sábado, 10 de enero de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen con el Niño. Virgen de la Servilleta. Bartolomé Esteban Murillo.  

Retablo Mayor de la Iglesia de Capuchinos. Virgen con el Niño. Virgen de la Servilleta. Murillo, Bartolomé Esteba. Hacia 1668-1669. Óleo sobre lienzo. 67 x 72,8 cm. Museo de Bellas Artes. Sala V. Desamortización del convento de Capuchinos de 1840. 


La pintura formó parte del retablo mayor de la iglesia del convento de los frailes capuchinos de Sevilla durante más de siglo y medio, desempeñando un papel destacado dentro del conjunto devocional del templo. Su permanencia en este espacio se vio amenazada durante la Guerra de la Independencia, cuando muchas obras de arte fueron requisadas por el ejército napoleónico. El mariscal francés Jean de Dieu Soult, conocido por su especial admiración por la obra de Murillo, mostró interés en hacerse con la pintura. Conscientes de su extraordinario valor artístico y espiritual, los religiosos decidieron ponerla a salvo y, en 1810, la trasladaron junto a otras obras a Gibraltar, donde permaneció protegida hasta la finalización del conflicto en 1814.

Reconstrucción del retablo mayor de la iglesia de los capuchinos de Sevilla. 

Detalle del retablo en el Museo de Bellas Artes


Tras la guerra, la obra regresó al convento, aunque su destino cambió definitivamente a raíz de la desamortización de los bienes eclesiásticos promovida por el gobierno de Juan Álvarez Mendizábal. En 1836 pasó a manos del Estado y se incorporó al recién creado Museo de Bellas Artes de Sevilla, institución en la que se conserva desde entonces como una de sus piezas más emblemáticas.

Detalle sin marco


La denominación popular de Virgen de la Servilleta tiene su origen en una tradición legendaria documentada por primera vez en 1833 en la obra “A Dictionary of Spanish Painting”, de O’Neill. Esta leyenda presenta dos variantes. Según la primera, los frailes advirtieron la desaparición de una servilleta de su ajuar doméstico, que días después les fue devuelta por Murillo con la imagen de la Virgen pintada sobre ella. La segunda versión relata que un fraile del convento pidió al artista una pequeña representación de la Virgen con el Niño para su devoción privada. Ante la petición de un lienzo para ejecutar la obra y la falta de recursos del religioso, este le entregó una sencilla servilleta, que Murillo habría utilizado como soporte pictórico.

Más allá de la veracidad de estas narraciones, el éxito y la fama de la obra se explican por la extraordinaria capacidad del pintor para conmover al espectador a través de una escena cercana y humana. Murillo presenta una relación maternal cargada de ternura y naturalidad: el Niño, lleno de vitalidad y curiosidad, parece dispuesto a abandonar los brazos de su madre para dirigirse hacia quien contempla la escena, mientras la Virgen fija su mirada en el espectador, estableciendo un vínculo directo e íntimo que invita a la contemplación devocional.

Detalle

Mediante una estudiada penumbra, el pintor sitúa a las figuras en un espacio intermedio entre el interior en el que realmente se encuentran y el exterior al que se asoman, como indica el elemento en que la Virgen apoya su brazo. Ambos personajes dirigen sus miradas al espectador dando la sensación de que "sienten" su presencia

El artista recurre a una sutil penumbra para situar las figuras en un espacio ambiguo, a medio camino entre el interior en el que se encuentran y el exterior al que parecen asomarse, sugerido por el elemento arquitectónico sobre el que la Virgen apoya el brazo. Este recurso, unido a la dirección de las miradas de ambos personajes, refuerza la sensación de presencia y cercanía, como si la escena trascendiera el ámbito pictórico y se abriera al espacio del espectador, que se siente discretamente incluido en el diálogo visual y espiritual de la obra.