AREA CENTRO 2
Iglesia de la Anunciación. Hermandad del Valle.
La Pontificia, Real, Ilustre y
Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de
Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y
Santa Mujer Verónica constituye una de las corporaciones penitenciales más
antiguas, prestigiosas y ricas en historia de la Semana Santa de Sevilla. Su
devenir secular resume buena parte de la evolución de las cofradías sevillanas
desde la Baja Edad Media hasta nuestros días, conservando un extraordinario
patrimonio artístico, devocional y cultural.
Los orígenes de la hermandad se
remontan a dos antiguas corporaciones que florecieron en la Sevilla de los
siglos XV y XVI.
La primera fue la Hermandad de la Santa
Faz y Nuestra Señora de la Encarnación, fundada en 1450 por el cardenal Juan de
Cervantes en el desaparecido convento del Valle para rendir culto a una
representación del Santo Rostro de Cristo. Con el paso del tiempo, la imagen
mariana venerada en aquel monasterio hizo que la corporación fuera popularmente
conocida bajo la advocación de Nuestra Señora del Valle. En 1553 adoptó el
título de Hermandad de la Santa Verónica y Nuestra Señora del Valle,
transformándose en cofradía de penitencia conforme a las costumbres
espirituales de la época.
La segunda
corporación fue la Hermandad de la Coronación de Cristo, fundada en 1540 en la
parroquia de San Martín. Su nacimiento estuvo estrechamente ligado a la
veneración de una reliquia excepcional: una espina atribuida a la Corona de
Cristo, hallada en la primera década del siglo
XV, durante las obras de
reedificación del templo, en una caja de plomo con un escrito que la acreditaba con estas letras “Soy de
la Iglesia de San Martín”. Esta hermandad
desarrolló una intensa vida religiosa y penitencial, participando activamente
en las manifestaciones de fe que caracterizaron la Sevilla del Renacimiento. En 1566 la Hermandad se traslada al Convento de
Montesión, que los frailes dominicos poseían en la collación de San Juan de la
Palma, y en 1567 se aprueba el nuevo Libro de Reglas de la Coronación de Cristo.
En 1576 se traslada al Hospital de San Cosme y San Damián, pero al estar incluido este hospitalen la reducción de los hospitales de
Sevilla establecida por mandato del Cardenal Rodrigo de Castro, en el año 1588
la Hermandad de la Coronación regresa a la Iglesia de San Martín.
El 7 de abril de 1590 ambas corporaciones
acordaron su fusión, dando origen a la Hermandad de la Coronación y Nuestra
Señora del Valle y Santa Verónica. La nueva institución quedó establecida en el
convento del Valle, desde donde inició una etapa de crecimiento y esplendor.
Desde finales del siglo XVI realizaba estación de penitencia con varios pasos
procesionales que representaban escenas de la Pasión de Cristo, consolidándose
como una de las cofradías más relevantes de la ciudad.
En el
Sínodo Diocesano de 1604, el Cardenal Niño de Guevara instituye el Cabildo de
Horas de Salida. A partir de este Sínodo, la Autoridad Eclesiástica ordena que
todas las hermandades de Sevilla hagan estación de penitencia a la Santa
Iglesia Catedral, a excepción de las hermandades de Triana, que lo harán a la
parroquia de Santa Ana.
Durante
los siglos XVII y XVIII la hermandad afianzó su prestigio y enriqueció
notablemente su patrimonio. En torno a 1627 se realizó la imagen de Nuestra
Señora del Valle, una de las dolorosas más admiradas de Sevilla,
tradicionalmente atribuida al círculo de Juan de Mesa. En 1687 el escultor
Agustín de Perea talló la imagen del Santísimo Cristo de la Coronación de
Espinas, mientras que ya por aquellas fechas la corporación contaba también con
la imagen de Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro. En 1697 la Hermandad
adquiere una nueva capilla en el Convento del Valle que había pertenecido a la
cofradía del Gran Poder.
La
influencia de la hermandad llegó a ser tan notable que el gremio de los Maestros
Cereros mantuvo una estrecha vinculación con ella durante gran parte del siglo
XVIII, de tal modo que ningún cerero puede abrir tienda en Sevilla si antes no
se ha recibido como hermano en la cofradía.
Las dificultades no estuvieron ausentes
de su historia. El terremoto de 1755 causó importantes daños en sus
dependencias conventuales, mientras que las reformas ilustradas y las sucesivas
restricciones impuestas a las procesiones obligaron a la corporación a
adaptarse a los nuevos tiempos. Aun así, la devoción a sus titulares permaneció
firme y la cofradía continuó ocupando un lugar destacado en la religiosidad
sevillana.
El siglo
XIX resultó especialmente complejo. La invasión napoleónica provocó el cierre
del convento del Valle y la dispersión temporal de la hermandad, que hubo de
trasladarse en primer lugar a la
Iglesia de San Román y al
poco tiempo a la Iglesia de los Menores. Sin embargo, también fue una centuria
de importantes reconocimientos. En 1808 el rey Carlos IV concedió a la
corporación el título de Real, y el propio Rey y su hijo Don Fernando ingresan
como hermanos en la Cofradía, mientras que
en 1817 el papa Pío VII le otorgó la dignidad de Archicofradía, siendo la
primera hermandad sevillana en recibir tal privilegio. Posteriormente, en 1825,
el papa León XII le concedió el título de Pontificia. Estos honores explican la
singular composición de su escudo, donde se integran símbolos de la monarquía
española y del pontificado junto a referencias a la Pasión de Cristo.
En el
año 1829 la Hermandad se traslada a la Parroquia de San Andrés. Los cambios
políticos de 1868 y la resolución de la Junta Revolucionaria de suprimir varias
parroquias de Sevilla, entre ellas la de San Andrés, hace que la Hermandad se traslade
a la Iglesia de San Román, y pasada esta situación, vuelve a la Parroquia de
San Andrés, en 1870.
A finales del siglo XIX, en 1892, la
hermandad se estableció en el convento del Santo Ángel y vivió una importante
revitalización artística. En 1897 el compositor Vicente Gómez Zarzuela dedicó a
la Virgen la marcha procesional "Virgen del Valle", una de las
composiciones más emblemáticas y admiradas del patrimonio musical cofrade
sevillano.
Durante el
siglo XX la corporación continuó enriqueciendo su patrimonio y consolidando su
personalidad estética. El 5 de
julio de 1909, la imagen de Nuestra Señora del Valle estuvo a punto de ser
destruida por un incendio, lo que evitó con riesgo de su vida el hermano Don
Carlos Bernáldez. En 1910
Joaquín Bilbao restauró los daños y realizó el conjunto escultórico que
acompaña al Cristo de la Coronación de Espinas, configurando uno de los
misterios más reconocibles de la Semana Santa hispalense.
Tras la
proclamación de la II República Española en 1931, y como consecuencia de la ola
de violencia que se desencadenó contra la Iglesia, con la quema de conventos y
parroquias, las hermandades de Sevilla se organizan en defensa de sus
congregaciones creando la Federación de Hermandades. En los
meses anteriores al inicio de la Guerra Civil, la comunidad carmelita abandona
la Iglesia del Santo Ángel, lo que hace que los hermanos de la Archicofradía se
turnen durante el día y la noche para impedir que, en las revueltas que se
venían produciendo, se provocaran daños a las Sagradas Imágenes.
La Guerra
Civil obligó a ocultar las imágenes para preservarlas de posibles daños, el Cristo de la
Coronación de Espinas, en la casa de las Hermanas Rosa, Tula y Lola Piazza en
la plaza de la Magdalena; Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, en la casa
de los Jiménez Placer en la calle Rodríguez Marín; y la Virgen del Valle, en la
casa de D. Segismundo López de Rueda y D. Luís Piazza de la Paz en la calle
Jimios 10 y 12, una
circunstancia que testimonia la entrega y el compromiso de sus hermanos con la
conservación de su patrimonio.
En 1964 el Cardenal de Sevilla, José María Bueno Monreal, concede a la Hermandad la custodia de la Reliquia de la Santa Espina de la Corona de Nuestro Señor Jesucristo, que se encontraba en la Iglesia de San Martín y en 1970 la Archicofradía se trasladó definitivamente a la iglesia de la Anunciación, antiguo templo de la Casa Profesa de los jesuitas y actual sede canónica de la corporación.
En el Jueves Santo de 1996, la Hermandad saca por
primera vez en la estación de penitencia la reliquia de la Santa Espina,
portada en andas, en un ostensorio de oro y plata que labra en 1977 el orfebre
Manuel Seco Velasco.
La Virgen del Valle alcanzó uno de los
momentos culminantes de su historia reciente el 1 de noviembre de 2002,
solemnidad de Todos los Santos, cuando fue coronada canónicamente en la
Catedral de Sevilla. Aquel acontecimiento constituyó el reconocimiento oficial
a una devoción arraigada durante siglos en el corazón de los sevillanos.
Cada Jueves
Santo la Archicofradía realiza estación de penitencia con tres pasos. El primero es de estilo rocalla, decorado con espejos e iluminado por
cuatro faroles. Representa a Jesús
coronado de espinas mientras un soldado romano dos sayones y un
sanedrita se burlan de Él.
En el segundo paso estilo
barroco, dorado, e iluminado por cuatro faroles dorados en las esquinas y dos
plateados en el centro se representa a Jesús con la Cruz al hombro en el momento del encuentro con
las Santas Mujeres y con la Verónica. Por una
iniciativa del hermano y pintor Don Francisco Maireles Vela, desde el año 1980,
la Santa Mujer Verónica lleva en sus manos un paño con la Santa Faz, que cada
año reproduce un notable pintor.