viernes, 23 de enero de 2026

 EXCURSIONES

Domen de Soto. 2026.

El Dolmen de Soto es uno de los conjuntos megalíticos más sobresalientes de la península ibérica y una de las construcciones prehistóricas más singulares del occidente europeo. Desde su descubrimiento en 1922 ha despertado un enorme interés entre arqueólogos, historiadores y visitantes, tanto por sus dimensiones como por la complejidad simbólica y artística que encierra.

Se localiza en la finca La Lobita, en el término municipal de Trigueros, en la provincia de Huelva, entre las localidades de Niebla y Moguer, a unos quinientos metros de la ribera del arroyo Candón.

Foto de loma de planta casi circular “el cabecillo o cabezo del Zancarrón”

El monumento se encontraba oculto bajo una pequeña elevación artificial conocida como "el cabecillo o cabezo del Zancarrón", una loma de planta casi circular, de unos 75 metros de diámetro y aproximadamente 3,5 metros de altura. 

Este montículo, visible desde varios kilómetros en la llanura circundante, estaba formado por la acumulación deliberada de tierras blanquecinas, capas de arcilla y fragmentos de piedra transportados desde otros lugares, y rematado con cantos rodados de río. 

Su silueta destacaba claramente sobre la campiña, y en su punto más elevado se construyó en 1919 una pequeña casa para el guarda de la finca.

Foto de la Casita del guarda (ver) (CC BY 3.0)

El dolmen fue descubierto de manera fortuita en 1922 por el propietario de la finca, Armando de Soto Morillas, durante las obras de cimentación de dicha vivienda. Inicialmente creyó haber hallado la tumba de Mohamed Ben Musa, a quien una tradición local atribuía la autoría de una importante obra algebraica del siglo XIII, según un acta capitular de Trigueros fechada en 1823. Sin embargo, tras varias semanas de excavación, quedaron al descubierto grandes losas de piedra y apareció un hacha pulimentada prehistórica, lo que le llevó a sospechar que se encontraba ante un monumento megalítico.

El 5 de octubre de 1923, Armando de Soto se puso en contacto por carta con Hugo Obermaier, prestigioso arqueólogo alemán nacionalizado español, solicitándole que asumiera la dirección científica de la excavación.

Los resultados de sus investigaciones fueron publicados en marzo de 1924 en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Boletín de la Sociedad Española de Excursiones (ver) (CC BY 3.0)

Paralelamente, la Casa de Alba actuó como mecenas, contribuyendo a la financiación de los trabajos arqueológicos. 

Foto de Hugo Obermeier, Herzog von Alba (Duque de Alba) y Armando Soto en el interior del Dolmen en 1923 (ver) (CC BY 3.0)

Foto de Hugo Obermeier, Herzog von Alba (Duque de Alba) y Armando Soto en el interior del Dolmen en 1923 (ver) (CC BY 3.0)

Obermaier subrayó dos aspectos fundamentales del monumento: la grandiosidad de su arquitectura y la extraordinaria riqueza de grabados presentes en los ortostatos y en estelas reutilizadas, lo que lo convertía en un caso excepcional dentro del megalitismo europeo.

El Dolmen de Soto fue declarado Monumento Nacional el 3 de junio de 1931, reconocimiento que consolidó su relevancia patrimonial y lo situó al nivel de otros grandes conjuntos del sur peninsular, como los dólmenes de Antequera. Desde entonces ha sido objeto de diversas campañas de restauración y conservación. La primera intervención fue realizada por el Ministerio de Cultura en 1957. Posteriormente, en 1981, el arquitecto Ismael Guarner inició un ambicioso proyecto de restauración, cuya segunda fase se desarrolló en 1982 y cuya memoria final fue presentada en 1985. En 1986, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía puso en marcha un programa de protección arqueológica que incluyó mejoras en el cerramiento, el interior, el entorno y los accesos al monumento. Desde 1987 el dolmen es de titularidad pública y depende de dicha consejería.

Entrada al dolmen con la primitiva casita del guarda demolida (ver) (CC BY 3.0)

Anillo Perimetral

Las investigaciones arqueológicas más recientes han documentado, en torno al dolmen, la existencia de un gran círculo de piedras de cronología neolítica, fechado entre los milenios V y IV antes de nuestra era. Este anillo perimetral, de unos 60 metros de diámetro, está compuesto por bloques de piedra de diversas materias primas, como calcoarenitas, conglomerados ferruginosos, pizarras y grauvacas, además de menhires de distintas formas y tamaños. Las piedras fueron dispuestas verticalmente, organizadas en pequeños grupos y distribuidas de manera equidistante, conformando un recinto ceremonial de gran complejidad.

Asociadas a este círculo se han identificado diversas estructuras, entre ellas cabañas, hogares y posibles espacios votivos o rituales, lo que indica que el lugar fue utilizado durante largo tiempo como escenario de prácticas ceremoniales, culturales y probablemente astronómicas, antes de la construcción del dolmen propiamente dicho.

Esquema del anillo perimetral


Construcción y contexto histórico

Cuando Hugo Obermaier llevó a cabo las excavaciones comprobó que el interior del dolmen se encontraba intacto. El corredor y la cámara estaban rellenos hasta casi el techo por una durísima masa de arcilla, cuyo origen exacto se desconoce, pero que en cualquier caso impidió el saqueo del monumento a lo largo de milenios, aunque dificultó notablemente los trabajos arqueológicos.

Las dataciones por carbono 14 sitúan la construcción del dolmen a finales del tercer milenio antes de Cristo, en el período conocido como Eneolítico, Calcolítico o Edad del Cobre.

Desde aproximadamente el 4000 a.C., comunidades humanas se establecieron de forma estable en esta zona de Huelva. Durante el Neolítico, el clima era más húmedo que el actual y el paisaje estaba dominado por densos bosques de encinas. Los análisis polínicos indican que la progresiva expansión de la agricultura y la ganadería provocó la reducción de la masa forestal, dando lugar, en la transición al Calcolítico, a un paisaje de dehesas y campos de cultivo cerealista.

El Dolmen de Soto fue construido con piedra y arcilla y pertenece al tipo de dólmenes de corredor largo (conjunto de dólmenes yuxtapuestos), siendo el mayor de los más de doscientos documentados en la provincia de Huelva. Forma parte del amplio fenómeno megalítico que se desarrolló en el occidente europeo.

El monumento destaca especialmente por su largo corredor enlosado, que conduce a una gran cámara funeraria. El conjunto alcanza casi 21 metros de longitud, con una anchura que varía desde los 0,82 metros en la entrada hasta los 3,10 metros en la cámara, y una altura que oscila entre 1,45 metros y más de 3 metros en la cabecera.

El dolmen está compuesto por 64 monolitos verticales, algunos de ellos con un peso superior a las 21 toneladas. Treinta de estas piedras forman la pared derecha del corredor y treinta y tres la izquierda. Varias de ellas son antiguas estelas y menhires pertenecientes al círculo neolítico original, reutilizadas durante la construcción del dolmen. La cabecera de la cámara está cerrada por una gran losa de 3,41 metros de altura, 3,10 metros de anchura y unos 0,72 metros de grosor, con un peso aproximado de 21,3 toneladas.

El acceso al interior se realiza por una puerta orientada al este, situada en un atrio exterior abierto. Tras la entrada se desarrolla un corredor con suelo de arcilla compactada, ligeramente descendente en su tramo inicial y progresivamente más amplio y alto. A cuatro metros de la entrada se accede a una antecámara, y a unos catorce metros y medio comienza la cámara principal, cuyo interior se sitúa a unos diecinueve metros del acceso.

Entrada al Dolmen

Entrada al Dolmen

Corredor

Zona de menor altura

Zona de menor altura. Hay que agacharse para poder pasar

Detalle de los megalitos laterales verticales y gran placa del techo

Detalle de pilar libre

Detalle de la antecámara

Detalle de los megalitos laterales verticales

Detalle de la cámara funeraria

Detalle de la cámara funeraria

Vista de la puerta de entrada desde la cámara

En el centro de la cámara, delante de la cabecera, se documentó una pequeña estructura rectangular a modo de mesa o pileta, de 115 cm de largo, 75 cm de ancho y 15 cm de alto. construida con dos capas superpuestas de guijarros blancos unidos con arcilla. 

Cámara funeraria con la pileta al fondo (Obermaier)

Los materiales empleados en el dolmen proceden de distintos puntos del territorio: calizas, pizarras y conglomerados de la zona de Niebla; areniscas de Lucena; rocas volcánicas del Andévalo y granitos extraídos a más de cuarenta kilómetros. El transporte de estos enormes bloques se realizó mediante arrastre, utilizando rodillos y planos inclinados de tierra prensada. Para la construcción de este colosal megalito se emplearon técnicas rudimentarias, como perforaciones alineadas en las que se introducían cuñas de madera que, que al dilatarse por efecto del agua, provocaban la fractura de la roca.

Orientación y significado astronómico

El corredor del Dolmen de Soto está orientado de levante a poniente, lo que permite que durante los equinoccios de primavera y otoño los rayos del sol penetren en el interior y recorran casi veinte metros hasta iluminar la cámara funeraria durante unos instantes. Esta alineación exige una gran precisión técnica y revela un profundo conocimiento de los ciclos solares. Este fenómeno ha llevado a interpretar el dolmen no solo como un espacio funerario, sino también como un lugar de observación astronómica y culto solar, asociado a ideas de renacimiento y continuidad de la vida tras la muerte.

También inspira a numerosas leyendas, entre ellas, la creencia de que el dolmen era un portal hacia otros mundos, abierto solo durante los momentos en que la luz del sol alcanzaba su punto máximo de poder.

Grafismo y arte simbólico

Los ortostatos (bloques verticales de piedra) y las losas de cubierta presentan una extraordinaria riqueza de grabados y restos de pintura, realizados mediante técnicas de piqueteado, incisión, abrasión y bajo relieve. Se trata de un conjunto de arte rupestre esquemático que incluye motivos geométricos, antropomorfos, bandas, cazoletas, círculos, hachas, puñales, figuras serpentiformes y armas enmangadas. Estos símbolos guardan estrecha relación con los documentados en otros megalitos de la Europa atlántica y se han interpretado como representaciones de divinidades, rituales o concepciones cosmológicas.

No existe consenso sobre la cronología exacta de estas manifestaciones artísticas, ya que algunas podrían ser anteriores a la construcción del dolmen y otras posteriores. Un ejemplo destacado es la losa número 21 de la pared izquierda, en la que aparece grabado un posible ídolo oculado. La figura se encuentra invertida, lo que indica que la piedra fue reutilizada desde el antiguo círculo neolítico y recolocada en el corredor del dolmen y correspondería a la época neolítica.

Estas inscripciones han dado lugar a diversas teorías sobre su significado. Algunos creen que los grabados representan a deidades o seres de otro mundo, mientras que otros sugieren que podrían ser representaciones simbólicas de rituales o prácticas chamanísticas. 

La presencia de estas figuras ha contribuido a la percepción del dolmen como un lugar sagrado, donde se rendía culto a fuerzas sobrenaturales o se buscaba la protección de los ancestros.

Ortostatos con inscripciones

Detalle de inscripción

Detalle de inscripción
Detalle de inscripción
Detalle de inscripción
Detalle de inscripción

Detalle de inscripción
Detalle de inscripción
Detalle de inscripción
Detalle de inscripción
Detalle de inscripción

Investigaciones recientes han demostrado que muchas de estas piedras estuvieron decoradas con pigmentos rojos y negros. Los estudios dirigidos por Antonio Hernanz Gismero y Primitiva Bueno han puesto de relieve la complejidad simbólica del conjunto, que habría sido pintado miles de años antes de la construcción de las pirámides egipcias. El uso del color refuerza la idea de que la decoración tenía un profundo significado ritual y espiritual.

Contenido funerario

En el interior del dolmen, Obermaier localizó los restos de ocho individuos, hombres y mujeres adultos y un niño. Los cuerpos fueron depositados en posición flexionada y agachada (en cuclillas), atados y envueltos en pieles o tejidos, y colocados sentados, con la espalda apoyada en los ortostatos. Esta disposición permitía aprovechar el espacio y es habitual en los enterramientos megalíticos. Junto a cada individuo se hallaron ajuares funerarios del tercer milenio antes de Cristo, compuestos por cerámicas, herramientas de sílex, hachas pulimentadas, conchas marinas y restos de ofrendas alimentarias.

Simbolismo General

Por sus dimensiones, monumentalidad, variedad de materiales, riqueza iconográfica y complejidad arquitectónica, el Dolmen de Soto debió desempeñar una función mucho más amplia que la de simple sepulcro colectivo. Todo apunta a que fue un gran santuario utilizado durante siglos, posiblemente vinculado a una élite social o a un grupo dirigente, reflejo de una sociedad ya estratificada. La presencia de un enterramiento infantil y la edad de los restos óseos permiten intuir una elevada mortalidad infantil y una esperanza de vida limitada durante el Calcolítico.

El Dolmen de Soto fue, en definitiva, un espacio sagrado donde se entrelazaban la muerte, el culto a los ancestros, la observación astronómica y la expresión simbólica de la cosmología de estas comunidades prehistóricas. Más que una tumba, fue un lugar de conexión entre el mundo de los vivos y el de los muertos, cuyo uso se prolongó durante toda la Edad del Cobre como santuario dedicado a la memoria, a las divinidades y al ciclo eterno de la vida y la muerte.