RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes
Virgen de la Presentación.
Virgen de la
Presentación
La
advocación de la Virgen de la Presentación suele relacionarse, en primer lugar,
con la antigua tradición que narra la presentación de María niña en el templo
de Jerusalén, episodio transmitido por la literatura apócrifa y muy difundido
en la espiritualidad cristiana medieval. Este gesto simboliza la pureza de la
Virgen y su consagración plena a Dios desde la infancia. No obstante, en el
ámbito devocional también se ha interpretado esta advocación en relación con
otro momento evangélico: la presentación de Jesús en el templo cuarenta días
después de su nacimiento. En ese pasaje, María ofrece al Niño conforme a la ley
mosaica y lo coloca en brazos del anciano Simeón, quien pronuncia la conocida
profecía sobre el futuro sufrimiento de la Madre: “una espada atravesará tu
alma”. Esta sentencia, que anuncia el dolor que María experimentará durante la
Pasión de Cristo, tuvo una profunda repercusión en la iconografía mariana,
especialmente en las representaciones de vírgenes dolorosas en Sevilla, donde
la presencia simbólica de la espada se convirtió en uno de los rasgos más
característicos.
La
Virgen de la Presentación de la Hermandad del Calvario suele atribuirse al
escultor del siglo XIX Juan de Astorga. Aunque no se conserva documentación
directa que confirme su autoría, los estudios estilísticos permiten situar su
ejecución entre los años 1834 y 1839, periodo en el que el artista desarrolló
una parte significativa de su producción. Las características formales de la
talla, tanto en el modelado del rostro como en la concepción general de la
imagen, coinciden con los rasgos habituales del lenguaje artístico de este
escultor sevillano.
Todo parece
indicar que la imagen fue concebida en el mismo momento que la de San Juan
Evangelista que también posee la hermandad. Ambas esculturas aparecen
mencionadas conjuntamente en las primeras referencias documentales conservadas,
correspondientes a mediados del siglo XIX. En aquella época se encontraban
situadas en un altar lateral de la iglesia de San Ildefonso, colocadas a los
pies del Crucificado del Calvario, imagen que da nombre a la antigua cofradía
de los mulatos, antecedente histórico de la actual hermandad. Con el paso del
tiempo, estas esculturas, junto con otras representaciones de las tres Marías,
configuraron el conjunto iconográfico del Calvario. Dicho grupo, presidido por
el Crucificado, acabaría formando el paso de misterio que la hermandad
incorporó tras su reorganización en 1888.
Desde el punto
de vista artístico, se trata de una imagen de candelero destinada a ser
vestida, concebida para la devoción procesional. Presenta un dolor contenido y
sereno, sin gestos dramáticos exagerados, acorde con una sensibilidad estética
marcada por el romanticismo y por ciertos ecos neoclásicos. El escultor buscó
transmitir una emoción espiritual a través de un rostro de rasgos juveniles y
delicados, que otorga a la figura una apariencia casi aniñada. Llama
especialmente la atención la disposición de las manos, cuidadosamente modeladas
para expresar recogimiento y plegaria, así como el uso de largas pestañas
postizas, recurso frecuente en la imaginería de la época para intensificar el
efecto de realismo y potenciar la expresividad de la mirada.
Detalle de la Virgen
La imagen fue sometida a un proceso de restauración en 1988, intervención llevada a cabo por el restaurador José Rodríguez Rivero-Carrera, que permitió consolidar su estado de conservación y garantizar la continuidad de su culto y presencia en las celebraciones de la hermandad.




