jueves, 22 de octubre de 2026

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Hotel Cristina.

El Hotel Cristina fue uno de los establecimientos hoteleros más destacados de la Sevilla del siglo XX y una de las construcciones singulares surgidas al calor de la Exposición Iberoamericana de 1929. Situado en el entorno de la Puerta de Jerez, junto al Paseo de Cristina y muy cerca del río Guadalquivir, nació con la intención de ampliar la oferta de alojamiento de la ciudad durante el certamen internacional. Su historia reúne arquitectura, vida social, espectáculos y episodios relacionados con la Guerra Civil, hasta desembocar en la profunda transformación que sufrió el edificio durante las últimas décadas del siglo pasado.

La construcción de este establecimiento respondió a la necesidad de disponer de nuevos alojamientos para los numerosos visitantes que se esperaban con motivo de la Exposición. El lujoso Hotel Alfonso XIII, concebido para una clientela de elevada capacidad económica, necesitaba un complemento que ampliara la oferta hotelera de la ciudad. Para ello se destinó al nuevo proyecto una parte de los jardines de Cristina, cuyo espacio quedó reducido por la construcción del inmueble. El hotel tomó precisamente su nombre de este paseo ajardinado, que a su vez lo había recibido de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, esposa de Fernando VII.

El proyecto fue encargado al arquitecto Modesto López Otero, una figura destacada de la arquitectura española de la primera mitad del siglo XX. Su trayectoria estuvo vinculada a diferentes corrientes renovadoras, Entre sus obras más conocidas se encuentran el edificio de la Unión y el Fénix Español, en la Gran Vía madrileña, y el monumento a las Cortes de Cádiz.

La elección de López Otero resultaba significativa en una Sevilla donde predominaba entonces el regionalismo arquitectónico, impulsado por figuras como Aníbal González, José Espiau y Muñoz y Juan Talavera y Heredia. Frente a las formas historicistas y regionalistas que caracterizaban buena parte de las construcciones vinculadas a la Exposición, el Hotel Cristina ofrecía una propuesta diferente, basada en la combinación de referencias neocoloniales y elementos propios del art déco.

La influencia neocolonial se manifestaba en determinados motivos ornamentales inspirados en la arquitectura de las antiguas misiones españolas de Norteamérica. Estos recursos se apreciaban especialmente en las puertas de acceso y en los detalles decorativos de la fachada, algunos de los cuales fueron dibujados por el propio arquitecto. El art déco, por su parte, aportaba una concepción más geométrica y ordenada de la composición, visible en la disposición de los huecos, las columnas de ventanas y diversos elementos ornamentales, aunque su presencia resultaba todavía más perceptible en los espacios interiores.

El resultado fue un edificio que se apartaba de las tendencias dominantes en la arquitectura sevillana de aquellos años y que introducía en la ciudad un lenguaje poco habitual. Su singularidad no residía únicamente en la apariencia exterior, sino también en la organización de sus dependencias y en la concepción moderna de sus instalaciones.

El Hotel Cristina abrió sus puertas el 14 de marzo de 1929, pocas semanas antes de la inauguración oficial de la Exposición Iberoamericana. Se había proyectado con 456 habitaciones y un centenar de cuartos de baño, una dotación considerable para la época. Sin embargo, las cifras publicadas sobre su capacidad y el número de habitaciones que continuaron destinadas a la actividad hotelera durante las décadas siguientes deben distinguirse de las correspondientes a las dependencias que acabaron convirtiéndose en viviendas.

Hotel Cristina. Año 1.928. (ver) (CC BY 3.0)

Aunque se concibió como una alternativa al vecino Hotel Alfonso XIII, el Cristina tampoco fue un establecimiento especialmente económico. Las referencias de la época sitúan en 28 pesetas por noche el precio de una habitación doble, una cantidad que permite apreciar que su clientela no se limitaba a los visitantes de recursos modestos. Empresarios, aristócratas, políticos, viajeros y profesionales encontraron en él una ubicación privilegiada, a escasa distancia del centro histórico y del frente portuario.

Su proximidad al Guadalquivir, a la Torre del Oro y a los principales espacios monumentales de Sevilla reforzaba su atractivo. Además, la vida del hotel no se circunscribía a sus huéspedes: pronto se convirtió en un lugar frecuentado por los propios sevillanos, especialmente por quienes buscaban ambientes elegantes y nuevas formas de entretenimiento.

Uno de los espacios más recordados del Hotel Cristina fue la denominada Parrilla, espacio que no estaba reservada exclusivamente a los clientes alojados en el establecimiento. Se trataba   de un amplio salón situado en el sótano que acogía bailes y espectáculos con orquestas y vocalistas. Su popularidad hizo que el local se convirtiera en uno de los lugares de ocio más conocidos de la Sevilla de aquellos años.

Durante los meses estivales, las celebraciones se trasladaban a la azotea, donde el espacio recibía el nombre de la Terraza del Cristina. La alternancia entre la Parrilla invernal y la Terraza veraniega convirtió el establecimiento en un escenario privilegiado de la vida nocturna sevillana.

La historia del establecimiento adquirió una dimensión diferente a partir de julio de 1936, cuando el golpe militar contra la Segunda República desencadenó la Guerra Civil española. El Hotel Cristina, por su ubicación y categoría, acogió a visitantes relacionados con aquel contexto político y militar. Entre ellos se encontraban integrantes de la Legión Cóndor alemana, así como periodistas y personalidades vinculadas al bando franquista.

Uno de los episodios más conocidos relacionados con el establecimiento fue el protagonizado por Arthur Koestler (1905-1983), escritor y periodista de origen húngaro que trabajaba para el periódico británico News Chronicle. Koestler viajó a España para informar sobre la Guerra Civil y llegó a entrevistarse con el general Gonzalo Queipo de Llano. Su actividad periodística encubría también una labor de información relacionada con el movimiento comunista internacional. La presencia de militares alemanes e italianos y de corresponsales extranjeros convirtió a Sevilla en un escenario de interés para los servicios de inteligencia de diferentes países.

Según los relatos publicados sobre el episodio, Koestler frecuentaba el bar del Hotel Cristina y mantenía conversaciones con militares españoles y alemanes. Tras ser reconocido y denunciado, fue detenido y encarcelado en Sevilla, donde permaneció varios meses antes de recuperar la libertad gracias a las gestiones realizadas desde el extranjero.

Tras los años de esplendor, el hotel comenzó a perder progresivamente parte de su actividad durante la década de 1960. Algunas de sus dependencias dejaron de utilizarse para el alojamiento turístico y fueron transformadas en viviendas. En torno a esta etapa destaca la figura la del torero Juan Belmonte (1892-1962), cuya vinculación con el inmueble aparece recogida en relatos y recuerdos de la época.

La decadencia del establecimiento desembocó finalmente en una profunda intervención inmobiliaria. En marzo de 1978, el diario ABC publicó información sobre el proceso que amenazaba la conservación del edificio. Los nuevos propietarios alegaban el mal estado de la construcción y defendían la necesidad de proceder a su demolición. La operación suele situarse entre finales de los años setenta y los primeros años de la década siguiente.

Se conservaron elementos de su imagen exterior, aunque con modificaciones, así como las galerías porticadas de la planta baja y determinados recursos ornamentales. También se mantuvieron, en distinto grado, la bicromía y algunos detalles decorativos que permitían reconocer la fisonomía del antiguo hotel.

El interior, en cambio, sufrió una transformación radical. Las antiguas habitaciones, dependencias y espacios comunes fueron sustituidos por una distribución adaptada a los nuevos usos, principalmente residenciales y comerciales. El patio y los espacios interiores perdieron buena parte de su configuración original, de modo que la conservación exterior no implicó la supervivencia efectiva del edificio histórico.

Por ello, el edificio que ocupa su emplazamiento conserva elementos que evocan la construcción diseñada por López Otero, aunque la apariencia exterior no debe confundirse con la supervivencia material de sus antiguos interiores.

Actual edificio Cristina