AREA DE LA MAGDALENA
Hermandad de Monserrat.
Pontificia,
Real, Ilustre, Antigua y Primitiva Hermandad de Nuestra Señora del Rosario y
Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y
Nuestra Señora de Montserrat de Sevilla, conocida popularmente como Hermandad
de Montserrat.
En la
Sevilla cosmopolita de finales del siglo XVI, convertida en puerto y eje del
comercio con las Indias, nació la Hermandad de la Conversión del Buen Ladrón y
Nuestra Señora de Montserrat. Su origen se sitúa en el ámbito de las
hermandades de luz y se vincula a una devoción de procedencia lejana,
probablemente introducida en la ciudad por comerciantes y mercaderes catalanes
establecidos a orillas del Guadalquivir. Esta circunstancia explica que, desde
1611, la corporación quedara agregada al Monasterio de Nuestra Señora de
Montserrat en Cataluña, recibiendo asimismo el respaldo económico y social de
los comerciantes riojanos dedicados al comercio de paños.
La
aprobación de sus reglas como hermandad penitencial tuvo lugar el 24 de abril
de 1601, año en el que la corporación quedó canónicamente erigida en la
parroquia de San Ildefonso. En su seno se integraron numerosos artesanos del
barrio de la Alfalfa, especialmente curtidores, boteros y odreros,
configurándose desde sus inicios como una cofradía de marcada raigambre
popular. Desde ese momento estableció su estación de penitencia en la tarde del
Viernes Santo, incorporándose plenamente al calendario penitencial de la
ciudad.
El Decreto de reducción de cofradías
promulgado en 1623 por el arzobispo Pedro de Castro afectó de lleno a la
corporación, que quedó agregada a las hermandades del Santo Sudario, Nuestra
Señora de la Presentación y la Hiniesta.
A pesar
de ello, la Hermandad logró mantener su identidad y continuidad. En 1650 fijó
definitivamente su sede en la iglesia del convento de San Pablo, donde adquirió
a los dominicos dos casas situadas en el compás del monasterio. En ese solar
levantó una capilla propia, concluida en 1656, de una sola nave, cubierta
mediante bovedillas y techumbre de madera. En su cabecera se dispusieron tres
altares: el central, destinado al Crucificado acompañado por San Juan y las
Tres Marías, y los laterales ocupados por las imágenes de los ladrones, obras
del escultor Pedro Nieto.
Durante
los primeros años del siglo XVIII, la Hermandad experimentó una notable etapa
de prosperidad, favorecida por su estrecha relación con el gremio de mercaderes
de lienzos, que le prestó un apoyo económico continuado. Gracias a estas ayudas
y a las aportaciones de sus devotos, se enriquecieron la capilla y los enseres,
y la cofradía pudo realizar con regularidad su estación de penitencia a la
Catedral.
Sin
embargo, a finales de esa centuria comenzó un progresivo declive. El gremio de
mercaderes de lienzos asumió entonces la custodia del templo y de las imágenes,
cesando la estación de penitencia y produciéndose la venta de pasos e
insignias, entre ellos el célebre paso atribuido a Martínez Montañés, que pasó
a la Hermandad del Valle.
La
recuperación llegó en 1849, cuando un grupo de jóvenes impulsó la
reorganización de la corporación, una vez resuelto favorablemente el litigio
mantenido con el gremio de mercaderes de lienzos, inicialmente reacio a
devolver las imágenes y el templo.
Al año
siguiente se reformaron las Reglas, y en 1851 fueron nombrados Hermanos Mayores
Antonio de Orleans, duque de Montpensier, y su esposa María Luisa de Borbón,
infanta de España. Bajo el amparo de la corte de los Montpensier y con el
respaldo de la burguesía sevillana, la Hermandad vivió una nueva etapa de
esplendor, llegando a figurar entre las corporaciones más numerosas de la
ciudad y atesorando un destacado patrimonio artístico.
En
septiembre de 1867, por decreto del cardenal De la Lastra, se produjo la fusión
con la desaparecida Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de la parroquia de
la Magdalena, pasando a contar la corporación con tres imágenes titulares. No
obstante, la Hermandad del Rosario mantuvo sus cultos de forma independiente y
finalmente se reconstituyó en 1941, separándose de la de Montserrat.
En 1910
accedió al cargo de Hermano Mayor el infante don Carlos de Borbón-Dos Sicilias,
actuando como teniente el marqués Guillermo Pickman, quien ejerció en la
práctica la dirección efectiva de la Hermandad. Este periodo aportó estabilidad
y continuidad a la vida corporativa.
Un
episodio decisivo se produjo en 1938, cuando la histórica capilla fue demolida
con motivo del ensanche de la calle San Pablo, obligando a la Hermandad a
trasladarse a su actual sede, antigua capilla de la extinguida Hermandad de la
Antigua y Siete Dolores.
Ya en el
siglo XXI, en el año 2006, la Hermandad volvió a fusionarse con la de Nuestra
Señora del Rosario de la parroquia de la Magdalena, que se encontraba entonces
al borde de la desaparición, al contar únicamente con un hermano vivo.
En la actualidad, la Hermandad realiza su estación de penitencia con dos pasos. El primero representa el misterio del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, con la imagen del Crucificado presidiendo la escena central, flanqueado por los dos ladrones.
Paso de misterio
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