ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA
Cruz de Carey.
En la Semana
Santa sevillana sólo existen tres cruces de carey: la del Silencio, la
de La O y la de Las Penas de San Vicente.
Estas piezas
singulares destacan no sólo por su valor artístico y devocional, sino también
por el material con que fueron elaboradas, hoy de uso prohibido.
El material: el carey
El carey
es una materia córnea que se obtiene en láminas delgadas al calentar los
caparazones de las tortugas marinas conocidas como tortugas carey (Eretmochelys imbricata). Estas
tortugas, de alrededor de un metro de longitud y espaldar pardo, abundaban
antiguamente en las costas del Golfo de México y en las Indias Orientales.
Su consistencia dura, traslúcida y compacta permite un
pulimento excepcional, motivo por el cual se utilizó durante siglos en la
confección de objetos de lujo como peines, cajas o piezas ornamentales.
En la actualidad, la captura de esta especie está
terminantemente prohibida por el riesgo de extinción. A modo de ejemplo, la
Guardia Civil intervino en Castellón tres caparazones de tortuga carey, como
infracción a la Ley Orgánica 12/95 de represión del contrabando, recordando así
la protección legal de esta especie.
Conchas
de Carey
Hermandad de Las Penas de San Vicente
La cruz de carey de la Hermandad de Las Penas se
distingue de las demás por la técnica empleada en su ejecución, hoy
desconocida. A diferencia de las otras, los apliques de plata no están superpuestos, sino incrustados en el carey, embutidos a
buril con finos dibujos romboidales.
Se trata de una labor magistral cuyo procedimiento exacto se ha perdido, confiriendo
a la obra un halo casi mágico.
Originalmente,
esta cruz fue creada para la Hermandad de Jesús Nazareno de Écija.
En 1734, su hermano mayor Manuel de Villavicencio Castrillo
encargó al maestro ebanista Juan Francisco de Pareja,
natural de Andújar, la realización de una cruz de carey “embutida de plata”.
Por este trabajo se le abonó una suma extraordinaria, y el artesano se trasladó
a Écija para cumplir su contrato.
La cruz fue
portada por el Nazareno ecijano tanto en los cultos internos como en la
procesión hasta 1958.
Nazareno de
Écija con la actual cruz de las Penas de San Vicente. (ver) (CC BY 3.0)
Ese año, al
reformarse el paso del Señor, ampliando la canastilla, la cruz quedó
desproporcionada respecto al nuevo conjunto. Se optó entonces por sustituirla
por una de madera arbórea de mayor longitud. El historiador Gerardo García León
documentó este hecho en un estudio de la Universidad de Sevilla.
Años después,
el escultor y catedrático Ricardo Comas, al conocer el
estado de abandono de la cruz, informó al cronista Juan Carrero, destacado hermano
de Las Penas de San Vicente, quien vio la posibilidad de incorporarla a su
hermandad.
Finalmente, en 1967, la
Hermandad de Las Penas adquirió la cruz gracias a la donación de varios
hermanos.
Nuestro Padre Jesús de las Penas
Posteriormente fue restaurada bajo la dirección de Juan Carrero. En el proceso intervinieron el orfebre Jesús Domínguez Vázquez, quien añadió casquetes diseñados por Carrero; el carpintero José Luna Martínez, encargado del ensamblaje; el tallista Antonio Vega Sánchez, que ajustó las nuevas piezas de plata elaboradas en los talleres Roncero de Córdoba; y el especialista Francisco Tejada, responsable de las láminas de carey para la ampliación.
Tras esta
intervención, la cruz alcanzó sus medidas
definitivas de 2,86 metros de largo por 1,92 de ancho.
Hermandad
del Silencio
La cruz
del Señor Nazareno del Silencio, datada en el primer
tercio del siglo XVII, está realizada en madera de teca revestida de planchas de carey y
adornada con cantoneras de plata labrada.
En el cruce de los brazos figura el emblema de la Hermandad.
La cruz del Señor
Nazareno del Silencio
Detalle del cruce de
los brazos
Fue
donada por Juan Leonel Gómez de Cervantes y Carvajal y Juan de Cervantes y Casaús, benefactores
sevillanos residentes en Nueva España
(actual México).
El modo en que
el Señor del Silencio porta la cruz es único entre las imágenes sevillanas. La
parte superior del madero se orienta hacia adelante, de modo que el “estipe”, o palo vertical, se
proyecta al frente, invirtiendo la posición habitual. Este gesto confiere a la
imagen una fisonomía inconfundible en la Madrugada del Viernes Santo.
Señor Nazareno del
Silencio
Señor Nazareno del Silencio
Varios
estudiosos han intentado explicar esta disposición singular. La interpretación
más aceptada sostiene que el Nazareno no lleva la cruz “al revés”, sino que
representa el instante en que la recibe y la abraza por primera vez, gesto de
aceptación y victoria sobre la tierra.
Esta iconografía fue común en los Nazarenos sevillanos hasta comienzos del
siglo XVII, cuando se impuso la actual disposición con el estipe orientado
hacia atrás.
Otros
autores apuntan a una influencia renacentista,
recordando composiciones como “El Pasmo de Sicilia” de Rafael o el “Cristo
de los Ajusticiados”, de Luis de Vargas, en las gradas
de la Catedral. Esta última obra, ante la cual se detenían los reos camino del
suplicio, para ser ajusticiados en el Corral de los Olmos o en
la Plaza de San Francisco, representa
de modo similar la entrega serena del Redentor.
Pero el
pueblo sevillano, fiel a su sentir legendario, prefiere otra explicación. Se
cuenta que unos hermanos, deseosos de adecuar la cruz a la posición común, la
colocaron una noche del siglo XVI en sentido contrario. Al amanecer, al abrir
las puertas del templo, hallaron la cruz misteriosamente vuelta a su postura
original. Avergonzado, uno de aquellos hermanos, ya enriquecido en tierras de
Nueva España, envió como ofrenda una soberbia cruz
de carey y plata, la misma que el Señor del Silencio abraza
cada Madrugada del Viernes Santo.
Hermandad de La O
La cruz del Nazareno de la Hermandad de La O posee una
estructura interna de madera recubierta de carey, con aristas y cantoneras de
plata. Los extremos se rematan con cuatro
azucenas de plata intercambiables.
El
carey, traído de las Indias, fue donado en 1725
por el hermano don Julio Reinoso,
siendo valorado en setecientos
reales de vellón.
La plata
se reunió gracias a las aportaciones de los propios hermanos, alcanzando unas once onzas.
Entre 1725 y
1731, el maestro platero Domingo Balbuena realizó el
diseño y la traza de la cruz, mientras que las cantoneras fueron repujadas por Manuel José Domínguez.
Nazareno de la O
Según una
antigua tradición o leyenda, en tiempos
lejanos, un grupo
de marineros llegó un día a la puerta de la iglesia de La O portando un “gran
bulto”, que entregaron al prioste. Al descubrirlo, hallaron una hermosa cruz.
Afirmaban cumplir así la promesa de uno de ellos, que, habiendo naufragado su barco, juró al Nazareno ofrecerle una cruz si lograba salvar la vida. Desde entonces, aquella pieza de carey y plata se convirtió en símbolo de fe, gratitud y protección.
Cristo de los Afligidos. Iglesia del Salvador
Antes de llegar a la cabecera del templo, uno de los
retablos que despierta mayor interés es el dedicado al Cristo de los Afligidos,
una imagen de profundo carácter devocional que representa a Jesucristo como
Nazareno en su camino hacia el Calvario. La escultura, realizada en madera
policromada y concebida como imagen de vestir, capta con gran sensibilidad el
instante en que Cristo soporta el peso de la cruz, reflejando el sufrimiento
físico y la serena aceptación del sacrificio redentor.
Cristo de los Afligidos
La talla ha sido tradicionalmente atribuida al escultor
Gaspar Ginés y fechada hacia 1635, aunque su autoría ha sido objeto de diversas
investigaciones.
Durante mucho tiempo pasó relativamente desapercibida para
el gran público, pero la restauración llevada a cabo por Enrique Gutiérrez
Carrasquilla permitió recuperar la riqueza de su policromía, la delicadeza de
su modelado y la extraordinaria expresividad de su rostro, revelando una imagen
de notable valor artístico.
Detalle del rostro
Uno de los elementos más singulares de esta representación
es la cruz que porta Cristo. Se trata de una pieza excepcional revestida con
placas de carey y enriquecida con cantoneras de plata, reflejo del gusto barroco.
Detalle de la cruz de carey
Nazareno de las fatigas. Iglesia de la Magdalena
El Nazareno de las Fatigas se venera
actualmente en la iglesia de la Magdalena, donde se sitúa al final de la nave
del Evangelio, alojado en un retablo barroco de elegante composición y columnas
salomónicas que enmarcan la imagen. Esta escultura procede de la antigua
parroquia de Santa María Magdalena, templo que desapareció tras los graves
daños sufridos durante la Invasión Francesa y cuya demolición tuvo lugar en
1811.
Retablo del Nazareno de las Fatigas
En sus orígenes la imagen fue conocida
como el “Santo Cristo de la Magdalena”. La primera referencia documental en la
que aparece con la advocación actual de Señor de las Fatigas data de un
inventario realizado en 1803. No obstante, su origen artístico podría
remontarse a finales del siglo XVI.
En 1997 el investigador Federico García
de la Concha planteó la relación de esta talla con el “Señor con la cruz a
cuestas” que debía presidir el retablo encargado en diciembre de 1586 por los
albaceas testamentarios del jurado Juan Peláez Caro al ensamblador y escultor
Gaspar del Águila. La policromía de aquella obra fue confiada al pintor Antonio
de Arfián, según consta en un extracto documental que había sido publicado
décadas antes, en 1929, por el historiador Celestino López Martínez.
Nazareno de las Fatigas
La advocación de “las Fatigas” alude al
momento de extremo cansancio que la escultura transmite durante el camino hacia
el Calvario. La imagen parece haber detenido brevemente su marcha para mostrar
al fiel el peso físico y espiritual de la Pasión. El rostro, de rasgos tensos y
expresión profundamente dramática, refleja el abatimiento de Cristo, reforzando
así el sentido devocional de la representación.
Detalle del Nazareno de las Fatigas
La talla presenta un tamaño inferior al
habitual en este tipo de imágenes, ya que mide aproximadamente 1,18 metros de
altura. Está realizada en madera y muestra a Cristo con el rostro vuelto hacia
el espectador, las piernas ligeramente flexionadas y la mano derecha apoyada
sobre el muslo, un detalle que constituye su rasgo iconográfico más singular.
La cruz descansa de forma inclinada: el extremo inferior del madero largo toca
el suelo por delante de la figura, mientras el travesaño se apoya sobre el
brazo izquierdo del Nazareno.
Detalle de la mano
derecha apoyada en la rodilla
La cruz que acompaña a la imagen
constituye también una pieza de notable interés. Se trata de un magnífico
ejemplar barroco realizado en carey y plata. El trabajo de repujado del metal,
caracterizado por las típicas flores bulbosas, permite fecharla en el siglo
XVII y vincularla con la orfebrería sevillana de esa centuria.