleja la compleja organización social y judicial de la época.
La Puerta de
Triana también desempeñó un papel destacado en ceremonias públicas. Era el
lugar habitual de entrada de los monarcas en sus visitas a la ciudad, como
ocurrió en 1729 con Felipe V, quien
accedió a Sevilla acompañado de una gran comitiva. Estas entradas solemnes
reforzaban el carácter representativo de la puerta como escenario de bienvenida
oficial.
A pesar de su importancia histórica y artística, la puerta
fue demolida en 1868, en un momento de profundas transformaciones urbanas, para agilizar el
tráfico de la zona, y facilitar la circulación, especialmente tras la apertura
de la calle Reyes Católicos.
La expansión
de la ciudad, la construcción del nuevo Puente de
Triana y la estación ferroviaria de Plaza de Armas, junto con el deseo
de modernizar los accesos, motivaron su desaparición. La decisión coincidió
además con un contexto político convulso, marcado por la caída de Isabel II y el inicio de un periodo
revolucionario que impulsó la eliminación de elementos asociados al pasado
monárquico.
El derribo
provocó una notable oposición popular, consciente de la pérdida patrimonial que
suponía. Sin embargo, en pocos días la puerta desapareció por completo. Sus
restos tuvieron destinos diversos: parte de los materiales se reutilizaron en
la construcción de una vivienda en la calle San Eloy, propiedad del contratista
encargado de la demolición, mientras que otros fragmentos, como columnas,
fueron trasladados a Jerez de la Frontera,
donde aún se conservan.
Hoy, la
Puerta de Triana pervive únicamente en grabados, descripciones y en la memoria
histórica de la ciudad. Su desaparición se considera uno de los ejemplos más
significativos de la pérdida del patrimonio monumental sevillano durante el
proceso de modernización del siglo XIX.
Puerta de Triana.
Entrada triunfal de Felipe V

