sábado, 28 de febrero de 2026

 AREA DE LA MAGDALENA

Hermandad del Calvario.

Pontificia y Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Calvario y Nuestra Señora de Presentación

El origen de la Hermandad del Calvario se remonta a la antigua Hermandad de los mulatos de Sevilla, conocida también como Hermandad de la Presentación de Nuestra Señora. En el último tercio del siglo XVI, la ciudad vivía un periodo de extraordinario protagonismo económico y político gracias a su papel como puerto y puerta de Indias, eje del comercio con América. Esta situación favoreció la presencia de una numerosa población de origen africano —mulatos, esclavos y libertos— que se concentraba principalmente en el entorno de la collación de San Ildefonso.

A pesar de su relevancia demográfica, este colectivo sufría una marcada marginación racial, social y económica. En este contexto, la fundación en 1571 de la Hermandad de la Presentación de Nuestra Señora, establecida inicialmente en el Hospital de Nuestra Señora de Belén, respondió tanto a una profunda vivencia religiosa como a la necesidad de cohesión e integración social. Poco después, la corporación se trasladó a la parroquia de San Ildefonso, donde fijó definitivamente su sede.

El carácter de la institución reflejaba la condición de sus miembros. Se trataba de una corporación cerrada, integrada exclusivamente por mulatos, que afrontó constantes dificultades económicas debido a la modestia de sus recursos. Aun así, la cofradía, penitencial desde sus orígenes, vivió un periodo de esplendor que culminó con la construcción, en 1585, de una capilla propia junto al templo parroquial.

A partir de mediados del siglo XVII, el declive económico de Sevilla —provocado en gran medida por el progresivo traslado del tráfico americano a Cádiz— y la drástica reducción demográfica causada por la epidemia de 1649 afectaron gravemente a la ciudad. La disminución de la población mulata supuso un golpe decisivo para una hermandad cerrada a otros grupos sociales, iniciándose así una lenta decadencia.

En cuanto a su patrimonio devocional, la hermandad contó inicialmente con una dolorosa de vestir, la Virgen de la Presentación, y una imagen del Ecce Homo. A finales del siglo XVII se incorporó un crucificado que, por su calidad artística y fuerza devocional, terminaría convirtiéndose en la imagen principal. La cofradía realizaba estación de penitencia en la tarde del Miércoles Santo —aunque ocasionalmente lo hizo el Jueves— con dos pasos: el Ecce Homo y la Virgen bajo palio. Con la llegada del crucificado, se añadió un tercer paso que representaba el Calvario.

Durante el siglo XVIII se acentuaron los signos de crisis: disminuyó el número de hermanos, aumentaron los conflictos internos y la deuda con la parroquia de San Ildefonso se hizo insostenible. La corporación fue perdiendo sus bienes, quedando finalmente reducida a la conservación de sus imágenes. Hacia mediados de ese siglo su actividad era ya muy limitada, y en el último tercio cesó por completo. El derribo del antiguo templo parroquial en 1794 coincidió con la desaparición definitiva de la hermandad y del grupo social que le había dado origen.

Al cerrarse la arruinada parroquia de San Ildefonso y trasladarse el Santísimo a la vecina iglesia de San Nicolás de Bari, los bienes de la extinta cofradía pasaron a la fábrica parroquial para saldar sus deudas. El desalojo del templo provocó la dispersión de altares e imágenes por distintos domicilios de la collación. El crucificado de los mulatos —la imagen que hoy se venera como Cristo del Calvario— fue vendido en 1799 a la Santa Escuela de Cristo de la Natividad, con sede en la calle de los Encisos, al no existir un lugar adecuado donde ubicarlo.

Con la reconstrucción del templo parroquial de San Ildefonso, inaugurado en 1816, se echó en falta la venerada imagen del Crucificado. El párroco, Matías Espinosa, promovió su recuperación, lograda en 1818 tras un largo litigio. Posteriormente, para completar el altar del Calvario y responder a la devoción popular, dispuso junto al crucificado la Virgen de la Presentación y la imagen de San Juan, que pronto comenzaron a recibir cultos frecuentes.

El movimiento devocional generado en torno a estas imágenes culminó en 1886 con la reorganización de la antigua hermandad, ahora sobre bases sociales muy distintas. La nueva corporación ya no respondía a un criterio étnico, sino que estaba formada por miembros de sectores intermedios de la sociedad sevillana, con aspiraciones de promoción social.

En sus inicios, la cofradía reorganizada procesionaba el Miércoles Santo con un solo paso representando el Calvario. Desde 1895 este se desdobló, apareciendo por separado el Cristo del Calvario y la Virgen de la Presentación bajo palio. Finalmente, en 1899, la hermandad se consolidó en la madrugada, tras un pleito de precedencia con la Hermandad de la Esperanza de Triana, fijando así el momento de su estación de penitencia.

A lo largo del tiempo, la corporación fue configurando el sobrio estilo que hoy la distingue. Un hito importante fue el encargo del singular paso del Cristo, realizado en caoba por Farfán, pionero en Sevilla por su estética austera.

En 1908 la hermandad se trasladó a la capilla de San Gregorio, donde se gestó la reforma del paso de la Virgen de la Presentación, diseñada por Juan Manuel Rodríguez Ojeda y estrenada en 1916. Ese mismo año, tras su salida de San Gregorio, la cofradía se dirigió a su sede actual en la parroquia de la Magdalena, iniciando una nueva etapa.

La llegada al antiguo convento dominico de San Pablo supuso la consolidación definitiva de su personalidad. Allí la hermandad desarrolló una intensa labor de enriquecimiento patrimonial y fortalecimiento institucional, convirtiéndose en una de las corporaciones penitenciales más influyentes y con mayor carácter de la ciudad. Sus pasos procesionales adquirieron la fisonomía esencial que hoy mantienen, destacando el sobrio paso de palio de cajón, también obra de Rodríguez Ojeda.

Durante el siglo XX, la hermandad continuó creciendo gracias al apoyo de familias, benefactores y hermanos. Incluso en los difíciles años veinte y treinta mostró prudencia y liderazgo, y tras la Guerra Civil inició una etapa de expansión que culminó en la década de 1970 con un notable aumento del número de hermanos y la apertura a una juventud cada vez más participativa.

La creación de iniciativas como las escuelas gratuitas, el grupo joven, la cuadrilla de hermanos costaleros, el coro Virgen de la Presentación y la inauguración de la casa de hermandad marcaron hitos en su evolución, reflejando una corporación dinámica y abierta.

Primitivo paso de misterio de la Hermandad del Calvario de Sevilla, estrenado en 1888, cuando aún residía en la iglesia de San Ildefonso. (ver) (CC BY 3.0)



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Hermandad de la Quinta Angustia.

Pontificia y Real Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús, Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora. “La Quinta Angustia” Sevilla

Tiene su origen a comienzos del siglo XVI, en el Convento Casa Grande del Carmen, situado en la actual calle Baños de Sevilla, la Hermandad del Sagrado Descendimiento. El 5 de febrero de 1541 obtuvo la aprobación de sus primeras reglas, bajo el arzobispado de fray García de Loaisa, lo que consolidó su carácter corporativo y su presencia en la vida religiosa de la ciudad.

En 1572 se erigió en la parroquia de San Vicente Mártir la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús, por iniciativa del arzobispo Cristóbal de Rojas y Sandoval. Esta corporación atravesó diversas etapas de asentamiento, reflejo del dinamismo de la Sevilla de la época. En 1576 se trasladó a una capilla propia en el barrio de Colón o de los Humeros; un año más tarde fijó su sede en el Hospital de la Santa Cruz de Jerusalén, actual convento del Santo Ángel. Finalmente, en 1587 se estableció en el Real Convento de San Pablo el Real, donde quedó vinculada a la Orden de Predicadores como hermandad filial y bajo la autoridad del prior hasta 1764, situación que la eximía de la jurisdicción ordinaria del arzobispado. En este periodo adquirió la capilla perteneciente a don Luis de Medina.

La construcción de la iglesia del convento de San Pablo el Real en 1692 permitió ampliar la capilla de la hermandad con la de Santo Tomás de Aquino, donada por el caballero veinticuatro Manuel José Gómez de Espinosa, con la condición de conservar sus bóvedas. Dos años después, en 1694, la capilla fue nuevamente ampliada por el arquitecto Leonardo de Figueroa y Reina, junto al maestro cantero Lorenzo Fernández de Iglesia, enriqueciendo el conjunto arquitectónico.

La invasión francesa de 1810 provocó el cierre del convento del Carmen, obligando a la Hermandad del Sagrado Descendimiento a trasladarse a una capilla denominada del Panteón, ubicada en el antiguo templo parroquial.

En 1851 se produjo la unión con la Hermandad del Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima, dando lugar a la corporación actual conocida como la Hermandad de la Quinta Angustia. Estableciendo su sede desde entonces en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús de la Real Parroquia de Santa María Magdalena.

A lo largo de su historia han formado parte de la hermandad destacadas personalidades del ámbito artístico, eclesiástico y social, entre ellas escultores como Juan Martínez Montañés y Joaquín Bilbao, así como miembros de la nobleza, arzobispos y maestros de capilla, que contribuyeron al prestigio y continuidad de la institución.

La hermandad ocupa una capilla propia en el lado de la epístola del templo parroquial, cuyas tres bóvedas constituyen el elemento más antiguo conservado del edificio. En su interior se custodia una notable colección pictórica del siglo XVII atribuida a Juan de Valdés Leal.

Cada Jueves Santo realiza su estación de penitencia, portando a sus imágenes titulares en un singular paso de maderas nobles y bronce, ejecutado en los talleres de la fundición Masriera y Campins y estrenado en 1904.

En cuanto al patrimonio escultórico, la imagen del Dulce Nombre de Jesús se atribuye al escultor Jerónimo Hernández en el siglo XVI; el Cristo del Descendimiento es obra de Pedro Roldán en el siglo XVII; y la imagen de Nuestra Señora de la Quinta Angustia fue realizada por Vicente Rodríguez-Caso en 1934. Estas tallas conforman un conjunto devocional de gran valor histórico y artístico, profundamente arraigado en la tradición de la Semana Santa sevillana.

Este paso es sin duda uno de los más impactantes y barrocos de cuantos desfilan en la Semana Santa de Sevilla, pues a las ya artísticas formas, tanto del paso en sí como de las figuras que lo componen, y a la acertada composición y distribución de estas últimas, añade un elemento más, muy efectista y excepcional, que es el movimiento de la talla protagonista y central del paso. Cristo parece estar colgado por los brazos del sudario que sujetan los Santos Varones. Efecto que solo es visual, pues realmente el Cristo está sujeto a la cruz por un enganche en la altura de la cintura que permite que cimbree al andar el paso, otorgándole, además, un sonido peculiar provocado por el roce de la talla con la Cruz y el sudario.

El misterio es de una excepcional calidad artística y refleja con patetismo el momento en el que el cuerpo de Cristo es descendido de la Cruz por los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemus, quienes, desde sendas escaleras apoyadas en el madero, sostienen el sudario del que pende el Cuerpo inanimado del Salvador. Al pie de la Cruz, la Virgen, San Juan y también las tres Marías (María Salomé, María Cleofás y María Magdalena de rodillas), que sujetan la sábana en que han de envolver a Jesús. Como hemos comentado, la talla del Santísimo Cristo del Descendimiento se atribuye a Pedro Roldán que la tallaría hacia el año 1659, siendo el resto de las Imágenes obras salidas del taller de Pedro Roldán, si bien fueron atribuidas a Pedro Nieto, discípulo de Ocampo. La Imagen de la Virgen es de 1934, obra del escultor y hermano Vicente Rodríguez-Caso, una de las más notables Dolorosas guiadas en el siglo XX y que muestra a María en edad madura.




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Hermandad Sacramental de la Magdalena.

Aunque no se conoce con precisión la fecha de su origen, existen testimonios documentales que acreditan que la Antigua Hermandad del Santísimo Sacramento ya estaba plenamente constituida en el año 1516. Por esta razón, la tradición atribuye su impulso fundacional a doña Teresa Enríquez de Alvarado (ver), duquesa de Maqueda, quien, amparada en la bula Pastoris aeternis otorgada en 1508 por el papa Julio II, promovió la creación de las primeras corporaciones sacramentales en Sevilla tras su llegada a la ciudad acompañando a la corte de los Reyes Católicos. Su labor fue decisiva para arraigar el culto eucarístico organizado y fomentar la devoción al Santísimo Sacramento en el ámbito parroquial sevillano.

Entre las figuras más destacadas de la historia de la hermandad sobresale el capitán don Miguel Beltrán de Benavides, recordado como generoso benefactor y Hermano Mayor. A él se deben importantes aportaciones patrimoniales y económicas, entre las que destaca la donación de la titular mariana de la corporación: una imagen de la Inmaculada Concepción de procedencia americana, que actualmente se venera en el manifestador del altar mayor de la parroquia.

Inmaculada Concepción

Asimismo, impulsó iniciativas asistenciales que dieron origen a lo que con el tiempo sería conocida como la Fundación Sevillana de Caridad, reflejo del compromiso social de la hermandad y de su vocación de servicio a los más necesitados.

Cada año, con motivo de la solemnidad del Corpus Christi, la hermandad organiza una procesión eucarística por las calles de su feligresía, manteniendo viva una tradición secular de culto público. En el cortejo procesional destaca un baldaquino realizado en 1924 por Joaquín Bilbao y Antonio Infante, que cobija una imagen del Niño Jesús atribuida a Jerónimo Hernández y fechada en 1582. Acompañan al conjunto una imagen de la Inmaculada, obra de Benito de Hita y Castillo de mediados del siglo XVIII, y una custodia barroca de plata de ley, fruto del trabajo conjunto de los plateros Cristóbal Sánchez de la Rosa, Juan Laureano de Pina y Blas de Amat, piezas que constituyen un valioso legado artístico y devocional.

Baldaquino

Niño Jesús

Inmaculada

Detalle

Custodia

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Hermandad de Nuestra Señora del Amparo.

En el siglo XVI, el arzobispo de Sevilla, Fernando de Valdés, impulsó la creación de una obra piadosa denominada Amparo de María Santísima y San José. Su propósito era acoger y proteger a los niños expósitos, cuyo número era elevado en la ciudad en aquella época. De esta institución benéfica parece derivar el título de la advocación, aunque la tradición popular ha conservado relatos legendarios que lo explican de forma distinta, vinculándolo a un episodio de clemencia hacia un ladrón que intentó sustraer la corona de la imagen.

También en el siglo XVI residía en Sevilla el escultor flamenco Roque Balduque, a quien la historiografía artística ha atribuido la hechura de la imagen mariana, considerada una de las más antiguas y devocionalmente arraigadas de la ciudad.

Durante el pontificado de Alejandro VII se concedió a la Iglesia de España la celebración litúrgica del Patrocinio de Nuestra Señora, fijada en una de las dominicas del mes de noviembre. Posteriormente, el papa Benedicto XIII extendió esta festividad a toda la cristiandad, consolidando así una devoción que armonizaba plenamente con la advocación del Amparo.

A lo largo de los siglos, la imagen ha suscitado una profunda veneración entre fieles de toda condición social. Entre sus devotos más destacados se recuerdan al arzobispo Jaime de Palafox y Cardona, los duques de Montpensier y María Luisa Fernanda de Borbón, así como a su hijo Carlos de Borbón-Dos Sicilias.

En 1735, hallándose la imagen en la parroquia de Santa María Magdalena, se constituyó una hermandad destinada a rendirle culto. Sus reglas fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica el 22 de diciembre de 1736. En un principio, la fiesta principal se fijó el 18 de diciembre, solemnidad de la Expectación del Parto de la Virgen, aunque pronto se trasladó al segundo domingo de noviembre para coincidir con la festividad del Patrocinio.

El 1 de noviembre de 1755, el devastador terremoto de Lisboa causó graves daños en numerosas zonas de Sevilla. Sin embargo, la collación de la Magdalena apenas sufrió desperfectos, hecho que los fieles interpretaron como una señal de la protección de la Virgen del Amparo. En acción de gracias, la hermandad y el clero parroquial realizaron voto solemne de celebrar perpetuamente novena, función, procesión, vísperas y maitines en su honor, así como de defender la entonces piadosa creencia en la Inmaculada Concepción.

La corporación atravesó periodos de decadencia, especialmente tras la epidemia de 1800, que redujo notablemente el número de hermanos. Pese a ello, algunos miembros lograron reorganizarla.

Tras la demolición de la antigua parroquia, el 16 de junio de 1810 la imagen fue trasladada al exconvento de San Pablo. Recuperado el templo por la Orden de Predicadores, la parroquia quedó establecida el 19 de mayo de 1815 en la que había sido capilla de la Hermandad de la Antigua, Siete Dolores y Compasión —actual capilla de la Hermandad de Montserrat—. Allí presidió el altar mayor hasta el 22 de enero de 1848, fecha en la que la parroquia quedó definitivamente asentada en el antiguo templo dominico, pasando la imagen a su actual capilla en la nave del Evangelio.

El siglo XIX supuso una etapa de cierto decaimiento, aunque no faltaron celebraciones relevantes, como la función solemne del 23 de agosto de 1835, presidida por el cardenal Francisco Javier Cienfuegos con motivo de la institución de la fiesta del Inmaculado Corazón de María, siendo la primera hermandad de la archidiócesis en solemnizarla. En 1848 ingresaron como hermanos protectores los duques de Montpensier, lo que contribuyó a revitalizar la corporación.

El siglo XX marcó una etapa de especial esplendor. Entre sus impulsores destacó el párroco de la Magdalena, José Álvarez, promotor en 1916 de la construcción del actual camarín. En 1920 y 1923 se estrenaron sendas plegarias compuestas por el insigne músico Joaquín Turina, quien en 1924 dedicó a la hermandad un Alabado. El 18 de diciembre de 1927, durante una función solemne, la corporación realizó voto de creer, confesar y defender el misterio de la Mediación de Nuestra Señora; ese mismo año se estrenó, aún incompleto, el actual paso procesional.

El 7 de noviembre de 1943, siguiendo las directrices de Pío XII, la hermandad se consagró al Inmaculado Corazón de María en una función presidida por el cardenal Pedro Segura y Sáenz. Por deseo expreso de este prelado, la imagen se alza en el monumento a los Sagrados Corazones de la localidad sevillana de San Juan de Aznalfarache, representando al Sagrado Corazón de María.

Mención especial merece la labor asistencial desarrollada por la hermandad, especialmente en el ámbito educativo. Junto con otras corporaciones de la collación, sostuvo durante décadas las llamadas Escuelas de la Virgen María, surgidas en tiempos de la Segunda República para ofrecer una formación inspirada en los principios del catolicismo.

En 1987, gracias a la colaboración entre el Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, la Obra Cultural de la Caja Provincial de Ahorros San Fernando y la propia hermandad, la imagen fue restaurada por el prestigioso especialista José Rodríguez Rivero-Carrera.

Hoy, como en siglos pasados, la Virgen del Amparo continúa recibiendo la devoción de sus fieles desde su capilla en la parroquia de Santa María Magdalena, donde es invocada como protectora y consuelo de quienes acuden a ella en busca de amparo espiritual.

La Virgen con el Niño Jesús en brazos, en su mano derecha sostiene un corazón alado, atributo característico de esta advocación que simboliza la prontitud y misericordia de María para socorrer a quienes acuden a ella en momentos de aflicción.

Nuestra Señora del Amparo

Detalle de la Virgen del Amparo

Detalle del corazón alado

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Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua.

Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Antigua, Siete Dolores y Compasión

La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Antigua, Siete Dolores y Compasión hunde sus raíces en la Sevilla del siglo XVI y constituye un claro ejemplo de la evolución de las corporaciones penitenciales surgidas al calor de la religiosidad popular. Su configuración definitiva se produjo en 1597, cuando se fusionaron dos hermandades preexistentes con la aprobación del monarca Felipe II. Por un lado, la cofradía de Nuestra Señora de la Antigua, cuyas reglas se remontan a 1546, nacida del profundo fervor hacia esta advocación mariana, cuya célebre pintura mural se conserva en una de las capillas más destacadas de la catedral sevillana. Por otro, una corporación penitencial dedicada a los Dolores de la Virgen, fundada en el convento dominico de Santo Domingo de Silos y trasladada posteriormente a la capilla que regentaba la hermandad de la Antigua.

La devoción a los Siete Dolores se expresaba simbólicamente mediante un gran corazón de plata colocado sobre el pecho de la imagen mariana, atravesado por siete cuchillos que evocaban los padecimientos de María en la Pasión de Cristo. Esta iconografía, de gran fuerza catequética, contribuía a reforzar la espiritualidad dolorosa característica de la época.

El arraigo de la cofradía entre los sevillanos fue notable, hasta el punto de presidir rogativas públicas en momentos de calamidad. Se tienen noticias de su intervención en súplicas por la sequía en 1680 y 1736, así como en plegarias celebradas en 1706 con motivo de la Guerra de Sucesión.

Durante el siglo XVII vivió una etapa de esplendor, con capilla propia en el compás del convento de San Pablo —espacio que corresponde a la actual capilla de Montserrat— y un patrimonio devocional de gran relevancia. Entre sus titulares figuraban Jesús Nazareno, hoy vinculado a la Hermandad de la Candelaria, y Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores.

La hermandad alcanzó gran prestigio social, integrando a miembros destacados de la nobleza y de la vida pública. Incluso los reyes Felipe II y Felipe III figuraron entre sus hermanos, lo que motivó que fuera conocida como cofradía real. Realizaba estación de penitencia a la catedral el Jueves Santo, con paradas en el Monumento Eucarístico y en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua. La imagen mariana procesionaba bajo palio, cuyas bambalinas se conservan hoy en el paso de la Virgen del Valle, testimonio material de la continuidad del patrimonio cofrade sevillano.

Entre sus privilegios más singulares destacaba el derecho a descubrir la imagen de la Virgen de la Antigua a su paso por la catedral cada Jueves Santo, deteniéndose los pasos en la capilla para elevar oraciones ante la titular. Este gesto reforzaba el vínculo entre la cofradía y uno de los cultos marianos más antiguos y venerados de la ciudad.

La última estación de penitencia documentada data de 1766. A partir de entonces, la corporación inició un prolongado declive, agravado a comienzos del siglo XIX con la venta de sus pasos. En 1826 las imágenes fueron trasladadas al convento de San Pablo, hoy iglesia de la Magdalena, y en 1880 se produjo su separación definitiva: la Virgen permaneció en dicho templo, mientras el Señor fue llevado a la parroquia de San Nicolás.

Las imágenes titulares poseen un notable valor artístico. Nuestro Padre Jesús Nazareno —actualmente venerado como Señor de la Salud— se atribuye al escultor Francisco de Ocampo. Por su parte, la Virgen de la Antigua y Siete Dolores se ha relacionado tradicionalmente con Pedro Roldán, datándola a mediados del siglo XVII; sin embargo, estudios más recientes adelantan su cronología a inicios de esa centuria y la vinculan con Andrés de Ocampo, lo que abre nuevas perspectivas sobre su autoría y contexto artístico.

La trayectoria de esta cofradía refleja la intensidad de la religiosidad sevillana, la importancia de las devociones marianas y la capacidad de estas corporaciones para adaptarse —no sin dificultades— a los cambios históricos, sociales y espirituales de la ciudad.

Nuestra Señora de la Antigua


Detalle

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Hermandad de Nuestra Señora del Rosario.

Ilustre y Primitiva Hermandad de Nuestra Señora del Rosario

Las primeras cofradías del Rosario nacieron en el seno de la Orden de Predicadores a partir de 1479, impulsadas por el fervor dominico hacia esta devoción mariana.

Según los estudios de Romero Mensaque, todo apunta a que en el Real Convento de San Pablo se erigió una de estas corporaciones en fecha muy temprana, hacia 1481, siendo prior fray Alonso de Ojeda. No obstante, la documentación propia más antigua conservada procede de finales del siglo XVI, lo que dificulta reconstruir con precisión sus primeros años.

En sus orígenes, la hermandad ocupó una de las capillas de la iglesia conventual. El rápido crecimiento del número de cofrades y la relevancia social de muchos de ellos motivaron la solicitud al arzobispo fray Diego de Deza —también dominico— para levantar una capilla propia contigua al templo. La autorización fue concedida entre 1505 y 1523, periodo de su pontificado, y dio lugar al espacio que hoy se conoce como capilla sacramental. La solvencia económica de la corporación, respaldada por la presencia de miembros de la nobleza sevillana, permitió acometer esta obra y sostener un culto solemne.

Durante la segunda mitad del siglo XVII se observa una mayor apertura social en la hermandad. La devastadora peste de 1649 y el impulso de las misiones populares favorecieron la expansión del rezo del Rosario como práctica devocional colectiva. El convento de San Pablo se convirtió en uno de los principales focos de esta espiritualidad, al que acudían procesiones del Rosario con estandartes y cortejos organizados. El libro de hermanos de la centuria recoge 582 inscripciones, entre las que destaca el pintor Bartolomé Esteban Murillo, que permaneció vinculado a la corporación hasta su fallecimiento.

La actual imagen de Nuestra Señora del Rosario, realizada en 1787, es obra del escultor Cristóbal Ramos. La talla, de gran elegancia y delicadeza, refleja el gusto tardobarroco sevillano y se convirtió pronto en el centro del culto y de la identidad de la hermandad.

Nuestra Señora del Rosario

Detalle

El siglo XIX supuso un periodo de profunda crisis. La desamortización de los bienes del Convento de San Pablo y la exclaustración de su comunidad privaron a la hermandad de su marco espiritual y de buena parte de sus recursos.

Para garantizar su continuidad, en 1867 se fusionó con la hermandad de penitencia del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat. Esta unión se mantuvo hasta 1941, cuando divergencias entre la hermandad y la parroquia motivaron un decreto de separación. A partir de entonces, la vida corporativa del Rosario entró en una etapa de progresivo declive.

En la década de 1980 la custodia de la imagen fue confiada a la Hermandad Sacramental, que mantuvo el culto en torno a su festividad. El último hermano inscrito, Rafael Jiménez Cubero, impulsó las gestiones para la revitalización de la corporación. Fruto de este esfuerzo, el 10 de enero de 2006 se aprobaron nuevas reglas que restablecieron su vida institucional. Poco después, la hermandad volvió a integrarse con la de penitencia del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat, que en la actualidad reconoce a la Virgen del Rosario como una de sus titulares y le rinde culto en el templo parroquial en torno al 7 de octubre, festividad litúrgica de esta advocación mariana.

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La Santa Inquisición en el convento de San Pablo la Real.

En la cúpula que da acceso al templo por la calle San Pablo puede contemplarse un emblema singular: una cruz flanqueada por una espada, símbolo de la justicia, y un ramo de olivo, representación de la misericordia. Este escudo, asociado al Santo Oficio, recuerda el destacado protagonismo que tuvo la Orden de Predicadores en la defensa de la ortodoxia religiosa durante la Edad Media y la Edad Moderna.

Domingo de Guzmán, fundador de los dominicos, se distinguió por su intensa actividad predicadora y su firme oposición a las herejías que amenazaban la unidad doctrinal de la Iglesia. Entre ellas destacó el catarismo o herejía albigense, extendida por el sur de Francia, cuya influencia motivó la creación de mecanismos eclesiásticos destinados a preservar la fe cristiana.

En este contexto surgió la primera forma de Inquisición en Francia en 1184, con el propósito de combatir la disidencia religiosa. Décadas más tarde, entre 1231 y 1233, el papa Gregorio IX instituyó la Inquisición pontificia mediante la bula Excommunicamus, estableciendo tribunales en distintos reinos cristianos europeos. Estas instituciones pretendían corregir desviaciones doctrinales y reafirmar la autoridad de la Iglesia.

Durante la estancia en Sevilla de Isabel I de Castilla entre 1477 y 1478, el dominico sevillano Alonso de Ojeda, prior del convento de San Pablo, alertó a la soberana sobre la posible pervivencia de prácticas judaizantes entre los conversos andaluces. Un informe solicitado por los Reyes y elaborado por el cardenal Pedro González de Mendoza, arzobispo de Sevilla, junto con el dominico Tomás de Torquemada, confirmó dichas sospechas.

En enero de 1481 se estableció el tribunal de la Inquisición en el convento de San Pablo de Sevilla, siendo prior fray Alonso de Ojeda. La Inquisición española perseguía, entre otros objetivos, mantener la unidad religiosa y evitar la propagación de doctrinas consideradas heréticas. Sus actuaciones se dirigían contra prácticas y creencias que revelaban judaísmo encubierto, islam residual, luteranismo, alumbradismo u otras desviaciones respecto a la doctrina católica. La vinculación de la Orden de Santo Domingo con la defensa de la fe explica que muchos de sus miembros aceptaran cargos inquisitoriales.

El Tribunal del Santo Oficio inició su actividad en el propio convento de San Pablo, que sirvió también como primera cárcel inquisitorial. Según el abad Gordillo, la primera condena se dictó en 1481, y en aquel auto de fe predicó fray Alonso de Ojeda, a quien las crónicas describen como uno de los principales impulsores de la institución en Sevilla.

Tras dificultades iniciales en la organización del tribunal, el papa Sixto IV nombró inquisidor general a Tomás de Torquemada en 1483, a petición de la reina Isabel. A lo largo del tiempo, cinco inquisidores generales pertenecieron a la Orden de Predicadores, lo que evidencia la estrecha relación entre los dominicos y el Santo Oficio.

El templo conserva aún vestigios de aquel periodo histórico. Entre ellos destacan los candeleros situados junto a la imagen de Santa María Magdalena, decorados con el escudo inquisitorial, así como la representación de un auto de fe pintada por Lucas Valdés en el crucero. Tradicionalmente se ha identificado esta escena con el proceso contra Diego López Duro, mercader de Osuna, ejecutado en 1703 acusado de judaizante, aunque dicha identificación forma parte de la tradición interpretativa más que de una certeza documental.

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Iglesia de la Magdalena

HISTORIA

La actual iglesia parroquial de Santa María Magdalena ocupa el lugar del antiguo templo del convento dominico de San Pablo el Real (ver), uno de los conjuntos monásticos más extensos y relevantes de la Sevilla medieval. 

De aquel vasto cenobio únicamente han llegado hasta nuestros días la iglesia y la capilla de Montserrat, habiendo desaparecido por completo el resto de sus numerosas y destacadas dependencias conventuales.

Tras la conquista de Sevilla por Fernando III en 1248, el primer obispo de la ciudad, don Remondo, llevó a cabo la organización parroquial del nuevo entramado cristiano, dividiendo la urbe en veinticuatro collaciones. Una de ellas fue la de la Magdalena, encomendada a la Orden de Predicadores, cuyos religiosos habían acompañado al ejército castellano durante la campaña de conquista. A los dominicos se le asignaron terrenos próximos al río Guadalquivir, una zona fértil y rica en huertas, donde se levantó la primera sede religiosa de la parroquia: el convento de San Pablo.

Don Remondo en la estatua a San Fernando en la plaza Nueva

Las fuentes históricas señalan que el establecimiento del cenobio se consolidó en tiempos de Alfonso X el Sabio. Según relata Ortiz de Zúñiga (ver), el 3 de mayo de 1255 se expidió una carta plomada por la que el monarca confirmaba la donación de unas tierras efectuada previamente por su padre, el rey Fernando III, a favor de la Orden de Predicadores para la fundación del convento de San Pablo. De acuerdo con esta tradición, el primer prior del nuevo establecimiento habría sido fray Pedro González Telmo.

Alfonso X en una miniatura medieval del “Libro de los Juegos” (ver) (CC BY 3.0)

Como ocurrió con otras parroquias sevillanas surgidas en la etapa inmediatamente posterior a la conquista cristiana, el primitivo templo de Santa María Magdalena debió edificarse sobre una antigua mezquita, adaptando estructuras preexistentes a las nuevas necesidades litúrgicas del culto cristiano.

Durante el reinado de Pedro I, la iglesia sufrió importantes daños a consecuencia del terremoto que asoló Sevilla en 1355. A raíz de este desastre, el templo fue reconstruido siguiendo el estilo gótico-mudéjar, característico de muchas iglesias fernandinas de la ciudad, comparable al de templos como Omnium Sanctorum, San Gil, Santa Marina o Santa Ana. La reedificación contó con el decidido apoyo del monarca, quien contribuyó con generosas limosnas y llegó a legar en su testamento quinientas doblas de oro al convento. Esta especial devoción real se ha relacionado tradicionalmente con la supuesta curación del rey de una grave enfermedad por intercesión de la Virgen de las Fiebres, advocación a la que profesaba gran veneración, posiblemente influido por su madre, doña María de Portugal.

Estatua de Pedro I Museo Arqueológico Nacional. Madrid (ver) (CC BY 3.0)

La importancia y riqueza del templo del siglo XIV se refleja en la existencia de varias capillas exentas, probablemente de carácter funerario, pertenecientes a linajes destacados como los Medina, los Rosales y los Gómez de Espinosa. Estas estructuras, integradas posteriormente, conforman hoy la capilla de la hermandad de la Quinta Angustia.

En el siglo XVI, una violenta tempestad provocó el hundimiento parcial de la techumbre, lo que motivó nuevas obras y la construcción de la capilla mayor. Sin embargo, la estabilidad del edificio continuó siendo precaria y, en 1691, se produjo el colapso casi total del templo, salvándose únicamente la mencionada capilla mayor. Los repetidos desbordamientos del Guadalquivir entre 1691 y 1692 agravaron aún más el estado de la fábrica medieval, lo que condujo finalmente a su demolición completa para emprender una reconstrucción integral.

En 1692 se iniciaron las obras del nuevo templo bajo la dirección de Leonardo de Figueroa (ver), uno de los arquitectos más prestigiosos de la Sevilla barroca. El edificio actual, fruto de este ambicioso proyecto, fue concluido y solemnemente consagrado el 22 de octubre de 1724.

Durante la invasión francesa, el convento de San Pablo fue saqueado y ocupado como cuartel por las tropas napoleónicas. En este contexto, la iglesia conventual pasó a desempeñar funciones parroquiales bajo la advocación de Santa María Magdalena, en sustitución de la antigua parroquia del mismo nombre, que fue demolida en 1811 conforme al plan de derribos promovido por el asentista Maye. Aquella primitiva iglesia parroquial se alzaba en el espacio que hoy ocupa la actual plaza de la Magdalena.

Con posterioridad, los dominicos regresaron al convento y acometieron la reparación de los daños sufridos, recuperando el templo su función como iglesia conventual. No obstante, tras la desamortización de 1835, el convento fue destinado a usos civiles y, en 1842, se abandonó definitivamente la idea de reconstruir la antigua parroquia, quedando establecida de forma permanente la sede de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena en el antiguo templo de San Pablo el Real.

EXTERIOR

Situada en la plaza que hoy lleva su nombre, la primitiva parroquia de Santa María Magdalena fue una de las numerosas iglesias erigidas en Sevilla tras la reconquista cristiana. Como ocurrió con otros templos de la ciudad, sufrió graves daños a consecuencia del terremoto de 1355, lo que motivó su reconstrucción durante el reinado de Pedro I. El edificio se alzaba exento, rodeado por tres espacios abiertos que contribuían a realzar su presencia urbana: la plazuela de la Pila en el lado de la epístola, la de las Campanas a los pies y la de los Leones o de la Leña en la cabecera.

Durante la ocupación francesa, el templo fue derribado en 1811. A partir de 1817 se inició una reconstrucción parcial que no llegó a consolidarse, ya que en 1842 la iglesia fue definitivamente demolida. Sus funciones parroquiales se trasladaron entonces al antiguo convento dominico de San Pablo el Real (ver), edificio que, con las transformaciones posteriores, es el que hoy acoge la actual iglesia de la Magdalena.

El templo presenta cuatro puertas, tres de ellas abiertas a la calle San Pablo. No obstante, la portada principal es la que se sitúa a los pies de la iglesia, en la calle Cristo del Calvario, correspondiente al extremo occidental de la planta de cruz latina. Originariamente, esta portada se abría al compás del convento.

Esquina de la calle San Pablo con Cristo del Calvario

Está realizada en piedra y se organiza con sobriedad y equilibrio. En el frontispicio destacan dos jarrones ornamentales, el escudo de la Orden de Predicadores y un busto de Santo Tomás de Aquino, atribuido a Pedro Roldán, coronado con una cruz. A ambos lados se abren sendas ventanas de reducido tamaño que proporcionan luz al coro bajo.

Portada principal a la calle Cristo del Calvario

Frontispicio

Detalle del escudo

Busto de Santo Tomás de Aquino

Cruz

Una de las ventanas laterales

Detalle del penacho de la ventana

En esta misma fachada sobresale un gran rosetón que ilumina el coro alto. Su decoración resulta singular, pues aparece rodeado por las cuentas de un rosario realizadas en cerámica azul, a su vez circundadas por una delicada corona floral. Flanqueando el rosetón se disponen dos relojes de sol. En el conjunto también puede contemplarse el retablo de la Virgen del Amparo. 

Zona alta de la fachada

Rosetón

Detalle de un reloj de sol

Retablo de la Virgen del Amparo

Virgen del Amparo

En la parte superior se abre un balcón, articulado con dos espadañas laterales fechadas en 1697 y restauradas en el siglo XX, y un cuerpo central que da acceso al propio balcón.

Imagen del balcón superior

Detalle de una de las dos espadañas desde la calle Orfila

Detalle de la otra espadaña desde la calle Cristo del Calvario

Ya en la calle San Pablo se localiza tres puertas. 

Fachada a la calle san Pablo

La portada del lado derecho, comunica directamente con el crucero. En ella se abre una hornacina que alberga una escultura de Santo Domingo de Guzmán, atribuida igualmente a Pedro Roldán y fechada en 1694. La imagen se cobija bajo un tejaroz sostenido por tornapuntas de hierro forjado. El conjunto iconográfico incorpora los símbolos tradicionales asociados al fundador de la orden dominica: los perros portadores de antorchas, las azucenas blancas, la cruz patriarcal y las estrellas.

Portada del lado derecho

Hornacina con Santo Domingo de Guzmán

Santo Domingo de Guzmán

Detalle de Santo Domingo de Guzmán

Detalle de la bandera con estrellas

Detalle de perros portadores de antorchas
Detalle del ramo de azucenas en la mano izquierda

En este mismo lienzo de muro llama la atención una pequeña y estrecha ventana, encuadrada por la banda exterior de un escudo heráldico y coronada por un libro abierto. Sobre sus páginas puede leerse la inscripción “Ave María Gratia Plena”, una invocación mariana que añade un sutil contenido devocional a este discreto elemento arquitectónico.

Detalle de la ventana coronada por un libro abierto

Detalle del libro abierto

La segunda puerta de la calle San Pablo, de mayores dimensiones y la más utilizada habitualmente para el acceso al templo, se articula mediante pilastras que sostienen un arco de medio punto. Este aparece ricamente decorado con motivos vegetales y cabezas de querubines, mientras que sobre el tímpano se disponen dos jarrones ornamentales.

La segunda puerta de la calle San Pablo

Detalle de uno de los dos jarrones ornamentales

Detalle de cabeza de querubín

Se trata de la primitiva portada mudéjar del edificio, remodelada en el siglo XVII para adecuarla al gusto barroco. En el frontispicio figura el escudo de la orden dominica y, en la parte superior, un conjunto escultórico presidido por San Fernando, flanqueado por San Isidoro y San Leandro, figuras estrechamente vinculadas a la historia religiosa de Sevilla.

Frontispicio

Escudo de la orden dominica

San Fernando

San Fernando

San Isidoro 

San Isidoro 

San Leandro

San Leandro

Junto a esta portada se conservan tres lápidas conmemorativas que evocan momentos destacados de la historia del templo y del antiguo convento.

La primera recuerda la fundación del convento por Fernando III en 1248, año de la conquista de Sevilla, así como la consagración del templo en 1724 por el arzobispo Luis de Salzedo y Azcona:

 

San Fernando III Rey de Castilla y de León fundó este convento  de S. Pablo año de MCCXLVIII  en que se conquistó a Sevilla,  siendo su confesor S. Pedro  González Thelmo primer  prelado de dicho convento  y erigió este magnífico templo que se agregó al de S. Juan de Letrán año de MCCXLVIII y el de MDCCXXIV a XXII de octubre  lo consagró el Excmo. Sr. D. Luis Salzedo y Azcona Arzobispo de Sevilla “.


La segunda recoge la concesión de indulgencias otorgadas por el papa Benedicto XIII con motivo de dicha consagración, destinadas a los sacerdotes de la Orden de Predicadores:

N. SSmo. P. Benedicto XIII del Sagrado Orden de Predicadores por su Bulla dada en Roma apud S. Mariam Maiorem día XXII de septiembre Año de MDCCXXIV primero de su pontificado concede para siempre a todos los sacerdotes de dicho Orden que diciendo missa en cualquiera de los altares de las Iglesias de su sagrada Religión saquen del Purgatorio al ánima del defunto por quien la aplicaren”.

La tercera conmemora la consagración episcopal de fray Bartolomé de las Casas como obispo de Chiapas, celebrada en este convento el 30 de marzo de 1544, destacando su figura como defensor de los pueblos indígenas del Nuevo Mundo.

En este antiguo convento dominico de S. Pablo el día 30 de marzo de 1544 fue consagrado Obispo de Chiapas el sevillano Fray Bartolomé de las Casas, protector de los indios del Nuevo Mundo. Mayo 1966, cuarto centenario de la muerte de este español en América.”


La tercera puerta, de menor relevancia artística, presenta hojas chapadas en metal claveteado y muestra los escudos de la hermandad vinculada al templo.

Tercera puerta


Y un retablo cerámico del Santísimo Cristo del Calvario.

Retablo cerámico del Santísimo Cristo del Calvario

Santísimo Cristo del Calvario

Detalle


Por último, destaca en el exterior la cúpula del crucero, considerada la primera de Sevilla construida sobre tambor octogonal. Cuenta con un lucernario que permite la entrada de luz natural y se remata con una corona de hierro forjado, elemento que subraya su perfil en el conjunto arquitectónico del edificio. Está decorada con figuras escultóricas que representan indígenas americanos, que simbolizan la importancia de la Casa Madre dominica en los territorios de ultramar de la corona española.

Exterior de la cúpula

Detalle

Detalle de la corona y la cruz

Figuras escultóricas que representan a indígenas americanos


En la calle Bailen, una puerta secundaria muestra a su lado una placa:” Por aquí se avisa para qve se administren los Santos Sacramentos  a desoras”.

Puerta accesoria y placa

Por aquí se avisa para qve se administren los Santos Sacramentos  a desoras

INTERIOR

Tras franquear la puerta principal, destaca de inmediato el cancel de madera, enriquecido con vidrieras en las que se representan los escudos de la parroquia y de la Virgen del Rosario. Este espacio de acceso se encuentra cubierto por una cúpula decorada, que actúa como transición simbólica y visual hacia el interior del templo.

Detalle de las vidrieras

Detalle de las vidrieras


En la cúpula que da acceso al templo por la calle San Pablo puede contemplarse un emblema singular: una cruz flanqueada por una espada, símbolo de la justicia, y un ramo de olivo, representación de la misericordia. Este escudo, asociado al Santo Oficio, recuerda el destacado protagonismo que tuvo la Orden de Predicadores en la defensa de la ortodoxia religiosa durante la Edad Media y la Edad Moderna.

Cúpula de entrada

Detalle

Detalle

Detalle

El edificio responde a una planta de cruz latina, articulada en tres naves longitudinales y una transversal. La nave central, de mayor altura y anchura, se organiza en cinco tramos claramente definidos. 

Vista del templo desde los pies

Vista del templo desde los pies

Vista desde la cabecera

Sobre la entrada principal se sitúa el coro, elevado y abierto al interior, mientras que al fondo del conjunto se dispone el presbiterio, eje litúrgico y visual del templo.

La nave central se cubre con una bóveda de cañón profusamente ornamentada con pinturas murales en las que aparecen ángeles y elementos decorativos de gran riqueza cromática.

Bóveda de nave central

En el cruce de la nave longitudinal con el transepto se alza una cúpula de planta octogonal, igualmente decorada, que constituye uno de los elementos más sobresalientes del conjunto. 

Todo el programa pictórico fue realizado en el siglo XVIII por Lucas Valdés (ver), autor de algunas de las más notables pinturas murales del barroco sevillano.

La cúpula octogonal, coronada por una linterna, presenta en su interior un elaborado discurso iconográfico centrado en la Gloria de la Virgen.

Cúpula octogonal

En cada uno de sus ocho paños se disponen medallones con letras que, en conjunto, forman la invocación “Ave María”, acompañados de figuras de ángeles que portan atributos alusivos a las letanías marianas. 

Detalle de media cúpula

Detalle de media cúpula

Detalle de un paño con la letra “A”

En el interior de la linterna aparece un sol simbólico, que refuerza el carácter celestial y luminoso del conjunto. Las pinturas de ángeles y arcángeles, así como este motivo solar, son obra, igualmente, de Lucas Valdés.

Detalle del Sol

Las pechinas se decoran con relieves de madera policromada que representan escenas del Antiguo Testamento. Estas composiciones se apoyan simbólicamente sobre el águila y el león alado, emblemas de los evangelistas san Juan y san Marcos, y se atribuyen al taller de Pedro Roldán. 

Detalle de pechina

Detalle de pechina
Detalle de pechina
Detalle de pechina

En los intradós de los arcos torales se desarrollan alegorías de la Iglesia católica y de diversas virtudes divinas, como la Providencia, la Misericordia, la Sabiduría y la Justicia.

En los cuatro pilares que sustentan la cúpula aparecen pintadas dieciséis figuras de santos y beatos de la Orden de Predicadores, identificados mediante inscripciones latinas, conformando un auténtico homenaje visual a la tradición espiritual e intelectual de la orden.

San Raimundo de Peñafort

San Petrus González Telmo

San Agustín Gazotto

Benedicto XI

San Pedro Mártir de Verona

San Juan Mártir de Colonia

San Antonio

San Gunsisalvo de Amarantho

San Pio V

San Alberto Magno

San Jacobo de Mavania

San Hyacinthus

Tanto las pilastras como los arcos que articulan el espacio interior, así como los paños intermedios de los muros, se encuentran cubiertos por un abundante programa de pinturas al fresco. En ellas se representan los Evangelistas, junto a santos y beatos vinculados a la Orden dominica, combinados con motivos vegetales, roleos y guirnaldas que refuerzan la unidad decorativa y el carácter plenamente barroco del conjunto.

Al pintor gaditano Clemente de Torres (1662-1730), formado artísticamente en el obrador de Valdés Leal, se atribuyen con firmeza seis de los apóstoles pintados sobre los pilares del templo, correspondiéndose con San Pedro, San Pablo, San Andrés, San Matías, Santiago el Menor y Santiago el Mayor, plasmados de cuerpo entero, en figuras solemnes y monumentales, provistas de una emotiva expresión espiritual. Otros dos apóstoles, San Felipe y Santo Tomás, reflejan la paleta de Lucas Valdés, mientras que los restantes pertenecerían a un anónimo colaborador de su taller.







San Pablo

San Pedro

San Andrés

San Juan




La nave del crucero cuenta con tribunas realizadas en madera ricamente tallada y dorada, que aportan un notable efecto escenográfico. 

Crucero del lado de la epístola

Sobre estas tribunas se conservan dos grandes pinturas al fresco de Lucas Valdés: Auto de Fe en tiempos de San Fernando o El suplicio de Diego Duro, situado en el lado de la Epístola, y La entrada de san Fernando en Sevilla, en el lado del Evangelio, ambas de gran fuerza narrativa y expresiva.

En el primero se representa un Auto de Fe en el que aparecen frailes dominicos y el mismo San Fernando que transporta leña para la hoguera. Según la leyenda este fue un acontecimiento real que se celebró en Sevilla el 28 de octubre de 1703 en el que se ejecutó entre otros a un personaje llamado Diego López Duro vecino de Osuna (Sevilla) por practicar la religión judía. También aparece un grupo de dominicos llevando en burros a los condenados.

Auto de Fe en tiempos de San Fernando

Detalle del auto de Fe en tiempos de San Fernando

Detalle de san Fernando transportando leña para la hoguera

Detalle del condenado sobre un burro, con el San Benito con la Cruz de san Andrés y con el capirote sobre la cabeza

Detalle del lado derecho del cuadro

Detalle del lado izquierdo del cuadro

Detalle de la plaza San Francisco preparada para el Auto de Fe

Detalle de lo que podría ser la Ermita de San Diego

En la parte superior y dentro de hornacinas, esculturas de san Gregorio (¿) y San Agustín (¿), obras de Pedro Roldan. 

Detalle de la parte superior

San Gregorio

San Agustín

La entrada triunfal de San Fernando en Sevilla, entre las alegorías de la fortaleza y de Sevilla, liberada representa la entrada de este rey en la ciudad acompañado por la Virgen de los Reyes y un gran séquito eclesiástico entre el que se encuentra Santo Domingo de Guzmán y San Pedro Nolasco.

Crucero del lado del evangelio

La entrada triunfal de San Fernando en Sevilla

Detalle de La entrada triunfal de San Fernando en Sevilla

Detalle de san Fernando

Detalle de la Virgen de los Reyes

Detalle de San Isidoro y San Clemente

Detalle del lado derecho del cuadro

Detalle del lado izquierdo del cuadro

En la parte superior y dentro de hornacinas, esculturas de san Isidoro (¿) y San Clemente (?), obras de Pedro Roldan. 

Detalle de la parte superior

San Isidoro

San Clemente

Nave de la Epístola

Vista general de la nave de la epístola desde los pies

Vista de la nave de la epístola desde la nave central

CAPILLA DE LA QUINTA ANGUSTIA

Se adosa a la nave del evangelio y se encuentra separada del resto del templo mediante una reja, lo que refuerza su carácter de ámbito diferenciado. Su origen se sitúa entre finales del siglo XIV y comienzos del siglo XV, fruto de un proceso constructivo prolongado que refleja la evolución histórica del edificio.

La capilla es el resultado de la unión de tres antiguas capillas independientes, las de Medina, Rosales y Gómez de Espinosa. Tras su integración en un solo espacio, se clausuró la comunicación directa con la nave principal, configurándose así un recinto autónomo de grandes proporciones. Su amplitud es tal que puede considerarse, por su entidad arquitectónica y funcional, como una iglesia dentro de otra iglesia.

Presenta una planta rectangular organizada en dos tramos y un presbiterio claramente definido. Todo el conjunto se cubre con tres bóvedas ochavadas ricamente ornamentadas con lacerías, un elemento característico del gusto tardomedieval que aporta unidad y solemnidad al espacio. Recorriendo la parte inferior de los muros se dispone un zócalo de azulejos, obra de Cayetano Sánchez y Pineda, que añade un notable valor decorativo y cromático al conjunto.

Vista desde los pies de la capilla

Vista desde los pies de la capilla

Bóvedas ochavadas

La capilla está presidida por el misterio titular de la Hermandad, el Señor del Descendimiento, escultura atribuida a Pedro Roldán en torno a 1660. El grupo escultórico se completa con las figuras de los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemo, representados en la acción de desclavar el cuerpo de Cristo, así como las Santas Mujeres —María Magdalena, María de Cleofás y Salomé— y san Juan Evangelista, todas ellas realizadas por Pedro Nieto Montañés en 1633. La imagen de la Santísima Virgen es una obra del siglo XX, ejecutada en 1933 por Vicente Rodríguez Caso Giménez de Aragón.

Altar con el misterio titular de la Hermandad

Detalle de Jesús en vertical

Detalle de Jesús en horizontal

Detalle del rostro

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza

Detalle de los pies

Detalle de Nicodemo

José de Arimatea

Santísima Virgen

Santísima Virgen

San Juan

Detalle de los ángeles a cada lado del retablo

Asimismo, se veneran, en esta capilla, un Cristo Resucitado, contratado en 1582, situado en un arcosolio con dos medallones de San José y la Virgen. Pertenecía a la antigua cofradía del Dulce Nombre de Jesús, fusionada con la penitencial de la Quinta Angustia.

Arcosolio con Cristo Resucitado

Cristo Resucitado

San José

La virgen

Y la imagen del Dulce Nombre de Jesús, fechable hacia 1580, debidas a Jerónimo Hernández, que  participa en la procesión eucarística que tiene lugar el domingo siguiente al Corpus Christi, manteniendo viva una antigua tradición devocional, en un baldaquino realizado en 1924 por Joaquín Bilbao y Antonio Infante.

Dulce Nombre de Jesús

Detalle del Dulce Nombre de Jesús

Baldaquino para salida Procesional

El patrimonio pictórico de la capilla incluye una destacada serie de óleos de Valdés Leal, procedentes del retablo mayor de la desaparecida iglesia de San Benito de Calatrava. Entre estas obras se encuentran representaciones del Calvario, la Inmaculada, san Miguel, san Antonio Abad, san Antonio de Padua, san Juan Bautista, san Andrés, santa Catalina y san Sebastián. En el presbiterio se conservan además pinturas de cronología posterior, como Jesús entre los doctores y la Circuncisión, así como, en uno de los muros, la escena de la Lactación de san Bernardo.

Jesús entre los doctores

La Circuncisión

Arcángel san Miguel

San Sebastián

Calvario

Inmaculada

Lactación de san Bernardo

San Antonio Abad

San Antonio de Padua

San Juan Bautista

Santa Catalina

Completa el conjunto la presencia de tres escudos heráldicos, dos pertenecientes al linaje de los Ayala y uno a la familia Medina, junto a varias esculturas de ángeles pasionarios atribuidas a Pedro Roldán, fechadas en el siglo XVII, que refuerzan el carácter devocional y artístico de este singular espacio.

Ángel pasionario

CAPILLA BAUSTISMAL

Vista de los pies de la nave de la epístola

A los pies del templo, en el lado de la epístola, se sitúa la capilla bautismal, un espacio de especial relevancia histórica y devocional. En ella se conserva la pila bautismal del siglo XVII, procedente de la antigua parroquia de Santa María Magdalena, donde fue bautizado Bartolomé Esteban Murillo el 1 de enero de 1618. La vinculación de la familia Esteban Murillo con dicha parroquia se prolongó durante más de seis décadas, iniciándose con el matrimonio de los padres del pintor y continuando con su propia partida de bautismo y de matrimonio, así como con los bautizos de sus dos primeros hijos. 

Capilla Bautismal

Pila bautismal del siglo XVII

Placa conmemorativa de Murillo

En esta capilla se venera el Cristo del Gonfalón o Confalón, una escultura atribuida a Nicolás de León y fechada en torno a 1536, que anteriormente se encontraba en la sacristía del templo. 

La imagen forma parte de una composición de Calvario, acompañada por las figuras de la Virgen María y San Juan Evangelista, representados de pie y dispuestos a ambos lados del Crucificado. 

Esta obra perteneció a una antigua hermandad hoy desaparecida, la Cofradía de la Vida de Cristo y Confalón, cuya finalidad era el ejercicio de obras de misericordia y piedad cristiana. Dicha corporación estaba además agregada a una hermandad homónima radicada en Roma, lo que evidencia sus vínculos con la espiritualidad y las prácticas devocionales de ámbito internacional.

Calvario formado por el Cristo del Gonfalón o Confalón, la Virgen María y San Juan Evangelista

Cristo del Gonfalón o Confalón

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza o Perizoma

Detalle de los pies

Virgen

Detalle

San Juan

Detalle

Completa el conjunto artístico de la capilla un lienzo que representa el Bautismo de Cristo, datado en la segunda mitad del siglo XVII y atribuido a Juan Simón Gutiérrez. Esta pintura refuerza el carácter sacramental del espacio, aludiendo iconográficamente al rito del bautismo y enriqueciendo el valor artístico y simbólico de la capilla.

Bautismo de Cristo

Cúpula de la capilla

Detalle


SANTA RITA DE CASIA

Vista del primer tramo de la nave de la epístola


Junto a la capilla Bautismal se sitúa el retablo de Santa Rita de Casia, un retablo de estípites, tipología ampliamente difundida en las ensambladuras sevillanas a partir de la segunda década del siglo XVIII. Procede del convento agustino del Pópulo y es obra de Sebastián Jiménez, fechada en 1725.

Retablo 

La imagen titular, Santa Rita (ver), es una imagen de candelero anónima realizada hacia 1625 y procedente del extinguido convento del Pópulo

Santa Rita

Detalle

A ambos lados del nicho central aparecen dos figuras cuya identificación no es unánime: tradicionalmente se han interpretado como San Juan Nepomuceno, presbítero, y un obispo no identificado; sin embargo, otras fuentes sostienen que podrían representar a los beatos Guido de Montpellier y Bernardo Scammacca, dominico siciliano.

Santos

Santos
Santos
Santos

En el ático del retablo se representa la escena de San Pedro liberado por el Ángel.

San Pedro liberado por el Ángel

En los laterales dos frescos de la vida de Jesús.

Resurrección

Jesús entre los Doctores

A continuación, un relieve del tercer cuarto del siglo XVIII, enmarcado por yeserías doradas que representa a” La Aparición de la Virgen a San Cayetano”, anónimo sevillano. 

La aparición de la Virgen a San Cayetano ocurrió en la Navidad de 1517, en la Basílica de Santa María Mayor en Roma. Mientras oraba, María se apareció y colocó al Niño Jesús en brazos de Cayetano, confortándolo y eliminando sus dudas de fe.

La Aparición de la Virgen a San Cayetano


Batalla de lepanto

Vista del segundo tramo


Pasando ante la puerta de entrada, podremos contemplar un fresco enmarcado por yeserías doradas que representa a La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la Batalla de Lepanto, obra de Lucas Valdés de hacia 1709-1715.

Batalla de Lepanto

Sobre una nube aparece la Virgen del Rosario, cuya intercesión, según la tradición, fue decisiva el 7 de octubre de 1571 para que las tropas cristianas alcanzaran la victoria tras las oraciones promovidas por el papa Pío V. Así, se rememora la institución de la fiesta de la Virgen del Rosario, establecida por el propio papa dominico Pío V en esa misma fecha, en conmemoración de este triunfo naval de los ejércitos cristianos frente a los turcos.

Detalle de la parte superior con la Virgen del Carmen sobre una nube

Detalle de la batalla

Por encima dos frescos de la vida de Jesús y un cuadro del que no tengo información.



Presentación al templo

Adoración delos pastores

CAPILLA SACRAMENTAL

Vista del tercer tramo

Detalle del tercer tramo


En el tercer tramo, a los lados de la cancela de la Capilla Sacramental destacan dos fresco de la vida de la Virgen y un cuadro del que no tengo información.

Cancela de la Capilla Sacramental

Visitación de la Virgen a su prima Isabel

Cuadro

Anunciación


La capilla Sacramental es un amplio espacio que se extiende desde el transepto hasta la puerta lateral del templo. En origen estuvo dedicada a la Virgen del Rosario, pero con el traslado de la parroquia a este edificio pasó a asumir funciones sacramentales, adquiriendo desde entonces su actual advocación y uso litúrgico.

En el muro frontal, frente a la entrada, se dispone una vitrina que alberga la extraordinaria Custodia Procesional, una de las piezas más destacadas del ajuar parroquial. Con una altura de 2,25 metros, comenzó a realizarse en 1678 por Cristóbal Sánchez de la Rosa, fue continuada por Juan Laureano de Pina y concluida en 1790 por Blas Amat y Cortés. La custodia pertenece a la hermandad Sacramental de la parroquia y destaca tanto por sus proporciones monumentales como por la riqueza de su ejecución.

Custodia procesional


La capilla está presidida por un retablo fechado en 1817, obra original de Miguel Albín. Se estructura en banco, cuerpo principal y ático. El banco lo compone una mesa de altar cuyo frontal se decora con una columnata que encuadra florones, acompañada de puertas laterales. Sobre la mesa se sitúa un sagrario de plata de finales del siglo XVIII, realizado por Blas Amat y restaurado en 1954 por Fernando Marmolejo.

Todo el retablo presenta una policromía que imita mármoles, con perfiles y detalles resaltados en dorado.

Retablo

Sagrario


El cuerpo del retablo se organiza mediante cuatro columnas de fuste estriado y orden corintio, que articulan una calle central y dos entrecalles. La calle central, ligeramente adelantada, acoge un camarín con baldaquino interior formado por arcos de medio punto apoyados en columnas. En su interior se venera una imagen de la Inmaculada Concepción (ver) del siglo XVIII, atribuida a Benito Hita y Castillo (ver) que procesiona en la procesión del Corpus.

Detalle del baldaquino que aloja a la Inmaculada

Inmaculada Concepción

Detalles de la Inmaculada

Detalles de la Inmaculada

En las entrecalles se disponen dos esculturas de los arcángeles San Miguel (ver) y San Rafael (ver), datadas a finales del siglo XVII y atribuidas a Pedro Roldán (ver)

San Rafael 

Detalle

San Miguel

Detalle


El conjunto se remata con un ático presidido por un relieve de la Santísima Trinidad, obra de Manuel María Fernández, flanqueado por columnas pareadas de orden corintio y fustes estriados. 

Santísima Trinidad


Sobre el entablamento del cuerpo, en los extremos, se sitúan los ángeles realizados por Patroni, colocados sobre ménsulas. 

Ángel de Patroni

Ángel de Patroni

En los laterales del retablo destacan dos ángeles lampararios obra de Pedro Roldan (ver).

Ángel lamparario

En el mismo muro de la entrada, a la derecha según se accede a la capilla, se conservan dos notables pinturas de Francisco de Zurbarán. 

Muro con las dos pinturas de Zurbarán

La primera representa la curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleáns por intercesión de la Virgen. En la escena se muestra el momento en que la Virgen María, acompañada por santa Cecilia y santa Catalina, se aparece junto al lecho del religioso dominico, gravemente enfermo a causa de unas fiebres que amenazaban su vida. Tras ungirle la cabeza, Reginaldo queda completamente restablecido, subrayándose el carácter sobrenatural del episodio.

Curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleáns por intercesión de la Virgen

La segunda obra alude a la entrega milagrosa del verdadero retrato de santo Domingo en el monasterio de Soriano. La escena sitúa al espectador en la noche del 15 de septiembre de 1530, cuando la Virgen María, acompañada de santa María Magdalena y santa Catalina, se apareció en el convento dominico de Soriano, en Calabria, al hermano sacristán fray Lorenzo da Grottaria. Las santas le entregaron un lienzo con la imagen de santo Domingo, ordenándole colocarlo sobre el altar. Desde aquel momento, la pintura fue objeto de una intensa devoción, recibiendo el favor y el patronazgo de nobles, monarcas y pontífices, lo que contribuyó al notable engrandecimiento del santuario.

Verdadero retrato de santo Domingo en el monasterio de Soriano

En una segunda visita se situaban en este lugar los cuatros de los cuatro evangelistas.

Mateo y el Ángel

Marcos y el León

Juan y el Águila

Lucas y el Buey

En esta capilla se localiza también la sepultura de don Francisco Arias de Saavedra, que fue ministro de Carlos III, cuyo enterramiento refuerza el valor histórico y simbólico de este espacio dentro del conjunto del templo.

Sepultura de don Francisco Arias de Saavedra

Sepultura de don Francisco Arias de Saavedra
Texto

Finalmente, destacamos la pila de agua bendita y la decoración del techo y las paredes.

Pila de agua bendita

Detalle de la cubierta

Detalle de las paredes

Detalle de las paredes
Detalle de las paredes

RETABLO DE LA ASUNCIÓN

Salimos de la Capilla Sacramental y, justo antes de llegar al brazo del crucero, encontramos el retablo de la Asunción de la Virgen, de autor anónimo fechado hacia 1720-40. 

Retablo de la Asunción de la Virgen


En el centro se dispone un relieve de la Asunción realizado por Juan de Mesa (ver) en 1619. Cabe destacar los ángeles, ejecutados al estilo de su maestro, Martínez Montañés.

Asunción

Detalle

Detalle de los ángeles


En el ático del retablo se sitúa otro relieve, dedicado a la Coronación de la Virgen, obra del mismo autor.

Coronación de la Virgen


RETABLO DEL SAGRADO CORAZÓN

Crucero, brazo de la epístola

Crucero, brazo de la epístola

En el brazo de la epístola del crucero se encuentra, en primer lugar, el retablo barroco (primer cuarto del XVIII) del Sagrado Corazón de Jesús, atribuido a Cristóbal de Guadix, hacia 1705-1710, con una imagen moderna. 

Retablo del Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús

Detalle

La acompañan Santo Domingo, San Francisco y Santo Tomás en el ático. Escoltado por dos santos de los que no tengo información.

Santo Domingo

Detalle

San Francisco

Detalle

Santo Tomás

Santo de la derecha

Santo de la izquierda


RETABLO DE SAN JOSÉ CON EL NIÑO

Seguidamente el retablo de san José con el Niño con imagen de Martínez Montañés de hacia 1610-1620.

Retablo

San José con el Niño

Detalle de san José

Detalle del Niño


RETABLO DE LA VIRGEN DEL CARMEN

Tras la Puerta de la epístola, habitualmente cerrada, podemos ver el retablo de la Virgen del Carmen (ver) con una imagen de vestir atribuida a Juan Bautista Patrone y Quartín de comienzos del siglo XIX. 

Retablo de la Virgen del Carmen

Virgen del Carmen

Detalle

Detalle
CAPILLA DE SAN ANTONIO DE PADUA

Le sigue la Capilla de San Antonio de Padua (ver), cerrada con una reja. Contiene un retablo de autor anónimo de comienzos del siglo XVIII. 

Capilla de San Antonio de Padua

Capilla de San Antonio de Padua

La hornacina central cobija una talla del titular de anónimo sevillano del primer cuarto del siglo XVII. 

San Antonio de Padua

Detalle

Detalle

En el banco del retablo hay un Ecce Homo del siglo XVII de la escuela de Ruiz Gijón y unas reliquias.

Ecce Homo

Reliquias

En el ático, la Estigmatización de Santa Catalina de Siena, titular anterior de esta capilla, como lo podemos leer en la reja, le acompaña Santa María Magdalena y Santa Bárbara.

Estigmatización de Santa Catalina de Siena

Santa María Magdalena

Santa Bárbara

En una segunda visita, en las calles laterales vemos dos santos de los que no tengo información.

Santos laterales

Detalle

Santos laterales
Detalle

En la pared un cuadro de la Adoración de los pastores junto a dos frescos imposibles de fotografiar a través de la cancela.

Adoración de los pastores

HORNACINA DE SANTA MONICA

Entre la capilla de San Antonio de Padua y la siguiente se sitúa una hornacina con una imagen, obra de anónimo sevillano, de Santa Mónica, de la segunda mitad del siglo XVII, atribuida a Pedro Roldan.

Hornacina

Santa Mónica

Detalle

CAPILLA DE LA HERMANDAD DEL CALVARIO

La última de las capillas de la epístola es la del Santísimo Cristo del Calvario, dedicada originariamente a Santo Domingo de Guzmán, cerrada con una gran reja.

Capilla del Santísimo Cristo del Calvario

Retablo del Santísimo Cristo del Calvario

El retablo es obra de Cristóbal de Guadix 1707 para lo orden Tercera dominica.  Preside el retablo un espectacular crucificado del Calvario (Cristo muerto) obra de Francisco Ocampo 1611-1612 (ver) y la Virgen de la Presentación, hacia 1820-1830, junto con San Juan Evangelista de 1821, ambos de Juan de Astorga (ver), bajo la que se venera el Lignúm Crucis, que apareció en el interior del Cristo coincidiendo con su restauración.

Santísimo Cristo del Calvario

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza

Visión frontal de los pies

Virgen de la Presentación

Virgen de la Presentación

Detalle de la Virgen

Detalle de la Virgen
Detalle de la Virgen
Detalle de la Virgen

San Juan Evangelista

Detalle


En el ático, el relieve de la entrega del Rosario por la Virgen a santo Domingo y a santa Catalina de Siena, del siglo XVIII, y la figura alegórica de la Caridad. 

Ático superior

Figura de la Caridad

Ático del retablo 

Entrega del Rosario por la Virgen a santo Domingo y a santa Catalina de Siena

Entrega del Rosario por la Virgen a santo Domingo y a santa Catalina de Siena

Detalle de las cabezas de querubines


En los laterales el apóstol Santiago y el arcángel San Rafael.

Santiago

San Rafael

Ángel lateral


En los muros hay dos altares vitrinas con santos dominico y franciscano y los cuadros representando la Anunciación y la adoración de los Reyes, Elías en el carro de fuego y Moisés en el Sinaí, imposibles de fotografiar. 

Pared lateral izquierda

Vitrina con santo dominico

Pared lateral derecha

Vitrina con santo franciscano

Anunciación

Adoración de los Reyes

Presbiterio

El presbiterio se abre con una nota solemne marcada por dos ángeles lampadarios situados a la entrada, esculturas atribuidas a Pedro Roldán, que sostienen luminarias y subrayan el carácter ceremonial del espacio sagrado.

Ángel lamparario

Ángel lamparario

La bóveda de la capilla mayor está dedicada al Triunfo de la Fe, un amplio programa pictórico ejecutado por Lucas Valdés. La escena representa la victoria de la fe católica sobre la herejía, simbolizando la defensa doctrinal llevada a cabo por los frailes dominicos. En el centro aparece la Fe como figura alegórica, flanqueada por los arcángeles san Miguel y san Rafael, rodeados de ángeles y músicos que refuerzan el carácter celestial de la composición. Bajo este conjunto de nubes se sitúan los dos grandes santos de la orden: Domingo de Guzmán, con una espada en llamas como símbolo de la predicación ardiente, y Tomás de Aquino, portando palma y pliego, atributos de su sabiduría y martirio intelectual. 

Cúpula del presbiterio

Triunfo de la Fe

Detalle del Triunfo de la Fe

Domingo de Guzmán

Tomás de Aquino

En las esquinas de la bóveda, cuatro medallones aluden a los continentes entonces conocidos, subrayando la vocación universal de la fe.

Asia

América

Europa

África


Los muros laterales presentan dos elegantes portadas de mármol rojo que conducen a la sacristía. Cada una está presidida por una alegoría: la Esperanza, a la derecha, y la Caridad, a la izquierda, virtudes teologales que completan el mensaje doctrinal del conjunto.

Muro lateral

Esperanza

Caridad


El presbiterio se completa con dos grandes lienzos del pintor sevillano Matías de Arteaga y Alfaro, fechados en el siglo XVIII. En el lado de la epístola se representa a David y el traslado del Arca de la Alianza, mientras que en el lado del evangelio se muestra la ofrenda del pueblo de Israel en el Templo de Jerusalén, también conocida como la ofrenda de los panes por Melquisedec o La reconstrucción del templo de Jerusalén en tiempos del profeta Ageo. Ambas escenas refuerzan el paralelismo entre el Antiguo Testamento y la liturgia cristiana.

David y el traslado del Arca de la Alianza

Ofrenda de los panes por Melquisedec

Las paredes del presbiterio y su prolongación hacia la nave principal están decoradas con imágenes de santos de la Orden de Predicadores, configurando un discurso visual de exaltación dominica, como ya hemos comentado en el análisis general del interior del templo. 

En las esquinas se sitúan las figuras de los cuatro evangelistas, pilares de la transmisión del mensaje cristiano.

Mateo y el Ángel

Lucas y el Buey

Marcos y el León

Juan y el Águila

En la esquina del presbiterio con el crucero del lado del evangelio, se alza un magnifico pulpito

Pulpito

Pulpito

Detalle del pulpito

Detalle del pulpito

Altar Mayor

En 1577, el prior del convento encargó el primer retablo mayor a Juan Bautista Vázquez el Viejo y Miguel de Adán, obra que permaneció en el templo hasta aproximadamente el año 1700. El retablo actual puede fecharse entre 1709, cuando finalizaron las obras, y 1724, año de su consagración. Se ha relacionado su diseño con Leonardo de Figueroa y su ejecución escultórica con Pedro Duque Cornejo (ver).

Se trata de un retablo de enormes dimensiones, el segundo mayor de la ciudad tras el de la catedral, con unos 160 metros cuadrados de superficie y dieciocho metros de altura. Su programa iconográfico exalta a la Orden de Predicadores mediante la representación de sus santos más significativos.

Consta de banco y dos cuerpos, organizados en tres calles separadas por columnas salomónicas. Fue restaurado en 2012 con el patrocinio de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Retablo Mayor

En la calle central se sitúa, en la parte inferior, el tabernáculo, que alberga una delicada Inmaculada de pequeño formato procedente del virreinato de Nueva España (México), fechada en el siglo XVIII. 

Inmaculada

Sagrario

Sobre ella se alza la escultura de santa María Magdalena, titular del templo, realizada en 1704 por Felipe Malo de Molina, imagen que ya presidía la primitiva iglesia bajo la misma advocación. 

Hornacina con Santa María Magdalena

Santa María Magdalena

Detalle

El resto de las esculturas del retablo se atribuyen a Pedro Duque Cornejo y fueron ejecutadas entre 1709 y 1724.

En la parte superior se encuentra una escultura anónima de san Pablo, datada a comienzos del siglo XVII. Este apóstol fue titular del antiguo templo dominico y cedió posteriormente su hornacina a la imagen de la Magdalena, reflejando la evolución histórica y devocional del conjunto.

Hornacina con San Pablo

San Pablo

Detalle

En el ático se representa la conversión de San Pablo en el camino de Damasco y a los lados Santa Rosa y Santa Catalina, y bordeando el conjunto un rosario portado por Ángeles.

Detalle del ático del retablo

Conversión de San Pablo en el camino de Damasco

Santa Rosa

Santa Catalina


En los laterales, figuran esculturas de santos relacionados con la orden dominica, San Pío V y San Benedicto XI, en el segundo cuerpo, y San Francisco y Santo Domingo de Guzmán en el primero. 

San Pío V

San Benedicto XI

San Francisco

Detalle de san Francisco

Santo Domingo de Guzmán

Detalle de Santo Domingo de Guzmán


Nave del Evangelio


Nave del evangelio desde la nave central

Tras completar el presbiterio y el altar mayor, pasamos al crucero del lado del evangelio.

Crucero, brazo del evangelio

Crucero, brazo del evangelio

CAPILLA DE LA VIRGEN DEL AMPARO

La capilla dedicada a la Virgen del Amparo se encuentra cerrada por una reja datada en el primer cuarto del siglo XVIII, elemento que, además de delimitar el espacio sagrado, aporta un notable valor artístico al conjunto. 

Capilla de la Virgen del Amparo

En su interior destaca un imponente retablo barroco del siglo XVIII, atribuido a Cristóbal de Guadix, ricamente ornamentado y articulado mediante columnas salomónicas que refuerzan la sensación de movimiento y solemnidad propia de este estilo.

Retablo

En el centro del retablo, dentro de un camarín revestido con azulejería decorativa, se venera la imagen de la Virgen del Amparo, atribuida al escultor flamenco Roque Balduque (ver) y fechada en el siglo XVI (hacia 1555). La talla procede de la antigua parroquia y presenta a la Virgen con el Niño Jesús en brazos. En su mano derecha sostiene un corazón alado, atributo característico de esta advocación que simboliza la prontitud y misericordia de María para socorrer a quienes acuden a ella en momentos de aflicción.

Virgen del Amparo

Detalle de la Virgen del Amparo

Detalle de la Virgen del Amparo

Detalle del corazón alado

A los pies de la Virgen se dispone una imagen del Niño Jesús, reforzando el mensaje de la Sagrada Familia y la genealogía mariana.

Niño Jesús

En el ático del retablo aparecen un relieve de Jesús con la cruz camino del Calvario y debajo la Anunciación con san Joaquín y santa Ana a los lados.

Ático

Detalle de Jesús

Ático
Anunciación

San Joaquín 

Santa Ana

El conjunto iconográfico que rodea a la imagen principal incluye diversas esculturas de santos. A uno de los lados se sitúan las figuras de san Gabriel —aunque algunos estudiosos sugieren que podría tratarse de san Miguel—, san Hermenegildo y san José. 

San Hermenegildo

Detalle de San Hermenegildo

San José

Detalle de San José


Los muros de la capilla conservan restos de decoración mural al fresco, así como vitrinas y figuras de ángeles que enmarcaban antiguos cuadros hoy desaparecidos. Entre las pinturas murales se identifican cuatro santos dominicos, aunque su reconocimiento resulta complejo; entre ellos se distingue con mayor claridad el beato Francisco de Posadas y, probablemente, san Pedro Mártir y santo Domingo de Guzmán.

Pared derecha

Flagelación

Ecce Homo

Santos dominicos

Santos dominicos

Hornacina

Pared izquierda

Coronación de Espinas

Santos dominicos

Santos dominicos
Santos dominicos

Hornacina

En los arcos de acceso se conservan frescos de notable interés iconográfico. En ellos se representan escenas del Antiguo Testamento, como Moisés elevando la serpiente de bronce y golpeando la roca para hacer brotar agua, junto a figuras hagiográficas como santa Librada y san Dimas, el Buen Ladrón, configurando un programa simbólico centrado en la salvación, la redención y la intercesión divina.

Moisés golpeando la roca para hacer brotar agua

Moisés elevando la serpiente de bronce

Santa librada

San Dimas

HORNACINA CON SANTA ROSA DE LIMA

Le sigue una hornacina con una imagen barroca de candelero de Santa Rosa de Lima (ver), dominica patrona de Perú y Filipinas. Anónimo sevillano del último cuarto del siglo XVII.

Hornacina con Santa Rosa de Lima

Santa Rosa de Lima

Detalle de Santa Rosa de Lima

CAPILLA DE LA VIRGEN DE LA ANTIGUA

A continuación, se encuentra la capilla conocida como de la Milagrosa, que en otro tiempo estuvo dedicada a san Pablo y actualmente lo está a la Virgen de la Antigua. 

Vista de la Capilla

El espacio se cierra mediante una reja fechada en 1723 y alberga un notable retablo barroco del siglo XVIII. 

En su centro se dispone una imagen de la Virgen Dolorosa, arrodillada y tallada de cuerpo entero —no concebida como imagen de vestir—, atribuida a Pedro Roldán en el siglo XVII. La figura aparece con las manos entrelazadas y la mirada elevada, acentuando su expresión de recogimiento y dolor.

Virgen Dolorosa de la Antigua

Detalle de la Virgen Dolorosa de la Antigua

Detalle de la Virgen Dolorosa de la Antigua

Detalle de las manos

Esta advocación fue titular de la antigua Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores, fundada en el siglo XVI y muy arraigada en la devoción popular, aunque desaparecida a comienzos del siglo XIX. En sus procesiones acompañaba a un Nazareno que hoy se identifica con el Cristo de la Salud de la Hermandad de la Candelaria, con sede en la parroquia de San Nicolás, mientras que su antiguo palio pasó a ser utilizado por la Virgen del Valle.

Tras la extinción de la corporación, la imagen fue trasladada al convento, dejando vacía su primitiva capilla situada en el compás del cenobio. Dicho espacio sería posteriormente cedido a la hermandad de Montserrat, donde en la actualidad radica la Hermandad del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat.

Junto al retablo se disponen relieves que representan episodios de la vida de san Pablo, entre ellos su martirio y su ascensión al cielo. 

Martirio de san Pablo

Ascensión al cielo de san Pablo

En el ático aparecen dos pequeñas esculturas que podrían corresponder a san José de Calasanz y santa Rita. Los muros conservan varios lienzos de difícil identificación debido a su avanzado deterioro.

Ático

Detalles del ático
Detalles del ático

San José de Calasanz

Santa Rita


RETABLO DE SAN JOAQUIN, SANTA ANA Y LA VIRGEN

Al lado de la puerta de la Sacristía se presenta un retablo del siglo XVII con un grupo escultórico San Joaquín, Santa Ana y la Virgen. 

San Joaquín es obra de García Ramos, siglo XVIII, y la Virgen y el Niño están atribuidas a Ruiz Gijón (ver), de la segunda mitad del siglo XVII, entre 1675 y 1678.

Retablo de la Sagrada Familia

Retablo de la Sagrada Familia

Detalle de la Sagrada Familia

Detalle de Santa Ana

Detalle de san Joaquín 

Detalle de la Virgen Niña


RETABLO DE LA VIRGEN DE LAS FIEBRES

Al otro lado de la puerta de la sacristía se venera la Virgen de las Fiebres, una delicada escultura atribuida a Juan Bautista Vázquez el Viejo (ver) y fechada en 1565, considerada una de las representaciones marianas más notables del Renacimiento sevillano. 

Retablo

Retablo

La imagen presenta a María sosteniendo al Niño sobre el brazo izquierdo, mientras con la mano derecha recoge un pliegue del manto, gesto que aporta elegancia y naturalidad a la composición.

La serenidad de los rostros y el refinado tratamiento de los paños reflejan la influencia de los modelos clásicos y la sensibilidad estética propia del momento.

Virgen de las Fiebres

Detalle de la Virgen de las Fiebres

Detalle de la Virgen de las Fiebres

Detalle del Niño

Detalle de la mano derecha de la Virgen de las Fiebres


La tradición piadosa vincula esta advocación con un episodio protagonizado por el rey Pedro I de Castilla

Según la leyenda, cuando el monarca cayó gravemente enfermo, su madre, María de Portugal, imploró la intercesión de la Virgen de las Fiebres, cuya primitiva imagen —una escultura de terracota situada en el claustro conventual— se perdió tras un derrumbe. 

Como muestra de gratitud por la curación del rey, la reina prometió ofrecer una estatua de su hijo representado en actitud orante, realizada en plata. 

Restablecido el monarca, ambos cumplieron el voto y entregaron la obra para que se colocara a los pies de la Virgen.

Sin embargo, los avatares políticos alteraron el destino de la ofrenda. La victoria de Enrique II de Castilla hizo poco conveniente mantener la efigie del monarca depuesto, por lo que fue retirada y desapareció con el tiempo, sin que se haya conservado noticia cierta de su paradero.

Así, la devoción a la Virgen de las Fiebres pervive hoy despojada de aquel exvoto, pero enriquecida por la memoria histórica y el arraigo popular que acompañan a esta singular advocación mariana.

RETABLO DEL NAZARENO DE LAS FATIGAS

Le sigue el retablo barroco del Nazareno de las Fatigas de Cristóbal de Guadix. Retablo tallado con imágenes de la vida de san pablo que se situaba antes en la Capilla de la Milagrosa.

Retablo

Retablo

El Jesús fue esculpido por Gaspar del Águila y policromado por Antonio de Alfián en 1587.

Porta una cruz de carey con marco de plata. Proviene de la antigua parroquia de Santa María Magdalena y fue conocido primero, simplemente, como Cristo con la cruz a cuestas y Cristo de la Magdalena entre los siglos XVI y XVIII, y como Nazareno de las Fatigas posteriormente.

Nazareno de las Fatigas 

Detalle del Nazareno de las Fatigas 

Detalle del Nazareno de las Fatigas 

Detalle de la mano derecha apoyada en la rodilla

Detalle del pie derecho

Detalle del pie izquierdo

Fue restaurado por Francisco Berlanga de Ávila, bajo la asesoría del Doctor en Historia del Arte José Roda Peña en el ano 2010.

Le acompañan Santo Domingo y San Antonio Abad. 

Santo Domingo 

Detalle

San Antonio Abad

Detalle 

Detalle del cerdo y el libro de San Antonio Abad


En el ático las imágenes de San Miguel, con dos Santos dominicos.

Detalle del ático

San Miguel

Detalle 

Santos dominicos

Santos dominicos

RETABLO DE LA VIRGEN DEL BUEN CONSEJO

Primer tramo del evangelio, desde el presbiterio


Terminado el crucero, pasamos a la nave del evangelio y la derecha hay un trampantojo que representa la entrada en el Claustro, que estaba en este lugar. 

Trampantojo

Y a continuación, el retablo de la Virgen del Buen Consejo, devoción de Pio XII, con el relieve de la Virgen del Buen Consejo que tallara el imaginero neobarroco Sebastián Santos Rojas (ver) en 1950.

Retablo de la Virgen del Buen Consejo

Hornacina con la Virgen del Buen Consejo 

Virgen del Buen Consejo 

Detalle


La acompaña Santa Bárbara y Santa Catalina en las calles laterales.

Santa Bárbara

Santa Catalina


En el ático, el relieve del sueño de la madre de Santo Domingo Santa, Juana de Aza, entre Santa Catalina de Siena y Santa Teresa.

Detalle del ático

Sueño de la madre de Santo Domingo 

Santa Catalina de Siena

Santa Teresa


En el muro, en torno al retablo, hay uno cuadros, entre ellos, de María Magdalena y unos frescos representando el descendimiento de Cristo y camino del Calvario.

María Magdalena

Aparición en 1.208 de la Virgen a Santo Domingo 


Descendimiento

Camino del Calvario


ALTAR DE LAS ANIMAS

Segundo tramo del evangelio, desde el presbiterio


A continuación, el Altar de las Ánimas, que en realidad es un retablo-marco con un lienzo de las Ánimas del Purgatorio de Vicente Alanís Espinoza, del siglo XVIII, hacia 1765-1769, perteneciente a la Hermandad Sacramental.

Retablo

Detalle de la parte superior

Detalle de la parte superior

Detalle superior-izquierda

Detalle superior-derecha

Detalle de la zona inferior

Detalle de la zona inferior-derecha

Detalle de la zona inferior-izquierda


En una hornacina, a los pies del cuadro, las imágenes de Cristo atado a la columna con san Pedro.

Cristo atado a la columna con san Pedro


En la parte superior, el cuadro de la Piedad del siglo XVII, y a los lados otros dos cuadros de Santa María la Mayor y Santo Tomas de Aquino.

Piedad

Santa María la Mayor

Santo Tomas de Aquino 


Rodeando el altar vemos yeserías adornando los frescos de la Coronación de Espinas y de los Azotes de Cristo.

Coronación de espinas 

Flagelación


RETABLO DE LA INMACULADA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA

Último tramo del evangelio


Seguidamente, un retablo barroco rococó de Sebastián Jiménez de 1725 presidido por una imagen moderna de la Inmaculada de Virgen de la Medalla Milagrosa

Retablo

Cuerpo principal

Inmaculada de Virgen de la Medalla Milagrosa

Detalle


A su lado imágenes de Santo Tomás de Aquino y otro santo dominico.

Santo Tomás de Aquino

Santo dominico


Destaca en el ático el relieve de la Aparición en 1.208 de la Virgen a Santo Domingo en el monasterio de Prouilhe.

Ático

Aparición en 1.208 de la Virgen a Santo Domingo en el monasterio de Prouilhe


CAPILLA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO

Al fondo de la nave, junto al coro, se encuentra esta capilla cerrada con reja, de retablo neoclásico con imagen de vestir de la Virgen del Rosario, obra de Cristóbal Ramos (ver) de finales del siglo XVIII, en torno a 1787.

Fue la titular de la primera hermandad rosariana de San Pablo, que tuvo su época de esplendor en los siglos XVII y XVIII, y actualmente fusionada con la Hermandad de Montserrat.

Vista de los pies de la nave del evangelio

Capilla de la Virgen del Rosario

Retablo

Virgen del Rosario

Detalle de la Virgen del Rosario

Detalle de la Virgen del Rosario

A su lado, las imágenes de san Francisco de Paula y María Magdalena, y a los pies la Virgen de Montserrat.

San Francisco de Paula

Detalle

María Magdalena

Detalle

Virgen de Monserrat


En el ático una imagen de la Sagrada Eucaristía y dos ángeles.

Ático

Sagrada Eucaristía

Ángel

Destacan las pinturas al fresco de Lucas Valdés sobre los muros, con temas relacionados con la Orden de Santo Domingo, los misterios del rosario y los apóstoles, realizadas entre 1710 y 1715. Muchas de ellas se encuentran muy deterioradas. 

Cuadro del ángel de la guarda

En un nivel superior, por encima de la capilla, se muestra un magnifico Tenebrario. con el perro con la antorcha en la boca símbolo de Santo Domingo de Guzmán. 

Tenebrario

Pies de la nave central

A los pies de la nave principal destaca el coro y el magnífico soto-coro, cerrado también con reja, que perdió su sillería original, y se nos presenta  bellamente decorado con frescos y pinturas.

Vista de los pies del templo

Vista del sotocoro


Al fondo, en sendas hornacinas, se encuentran las imágenes de Santo Domingo de Guzmán y Nuestra Señora del Rosario, atribuidas a Pedro Roldán.

Santo Domingo de Guzmán

Detalle

Nuestra Señora del Rosario 

Detalle


En los muros hay pinturas de santos eremitas como San Jerónimo o San Gil.

San Gil

San Jerónimo

Santo eremita


Santo eremita

En la bóveda frescos representando escenas del antiguo testamento obras de Lucas Valdés.

Bóveda

Detalle de la zona central de la bóveda

Pechina: Ocvli Mei Semper ad Dominvm

Pechina: Voce Mea ad Dominvm Clamavi

Pechina: Purgation Nem Pecatorvm Faciens

Pechina: Dilectvs Mevs mi HiEt Ego Illi


El Diluvio Universal y el Arca de Noé


Moisés y las tablas de la Ley


Sobre el coro vemos dos magníficos órganos.

Vista del coro alto y los dos órganos

Detalle de órgano

Detalle de órgano

Óculo con vidriera

Óculo con vidriera
Vía Crucis

I y II


III y IV


V y VI


VII y VIII

IX y X
XI y XII
XIII y XIV