sábado, 4 de julio de 2026

AREA CENTRO 2

Casa Cuna.

La calle Cuna debe su nombre al año 1558, cuando el arzobispo Fernando de Valdés promovió la creación de la Casa Cuna o Hospicio de Niños Expósitos, institución destinada a recoger y atender a los recién nacidos abandonados.

La Casa Cuna se ubicaba en el tramo comprendido entre las actuales calles Goyeneta y Acetres. El edificio, que disponía de iglesia y dependencias asistenciales, fue uno de los principales centros benéficos de la ciudad. El escritor británico Richard Ford describió el lugar como un espacio de tristeza y compasión, recordando la inscripción que podía leerse junto al torno donde se depositaban los niños abandonados: “Porque mi padre y mi madre me abandonaren, pero el Señor me acogió”, que actualmente podemos contemplar en la fachada de Galerías Madrid. Es una cita del libro de los Salmos de la Biblia, del rey David, en referencia a la protección divina en situaciones de desgracia y desamparo.

Fachada de Galerías Madrid

“Porque mi padre y mi madre me abandonaren, pero el Señor me acogió”

A lo largo de su historia, la Casa Cuna fue una institución marcada por la escasez de recursos económicos y por una constante dependencia de las limosnas, donaciones particulares y ayudas de instituciones benéficas. Esta frágil situación financiera se agravó notablemente durante el siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, cuando las crisis económicas y los cambios políticos redujeron aún más los ingresos destinados al sostenimiento del establecimiento, poniendo en peligro su capacidad para atender a los menores acogidos.

La profunda reorganización de la beneficencia pública emprendida durante el siglo XIX transformó también la administración de la Casa Cuna. En 1837, con la creación de la Junta Municipal de Beneficencia, la asistencia a huérfanos, niños abandonados, enfermos y personas necesitadas pasó a depender de la administración civil, iniciándose así un proceso de secularización de estos servicios. Poco después, la gestión del establecimiento quedó bajo la autoridad de la Junta Provincial de Beneficencia. Sin embargo, el funcionamiento cotidiano y el cuidado directo de los niños continuaron en manos de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl desde 1838, congregación que desempeñó una labor esencial durante más de un siglo.

En 1848 el centro adoptó oficialmente la denominación de Casa de Expósitos, consolidándose como el principal establecimiento benéfico de la provincia dedicado a la acogida de menores abandonados. La reforma administrativa de 1868 transfirió las competencias asistenciales a las diputaciones provinciales y, veinte años más tarde, la Diputación Provincial asumió la gestión directa de los establecimientos de beneficencia. Durante esta etapa, la Casa Cuna prestó acogida a niños de muy diversa procedencia: huérfanos, recién nacidos abandonados, hijos de madres solteras o de relaciones extramatrimoniales, hijos de viudas sin recursos, de viudos incapaces de atenderlos, de matrimonios sumidos en la pobreza o de mujeres que, por enfermedad, falta de leche o exigencias laborales, no podían hacerse cargo de su crianza. La institución se convirtió así en uno de los pilares de la asistencia social sevillana durante buena parte del siglo XIX y principios del XX.

Tras permanecer durante siglos en la calle Cuna, el histórico establecimiento abandonó definitivamente esta sede en 1914 para instalarse en un edificio de nueva planta proyectado por el arquitecto Antonio Gómez Millán. El inmueble, concebido en un elegante estilo regionalista, fue levantado sobre terrenos pertenecientes a antiguas huertas cedidas por Regla Manjón Mergelina, condesa de Lebrija. En esta nueva etapa la institución alcanzó un importante prestigio sanitario gracias a la labor de destacados pediatras como José González-Meneses Jiménez e Ignacio Gómez de Terreros, quienes impulsaron la modernización de la atención infantil, siempre con la colaboración de las Hermanas de la Caridad.

La Casa Cuna mantuvo su actividad hasta 1987, año en que desapareció como institución independiente al integrarse sus funciones en los Servicios de Atención a la Infancia de la Diputación Provincial, en colaboración con la Junta de Andalucía. Tres años más tarde, en 1990, el emblemático edificio inaugurado en 1914 fue cedido a la Fundación San Telmo, iniciando una nueva etapa con un uso muy distinto al asistencial que había desempeñado durante gran parte de su historia. Hoy, el recuerdo de la Casa Cuna permanece estrechamente ligado a la evolución de la beneficencia y de la protección a la infancia en Sevilla, siendo testimonio de una institución que, pese a sus dificultades, prestó amparo a miles de niños a lo largo de varios siglos.