miércoles, 29 de julio de 2026

AREA CENTRO 1

Cárcel de la Real fabrica de Tabacos.

Situado junto al actual Hotel Alfonso XIII, este inmueble, hoy ocupado por dependencias de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, desempeñó durante más de dos siglos una función muy distinta: fue la cárcel de la Real Fábrica de Tabacos.

Cárcel de la Real Fábrica de Tabacos

Detalle del remate

Detalle de la cruz y veleta

La Real Fábrica de Tabacos fue concebida en el siglo XVIII como una auténtica ciudad industrial, una de las mayores de Europa, donde llegaron a trabajar varios miles de personas entre operarios, cigarreras, administrativos y personal de vigilancia. La complejidad de aquella enorme factoría hizo necesario dotarla de servicios propios que garantizaran su funcionamiento cotidiano: cuerpos de guardia, enfermería, capilla, almacenes e incluso una cárcel destinada a mantener el orden dentro del recinto.

Este edificio, levantado con la misma sobriedad y funcionalidad que caracteriza al conjunto diseñado por Sebastián Van der Borcht, acogía los calabozos y dependencias disciplinarias de la fábrica. No se trataba de una prisión ordinaria, sino de un establecimiento vinculado al fuero especial del que gozaba la institución.

El intendente de la fábrica, máxima autoridad administrativa, tenía facultades para ordenar el arresto temporal de aquellos trabajadores que cometieran pequeños delitos, alterasen el orden, protagonizaran riñas o infringieran las estrictas normas laborales que regían la vida de la manufactura.

Uno de los problemas más frecuentes era el contrabando de tabaco. El elevado valor del producto y la facilidad para ocultar pequeñas cantidades favorecían los intentos de sacar clandestinamente hojas o labores elaboradas fuera del recinto. Las cigarreras, inmortalizadas por la literatura y la ópera, no fueron ajenas a estas prácticas, por lo que algunas de ellas conocieron estas celdas disciplinarias tras ser sorprendidas por la guardia de la fábrica. Para evitar estas sustracciones existía un cuerpo de vigilancia permanente que controlaba los accesos y patrullaba las distintas dependencias del edificio.

El régimen de cumplimiento de las penas resulta especialmente revelador de la organización de la fábrica. Los arrestados no permanecían inactivos durante toda la condena. Cada mañana eran conducidos a sus puestos de trabajo, donde continuaban desempeñando sus labores habituales, y al finalizar la jornada regresaban a las celdas para pasar la noche. De este modo, el castigo no interrumpía la producción, uno de los principales objetivos de una institución cuya actividad era esencial para la Hacienda Real.

Las celdas, de reducidas dimensiones, eran espacios austeros, húmedos y escasamente iluminados, concebidos más como lugar de corrección que de larga reclusión. Sin embargo, la prisión también reflejaba la jerarquía existente dentro de la fábrica. La planta superior estaba reservada para empleados de mayor categoría o personas distinguidas, cuyas condiciones de alojamiento eran algo más confortables que las destinadas a los operarios comunes.

Hoy este edificio ha cambiado radicalmente de función. Sus antiguas dependencias penitenciarias albergan despachos y departamentos universitarios, especialmente vinculados a la Facultad de Geografía e Historia.

Aun así, se pueden descubrir numerosos vestigios de su pasado. Todavía se conservan algunos de los antiguos calabozos y los llamados galeones o celdas, así como las placas cerámicas que numeraban cada estancia.

Placas cerámicas

Placas cerámicas

En el vestíbulo una lápida explica la historia del edificio y las características de esta singular prisión, mientras que un panel cerámico reproduce el aspecto que presentaba la Real Fábrica de Tabacos en el siglo XVIII, cuando el recinto estaba todavía rodeado por su muralla.

Lápida que explica la historia del edificio

Vestíbulo

Panel cerámico de la Real Fábrica de Tabacos

Completa el conjunto una fuente decorada con el escudo de Carlos III, monarca bajo cuyo reinado culminó la construcción de la fábrica. En su basamento aparecen grabadas cuatro fechas fundamentales para la historia del edificio: 1757, año de su puesta en funcionamiento; 1812, cuando comenzaron a trabajar las primeras cigarreras; 1956, fecha de la adaptación del conjunto como sede de la Universidad de Sevilla; y 1974, año en que se realizó la nueva imagen de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna para la Hermandad de las Cigarreras.

Vestíbulo

Fuente con el escudo de Carlos III

La antigua cárcel constituye, en definitiva, uno de los rincones menos conocidos de la Real Fábrica de Tabacos. Su conservación permite comprender que aquel inmenso complejo industrial no era únicamente un lugar de producción, sino una auténtica ciudad autosuficiente, dotada de sus propias normas, autoridades, servicios y mecanismos disciplinarios, reflejo de la organización y del extraordinario poder económico que alcanzó la principal manufactura tabaquera de la España ilustrada.