viernes, 30 de enero de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Iglesia del Santo Ángel.

HISTORIA

En la calle Rioja, entre la plaza de la Magdalena y la calle Tetuán, se alza la iglesia del Santo Ángel, un templo que suele pasar inadvertido al viandante. Su discreción se debe, en buena medida, a que se encuentra retranqueado respecto a la alineación de los edificios colindantes y flanqueado por construcciones modernas de notable altura, lo que atenúa su presencia en el paisaje urbano. Forma parte del antiguo convento-colegio de los Carmelitas Descalzos, dedicado a Nuestra Señora de la Misericordia del Carmen y al Santo Ángel de la Guarda.

La fundación de este establecimiento religioso se remonta a finales del siglo XVI y estuvo vinculada al convento de Nuestra Señora de los Remedios, creado en 1574 en el arrabal de Triana, edificio que hoy se conserva como Museo de Carruajes. En aquellos años, la comunicación entre Triana y Sevilla se realizaba únicamente a través del antiguo puente de barcas, lo que suponía frecuentes incomodidades para los frailes en sus desplazamientos cotidianos a la ciudad.

Con el permiso del provincial de la orden en Andalucía, Agustín de los Reyes, así como del arzobispo y del cabildo municipal, los carmelitas adquirieron unas casas en la calle Rosario, donde se establecieron el 30 de agosto de 1587. Al año siguiente se trasladaron a un solar de la entonces llamada calle Ancha de la Magdalena, hoy calle Rioja, terreno que fue comprado al Hospital de la Santa Cruz de Jerusalén.

El crecimiento del colegio hizo pronto necesaria la construcción de nuevas dependencias. En un primer momento se intentó obtener el patrocinio de los cónsules genoveses, quienes impusieron como condición que el convento se dedicara al Ángel de la Guarda y a San Jorge. Este acuerdo no llegó a concretarse, ya que en 1601 se instituyó un nuevo patronato encabezado por Martín Ruiz de Vernui, oidor de la Chancillería de Granada, y su esposa Beatriz de Montoya. Ambos dotaron al colegio conventual con una renta anual de 2.000 ducados y donaron varias casas anexas. A iniciativa suya, el establecimiento pasó a denominarse convento de Nuestra Señora de la Misericordia del Carmen y del Ángel de la Guarda.

Al carecer los patronos de descendencia directa, los derechos de patronazgo recayeron posteriormente en los señores de Benamejí, el mariscal de Alcalá y diversos cargos de la Real Audiencia de Sevilla, como regentes, oidores, alcaldes y el fiscal. Estos tenían derecho a celebrar funciones religiosas en el templo y a recibir sepultura en la capilla mayor.

El edificio que ha llegado hasta nuestros días fue levantado siguiendo las trazas del arquitecto Alonso de Vandelvira (ver), entonces maestro mayor de obras de la Casa Lonja. La dirección de los trabajos recayó en el albañil Diego Rodríguez, con la participación del maestro de obras Juan de Segarra y del arquitecto Pedro Sánchez Falconete.

El templo fue bendecido el 16 de noviembre de 1608 por el cardenal arzobispo de Sevilla, Fernando Niño de Guevara, probablemente cuando aún no estaba completamente terminado, y permaneció siempre bajo la custodia de la Orden del Carmen Descalzo.

Fernando Niño de Guevara (ver) (CC BY 3.0)

En sus inicios, el convento contó con un noviciado, para transformarse más adelante en un colegio donde se impartían enseñanzas de Teología Escolástica y Teología Moral.

La historia del edificio se vio alterada en 1810, con la invasión francesa de Sevilla, cuando el convento fue exclaustrado. En marzo de 1811 pasó a ser ocupado por una comisión de la Real Escuela de las Tres Nobles Artes, aunque poco después el gobernador general francés, Agustín Darricau, lo destinó a cuartel del Cuarto Batallón Cívico. Durante este periodo se mantuvo el culto en la iglesia, atendido por el párroco de la Magdalena.

Como ocurrió con muchos otros templos y conventos sevillanos, el edificio sufrió saqueos y la pérdida de buena parte de su patrimonio artístico durante los años de la dominación francesa.

Tras la expulsión de las tropas napoleónicas, el convento fue devuelto a los religiosos en 1813, aunque estos volverían a ser expulsados con motivo de la desamortización de 1835.

A partir de entonces, el inmueble tuvo diversos usos civiles, entre ellos cuartel de carabineros, sede de la Sociedad de Jurisprudencia, de la Real Sociedad Sevillana de Amigos del País, Liceo Universitario y casa de vecinos. Pese a ello, los carmelitas exclaustrados continuaron atendiendo el culto de la iglesia en calidad de capellanes.

Durante el periodo posterior a la Revolución de 1868 (ver), el edificio fue incautado con la intención de ser demolido para abrir una nueva calle entre Rioja y Lombardos, proyecto que finalmente no se llevó a cabo.

En 1880, la Orden del Carmen solicitó su regreso al antiguo convento, petición que finalmente se hizo efectiva en 1904, con la correspondiente autorización de la Santa Sede y del arzobispado. Ese mismo año, siendo cardenal arzobispo de Sevilla don Marcelo Spínola (ver), lo que restaba del templo —prácticamente la nave central— volvió a ser propiedad de los Carmelitas Descalzos.

Cardenal arzobispo de Sevilla don Marcelo Spínola

En 1917 se llevó a cabo una profunda remodelación del edificio, que afectó tanto al interior como a la fachada principal. Las obras estuvieron dirigidas por el arquitecto Aníbal González (ver), quien además adosó una pequeña portada posterior con acceso por la calle Muñoz Olivé.

En 1972 se procedió al derribo de parte del antiguo colegio anexo para levantar un nuevo inmueble que incorporó un pasaje comercial. En la actualidad se conservan del siglo XVII el templo, la sacristía y algunas dependencias vinculadas a esta, y junto a ellos continúa existiendo un convento de la Orden del Carmen.

El templo está dedicado a las distintas devociones propias de la Orden Carmelita y es sede de la Orden Tercera Seglar. Asimismo, fue fusionado con la Archicofradía del Milagroso Niño Jesús de Praga, fundada a comienzos del siglo XX, y con la Esclavitud del Glorioso Corazón del Señor San José, instituida en 1744 por canónigos de la Catedral y miembros de la nobleza sevillana.

EXTERIOR

El acceso al templo se realiza desde la calle Rioja. Tras franquear una reja de hierro se llega a un reducido atrio que precede a la portada principal, fechada en el siglo XVII. A la derecha de este espacio se levanta el edificio que alberga el nuevo convento, inaugurado en 1983 por el entonces arzobispo de Sevilla, fray Carlos Amigo Vallejo.

Este conjunto conventual presenta una discreta fachada hacia la calle Muñoz Olivé, caracterizada por el uso de vidrieras y un diseño atribuido al arquitecto Aníbal González, ya en el siglo XX, integrándose con sobriedad en el entorno urbano.

Detalle de la fachada

La portada principal, ejecutada en piedra y datada en torno a 1640, se articula en un solo cuerpo. En el dintel de la puerta destaca la presencia de un querubín que sostiene una cartela con la inscripción latina: “Angelis suis Deus mandavit te ut custodiant te in omnibus viis tuis”, cuya traducción recuerda que Dios encomendó a sus ángeles la misión de proteger al hombre en todos su sus caminos.

Detalle de la cartela

Sobre la puerta se dispone un frontón partido que acoge en su centro una hornacina avenerada. En ella se encuentra la imagen del titular del templo, el Ángel de la Guarda, representado en actitud protectora junto a un niño. El conjunto se remata con un segundo frontón de forma triangular, coronado por una cruz de piedra. En este nivel se abre una ventana que proporciona iluminación natural al coro alto.

Frontón superior

Detalle del santo Ángel


En el muro lateral izquierdo del templo pueden contemplarse varios paneles cerámicos, entre los que destacan los dedicados a la Virgen de la Estrella y a San Expedito. En el lado derecho se desarrolla la fachada del convento, adornada con un notable azulejo de la Virgen del Carmen Coronada, junto al que se sitúa el acceso al museo vinculado al conjunto.

Virgen de la Estrella

Rotulo

Virgen del Carmen Coronada

Virgen del Carmen Coronada

Finalmente, en el exterior del muro lateral derecho se alza una espadaña con cuatro campanas, visible desde el patio del cercano centro comercial, que completa la silueta exterior de este histórico enclave religioso.

INTERIOR

El interior presenta la típica organización en cruz latina con tres naves, siendo las dos laterales de una reconstrucción moderna, y crucero de brazos muy cortos.

Vista general desde los pies del templo

Vista general desde la cabecera del templo


La nave central está iluminada por óculos y se cubre con bóveda de cañón. En su fondo, cubierta por el Coro alto, está iluminada por una vidriera dedicada al Ángel de la guarda.

Detalle del coro alto

En el centro del crucero se alza una gran bóveda semiesférica, iluminada por una linterna, cuyo centro se decora con un gran florón. Numerosos detalles de decoración en bóvedas delatan el diseño directo de Vandelvira.

Detalle de la bóveda

Las naves laterales, cubiertas por bóvedas de arista, están sujetadas por pilastras cuadrangulares que soportan arcos de medio punto y se exornan con decoración de yeserías.

Detalle de una nave lateral

En los muros podemos ver numerosos cuadros.

Destacar a la izquierda, en el lado del evangelio, San Isidro y los bueyes ayudado por el ángel, San Rafael y Tobías, y la Visión de Abraham con los tres ángeles.

En el lado de la epístola, desde los pies al presbiterio, vemos Santa Teresa asistida por los Ángeles, la Virgen del Carmen amparando la orden, y la lucha de Jacob y el ángel.

Todas estas obras son de Francisco y Miguel Polanco, escuela de Zurbarán, de mediados del XVII, entre 1646 y 1649.

En las pilastras hay pinturas modernas de Santos Carmelitas: el polaco San Rafael Kalinoswki, la española Santa Maravillas de Jesús, la francesa Santa Teresita del Niño Jesús, la chilena Santa Teresa de los Andes y la italiana Santa Teresa Margarita Redi.

Recordando las piezas que fueron sustraídas en la desamortización, donde salieron once pinturas de pacheco, una de Zurbarán, otra de Rubens, y se han perdido tallas de Roldán, Montañés, Mesa y Ocampo, entre otros.

Nave de la Epístola

Sobre la primera pilastra del lado derecho se sitúa un Crucificado conocido como el Cristo de la Buena Muerte, atribuido a Andrés de Ocampo (ver).

Cristo de la Buena Muerte

A continuación, se dispone una vitrina que alberga una imagen de Ecce Homo del siglo XVIII, presentada para la veneración privada. Sobre ella cuelga un lienzo de San José con el Niño, de la escuela de Murillo, obra de carácter doméstico y devocional, que subraya la espiritualidad familiar y protectora del santo patriarca.

Ecce Homo

San José con el Niño

A los pies de la nave de la Epístola se abre la capilla de la Virgen del Carmen, fundada por la Orden en 1558 y conocida como “la de la portería”. Se ubica en un antiguo espacio, donde los cartujos tenían una hospedería y una capilla donde podían quedarse al venir a Sevilla desde la cartuja. Resto de la misma es el magnífico artesonado que la cubre, organizado en celdillas hexagonales de gran belleza y notable efecto decorativo, de finales del siglo XVI con piñas y motivos de grutesco. El frontal del altar es del siglo XVIII.

Está presidida por la imagen de la titular. Se trata de una talla anónima de mediados del siglo XVIII, concebida para salir en procesión, representada según la iconografía carmelitana tradicional. El Niño Jesús que sostiene en brazos es también de autor desconocido. Sus rasgos parecen coincidir con la escuela italiana del siglo XVIII. 

Capilla de la Virgen del Carmen

Virgen del Carmen

Virgen del Carmen

Detalle de la Virgen del Carmen

Detalle de la Virgen del Carmen

Detalle de la Virgen del Carmen

A ambos lados de la Virgen se disponen las imágenes de Santa María Magdalena de Pazzi (ver) y del beato Franco de Siena (ver), esculturas igualmente anónimas del siglo XVIII, vinculadas espiritualmente a la orden del Carmen.

Santa María Magdalena de Pazzi

Detalle de Santa María Magdalena de Pazzi

Beato Franco de Siena

Detalle del Beato Franco de Siena

En el muro izquierdo cuelga un lienzo con una representación de la Inmaculada Concepción (ver), claramente inspirada en los modelos murillescos. La decoración pictórica de la capilla se completa con una Inmaculada del siglo XVII, una pintura de Santa Filomena del siglo XIX y la imagen del Niño Jesús conocido como el Consuelito, conjunto que refuerza el carácter devocional y mariano de este espacio.

Inmaculada Concepción

Le sigue la capilla de Santa Teresita del Niño Jesus y la Santa Faz (ver), con un retablo del último tercio del siglo XVIII, que se articula mediante columnas de orden corintio que alberga una hornacina central para la titular. Destaca la calidad de los marmorizados con una variedad gama cromática, desde los ocres hasta los carmesíes, azules y verdes.

Retablo

La talla procede de los talleres levantinos y muestra la santa carmelita descalza con el Niño Jesús. Posiblemente se encargó para su canonización en 1925. Es la patrona de la Misiones de la Iglesia desde 1927 y Doctora dela Iglesia en 1997. 

Santa Teresita del Niño Jesús

Detalle de Santa Teresita del Niño Jesús

A los lados destaca dos pinturas ovaladas, obras Isabel de Sola, de los padres de Santa Teresita, San Luis Martín y Celia Guerin, beatificados en 2008 por Benedicto XVI, canonizados por el Papa Francisco el 18 de octubre de 2015. 

Luis Martín

Celia Guerin

El retablo se remata con una pintura del siglo XVII que representa la Santa Faz, ubicada aquí cuando se colocó a la Santa Carmelita que tomo este atributo de la Pasión como nombre religioso.

En la mesa un escudo del Carmen Descalzo. 

Santa Faz

Le sigue la Capilla de San Antonio de Padua (ver). El retablo es uno de los más bellos del templo, se atribuye a Francisco de Acosta, de estilo rococó y que presenta grandes similitudes con los que talló para la Capilla del Palacio Arzobispal en 1781. Se trata de un gran retablo con hornacina central para cobijar la imagen del titular. Se remata con una pequeña hornacina que alberga la talla de San Blas (ver)

Retablo

Hornacina de san Blas

La imagen de San Antonio de Padua se puede relacionar con la producción de Benito Hita del Castillo (ver). Lleva en su mano izquierda un libro sobre el que aparece el Niño Jesús, imagen de plomo montañesina de mediados del siglo XVII.

San Antonio de Padua

Detalle de San Antonio de Padua

Detalle del pie de San Antonio de Padua

A los lados las efigies de San Ángelo de Sicilia (ver) y san Bruno (ver). San Ángelo es obra de Francisco Antonio Ruiz Gijón (ver), sobre 1657, y representa al mártir carmelita del siglo XIII que sufrió el martirio al ser atravesado por las flechas y por una cimitarra en la cabeza.

San Ángelo

Detalle de San Ángelo

San Bruno es el fundador de los cartujos, ataviado con su hábito blanco. Es una talla del siglo XVII y pudo pertenecer a la capilla que los cartujos tenían en este templo.

San Bruno

En la hornacina inferior se presenta una imagen de terracota del Niño Jesús del Sillón, sentado, del siglo XVIII. Le acompañan los santos del Carmelo, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, obras en terracota para vestir debidas a José Manuel Bonilla. 

Niño Jesús con Santa Teresa y San Juan de la Cruz

A continuación, se abre la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús (ver), presidida por un retablo de notable valor histórico y artístico. Esta obra fue realizada en 1819 por José de Acosta y Valdés y reformada posteriormente, en 1830, por José Ximénez y Francisco Escacena, quienes adaptaron su estructura y ornamentación a los gustos de la época. El retablo perteneció originalmente a la hermandad de la Lanzada (ver), que lo estrenó durante su estancia en el convento de San Francisco de Paula. En 1851 fue trasladado a este templo, coincidiendo con la acogida de la corporación en el mismo, permaneciendo aquí hasta 1916, año en que fue vendido a la Esclavitud del Sagrado Corazón de Jesús del templo carmelitano. Como testimonio de su origen, aún conserva el resplandor con el escudo de la hermandad penitencial.

Retablo 

Detalle del ático del retablo con el resplandor y el escudo de la hermandad penitencial

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús que preside la capilla está considerada una de las más bellas de la ciudad. Pertenece a la escuela levantina de principios del siglo XX y representa al Sagrado Corazón Eucarístico, tal como evidencian los ángeles que, a los pies de la imagen, portan los atributos propios de la Sagrada Eucaristía. Se trata de una escultura de gran calidad artística, con un rostro sereno y una mirada profunda que transmite cercanía y confianza al fiel. Destacan los delicados detalles de pedrería en las vestiduras, ricamente policromadas con motivos vegetales y florales de clara inspiración modernista. Según la tradición conventual, esta imagen habría sido distinguida con un premio nacional de escultura, lo que refuerza su relevancia dentro del patrimonio devocional y artístico del templo.

Sagrado Corazón de Jesús

Detalle del Sagrado Corazón de Jesús

Detalle de los ángeles a los pies de la imagen

Le sigue la Capilla del Profeta san Elías (ver). El retablo es el más antiguo de la Iglesia, de mediados del siglo XVII, presenta columnas salomónicas y parece que se concibió para albergar una imagen de crucificado, pues presenta los atributos de la Pasión de Cristo en su interior. Se remata con una cartela que ostenta el escudo de la cartuja. Puede corresponder a que la Orden de los Cartujos contaba con una capilla propia en este templo. La mesa de altar pertenece al siglo XVIII.

Retablo

Cartela


La imagen se atribuye al escultor valenciano Blas Molner (ver), de 1791, autor de las imágenes de los arcángeles del presbiterio. Representa al profeta sosteniendo el libro de la ley y la espada flamígera que lo identifica por su celo en la defensa del Señor Dios de los Ejércitos. Es venerado por los carmelitas porque fue precisamente en el monte Carmelo donde se enfrentó y derrotó a la malvada Jezabel y sus cuatrocientos cincuenta profetas (Libro de los Reyes). Viste túnica y capa de piel con las tonalidades del hábito de los carmelitas, como inspirador de la Orden y modelo de oración y defensa del único Dios. Destaca la calidad de la escultura, especialmente en la expresividad del rostro. 

Profeta Elías

Detalle del Profeta Elías

Detalle del rostro

Detalle de los pies


Cierra esta nave la Capilla de Nuestra Señora de Lourdes y Santa Bernadette (ver). Capilla que reproduce la Gruta de Massabielle, cerca de Lourdes, donde la Santísima Virgen se apareció a la joven Bernardita Soubitous en el año 1858. La Virgen se le apareció un total de 18 veces, la ultima el día 16 de julio del mismo año, Solemnidad del Carmen, donde exclamó: ”Nunca la vi tan hermosa”.

La Capilla fue costeada por Don Francisco de Recur, con un magnifico retablo de mármoles decorado con oro, donde destaca el mármol de ágata, al estilo neoclásico. Los pintores Gonzalo Bilbao y Antonio Cavallinio trabajaron en su decoración. Gonzalo Bilbao pintó dos grandes lienzos de medio punto (Stella Matutina Y Regina Virginum), que actualmente se conservan en el Protectorado de la Infancia en Triana. 

Capilla

La imagen de la capilla se trajo de Francia en 1887, habiendo sido tocada en la Gruta de Lourdes. En la aureola lleva las palabras que la Virgen dijo a Bernardita en la aparición del 25 de marzo de 1858: ”Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Detalle de la Virgen y san Bernardita

Detalle de la Virgen

Detalle de san Bernardita


En el brazo del crucero de esta nave derecha, se muestra el Retablo de la Inmaculada (ver). El retablo puede datarse hacia 1860, coetáneo con el retablo mayor del templo, ya que presenta los mismos elementos arquitectónicos y decorativos. Policromado en tonos ocres y dorados, presenta detalles marianos en el resplandor superior y en la mesa de altar, todo ello vinculado a su titular mariana. En la parte superior lleva dos angelotes sedentes. A los lados, las imágenes de Ángeles y en el ático un gran resplandor con el nombre de María.

Retablo

Detalle de la parte superior

Detalle de un ángel lateral


La Inmaculada Concepción es una talla de 1,95 m., genial creación de Pedro Duque Cornejo (ver), una de las más bellas imágenes de la Inmaculada en el arte hispalense. Fue encargada por el Convento Casa Grande de san Francisco en 1743 como imagen procesional. Destaca por el movimiento de sus ropajes, la exquisita policromía y estofado en oro y la belleza de su rostro que refleja su pureza, limpia de todo pecado. Fue donada por el Beato Marcelo Espínola (ver) a la comunidad para establecer las Hijas de María y que le dieran culto.

Inmaculada Concepción

Detalle de la Inmaculada Concepción


Le sigue un “Tríptico de la Coronación de la Virgen del Carmen” de Jonathan Sánchez Aguilera datado en 2015, acompañado por el Ángel de la Guarda (derecha) y el Arcángel San Rafael (Izquierda)

Tríptico de la Coronación de la Virgen del Carmen


En el muro lateral hay cuadros modernos de San Ángelo de Sicilia y El Encuentro de Elías con el rey Acab, obras de Matías Arteaga.

“San Ángelo Mártir” es una pintura del siglo XVIII que representa al mártir carmelita siciliano que sufrió martirio en el siglo XVIII.

“El Encuentro de Elías con el rey Acab” es una pintura de principios del siglo XVIII que representa el momento en que el Profeta Elías, vestido de carmelita, reprende al rey Acab por haber abandonado al Señor. 

A continuación, vemos el Retablo de la Virgen del Pilar (ver). Se trata de un original retablo de la segunda mitad del siglo XVIII, en que se mezclan elementos como los estípites con una decoración de marmorizados creando una obra singular. Antiguamente destinado a San Juan de la Cruz, se destinó a la Virgen del Pilar a finales del siglo XIX. 

Vista del retablo al fondo de la nave de la epístola

Espacio del retablo

Detalle del retablo


En el ático presenta un curioso relieve de la Conversión de Santa María Magdalena, que aparece arrodillada ante una figura femenina, una de las santas mujeres, que le muestra un cuadro del Crucificado.  

Conversión de Santa María Magdalena


Encima del retablo, el cuadro de San Juan de la Cruz y la Trinidad, estilo barroco de segunda mitad del XVIII.

San Juan de la Cruz y la Trinidad


La Virgen del Pilar está realizada en plata de ley a finales del siglo XIX, de medidas idénticas a la de Zaragoza. Tuvo una asociación que cuidaba de ella, hoy le hacen un homenaje el día 12 de octubre la comunidad aragonesa en Sevilla. Posee una interesante colección de mantos bordados y un fajín obsequio del rey Alfonso XIII. Fue camarera de esta imagen Dona María de las Mercedes de Borbón y Orleans, madre del rey Juan Carlos I. 

Camarín de la Virgen del Pilar

Detalle de la Virgen del Pilar


La Virgen del pilar está flanqueada por las efigies de Santa Isabel de la Trinidad (izquierda, mirando de frente) y Santa Edith Stein (a la derecha).

Santa Isabel de la Caridad nació en Bourgeos, Francia, en 1880 y falleció a los 27 años dejando escritos referidos a la Trinidad. El autor de esta efigie es Romero Zafra del año 2006, coincidiendo con el centenario de la muerte de la santa.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz o Edith Stein es una obra tallada por Luis Álvarez Duarte en el año 2000. Realizada en madera de caoba representa a la Santa carmelita descalza de origen judío, convertida al catolicismo leyendo a Santa Teresa y murió en la cámara de gas de Auschwitz.

Santa Isabel de la Trinidad

Santa Edith Stein


El Grupo de Santiago Apóstol, es un conjunto de terracota del siglo XVIII, representa la famosa aparición del apóstol en la batalla de Clavijo el 23 de mayo del año 844 para vencer a las tropas sarracenas. Es una verdadera miniatura en cada uno de sus detalles.

Grupo de Santiago Apóstol


Ver también el cuadro renacentista de la Virgen de la Pera, obra renacentista de Luis de Vargas, siglo XVI, recientemente donado a este convento carmelita.

Junto al retablo vemos un lienzo que representa a San Ángelo.

En el interior del arco tenemos la pintura moderna de los precursores de Cristo, el profeta Elías y San Juan Bautista.

Al pie de la pilastra que sostiene el arco toral del lado de la Epístola, aparece una vitrina que contiene una imagen de vestir de tamaño natural de la Virgen de la Candelaria (ver), anónimo del siglo XVIII. 

Vitrina con la Virgen de la Candelaria

Detalle de la Virgen de la Candelaria


Presbiterio y Altar Mayor


Vista general del Presbiterio y Altar Mayor

El presbiterio está separado de la nave central por un gran arco toral. En los laterales hay dos ángeles lampadarios atribuidos a la Roldana (ver), siglo XVII, procedentes del convento Regina Angelorum.

El presbiterio está decorado en la zona derecha con un cuadro de la Inmaculada Concepción, atribuido a Juan del Castillo (ver) de 1.630, en tanto que en el izquierdo está la Virgen de Guadalupe, obra firmada por José Cruz en 1688. 

Ángel lamparario

Detalle del rostro del ángel lamparario

Inmaculada Concepción

Virgen de Guadalupe

El fondo del presbiterio está ocupado en su totalidad por el Retablo Mayor, de estilo neoclásico (primera mitad del XIX) que sustituye al de 1625 que había contratado Luis de Figueroa y destruido durante la invasión francesa. El actual, de 1862, se hizo por mediación del fraile exclaustrado capellán del templo el P. Jose María de la Santísima Trinidad Campos, y costeado por D. Manuel Ramos Calonge.

Se compone de banco, sotobanco, un cuerpo con tres calles (más ancha la central) y ático. Consta de cuatro grandes columnas de orden corintio que sostienen un entablamento, rematado por un gran resplandor con el Ave María Reina. Destacan las excelentes labores marmolizadas que simulan al mármol original. 

Altar Mayor


En su cuerpo central se abre un amplio camarín, decorado con pinturas del pintor Maireles del siglo XX, que alberga una talla de la Virgen del Carmen, en posición sedente, sujetando al Niño Jesús con el brazo izquierdo, obra de Cristóbal Ramos del año 1780, cuando se encontraba en plena transición del periodo barroco al neoclásico, y en la obra se aprecian ambos estilos, manteniendo el barroco en el movimiento de los ropajes, cuyos pliegues se ven favorecidos por la ductilidad de la tela encolada, material con el que están realizados,  en tanto que el rostro de la Virgen se parece más a una diosa griega que a una Virgen clásica sevillana.

Con la mano izquierda María toma a su Hijo. Abre sus brazos para captar la devoción del espectador. Con su mano izquierda toma la bola del Mundo y con la diestra el escapulario. María viste hábito carmelita y Jesús túnica roja con vueltas verdes. Todo este conjunto da muestra del insigne escultor que fue Cristóbal Ramos (ver), por su perfecta ejecución tanto desde el punto de vista formal como compositivo.

Es tal su devoción que ha sido coronada canónicamente el 10 de octubre de 2015.

A los pies del camarín se sitúan dos angelotes que sostienen el escapulario, obras de Lourdes Hernández en 2011, destacan por las posturas y gracia infantiles.

Camarín 

Detalle de la Virgen del Carmen

A los lados del camarín, en sendas hornacinas, se nos muestra a Santa Teresa de Jesús (ver) y San Juan de la Cruz, originalmente colocadas en otros retablos de la iglesia. Antiguas imágenes de candelero para ser vestidas, a las que Juan Abascal hizo los cuerpos de talla en los años setenta. La imagen de santa Teresa es barroca del siglo XVIII, mientras que la del Santo puede ser atribuida a Pedro Roldan (ver).

Santa Teresa

Detalle de Santa Teresa

San Juan de la Cruz

Detalle de San Juan de la Cruz

En el banco del retablo se sitúan las esculturas de San Rafael y el Ángel de la Guarda, tallas de Blas Molner realizada en 1792 para el presbiterio del templo. Obras que suponen ya la entrada en el neoclasicismo, con menor presencia de labores en oro, y con una composición elegante y solemne. 

San Rafael

Detalle de San Rafael

Ángel de la Guarda

Detalle del Ángel de la Guarda

El Niño Jesús de la Espina es una imagen del siglo XVIII que preside el manifestador del retablo. Posiblemente sea una talla de procedencia italiana.

Niño Jesús de la Espina

Nave del Evangelio

A la izquierda del presbiterio, ante la pilastra correspondiente al evangelio, del arco toral, se muestra una vitrina acristalada con el grupo escultórico de “La Coronación de la Virgen”, atribuido a Cristóbal Ramos (ver).

La Coronación de la Virgen

Detalle


En la cabecera de la nave del Evangelio está la Capilla Sacramental, del siglo XX, diseñada por Aníbal González (ver), con retablo trazado por Hernández Díaz.

Capilla Sacramental con la Virgen María Salud de los Enfermos

Capilla Sacramental con el Cristo de los Desamparados 


Sobre la entrada hay dos cuadros de Santa Teresa con San José, siglo XVII, y confortado por el Nazareno siglo XX.

Santa Teresa con San José

Confortado por el Nazareno


Antiguamente, esta capilla estuvo presidida por santa Teresa (ver) por lo que el interior está totalmente decorado y cubierto por una cúpula con murales dedicados a esta santa, obra de Manuel Cañas siglo XX. En las pechinas se muestra el escudo de armas su familia. Se complementa con los zócalos de azulejos de Triana, fábrica de Mensaque y Cía, donde vemos junto a los episodios de la vida de la Santa, escenas de la vida de Cristo. 

Cúpula

Detalle de la Cúpula

Azulejo con la Adoración de los pastores

Decoración de las paredes

Decoración de las paredes

Esta capilla se complementa por un magnífico Sagrario, obra de Gabella Baeza de 1962.

Sagrario

La capilla suele estar presidida por el crucificado, Cristo de los Desamparados  o de la Sopa (leer mas) aunque en una visita estaba situada la Virgen María Salud de los Enfermos, dolorosa de vestir que se atribuye a Juan de Astorga (ver)  (imagen que recuerda mucho a las Vírgenes que procesionan en Semana Santa).

Cristo de los Desamparados o de la Sopa

Virgen María Salud de los Enfermos

Detalle de la Virgen María Salud de los Enfermos

Detalle de la Virgen María Salud de los Enfermos

El crucero del lado del Evangelio está ocupado por el retablo de la Esclavitud del Señor san José, cotitular de la Hermandad. Realizado entre 1813 y 1818, con la participación de Miguel Albín, acogió a los tres titulares de la Hermandad del Valle cunado estuvieron en este templo entre 1893 y 1970.

Es de estilo clásico del siglo XIX, con altar, banco, un solo cuerpo de tres calles separadas por columnas estriadas corintias y ático.

Vista del tramo del evangelio correspondiente al retablo de san José.

Lo preside, al centro, talla de San José con el Niño (ver) realizada en 1806. Fue encargada por la hermandad de Esclavitud de San José, fundada en 1744. Se trata de una imagen de aire clásico que muestra al Santo Patriarca sosteniendo en brazos a un Niño Jesús. El escultor Juan de Mesa (ver) contrató con el prior y comunidad de este convento el 8 de agosto de 1620 la ejecución de una imagen de San José que no se ha conservado en la actualidad.

San José con el Niño

Detalle de San José con el Niño

La flanquean el grupo de Santa Ana (ver) enseñando a leer a la Virgen, obra documentada de Pedro Roldán (ver), donada por Doña Ana María de Paivaen 1694 al convento. Representa la educación de la Virgen Niña, siendo una de las obras maestras de Roldan en cada uno de sus detalles, destacando los rostros de las imágenes y las labores de estofado. 

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen

En el otro lateral, un San Joaquín (ver) de principios del siglo XVIII, obra de Hita del Castillo (ver). Representa al padre de la Virgen sosteniendo en brazos a la Niña María, ataviada con vestiduras concepcionistas y coronada de estrellas. Obra de gusto plenamente rococó en las formas y en la decoración de rocalla.

San Joaquín

En el centro, en una pequeña hornacina se sitúa una talla del Niño Jesús de estilo montañesino. Es el Niño Jesús “El Custodio”, talla siglo XVIII, que perteneció a Fray Humberto, sacristán del convento. Lleva las llaves del convento en su mano, ya que es su custodio.

Hornacina con el Niño Jesús

Detalle del Niño Jesús

El ático se decora con pintura de la Verónica con el paño de la Santa Faz del XIX, obra de Andrés Rossi en 1818, recuerdo de la estancia en el templo de la hermandad penitencial del Valle

Detalle del ático

Pintura de la Verónica


En el lado derecho los cuadros del XVII de Ecce Homo (ver), Santa María Magdalena de Pazzi​​ (ver) y la cabeza de San Pablo. 

Ecce Homo

Santa María Magdalena de Pazzi

Cabeza de San Pablo


En el muro izquierdo vemos los cuadros del XVII de Santa Teresa y la cabeza de San Juan.

Santa Teresa 

Cabeza de San Juan

Continuando hacia los pies aparece un retablo del siglo XIX con una dolorosa de vestir titulada Virgen María de la Salud de los enfermos (Maria Salus Infirmorum), que se atribuye a Juan de Astorga Cubero (ver) y que hemos comentado su situación provisional en la Capilla Sacramental. En su lugar su sitúa aquí la Inmaculada del Corazón de María (ver), imagen que se venera en la clausura del convento y colocada provisionalmente en este altar de la Virgen de la Salud. 

Retablo con la Virgen María de la Salud de los Enfermos

Retablo con la Inmaculada del Corazón de María

Virgen María de la Salud de los Enfermos

Inmaculada del Corazón de María

La flanquean tallas de Teresa de Redi (izquierda mirando de frente) y la beata María de Jesus, del siglo XVIII.

La primera fue una monja carmelita italiana del siglo XVIII, que murió a los 23 años, tras dedicarse a cuidar enfermos, practicar la caridad y hacer penitencia.

Teresa de Redi

Detalle

María de Jesús nació en Guadalajara en 1560. Ingresó en la Fundación Teresiana de San José en Toledo y fundó el Carmelo de Cuerva en Toledo, ciudad en la que falleció a los ochenta años.

Beata María de Jesús

Detalle

El siguiente hito del recorrido es el retablo, neoclásico en mármol, dedicado a santa Teresa de Jesús (ver). Se trata de una obra de creación reciente, cuyo grupo escultórico fue entregado por su autor, Francisco Romero Zafra, en mayo de 2007.

La escena representada alude a uno de los episodios más conocidos y significativos de la vida espiritual de la santa: la Transverberación, experiencia mística que ella misma dejó relatada con palabras de gran fuerza expresiva mientras se hallaba en oración: “Veía un ángel junto a mí, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos. Veíale en las manos un dardo y al fin me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios”.

El conjunto escultórico plasma el instante culminante de ese arrobamiento, cuando el ángel se dispone a clavar en el corazón de Teresa el dardo del Amor divino. La santa aparece consumida por ese fuego interior, símbolo de su unión plena con Dios, y en su pecho se inscribe el nombre de Cristo como expresión visible de esa entrega absoluta. El ángel actúa movido por la inspiración del Espíritu Santo, presente en la escena como origen y garante de la experiencia mística, susurrándole el inicio de esta profunda manifestación interior que transforma el alma de la carmelita.

La imagen de santa Teresa responde a la tipología de candelero, con un notable cuidado en la talla de la cabeza, las manos y, de manera poco habitual, también de los pies. Se presenta ataviada con un rico hábito y capa, siguiendo la tradición iconográfica de las imágenes de la santa veneradas en los conventos, tanto femeninos como masculinos, de la Orden del Carmelo. No obstante, en los días ordinarios recibe una indumentaria más austera, confeccionada en estameña basta, evocando con fidelidad la sencillez del hábito que ella misma vistió en vida.

El ángel, por su parte, está realizado en talla completa. Viste ropajes de carácter textil, ceñidos a la cintura, que dejan al descubierto el torso y las piernas, aportando dinamismo y ligereza a la figura. Apoyado sobre un conjunto de nubes, inclina y gira la cabeza hacia la representación del Espíritu Santo, de quien recibe la indicación para lanzar el dardo ardiente sobre el corazón de Teresa, cerrando así una escena de intensa carga simbólica y espiritual.

Retablo

Detalle de Santa Teresa y el ángel

Detalle de Santa Teresa y el ángel

En los laterales se muestran las Imágenes de San Francisco de Paula (ver), atribuido a Cristóbal Ramos,  y san José con el Niño, del taller de Roldan, sustituida temporalmente por San Juanito.

San Jose es la gran devoción que fomenta santa Teresa en su época, poniendo todos los conventos carmelitas descalzos bajo su protección. Ella nos dice sobre el “Santo Patriarca”:

“Tomé por abogado y Señor al glorioso San José, y me encomendé mucho a Él … “

San Francisco de Paula

Detalle de San Francisco de Paula

San José con el Niño

San Juanito

Otro de los retablos del templo, muy semejante en traza y proporciones al anterior, está dedicado a uno de los cotitulares de la Hermandad: el Milagroso Niño Jesús de Praga. Esta advocación del Niño Dios es la más extendida y universal dentro del ámbito carmelitano, difundida por los Carmelitas Descalzos desde su célebre santuario de la ciudad de Praga.

Retablo

La imagen primitiva, de origen español, fue donada en 1628 por doña Polixena de Lobkowicz al convento carmelita de Praga. Pronto alcanzó gran fama por los numerosos favores y milagros atribuidos a su intercesión, lo que motivó que fuese conocida popularmente como el “Milagroso” Niño Jesús. La iconografía lo presenta revestido con ricas vestiduras imperiales, en alusión a su realeza como Señor del Cielo y de la Tierra, coronado y sosteniendo el orbe en su mano, símbolo de su soberanía universal.

Milagroso Niño Jesús de Praga

Milagroso Niño Jesús de Praga

Detalle 

Dicha imagen original fue trasladada en 2006 al convento de las Teresas de Écija, tras ser sustituida por la actual escultura, realizada por el imaginero sevillano Fernando Aguado. Esta nueva talla es la que hoy recibe culto en el retablo y la que participa en la salida procesional del 17 de julio, acompañando a la Virgen del Carmen de la entrada.

El conjunto se completa con un interesante programa pictórico, obra del imaginero, pintor y restaurador sevillano Antonio Díaz Arnido. Las pinturas, dispuestas de abajo hacia arriba y de izquierda a derecha siguiendo el sentido de las agujas del reloj, representan al Venerable Francisco del Niño Jesús, conocido como “el Indigno”; a doña Polixena de Lobkowicz en el momento de entregar la imagen del Niño Jesús a los Carmelitas Descalzos de Praga; en el ático, una gloria de ángeles que portan el lema fundamental de esta devoción: “Cuanto más me honréis, más os favoreceré”; la escena de la Sagrada Familia visitando a los ermitaños del Monte Carmelo; y, finalmente, la figura del beato Eufrasio del Niño Jesús.

El retablo fue bendecido el 15 de noviembre de 2008 por el cardenal don Carlos Amigo Vallejo, con motivo de la conmemoración del IV Centenario del templo.

Francisco del Niño Jesús, conocido como “el Indigno”

Doña Polixena de Lobkowicz entrega la imagen del Niño Jesús a los Carmelitas Descalzos de Praga

Rompimiento de gloria, de ángeles que portan el lema fundamental de esta devoción: “Cuanto más me honréis, más os favoreceré”

Detalle

Sagrada Familia visitando a los ermitaños del Monte Carmelo

Beato Eufrasio del Niño Jesús.

Le sigue uno de los espacios devocionales más frecuentados de este templo, es el altar dedicado a san Expedito (ver), tradicionalmente invocado como protector y abogado de las causas difíciles y urgentes. La devoción al santo se apoya en la tradición que lo presenta como un militar romano que vivió a comienzos del siglo IV y que llegó a ser comandante de una legión durante el gobierno del emperador Diocleciano.

Según la leyenda hagiográfica, el momento decisivo de su vida llegó cuando, tocado por la gracia divina, decidió abrazar el cristianismo, profundamente impresionado por la serenidad y fortaleza con que los cristianos afrontaban el martirio. En ese instante, el espíritu del mal se le habría aparecido bajo la forma de un cuervo, repitiéndole insistentemente la palabra “mañana”, invitándolo a posponer su conversión. Expedito, rechazando cualquier dilación, aplastó al cuervo y proclamó con determinación: “¡Hoy, sin aplazamientos!”. Este gesto simbólico explica que sea considerado intercesor en situaciones que requieren una respuesta inmediata, cuando la demora puede acarrear graves consecuencias. Junto con santa Rita y san Judas Tadeo, san Expedito es también uno de los santos más invocados en lo que popularmente se conocen como causas imposibles.

El retablo que acoge esta devoción es de estilo neogótico y fue sufragado en 1894 por doña Margarita Lugo de Viñas, viuda de Power. Su ejecución se debe al tallista y dorador Rossy, en colaboración con el pintor Antonio Cavallini, conformando un conjunto armónico que responde al gusto historicista propio de finales del siglo XIX.

Retablo

La imagen de san Expedito es una talla en madera realizada a mediados del siglo XX. Porta una cruz con la inscripción "Hoy" y aplasta un cuervo, que clama por escapar con la palabra "cras".

San Expedito

Flanquean al santo, a la izquierda del espectador, la figura de san Nicolás de Bari (ver) y, a la derecha, la del beato Francisco Palau y Quer. Este último fue un sacerdote carmelita descalzo que desarrolló su ministerio en un periodo especialmente convulso para la Iglesia, durante la primera mitad del siglo XIX. Sufrió el exilio en Francia y posteriormente el confinamiento en la isla de Ibiza. A él se le atribuyen dones de profecía y de curación, lo que le acarreó denuncias y procesos judiciales por ejercer sanaciones sin ser médico. Asimismo, practicó en diversas ocasiones exorcismos que, según las fuentes, resultaron exitosos. En 1860 fundó dos congregaciones religiosas: las Hermanas Carmelitas Misioneras y las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas.

San Nicolás de Bari

Beato Francisco Palau y Quer

Remata el retablo una pintura de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (ver). Una de las advocaciones más populares y difundidas, no solo en España, sino en el resto del mundo. La difusión de su devoción se debe a los padres de la congregación del Santísimo Redentor.

Se trata de una representación inspirada en el célebre icono bizantino, ya muy venerado en el siglo XV y trasladado a Roma en 1499, donde quedó bajo la custodia de la Congregación del Santísimo Redentor, responsable de su difusión universal. La imagen que aquí se contempla, conocida también como la Virgen del Santo Ángel, es una copia realizada por el pintor Antonio Cavallini a partir del icono original que se venera en Roma, en la casa principal de la orden redentorista.

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Continuamos ante el retablo de Nuestra Señora de los Siete Dolores (ver), advocación mariana que presenta a la Virgen como madre y consuelo de cuantos sufren. Se trata de una obra de estilo neoclásico, concebida por fray Juan Dobado, cuya policromía fue realizada por Antonio Díaz Arnido y cuyo dorado corresponde a Manuel Antonio Ruiz-Berdejo, trabajos concluidos en el año 2009.

Retablo

El conjunto está presidido por un busto de la Dolorosa, con el corazón traspasado por siete puñales, símbolo de los padecimientos que marcaron toda la vida de María. La imagen se erige como una síntesis magistral del dolor materno de la Virgen y, al mismo tiempo, como refugio espiritual para quienes atraviesan momentos de aflicción en este valle de lágrimas.

Esta escultura constituye la primera obra realizada para Sevilla por el imaginero cordobés Francisco Romero Zafra. Fue ejecutada en 2005 siguiendo los modelos tradicionales de la escuela barroca española en las Dolorosas de medio cuerpo, reinterpretados con un lenguaje contemporáneo. El intenso realismo de la talla, especialmente en la expresión del rostro y la mirada, ha propiciado una rápida y profunda devoción, a pesar de su relativamente reciente incorporación al templo.

Busto de la Dolorosa

Detalle

La imagen se alza sobre una cuidada peana dorada y policromada que imita el carey, cuyo dorado fue llevado a cabo por Rafael Barón Jiménez. En 2006 se enriqueció el conjunto con una diadema y un corazón realizados en plata de ley, piezas cinceladas por el orfebre cordobés Emilio León Salina, que refuerzan el simbolismo y la dignidad devocional de la imagen.

Flanqueando la urna de la Virgen se disponen dos ángeles pasionarios pintados sobre tabla por Sergio Cornejo Ortiz en 2009. El situado a la izquierda porta la escalera empleada para el descendimiento del cuerpo de Cristo, mientras que el otro, dirigiendo su mirada hacia María, le ofrece la sábana destinada a envolver el cuerpo sin vida de su Hijo.

Ángel de la izquierda

Ángel de la derecha

Como fondo del retablo, tras la imagen mariana, cuelga un lienzo atribuido a la escuela de Zurbarán, datado en el siglo XVII. En él se representa a Cristo crucificado, con María Magdalena a los pies de la Cruz recogiendo su sangre, mientras al fondo se perfila la ciudad de Jerusalén, aportando profundidad y contexto a la escena.

Cristo crucificado con María Magdalena

El frontal del altar se completa con una pintura de Ricardo Suárez, realizada igualmente en 2009, que muestra a Cristo Yacente. En su cuerpo se evidencian las huellas de la Pasión, mientras un pequeño ángel, abatido por el dolor, recoge con delicadeza las últimas gotas de su sangre, cerrando así un discurso iconográfico centrado en el sacrificio, el duelo y la esperanza.

Cristo Yacente

Llegamos a los pies de la nave, donde se abre una hornacina que alberga, tras un cristal protector, la imagen del Santo Ángel de la Guarda. La escultura lo muestra en su iconografía más extendida: el ángel, de gesto sereno y protector, conduce de la mano a un niño, símbolo del amparo divino y de la guía espiritual a lo largo del camino de la vida. Se trata de una talla anónima, atribuida a la escuela italiana del siglo XVIII, cuya delicadeza en las formas y suave expresividad reflejan el gusto devocional y artístico propio de la época.

Santo Ángel de la Guarda

Detalle

Finalmente, nos encontramos con la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad, a su izquierda, sobre una peana, una pequeña talla de la Virgen de Fátima y a su derecha, igualmente sobre peana, aparece la Virgen en su advocación de María Auxiliadora, patrona de la familia salesiana.  

A los pies del templo, Nuestro Padre Jesús de la Humildad, la Virgen de Fátima  y María Auxiliadora

Nuestro Padre Jesús de la Humildad

La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad es una creación del escultor e imaginero Antonio Luis Troya y recibe culto en la Iglesia del Santo Ángel de Sevilla, donde se presenta como una obra de profunda carga expresiva y cuidada ejecución técnica (Leer mas).

Detalle de Nuestro Padre Jesús de la Humildad


Finalmente recordemos el Patrimonio procedente del convento y actualmente desaparecido o ubicado en otro lugar.

El retablo de la capilla funeraria de Francisca de León, realizado por Juan Martínez Montañés en 1605, se encuentra desaparecido. En el mismo estaban las estatuas de la Virgen María y San José, de la misma fecha y autor, que se encuentran en la Iglesia de San Antonio Abad, en Sevilla. 

Virgen María

San José

También se encontraban en este retablo cuatro cuadros de Francisco Pacheco de 1605, que se encuentran en el Museo del Prado, en Madrid: San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santa Catalina y Santa Inés.

San Juan Bautista. Pacheco, Francisco. Hacia 1608. Óleo sobre tabla. 99 x 45 cm. Museo del Prado. No Expuesto (ver) (CC BY 3.0)

San Juan Evangelista. Pacheco, Francisco. Hacia 1608. Óleo sobre tabla. 99 x 45 cm. Museo del Prado. No expuesto. (ver) (CC BY 3.0)

Santa Catalina de Alejandría. Pacheco, Francisco. Hacia 1608. Óleo sobre tabla. 103,5 x 43,5 cm, Museo del Prado. No Expuesto. (ver) (CC BY 3.0)

Santa Inés. Pacheco, Francisco. Hacia 1608. Óleo sobre tabla. 103 x 44 cm. Museo del Prado. No expuesto. (ver) (CC BY3.0)

El retablo de San Alberto de Sicilia, realizado por Juan Martínez Montañés en 1605, también se encuentra desaparecido. En el centro hubo una estatua de San Alberto de Sicilia, de Martínez Montañés de 1608, ​ y en la parte superior estuvo cuadro Muerte de san Alberto, de Francisco Pacheco de entre 1610 y 1612, que se encuentra en el Museo de Pontevedra.