jueves, 12 de marzo de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen del Amparo.

Capilla de la Virgen del Amparo

En el crucero del lado del evangelio, de la iglesia parroquial de la Magdalena, se encuentra la capilla dedicada a la Virgen del Amparo. El espacio queda delimitado por una elegante reja fechada en el primer cuarto del siglo XVIII, pieza de notable valor artístico que no solo cumple una función de cierre, sino que contribuye a realzar el carácter solemne y devocional del recinto.

El interior está presidido por un retablo barroco del siglo XVIII, atribuido al ensamblador Cristóbal de Guadix. Se trata de una estructura de gran riqueza ornamental, articulada mediante columnas salomónicas que aportan dinamismo al conjunto y que responden plenamente al gusto escenográfico propio del barroco sevillano. La decoración, abundante y minuciosa, refuerza el carácter sagrado del espacio y dirige la atención hacia el centro del retablo, donde se sitúa la imagen titular.

Retablo

En el camarín central, revestido con azulejería decorativa, se venera la imagen de la Virgen del Amparo, escultura atribuida al escultor flamenco Roque Balduque y fechada hacia 1555. La policromía de la obra se atribuye tradicionalmente al pintor Antonio de Alfian. La adscripción de la escultura al maestro flamenco ha sido defendida por diversos especialistas. Entre ellos destacan las consideraciones del profesor José Hernández Díaz, así como los estudios de Juan Miguel González Gómez realizados con motivo de la exposición Los Esplendores de Sevilla, y los análisis más recientes del profesor José Roda Peña.

Virgen del Amparo


La advocación del Amparo hunde sus raíces en una de las plegarias más antiguas dedicadas a la Virgen en la tradición cristiana: la antífona “Sub Tuum Praesidium” (“Bajo tu amparo nos acogemos”), oración que expresa la confianza del pueblo cristiano en la protección maternal de María. A partir de esta invocación se desarrollaron diversas representaciones iconográficas en el arte cristiano, especialmente en Oriente, en las que la Virgen aparece como protectora de los fieles, a menudo con actitud orante o de intercesión.

La escultura de Nuestra Señora del Amparo es una imagen de bulto redondo de aproximadamente 1,53 metros de altura. Representa a la Virgen de pie sosteniendo al Niño Jesús en su regazo. El rostro responde a un ideal de belleza próximo a los modelos renacentistas, con rasgos serenos y equilibrados. Sus facciones rectas, la mirada suavemente baja y una leve sonrisa confieren a la imagen una expresión dulce y contenida. Este tratamiento revela la influencia del humanismo artístico del siglo XVI y la cercanía a ciertos planteamientos del arte italiano, perceptibles en el incipiente naturalismo de la escultura.

Detalle de la Virgen del Amparo

La composición rompe con la rigidez frontal característica de etapas anteriores. La figura presenta un ligero contraposto, visible en la flexión de la rodilla izquierda y en la inclinación de la cabeza, recursos que aportan naturalidad y movimiento al conjunto. Este planteamiento compositivo revela una sensibilidad más moderna dentro del panorama escultórico sevillano del momento.

La Virgen viste una túnica de color jacinto, ajustada en el cuello mediante un discreto cierre, decorada con una delicada estampación floral donde predominan los tonos dorados combinados con perfiles rojos y blancos. Sobre ella lleva una toca marfileña y un amplio manto azul con matices verdosos, ricamente estofado. El manto se organiza en abundantes pliegues que caen con elegancia alrededor de la figura. Su superficie se adorna con grandes medallones dorados cincelados, mientras que la cenefa perimetral presenta motivos vegetales en tonos azules, rojos y blancos sobre fondo dorado. Las vueltas interiores, también en tono marfil, muestran una decoración floral menuda en la que pequeñas flores de cuatro pétalos, perfiladas en rojo, contrastan con hojas verdes.

La túnica se dispone en amplios pliegues que se fragmentan en ondulaciones más pequeñas al llegar a los pies. Bajo el borde inferior, enriquecido con una fina ornamentación vegetal dorada, apenas se deja ver el zapato derecho de la Virgen, detalle que añade naturalidad al conjunto.

Detalle de la Virgen del Amparo


A lo largo del tiempo la imagen ha contado con un amplio ajuar textil compuesto por distintos mantos y sayas. En la actualidad se reviste habitualmente solo con manto durante el ciclo litúrgico anual. Para su salida procesional utiliza el manto bordado en 1851 por el bordador Manuel María Ariza, pieza de extraordinaria calidad que constituye una de las obras más destacadas de su patrimonio.

Sobre el brazo izquierdo de la Virgen se dispone la figura del Niño Jesús, que dirige su mirada hacia su madre mientras bendice con la mano derecha. El Niño aparece desnudo, símbolo de pureza e inocencia, cubierto únicamente por unos pañales de tonalidad rojiza que aluden simbólicamente al sacrificio redentor y anticipan la pasión de Cristo.

Detalle de la Virgen y el Niño Jesús


La imagen se enmarca en una ráfaga de plata realizada a finales del siglo XVIII por el platero Tomás de Pedraxas, obra representativa del gusto rococó. Entre las piezas históricas que posee la imagen destacan también las coronas de plata sobredorada que ya aparecen documentadas en representaciones antiguas de la Virgen, como la datada hacia 1750. Según la profesora María Jesús Sanz Serrano, estas piezas pueden situarse a comienzos del siglo XVIII. La corona, ricamente decorada con flores, querubines y óvalos con símbolos de las letanías lauretanas, ha sido atribuida al orfebre Juan Laureano de Pina.

Entre los atributos más característicos de la imagen se encuentra el corazón alado que sostiene en su mano derecha, obra fechable en la segunda mitad del siglo XVIII. Este símbolo, propio de la advocación del Amparo, representa la prontitud y misericordia de María para socorrer a quienes acuden a ella en momentos de necesidad. Su presencia responde al lenguaje simbólico de la emblemática barroca y remite de forma directa al sentido protector expresado en la plegaria del “Sub Tuum Praesidium”.

Detalle del corazón alado

Existe la leyenda de que el nombre primitivo de Nuestra Señora fue el de Virgen de Gracia, y que se cambió como consecuencia de un hecho milagroso durante el intento del robo sacrílego de la corona de la imagen en la que protegió al ladrón.

La tradición popular conserva además una leyenda relacionada con la imagen. Según este relato, la Virgen habría recibido en origen el título de Virgen de Gracia, cambiando posteriormente al de Amparo tras un episodio considerado milagroso. La historia, transmitida en un romance anónimo publicado hace algo más de un siglo en la revista “La Hojita Celeste”, narra el intento de robo sacrílego de la corona de la imagen. 

La Hojita Celeste. (ver) CC BY 3.0)


En el relato, un ladrón logra entrar de noche en la iglesia de la Magdalena y trata de apoderarse de la corona de la Virgen. Sin embargo, al tocarla queda inexplicablemente inmovilizado junto a la imagen. Al amanecer, el templo se llena de fieles, autoridades y clero que contemplan asombrados la escena. Finalmente interviene el prelado de la diócesis, identificado en ocasiones con el cardenal Enrique Almaraz y Santos, quien concede el perdón al culpable tras reconocer este la protección que la Virgen le había dispensado.

La Hojita Celeste. A la Virgen del Amparo (ver) CC BY 3.0)

La Virgen del Amparo es considerada patrona y protectora de la feligresía de la Magdalena. Su hermandad se fundó en 1736 y desde 1755 realiza su salida procesional el segundo domingo de noviembre. Esta procesión tiene su origen en un voto de acción de gracias formulado por la parroquia tras el devastador Terremoto de Lisboa de 1755. El seísmo se produjo el 1 de noviembre de ese año, coincidiendo con la celebración de la misa mayor del día de Todos los Santos. Ante el pánico causado por el temblor, clero y fieles invocaron la protección de la Virgen del Amparo, atribuyendo posteriormente a su intercesión la salvación de la feligresía.

La procesión se acompaña de un destacado despliegue litúrgico y musical. Entre las composiciones vinculadas a esta devoción destaca la “Plegaria de la Virgen del Amparo”, obra del compositor sevillano Joaquín Turina. Asimismo, al concluir la procesión se entona tradicionalmente la antífona mariana “Sub Tuum Praesidium”.

El paso procesional de la Virgen fue estrenado en 1927. Su realización se llevó a cabo en el taller de Antonio Corrales, con trabajos de talla de Rafael y Luis Domínguez según diseño del artista Montenegro.

Paso procesional de la Virgen del Amparo

La imagen ha sido objeto de varias intervenciones de conservación. Entre 1986 y 1987 fue restaurada por el especialista José Rodríguez Rivero Carrera con el patrocinio de la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla. Posteriormente, en 2015, se llevó a cabo una nueva limpieza y revisión técnica por parte de los restauradores Almudena Fernández García y José Joaquín Fijo León.