RUTAS POR SEVILLA: Santos y Santas
Beato Franco de Siena.
Franco
nació en el año 1211 en Grotti, una pequeña aldea situada a pocas millas de
Siena. Sus padres, Mateo Lippi y Celidonia, eran humildes labradores que
procuraron para su hijo una educación mejor de la que ellos habían recibido.
Siendo aún joven, lo enviaron a Siena a casa de un pariente con la intención de
que estudiara, pero Franco mostró poco interés por el aprendizaje y desperdició
aquella oportunidad entregándose al juego y a la vida despreocupada. Ante su
falta de aprovechamiento, sus padres decidieron ponerlo como aprendiz de un
curtidor de pieles.
La
muerte de su padre marcó el inicio de una etapa todavía más oscura. Franco se
dejó arrastrar por una vida de desorden moral, alejándose de Dios y perdiendo
el respeto debido a su madre. Frecuentaba tabernas, se veía envuelto en riñas y
se relacionaba con ladrones y prostitutas. Ni siquiera el fallecimiento de su
madre logró conmoverlo; por el contrario, se sintió libre para dilapidar la
herencia sin freno ni escrúpulos.
En 1229 estalló
la guerra entre Siena y Orvieto, y como tantos otros jóvenes fue llamado a
filas. El ambiente de la vida militar favoreció aún más sus vicios y excesos,
encontrando en la soldadesca un terreno propicio para una conducta cada vez más
degradada. Terminada la contienda, regresó a Siena y se entregó con mayor
intensidad al juego, llegando incluso a permitir que otros ganaran para después
robarles lo obtenido.
La tradición
cuenta que, en uno de sus arrebatos más extremos, tras haberlo perdido todo en
el juego, pronunció una blasfemia temeraria: “Me juego los ojos porque no creo
en el que me los hadado” , es decir, se apostó los ojos, afirmando que no creía
en Aquel que se los había dado. En ese mismo instante quedó ciego. Este hecho,
que para muchos habría sido una desgracia irreparable, se convirtió para Franco
en el comienzo de su conversión. La pérdida de la vista le hizo tomar
conciencia de su vida pasada y despertó en él un profundo arrepentimiento.
Decidió
entonces emprender una dura peregrinación a Santiago de Compostela. Caminaba
cargado de cadenas, pidiendo perdón a cuantos encontraba y confesando
públicamente sus pecados, buscando el desprecio de los hombres como forma de
penitencia. Durante este camino se le atribuyen numerosos milagros y
acontecimientos extraordinarios. Al llegar a Santiago, recibió la gracia de
recuperar la vista y sintió el deseo de retirarse a una vida de soledad,
oración y penitencia.
De regreso a
Siena, fue absuelto por el beato Gregorio X. Poco después, tras escuchar un
sermón del beato Ambrosio Sansedoni, tomó la decisión de recluirse en una
pequeña celda, donde permaneció cinco años entregado a severas penitencias y a
una intensa vida espiritual.
En el santuario
de Santa María de Loreto tuvo una experiencia decisiva: se le apareció la
Virgen María vestida con el hábito carmelita, asegurándole que Dios había
perdonado sus pecados. En aquella visión, la Virgen le manifestó que la
voluntad de su Hijo y la suya propia era que vistiera el hábito de la Orden del
Carmen, prometiéndole la corona de gloria si perseveraba en el servicio con
pureza y perfección.
Fue recibido en
la Orden como hermano lego cuando ya había superado los sesenta y cinco años. A
pesar de su avanzada edad, destacó por el fervor y la radicalidad de su nueva
vida, ganándose fama de santidad. Practicó durísimas mortificaciones: llevaba
cadenas de cilicio, se alimentaba solo de hierbas los martes, jueves y
domingos, y los demás días se sostenía únicamente con la comunión eucarística.
Se narra
también que tuvo una aparición de Cristo crucificado, quien le mostró las
llagas padecidas por la humanidad y le mandó realizar un crucifijo idéntico.
Con esta imagen recorría las calles predicando la penitencia y la conversión,
exhortando a todos a volver a Dios.
El beato Franco
murió en olor de santidad y fue sepultado en el convento carmelita de Cremona.
En ocasiones se le confunde con otro homónimo, el beato Franco de Siena
conocido como Francisco Patrizi, de la Orden de los Siervos de María, fallecido
en 1328, con quien no debe identificarse.
Iglesia del Santo Ángel
A los
pies de la nave de la Epístola se abre la capilla de la Virgen del Carmen,
fundada por la Orden en 1558 y conocida como “la de la portería”. A ambos lados
de la Virgen se disponen las imágenes de Santa María Magdalena de Pazzi y
del beato Franco de Siena, esculturas igualmente anónimas del siglo XVIII,
vinculadas espiritualmente a la orden del Carmen.
Capilla de la Virgen del Carmen
Beato Franco de Siena
Detalle del Beato Franco de Siena



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