domingo, 16 de agosto de 2026

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Ramón de Bonifaz.

Ramón de Bonifaz, conocido también como Ramón de Bonifaz y Camargo, fue un marino, mercader y hombre de armas del siglo XIII, considerado tradicionalmente el primer almirante de Castilla y una figura fundamental en la conquista cristiana de Sevilla. Su lugar de nacimiento continúa siendo objeto de debate entre los historiadores, aunque la documentación medieval lo vincula estrechamente con Burgos, donde aparece ya establecido desde las primeras décadas del siglo XIII. La tradición lo ha presentado asimismo como uno de los principales artífices de la creación de la Marina Real de Castilla.

Retrato de Ramón Bonifaz. Anónimo. Siglo XIX. Óleo sobre lienzo. 98,5 x 79,5 cm. Museo Naval de Madrid (ver) (CC BY 3.0)

Su nombre quedó unido para siempre a la historia de Sevilla en 1247, cuando el rey Fernando III le confió la organización y dirección de una flota destinada a colaborar en el largo asedio de la ciudad, entonces capital del poder almohade. Bonifaz tuvo que reunir hombres y embarcaciones en los puertos del Cantábrico, especialmente en las Cuatro Villas de la Costa —Laredo, Castro Urdiales, Santander y San Vicente de la Barquera—, reforzando posteriormente su escuadra durante el recorrido hacia el sur. Llegó a reunir trece naves de vela y cinco galeras construidas expresamente para la empresa a expensas de la Corona.

Ramón Bonifaz, Alcalte. Miniatura del Libro de la Real Cofradía de los Caballeros del Santísimo y de Santiago, fol. 23 recto, año 1338. (Archivo de la Real Cofradía de los Caballeros del Santísimo y de Santiago, Catedral de Burgos. Wikipedia).(ver) (CC BY 3.0)

La armada alcanzó la desembocadura del Guadalquivir a comienzos de agosto de 1247, después de una navegación difícil que puso a prueba la experiencia marinera de Bonifaz. Allí tuvo que enfrentarse a las embarcaciones musulmanas que intentaban impedir su avance y a los refuerzos enviados desde el norte de África. Una vez dominado el curso del río, la flota cristiana pudo cooperar con el ejército de Fernando III y facilitar el paso de las tropas hacia la margen derecha del Guadalquivir. Esta operación resultó esencial para intensificar el ataque sobre Triana y completar el cerco de Sevilla.

El principal obstáculo para el avance de la flota era el famoso Puente de Barcas, que comunicaba Sevilla con Triana y permitía mantener las comunicaciones y el abastecimiento de la ciudad desde el Aljarafe. La estructura estaba formada por embarcaciones unidas mediante gruesas cadenas y constituía una auténtica barrera para las naves cristianas. Mientras el puente permaneciera intacto, Sevilla podía continuar recibiendo víveres y mantener abierta una vía fundamental de comunicación.

El 3 de mayo de 1248 se produjo el episodio que la tradición convirtió en la gran hazaña de Bonifaz. Aprovechando las condiciones favorables de viento y marea, dos de las naves de mayor porte de la flota fueron preparadas para embestir el puente. Sus proas fueron reforzadas para soportar el impacto y las embarcaciones se lanzaron contra la estructura. El choque de la primera nave hizo estremecerse el puente, mientras que el segundo impacto terminó por quebrarlo. La nave en la que se encontraba Bonifaz fue precisamente la que culminó la ruptura.

La rotura del puente tuvo consecuencias decisivas. Sevilla y Triana quedaron definitivamente aisladas de una de sus principales vías de abastecimiento y los defensores perdieron la posibilidad de recibir nuevos socorros por aquella ruta. Aunque la resistencia musulmana continuó durante varios meses, el cerco cristiano pudo estrecharse hasta hacer inevitable la capitulación. Finalmente, el rey Axataf entregó Sevilla a Fernando III el 23 de noviembre de 1248. La conquista de la ciudad puso fin a la etapa almohade y abrió un nuevo capítulo en la historia sevillana.

La importancia de Bonifaz no terminó con la conquista. La experiencia adquirida durante el asedio demostró a la Corona castellana la necesidad de disponer de una fuerza naval permanente. En este contexto se desarrolló la Marina Real de Castilla y se impulsó la construcción de instalaciones navales en Sevilla. Las posteriores Atarazanas Reales, levantadas en el Arenal durante el reinado de Alfonso X, serían una consecuencia de aquella nueva importancia estratégica del Guadalquivir y de Sevilla como puerto marítimo y fluvial.

Como reconocimiento a sus servicios, Fernando III nombró a Ramón Bonifaz almirante de Castilla en 1250. El título lo convirtió en la máxima autoridad naval de la Corona y consolidó su condición de fundador de una tradición militar marítima que tendría una enorme importancia en la expansión castellana. Sin embargo, los grandes esfuerzos realizados durante la organización de la primera marina de guerra castellana terminaron afectando a su salud, por lo que solicitó retirarse a Burgos. Allí continuó desempeñando diversas funciones relacionadas con la administración de las rentas reales de los puertos castellanos. Murió en Burgos en 1256.

Su memoria quedó ligada durante siglos a la conquista de Sevilla. Fue enterrado en el monasterio de San Francisco de Burgos, fundado por él, donde su sepulcro llevaba una inscripción que lo recordaba como “primer Almirante de Castilla” y destacaba su participación en la conquista de Sevilla. El monasterio desapareció posteriormente, destruido durante la Guerra de la Independencia y demolido en el siglo XIX.

Monumento a San Fernando en la Plaza Nueva

Detalle del Almirante Bonifaz llevando en su mano derechas las cadenas del puente de barcas

La huella de aquella gesta también quedó incorporada a la heráldica de numerosas localidades del norte peninsular que participaron en la expedición. En los escudos de Cantabria y de localidades como Santander, Laredo, Comillas o Santoña aparecen representaciones relacionadas con la Torre del Oro y una nave que rompe las cadenas del Guadalquivir, evocando la intervención de las naves cántabras en la conquista de Sevilla. La tradición conserva incluso en Laredo una sección de las antiguas cadenas, junto a una reproducción de la nave atribuida a Bonifaz; dichas cadenas fueron trasladadas temporalmente a Sevilla en 1984 con motivo de la exposición La Torre del Oro y el río de Sevilla.

En Sevilla, su recuerdo permanece además en el callejero. En 1845 el Ayuntamiento sustituyó la antigua denominación de la vía por la de Bonifaz y, en 1876, añadió el título de Almirante, dando lugar al nombre de calle Almirante Bonifaz que ha llegado hasta nuestros días. De este modo, la ciudad reconocía la trascendencia de aquel marino que, al frente de su escuadra, desempeñó un papel decisivo en el acontecimiento que cambió para siempre la historia de Sevilla. En la propia calle puede contemplarse también su escudo heráldico, aunque actualmente se encuentra parcialmente oculto por el toldo de un establecimiento.

Calle Almirante Bonifaz con parte de su escudo