viernes, 16 de enero de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Convento de San Pablo el Real.

El convento de San Pablo el Real fue uno de los establecimientos religiosos más relevantes de la Sevilla medieval y moderna. Perteneciente a la orden de Predicadores, conocida como dominicos, se levantó en las inmediaciones de la Puerta de Triana, en un enclave estratégico próximo al río Guadalquivir y muy vinculado a la vida portuaria y comercial de la ciudad.

Plaza de san Pablo. Pedro Cardedera. Mediados del siglo XIX. Acuarela. Al fondo a la derecha se aprecia el convento

La presencia dominica en Sevilla se remonta a la conquista cristiana de la ciudad en 1248. Las crónicas señalan que religiosos de la orden acompañaron al ejército de Fernando III durante el asedio y la toma de la ciudad. Tras la victoria, el monarca recompensó a los frailes con la cesión de unos terrenos situados junto a la muralla, cerca del acceso occidental de la ciudad. Esta donación fue confirmada por su hijo Alfonso X en 1253, consolidando así el asentamiento dominico en Sevilla.

A lo largo de los siglos XIII y XIV, el convento fue recibiendo privilegios y rentas que aseguraron su estabilidad económica. En 1303, Fernando IV concedió a la comunidad una renta anual de mil maravedíes y, en 1310, la eximió del pago de portazgos. Ese mismo año dictó una orden singular, prohibiendo arrojar basuras e inmundicias junto a los muros del convento, medida que revela tanto la preocupación por la salubridad como la consideración que la Corona dispensaba a la institución. Además, el rey otorgó a los frailes un cahíz de sal anual como parte de sus mercedes.

Plano que representa la planta baja del antiguo convento de San Pablo el Real de Sevilla. Arriba a la derecha puede observarse el arco de entrada al compás.  G. Herruzo Domínguez, 2018 “Análisis tipológico de edificios de la orden dominica entre España y México”. (CC BY 3.0)

El convento de San Pablo el Real alcanzó una especial relevancia a partir del siglo XVI como centro de referencia para la expansión misionera de la orden dominica en los territorios de ultramar. Desde Sevilla partían los religiosos destinados a América y Filipinas, lo que convirtió al convento en un verdadero puente espiritual entre Europa y el Nuevo Mundo. Entre los frailes vinculados a esta casa destaca fray Bartolomé de las Casas, conocido como el defensor de los indios, quien fue consagrado obispo de Chiapas en el propio convento el 30 de marzo de 1544. También sobresale fray Domingo de Santo Tomás, misionero en el Perú, pionero en el estudio de las lenguas indígenas y autor de la primera gramática de la lengua general de los indios de los reinos del Perú.

Arquillo del compás del antiguo convento de San Pablo, al fondo la iglesia de La Magdalena. 1850, Vizconde de Vigier. (CC BY 3.0)

Convento de san Pablo. Cromolitografia de Friedrich Eibner. 1861 (CC BY 3.0)

Salida de misa del Convento de San Pablo. Eduardo Laforet Alfaro. Hacia  1880. Colección particular (CC BY 3.0)

Otro episodio de gran trascendencia histórica ligado al convento fue su papel como primera sede de la Inquisición en Castilla. La decisión de los Reyes Católicos estuvo influida por el prior del convento, fray Alonso de Ojeda, cuyas recomendaciones resultaron determinantes. Se considera que en las dependencias conventuales se instalaron las primeras cárceles del Santo Oficio en Sevilla, antes de su traslado al castillo de San Jorge, en el arrabal de Triana, al otro lado del cauce natural del Guadalquivir.

El 6 de febrero de 1481 se celebró en el convento de San Pablo el primer auto de fe de la Inquisición española. En aquel acto fueron condenadas a muerte seis personas, y el sermón de la ceremonia corrió a cargo del propio fray Alonso de Ojeda, entonces prior de la comunidad. Poco tiempo después, este falleció a causa de la epidemia de peste bubónica que asoló la ciudad.

Como testimonio de ese periodo, el templo actual de la Magdalena conserva diversos elementos vinculados a la Inquisición. Entre ellos se encuentran los candeleros situados a ambos lados de la imagen de Santa María Magdalena, decorados con el escudo del Santo Oficio, así como el escudo inquisitorial visible en la cúpula de la entrada por la calle San Pablo. En el crucero se conserva también un auto de fe pintado por Lucas Valdés, que constituye una de las representaciones artísticas más significativas de este episodio histórico.

Auto de fe. Lucas Valdés. Iglesia de la Magdalena 

En los primeros años del siglo XVII, la comunidad dominica del convento alcanzó una notable dimensión, con alrededor de doscientos frailes. Sin embargo, la devastadora epidemia de peste de 1649 causó la muerte de noventa y cinco religiosos. A mediados del siglo XVIII, en 1757, residían en el convento ciento noventa dominicos, cifra que descendió considerablemente a comienzos del siglo XIX. En 1803 la comunidad estaba formada por ochenta y cinco religiosos, entre ellos cuarenta y ocho sacerdotes, seis novicios, veintidós estudiantes y nueve hermanos cooperadores.

El convento mantuvo su actividad hasta 1835, año en que los frailes fueron exclaustrados como consecuencia de la desamortización de los bienes de las órdenes religiosas. A partir de entonces, el edificio pasó a manos del Estado y fue destinado a distintos usos administrativos, albergando, entre otras dependencias, oficinas del Gobierno Civil y de la Delegación de Hacienda.

En julio de 1906, un gran incendio arrasó buena parte de la antigua sede conventual, acelerando su progresiva desaparición. En 1953 se procedió al derribo de los restos del claustro principal, situado junto a la iglesia. En la actualidad únicamente se conservan la iglesia, transformada en parroquia bajo la advocación de Santa María Magdalena, la sacristía y la capilla de Montserrat.

El extenso solar que ocupaba el convento fue profundamente transformado con la apertura de nuevas vías urbanas, como la actual calle Canalejas, y la construcción de edificios residenciales.

El claustro mayor estaba dividido en dos partes. La de la izquierda que daba a la Calle Bailén, daba cobijo a las habitaciones del convento, mientras que del centro hacia la derecha era el enorme y bellísimo patio interior. Este espacio está hoy ocupado por el Hotel Colón, sin que subsistan restos arquitectónicos visibles del antiguo convento.

Situación ruinosa del Claustro Mayor. Fototeca de la Universidad de Sevilla. (CC BY 3.0)


Un aspecto menos conocido, pero de gran interés cultural, es el vínculo del convento con la biblioteca de Hernando Colón. Tras el fallecimiento de este, entre 1544 y 1552, sus libros y estampas fueron depositados en la biblioteca del convento de San Pablo. Sin embargo, tras un prolongado pleito en la Real Chancillería de Granada entre la comunidad dominica y el cabildo de la catedral de Sevilla, este último obtuvo la razón, y el valioso conjunto bibliográfico fue finalmente trasladado a la Biblioteca Colombina de la catedral hispalense.

 Museo de Bellas Artes

Cristo confesando a Santo Domingo. Alonso Miguel de Tovar. Hacia 1710. Óleo sobre lienzo. 165,50 x 382 cm. Museo de Bellas Artes. Sala VII. Procede del convento de San Pablo tras la desamortización de 1840

Forma parte de un grupo de cuatro lienzos de los que uno de ellos se encuentra firmado por Juan Simón Gutiérrez, por lo que tradicionalmente se atribuyó todo el conjunto a este artista.

En 1975, Angulo Íñiguez lo atribuye a un seguidor anónimo del anterior. En 1986 y en 1991 Valdivieso corrobora dicha atribución y posteriormente se pone en relación incluso con la obra de Andrés Pérez.

Más recientemente, tras un estudio con motivo de su restauración se ha señalado su relación con el estilo de Tovar.

Se representa a Santo Domingo confesando sus pecados a Jesús, acompañado de ángeles y otros personajes religiosos.

Detalle de Jesús y Santo Domingo

Detalle de los frailes

Detalle de los ángeles

Lactación de la Virgen a Santo Domingo. Juan Simón Gutiérrez. 1710. Óleo sobre lienzo. 166,5 x 385,5 cm. Museo de Bellas Artes. Sala VII. Procede del convento de san Pablo tras la desamortización de 1840


Representa un relato milagroso de la vida del español santo Domingo de Guzmán, en el que María, a través de una abertura en su túnica, le ofrece su leche para premiarlo por su devoción al rosario, la gran oración en alabanza a la Virgen. Es una variante del tema conocido como María Lactans, muy recurrente en la pintura flamenca e italiana del Renacimiento y que tuvo amplia difusión en el Barroco aunque, por el decoro promovido por el Concilio de Trento, no se muestre el seno descubierto sino a través de la túnica.

En ella aparece en su centro el cuerpo del Santo agonizante, que en brazos de la Virgen besa el rosario que ella lleva colgado al cuello. 

Detalle de la Virgen y el santo


Al éxtasis del santo asiste una corte celestial femenina de vírgenes y mártires que llevan las palmas que aluden a su tormento, en distintas actitudes, tres de las cuales están tocadas con corona y aparecen ricamente ataviadas que se inclinan para asistir al santo. 

Detalle de las santas

Detalle de las santas

En el fondo, un paisaje abrupto que representa a santo Domingo haciendo penitencia en la cueva de Santa Cruz de Segovia, momento inmediatamente anterior al representado en la escena principal.  (Web Oficial Museo de Bellas Artes)

Detalle del santo en la gruta

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