RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes
Virgen con el Niño. Virgen de la Servilleta. Bartolomé Esteban Murillo.
Retablo Mayor
de la Iglesia de Capuchinos. Virgen con el Niño. Virgen de la Servilleta. Murillo,
Bartolomé Esteba. Hacia 1668-1669. Óleo sobre lienzo. 67 x 72,8 cm. Museo de
Bellas Artes. Sala V. Desamortización
del convento de Capuchinos de 1840.
La pintura
formó parte del retablo mayor de la iglesia del convento de los frailes
capuchinos de Sevilla durante más de siglo y medio, desempeñando un papel
destacado dentro del conjunto devocional del templo. Su permanencia en este espacio
se vio amenazada durante la Guerra de la Independencia, cuando muchas obras de
arte fueron requisadas por el ejército napoleónico. El mariscal francés Jean de
Dieu Soult, conocido por su especial admiración por la obra de Murillo, mostró
interés en hacerse con la pintura. Conscientes de su extraordinario valor
artístico y espiritual, los religiosos decidieron ponerla a salvo y, en 1810,
la trasladaron junto a otras obras a Gibraltar, donde permaneció protegida
hasta la finalización del conflicto en 1814.
Reconstrucción del retablo mayor de la iglesia de los capuchinos de Sevilla.
Detalle del retablo en el Museo de Bellas Artes
Tras la
guerra, la obra regresó al convento, aunque su destino cambió definitivamente a
raíz de la desamortización de los bienes eclesiásticos promovida por el
gobierno de Juan Álvarez Mendizábal. En 1836 pasó a manos del Estado y se
incorporó al recién creado Museo de Bellas Artes de Sevilla, institución en la
que se conserva desde entonces como una de sus piezas más emblemáticas.
Detalle sin marco
La
denominación popular de Virgen de la Servilleta tiene su origen en una
tradición legendaria documentada por primera vez en 1833 en la obra “A
Dictionary of Spanish Painting”, de O’Neill. Esta leyenda presenta dos
variantes. Según la primera, los frailes advirtieron la desaparición de una
servilleta de su ajuar doméstico, que días después les fue devuelta por Murillo
con la imagen de la Virgen pintada sobre ella. La segunda versión relata que un
fraile del convento pidió al artista una pequeña representación de la Virgen
con el Niño para su devoción privada. Ante la petición de un lienzo para
ejecutar la obra y la falta de recursos del religioso, este le entregó una
sencilla servilleta, que Murillo habría utilizado como soporte pictórico.
Más allá de
la veracidad de estas narraciones, el éxito y la fama de la obra se explican
por la extraordinaria capacidad del pintor para conmover al espectador a través
de una escena cercana y humana. Murillo presenta una relación maternal cargada
de ternura y naturalidad: el Niño, lleno de vitalidad y curiosidad, parece
dispuesto a abandonar los brazos de su madre para dirigirse hacia quien
contempla la escena, mientras la Virgen fija su mirada en el espectador,
estableciendo un vínculo directo e íntimo que invita a la contemplación
devocional.
Detalle
Mediante una estudiada penumbra, el pintor sitúa a las figuras en un
espacio intermedio entre el interior en el que realmente se encuentran y el
exterior al que se asoman, como indica el elemento en que la Virgen apoya su
brazo. Ambos personajes dirigen sus miradas al
espectador dando la sensación de que "sienten" su presencia
El artista recurre a una sutil penumbra para situar las figuras en un espacio ambiguo, a medio camino entre el interior en el que se encuentran y el exterior al que parecen asomarse, sugerido por el elemento arquitectónico sobre el que la Virgen apoya el brazo. Este recurso, unido a la dirección de las miradas de ambos personajes, refuerza la sensación de presencia y cercanía, como si la escena trascendiera el ámbito pictórico y se abriera al espacio del espectador, que se siente discretamente incluido en el diálogo visual y espiritual de la obra.