sábado, 31 de enero de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Santos y Santas  

Beato Franco de Siena.

Franco nació en el año 1211 en Grotti, una pequeña aldea situada a pocas millas de Siena. Sus padres, Mateo Lippi y Celidonia, eran humildes labradores que procuraron para su hijo una educación mejor de la que ellos habían recibido. Siendo aún joven, lo enviaron a Siena a casa de un pariente con la intención de que estudiara, pero Franco mostró poco interés por el aprendizaje y desperdició aquella oportunidad entregándose al juego y a la vida despreocupada. Ante su falta de aprovechamiento, sus padres decidieron ponerlo como aprendiz de un curtidor de pieles.

La muerte de su padre marcó el inicio de una etapa todavía más oscura. Franco se dejó arrastrar por una vida de desorden moral, alejándose de Dios y perdiendo el respeto debido a su madre. Frecuentaba tabernas, se veía envuelto en riñas y se relacionaba con ladrones y prostitutas. Ni siquiera el fallecimiento de su madre logró conmoverlo; por el contrario, se sintió libre para dilapidar la herencia sin freno ni escrúpulos.

En 1229 estalló la guerra entre Siena y Orvieto, y como tantos otros jóvenes fue llamado a filas. El ambiente de la vida militar favoreció aún más sus vicios y excesos, encontrando en la soldadesca un terreno propicio para una conducta cada vez más degradada. Terminada la contienda, regresó a Siena y se entregó con mayor intensidad al juego, llegando incluso a permitir que otros ganaran para después robarles lo obtenido.

La tradición cuenta que, en uno de sus arrebatos más extremos, tras haberlo perdido todo en el juego, pronunció una blasfemia temeraria: “Me juego los ojos porque no creo en el que me los hadado” , es decir, se apostó los ojos, afirmando que no creía en Aquel que se los había dado. En ese mismo instante quedó ciego. Este hecho, que para muchos habría sido una desgracia irreparable, se convirtió para Franco en el comienzo de su conversión. La pérdida de la vista le hizo tomar conciencia de su vida pasada y despertó en él un profundo arrepentimiento.

Decidió entonces emprender una dura peregrinación a Santiago de Compostela. Caminaba cargado de cadenas, pidiendo perdón a cuantos encontraba y confesando públicamente sus pecados, buscando el desprecio de los hombres como forma de penitencia. Durante este camino se le atribuyen numerosos milagros y acontecimientos extraordinarios. Al llegar a Santiago, recibió la gracia de recuperar la vista y sintió el deseo de retirarse a una vida de soledad, oración y penitencia.

De regreso a Siena, fue absuelto por el beato Gregorio X. Poco después, tras escuchar un sermón del beato Ambrosio Sansedoni, tomó la decisión de recluirse en una pequeña celda, donde permaneció cinco años entregado a severas penitencias y a una intensa vida espiritual.

En el santuario de Santa María de Loreto tuvo una experiencia decisiva: se le apareció la Virgen María vestida con el hábito carmelita, asegurándole que Dios había perdonado sus pecados. En aquella visión, la Virgen le manifestó que la voluntad de su Hijo y la suya propia era que vistiera el hábito de la Orden del Carmen, prometiéndole la corona de gloria si perseveraba en el servicio con pureza y perfección.

Fue recibido en la Orden como hermano lego cuando ya había superado los sesenta y cinco años. A pesar de su avanzada edad, destacó por el fervor y la radicalidad de su nueva vida, ganándose fama de santidad. Practicó durísimas mortificaciones: llevaba cadenas de cilicio, se alimentaba solo de hierbas los martes, jueves y domingos, y los demás días se sostenía únicamente con la comunión eucarística.

Se narra también que tuvo una aparición de Cristo crucificado, quien le mostró las llagas padecidas por la humanidad y le mandó realizar un crucifijo idéntico. Con esta imagen recorría las calles predicando la penitencia y la conversión, exhortando a todos a volver a Dios.

El beato Franco murió en olor de santidad y fue sepultado en el convento carmelita de Cremona. En ocasiones se le confunde con otro homónimo, el beato Franco de Siena conocido como Francisco Patrizi, de la Orden de los Siervos de María, fallecido en 1328, con quien no debe identificarse.

Iglesia del Santo Ángel

A los pies de la nave de la Epístola se abre la capilla de la Virgen del Carmen, fundada por la Orden en 1558 y conocida como “la de la portería”. A ambos lados de la Virgen se disponen las imágenes de Santa María Magdalena de Pazzi  y del beato Franco de Siena, esculturas igualmente anónimas del siglo XVIII, vinculadas espiritualmente a la orden del Carmen.

Capilla de la Virgen del Carmen

Beato Franco de Siena

Detalle del Beato Franco de Siena

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