viernes, 6 de febrero de 2026

 AREA DE LA MAGDALENA

Archicofradía de Nuestra Señora del Carmen, Milagroso Niño Jesús de Praga, Esclavitud del Señor San José y Santa Teresa de Jesús.

La actual corporación es el resultado de un largo proceso histórico en el que confluyen varias instituciones devocionales de distinta época y origen. Tiene su raíz principal en la Archicofradía de Nuestra Señora del Carmen, establecida a finales del siglo XVI en el convento del Santo Ángel, a la que con el paso del tiempo se unirían la Archicofradía del Milagroso Niño Jesús de Praga, fundada a comienzos del siglo XX; la Esclavitud del Glorioso Corazón del Señor San José, creada en 1744 por canónigos de la Catedral y destacados miembros de la nobleza sevillana; y, ya en época reciente, la devoción a Santa Teresa de Jesús, incorporada como titular en el año 2007 con motivo de la realización por Francisco Romero Zafra del grupo escultórico que representa la Transverberación de la santa abulense.

Los orígenes de la Archicofradía del Carmen están estrechamente ligados a la fundación, en 1587, del Convento de la Misericordia del Carmen y Santo Ángel de la Guarda de los Carmelitas Descalzos, impulsada por San Juan de la Cruz. Como era habitual en los establecimientos de la Orden, desde sus primeros años se promovió una cofradía destinada a fomentar la devoción a la Virgen del Carmen, Reina y Patrona del Carmelo. Aunque durante mucho tiempo no se contaba con una fecha precisa de fundación, recientes investigaciones han permitido constatar que ya en 1591 la Archicofradía se hallaba plenamente constituida, pues en ese año disponía de cripta propia en el templo conventual. Este dato la sitúa entre las corporaciones carmelitanas más antiguas de la ciudad de Sevilla, fundada desde sus inicios bajo esta advocación mariana y con una continuidad histórica que, pese a las dificultades sufridas a lo largo de los siglos, ha llegado con vigor hasta nuestros días. Además, posee la singular distinción de ser la única Archicofradía carmelitana de la que han surgido otras hermandades del Carmen en distintos puntos de Andalucía.

En el proceso de búsqueda de patronazgo para sufragar la construcción de la actual iglesia, la comunidad carmelitana entabló negociaciones con la colonia genovesa asentada en Sevilla. Entre las condiciones planteadas se encontraba la colocación de los escudos de la Señoría de Génova en el altar mayor y en las obras que costearan, así como la consideración de los genoveses como cofrades de la Cofradía de Nuestra Señora del Carmen ya existente en el convento. Finalmente, el acuerdo no llegó a concretarse con la casa de Génova, sino con la Real Audiencia de Sevilla y los marqueses de Benamejí, cuyos escudos aún se conservan en la cúpula del templo.

La continuidad histórica de la cofradía se ve confirmada por diversos documentos conservados en su archivo, entre los que destaca el relativo a la confección de un paño mortuorio fechado en 1854. Este tipo de enseres pone de manifiesto la plena integración de la corporación en los rituales funerarios y exequiales, elementos habituales en el ceremonial de las hermandades y cofradías de la época.

A lo largo de los siglos se documenta de manera constante su presencia en el templo del Santo Ángel, tanto a través de la celebración de cultos como de procesiones por el entorno del convento. La Archicofradía ocupaba la primera capilla situada a la entrada del recinto, en el compás, dotada de una puerta independiente de la iglesia, lo que permitía la visita y la oración durante gran parte del día. Esta capilla era conocida tradicionalmente como la de la Portería y se identificó siempre como el espacio propio de la corporación.

Siguiendo una práctica común en los conventos de carmelitas descalzos, el templo contaba con dos imágenes de la Virgen del Carmen: una de grandes dimensiones, de talla completa, destinada al camarín central —en Sevilla una obra cumbre de Cristóbal Ramos—, y otra imagen de candelero, concebida para las procesiones y para un culto más cercano y cotidiano por parte de los fieles.

Durante el siglo XVIII aparecen referencias a la imagen y a sus cultos en la documentación de la Esclavitud de San José, lo que pone de manifiesto la necesaria coordinación entre los altares, funciones religiosas y celebraciones de ambas instituciones, que compartían espacio y vida devocional en el mismo templo.

En el siglo XIX la devoción a la Virgen del Carmen experimentó un notable auge. Prueba de ello es que su Novena figura como la principal de la ciudad en diversas publicaciones oficiales, como el Boletín Diocesano de los años 1865 y 1880. Un papel fundamental en este incremento devocional lo desempeñó la Orden Tercera, en cuyas filas se encontraban personalidades destacadas, entre ellas don Joaquín de Urbina. Su esposa llegó a ejercer como camarera y generosa bienhechora de la venerada imagen. En esta centuria la Virgen solía procesionar en un pequeño paso por las naves del templo los cuartos domingos de mes, además de realizar su salida anual por las calles próximas al convento.

Los inventarios elaborados a finales del siglo XIX identifican de manera sistemática a la Archicofradía con su capilla propia de la Portería, detallando su imagen titular y el conjunto de enseres que le pertenecían. Las crónicas de la época coinciden en resaltar el esplendor de la Novena celebrada en el mes de julio, considerada la más concurrida y ricamente dotada de la ciudad.

Durante la Guerra Civil española, la imagen de la Virgen del Carmen hubo de ser ocultada en un domicilio particular para preservarla de posibles daños. A pesar de las circunstancias adversas, la hermandad logró subsistir, al menos como entidad devocional, manteniendo viva la vinculación con el templo y con la Orden Carmelita.

A mediados del siglo XX cesaron las salidas procesionales, aunque la corporación no llegó a desaparecer gracias al amparo de la Orden Tercera. La recuperación definitiva de la procesión tuvo lugar el 17 de julio de 1994, impulsada por un grupo de jóvenes que apostó por revitalizar esta antigua devoción de gloria carmelitana. En esta nueva etapa, la hermandad incorporó la Archicofradía del Milagroso Niño Jesús de Praga, restauró la histórica Esclavitud del Sagrado Corazón de San José y sumó como titular a Santa Teresa de Jesús, configurando así la actual Archicofradía como heredera de una rica y compleja tradición espiritual y devocional.

Nuestra Señora del Carmen con ráfaga antigua

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