AREA DE LA MAGDALENA
Convento de San Pablo el Real.
El convento de San Pablo el Real fue
uno de los establecimientos religiosos más relevantes de la Sevilla medieval y
moderna. Perteneciente a la orden de Predicadores, conocida como dominicos, se
levantó en las inmediaciones de la Puerta de Triana, en un enclave estratégico
próximo al río Guadalquivir y muy vinculado a la vida portuaria y comercial de
la ciudad.
La presencia dominica en Sevilla se
remonta a la conquista cristiana de la ciudad en 1248. Las crónicas señalan que
religiosos de la orden acompañaron al ejército de Fernando III durante el
asedio y la toma de la ciudad. Tras la victoria, el monarca recompensó a los
frailes con la cesión de unos terrenos situados junto a la muralla, cerca del
acceso occidental de la ciudad. Esta donación fue confirmada por su hijo
Alfonso X en 1253, consolidando así el asentamiento dominico en Sevilla.
A lo largo de los
siglos XIII y XIV, el convento fue recibiendo privilegios y rentas que
aseguraron su estabilidad económica. En 1303, Fernando IV concedió a la
comunidad una renta anual de mil maravedíes y, en 1310, la eximió del pago de
portazgos. Ese mismo año dictó una orden singular, prohibiendo arrojar basuras
e inmundicias junto a los muros del convento, medida que revela tanto la
preocupación por la salubridad como la consideración que la Corona dispensaba a
la institución. Además, el rey otorgó a los frailes un cahíz de sal anual como
parte de sus mercedes.
El convento de San
Pablo el Real alcanzó una especial relevancia a partir del siglo XVI como
centro de referencia para la expansión misionera de la orden dominica en los
territorios de ultramar. Desde Sevilla partían los religiosos destinados a
América y Filipinas, lo que convirtió al convento en un verdadero puente
espiritual entre Europa y el Nuevo Mundo. Entre los frailes vinculados a esta
casa destaca fray Bartolomé de las Casas, conocido como el defensor de los
indios, quien fue consagrado obispo de Chiapas en el propio convento el 30 de
marzo de 1544. También sobresale fray Domingo de Santo Tomás, misionero en el
Perú, pionero en el estudio de las lenguas indígenas y autor de la primera
gramática de la lengua general de los indios de los reinos del Perú.
Convento de san Pablo.
Cromolitografia de Friedrich Eibner. 1861 (CC BY 3.0)
Otro episodio de
gran trascendencia histórica ligado al convento fue su papel como primera sede
de la Inquisición en Castilla. La decisión de los Reyes Católicos estuvo
influida por el prior del convento, fray Alonso de Ojeda, cuyas recomendaciones
resultaron determinantes. Se considera que en las dependencias conventuales se
instalaron las primeras cárceles del Santo Oficio en Sevilla, antes de su
traslado al castillo de San Jorge, en el arrabal de Triana, al otro lado del
cauce natural del Guadalquivir.
El 6 de febrero de
1481 se celebró en el convento de San Pablo el primer auto de fe de la
Inquisición española. En aquel acto fueron condenadas a muerte seis personas, y
el sermón de la ceremonia corrió a cargo del propio fray Alonso de Ojeda,
entonces prior de la comunidad. Poco tiempo después, este falleció a causa de
la epidemia de peste bubónica que asoló la ciudad.
Como testimonio de
ese periodo, el templo actual de la Magdalena conserva diversos elementos
vinculados a la Inquisición. Entre ellos se encuentran los candeleros situados
a ambos lados de la imagen de Santa María Magdalena, decorados con el escudo
del Santo Oficio, así como el escudo inquisitorial visible en la cúpula de la
entrada por la calle San Pablo. En el crucero se conserva también un auto de fe
pintado por Lucas Valdés, que constituye una de las representaciones artísticas
más significativas de este episodio histórico.
Auto de fe. Lucas Valdés.
Iglesia de la Magdalena
En los primeros
años del siglo XVII, la comunidad dominica del convento alcanzó una notable
dimensión, con alrededor de doscientos frailes. Sin embargo, la devastadora
epidemia de peste de 1649 causó la muerte de noventa y cinco religiosos. A
mediados del siglo XVIII, en 1757, residían en el convento ciento noventa
dominicos, cifra que descendió considerablemente a comienzos del siglo XIX. En
1803 la comunidad estaba formada por ochenta y cinco religiosos, entre ellos
cuarenta y ocho sacerdotes, seis novicios, veintidós estudiantes y nueve
hermanos cooperadores.
El convento
mantuvo su actividad hasta 1835, año en que los frailes fueron exclaustrados
como consecuencia de la desamortización de los bienes de las órdenes religiosas.
A partir de entonces, el edificio pasó a manos del Estado y fue destinado a
distintos usos administrativos, albergando, entre otras dependencias, oficinas
del Gobierno Civil y de la Delegación de Hacienda.
En julio de
1906, un gran incendio arrasó buena parte de la antigua sede conventual,
acelerando su progresiva desaparición. En 1953 se procedió al derribo de los
restos del claustro principal, situado junto a la iglesia. En la actualidad
únicamente se conservan la iglesia, transformada en parroquia bajo la
advocación de Santa María Magdalena, la sacristía y la capilla de Montserrat.
El extenso
solar que ocupaba el convento fue profundamente transformado con la apertura de
nuevas vías urbanas, como la actual calle Canalejas, y la construcción de
edificios residenciales.
El claustro
mayor estaba dividido en dos partes. La de la izquierda que daba a la Calle Bailén, daba
cobijo a las habitaciones del convento, mientras que del centro hacia la
derecha era el enorme y bellísimo patio interior. Este espacio está hoy ocupado
por el Hotel Colón, sin que subsistan restos arquitectónicos visibles del
antiguo convento.
Situación ruinosa
del Claustro Mayor. Fototeca de la Universidad de Sevilla. (CC BY 3.0)
Un aspecto menos conocido, pero de gran
interés cultural, es el vínculo del convento con la biblioteca de Hernando
Colón. Tras el fallecimiento de este, entre 1544 y 1552, sus libros y estampas
fueron depositados en la biblioteca del convento de San Pablo. Sin embargo,
tras un prolongado pleito en la Real Chancillería de Granada entre la comunidad
dominica y el cabildo de la catedral de Sevilla, este último obtuvo la razón, y
el valioso conjunto bibliográfico fue finalmente trasladado a la Biblioteca
Colombina de la catedral hispalense.
Museo de Bellas Artes
Cristo
confesando a Santo Domingo. Alonso Miguel de Tovar. Hacia 1710. Óleo sobre
lienzo. 165,50 x 382 cm. Museo de Bellas Artes. Sala VII. Procede del convento
de San Pablo tras la desamortización de 1840
Forma parte de un grupo de cuatro lienzos
de los que uno de ellos se encuentra firmado por Juan Simón Gutiérrez, por lo
que tradicionalmente se atribuyó todo el conjunto a este artista.
En
1975, Angulo Íñiguez lo atribuye a un seguidor anónimo del anterior. En 1986 y
en 1991 Valdivieso corrobora dicha atribución y posteriormente se pone en
relación incluso con la obra de Andrés Pérez.
Más recientemente, tras un estudio con
motivo de su restauración se ha señalado su relación con el estilo de Tovar.
Se representa a Santo Domingo confesando
sus pecados a Jesús, acompañado de ángeles y otros personajes religiosos.
Detalle de Jesús y Santo Domingo
Detalle de los frailes
Detalle de los ángeles
Lactación de la Virgen a Santo Domingo. Juan Simón
Gutiérrez. 1710. Óleo sobre lienzo. 166,5 x 385,5 cm. Museo de Bellas Artes.
Sala VII. Procede del convento de san Pablo tras la desamortización de 1840
Representa
un relato milagroso de la vida del español santo Domingo de Guzmán, en el que
María, a través de una abertura en su túnica, le ofrece su leche para premiarlo
por su devoción al rosario, la gran oración en alabanza a la Virgen. Es una
variante del tema conocido como María Lactans, muy recurrente en la pintura flamenca e
italiana del Renacimiento y que tuvo amplia difusión en el Barroco aunque, por
el decoro promovido por el Concilio de Trento, no se muestre el seno
descubierto sino a través de la túnica.
En ella aparece en su centro el cuerpo del Santo agonizante, que en brazos
de la Virgen besa el rosario que ella lleva colgado al cuello.
Detalle de la Virgen y
el santo
Al
éxtasis del santo asiste una corte celestial femenina de vírgenes y mártires
que llevan las palmas que aluden a su tormento, en distintas actitudes, tres de
las cuales están tocadas con corona y aparecen ricamente ataviadas que se
inclinan para asistir al santo.
Detalle de las santas
En el
fondo, un paisaje abrupto que representa a santo Domingo haciendo penitencia en
la cueva de Santa Cruz de Segovia, momento inmediatamente anterior al
representado en la escena principal. (Web Oficial Museo de Bellas Artes)
Detalle del santo en la gruta








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