miércoles, 3 de diciembre de 2025

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Federico Carlos Gravina . 

Calle Gravina (ver)

Federico Carlos Gravina y Napoli nació en Palermo, Sicilia, en 1756, dentro de una familia vinculada a la alta nobleza. Su padre, Juan Gravina y Moncada, ostentaba los títulos de príncipe de Montevago y duque de San Miguel; su madre, Leonor Napoli y Monteaporto, era hija del príncipe de Resuttano. Ambos pertenecían a familias reconocidas como grandes de España.

Federico Gravina. Anónimo.  Museo Naval de Madrid (ver) (CC BY 3.0)

En 1759, cuando Federico tenía apenas tres años, su padre acompañó al futuro Carlos III, entonces monarca de Nápoles, en el viaje que lo llevó a ocupar el trono español. Tras la separación de las coronas española y napolitana, los Gravina solicitaron conservar la nacionalidad española, petición que fue aceptada.

Hasta los diecinueve años se formó en el colegio Clementino de Roma, institución fundada por el papa Clemente VIII para la educación de jóvenes de linaje noble procedentes de toda Europa. Allí estuvo bajo la dirección del padre Antonmaria di Lugo.

Federico Carlos Gravina y Napoli. 1786-1806. Biblioteca Nacional de España (ver) (CC BY 3.0)

El duque de Santa Elisabetta, tío de Federico y embajador napolitano en Madrid, gestionó para él el ingreso en la Real Armada Española. El 18 de diciembre de 1775 comenzó su carrera como guardiamarina. Tras aprobar Maniobra, fue promovido a alférez de fragata en 1776 y ese mismo año partió hacia América para participar en los conflictos territoriales con Portugal.

En 1777 sobrevivió de manera casi prodigiosa al encallar su navío en el estuario del Río de la Plata, en el llamado “banco del inglés”, accidente en el que pereció la mayor parte de la dotación. Regresó a España en 1778, fue ascendido a alférez de navío y destinado a jabeques empleados en la persecución de piratas argelinos.

Con el grado de teniente de fragata recibió su primer mando, el jabeque San Luis, con el que intervino en el bloqueo de Gibraltar.

En 1779, tras la firma del tratado ofensivo-defensivo con Francia, España declaró la guerra a Inglaterra con la esperanza de recuperar Gibraltar y Menorca. El desempeño de Gravina, que consiguió capturar buques de mayor porte que el suyo, lo llevó a ascender a teniente de navío y a asumir la jefatura del Apostadero de la bahía Algeciras en 1780.

Posteriormente participó en la expedición para recuperar Menorca —entonces bajo dominio británico— y destacó en el asedio del fuerte de San Felipe. Tras nuevas operaciones en torno a Gibraltar, su carrera continuó avanzando hasta alcanzar el empleo de capitán de navío. De vuelta en el Apostadero de Algeciras, y ya como capitán de fragata, retomó el mando del San Luis.

El 3 de septiembre de 1783 se firmó la paz entre España e Inglaterra, lo que implicó el fin del bloqueo de Gibraltar, objetivo principal de la campaña y que no llegó a cumplirse.

En 1785 Gravina recibió el mando de la escuadra destinada a la costa argelina, donde destacó por su actividad constante y logró rechazar a las fuerzas rivales.

En 1788 condujo a Constantinopla al embajador Yusuf Efendi, aprovechando la estancia para realizar observaciones astronómicas que contribuyeron a la revisión y elaboración de nuevas cartas náuticas.

Con su ascenso a brigadier se le confió la fragata Paz y la misión de trasladar a Cartagena de Indias al recién nombrado virrey Joaquín Cañaveral.

Promovido a jefe de escuadra, fue enviado en 1792 a visitar los arsenales de las principales potencias marítimas del norte de Europa, con el propósito de reunir información para modernizar los españoles.

La caída de la monarquía en Francia y la guerra desatada por las potencias europeas sorprendieron a Gravina en Portsmouth, desde donde regresó apresuradamente a España a comienzos de 1793.

El 7 de marzo de ese año, la Convención francesa declaró la guerra a España, que se alió entonces con el Reino Unido. En este conflicto Gravina dirigió operaciones destacadas, como la toma del fuerte de La Masque y las posiciones de Mont Faron. Resultó gravemente herido en una pierna y, como reconocimiento a su valor, fue ascendido a teniente general y puesto al mando de las tropas en Tolón.

Los cambios políticos condujeron a la firma del tratado de San Ildefonso el 18 de agosto de 1796, por el que España se alió con Francia en su nueva guerra contra Inglaterra.

Años después, el 8 de julio de 1804, Gravina presentó sus credenciales como embajador en la corte de Napoleón, y se esforzó por mantener la neutralidad española tras el estallido del conflicto franco-británico.

Cuando las hostilidades con Gran Bretaña se hicieron inevitables, Gravina regresó a Cádiz para hacerse cargo de la escuadra española. El 20 de octubre de 1805 la flota combinada partió del puerto y al día siguiente se enfrentó a la inglesa en la batalla de Trafalgar. Allí Gravina sufrió heridas de extrema gravedad y perdió un brazo; estas lesiones fueron debilitándolo hasta provocar su muerte el 9 de mayo de 1806, a los 49 años, en su casa de Cádiz.

Fue enterrado en la iglesia del Carmen y, desde el 28 de abril de 1883, durante el reinado de Alfonso XII, sus restos reposan en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

Federico Gravina llegó a ostentar la máxima dignidad de la Armada al ser nombrado capitán general.

RUTAS POR SEVILLA: Santos y Santas 

San Pedro Mártir.

Calle San Pedro Mártir (ver)

San Pedro de Verona, mártir dominico, nació en esta ciudad lombarda hacia 1205, en el seno de una familia vinculada a la corriente cátara, heredera en el norte de Italia de antiguas ideas maniqueas. Sus parientes pertenecían al grupo popularmente llamado “patarini, aunque esto no impidió que recibiera su primera formación en una escuela católica bajo la guía de un maestro fiel a la doctrina de la Iglesia.

Estudió en la Universidad de Bolonia y, siendo todavía muy joven, en 1221, quedó profundamente impresionado por la predicación de Domingo de Guzmán. Movido por su testimonio, solicitó el ingreso en la Orden de Predicadores y recibió de manos del propio Santo Domingo el hábito dominicano.

Tras completar su formación eclesiástica, fue ordenado sacerdote y enviado a la predicación para contrarrestar la influencia de los “patarini. Dedicó su ministerio a la enseñanza cristiana de los laicos, a la difusión de la devoción mariana y a la fundación de instituciones destinadas a salvaguardar la ortodoxia. Entre 1232 y 1234 predicó intensamente en diversas ciudades del norte de Italia, como Milán y Venecia.

Su reputación como orador, su amplia cultura bíblica y la austeridad de su vida llevaron al papa Inocencio IV a nombrarlo, en 1251, inquisidor de Lombardía y prior del convento de Como.

El 6 de abril de 1252, sábado de Pascua, fue asesinado en el bosque de Barlassina, cerca de Séveso, cuando regresaba de Como a Milán. Tenía 47 años. El agresor, Pietro da Balsamo —conocido como Carino—, lo atacó con un hacha y lo remató con una puñalada. Se creyó que el crimen fue promovido por el obispo hereje Daniele da Giussano y por algunos nobles milaneses, entre ellos Stefano Confalonieri. Abrumado por el remordimiento, el asesino ingresó más tarde en la Orden de los Dominicos.

El cuerpo del mártir fue trasladado a Milán y sepultado en la basílica de San Eustorgio, en un magnífico sepulcro conocido como el Arca de San Pedro Mártir, realizado entre 1335 y 1339 por Giovanni di Balduccio.

Arca de san Pedro Mártir, obra de Giovanni di Balduccio. (CC BY 3.0)

A él se atribuyeron numerosos milagros en vida y todavía más después de su muerte. El papa Inocencio IV lo canonizó el 9 de marzo de 1253, apenas 337 días después del martirio, convirtiéndose así en uno de los santos canonizados con mayor rapidez en la historia de la Iglesia.

Entre 1526 y 1530, Tiziano representó su muerte en un célebre cuadro de altar que dio gran impulso a su fama como pintor. La obra, difundida también en grabado por Martino Rota, se perdió en un incendio en 1867, aunque se conservan algunas copias posteriores, como la atribuida a Johann Carl Loth.

La muerte de san Pedro Mártir, copia de Johann Carl Loth de la obra original de Tiziano, perdida en un incendio en 1867. Basílica de San Juan y San Pablo de Venecia. (CC BY 3.0)

Su festividad se celebra el 29 de abril.

Museo del Prado

San Pedro Mártir. Berruguete, Pedro. 1491-1499.Óleo sobre tabla. 177 x 90 cm. Museo del Prado. Sala 057B. (ver) (CC BY 3.0)

San Pedro mártir en oración. Berruguete. Pedro. 1491-1499. Óleo sobre tabla. 133 x 86 cm. Museo del Prado. Sala 057B, (ver) (CC BY 3.0)

Santa Marta, Santo Domingo y san Pedro Martir. Borrassá, Lluis. 1441-1421. Temple sobre tabla. 200,5 x 126,5 cm. Museo del Prado. Sala 051B (ver) (CC BY 3.0)

Adoración del sepulcro de San Pedro Mártir. Berruguete, Pedro. 1491-1499. Óleo sobre tabla. 131 x 85 cm. Museo del Prado. Sala 057B. (ver) (CC BY 3.0)

Martirio de san Pedro Mártir. Espinosa, Jerónimo Jacinto. Hacia 1650. Óleo sobre lienzo. 199,5 x 104 cm. Museo del Prado. No expuesto. (ver) (CC BY 3.0)