sábado, 17 de enero de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Hermandad de Monserrat.

Pontificia, Real, Ilustre, Antigua y Primitiva Hermandad de Nuestra Señora del Rosario y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat de Sevilla, conocida popularmente como Hermandad de Montserrat.

En la Sevilla cosmopolita de finales del siglo XVI, convertida en puerto y eje del comercio con las Indias, nació la Hermandad de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat. Su origen se sitúa en el ámbito de las hermandades de luz y se vincula a una devoción de procedencia lejana, probablemente introducida en la ciudad por comerciantes y mercaderes catalanes establecidos a orillas del Guadalquivir. Esta circunstancia explica que, desde 1611, la corporación quedara agregada al Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat en Cataluña, recibiendo asimismo el respaldo económico y social de los comerciantes riojanos dedicados al comercio de paños.

La aprobación de sus reglas como hermandad penitencial tuvo lugar el 24 de abril de 1601, año en el que la corporación quedó canónicamente erigida en la parroquia de San Ildefonso. En su seno se integraron numerosos artesanos del barrio de la Alfalfa, especialmente curtidores, boteros y odreros, configurándose desde sus inicios como una cofradía de marcada raigambre popular. Desde ese momento estableció su estación de penitencia en la tarde del Viernes Santo, incorporándose plenamente al calendario penitencial de la ciudad.

 El Decreto de reducción de cofradías promulgado en 1623 por el arzobispo Pedro de Castro afectó de lleno a la corporación, que quedó agregada a las hermandades del Santo Sudario, Nuestra Señora de la Presentación y la Hiniesta.

A pesar de ello, la Hermandad logró mantener su identidad y continuidad. En 1650 fijó definitivamente su sede en la iglesia del convento de San Pablo, donde adquirió a los dominicos dos casas situadas en el compás del monasterio. En ese solar levantó una capilla propia, concluida en 1656, de una sola nave, cubierta mediante bovedillas y techumbre de madera. En su cabecera se dispusieron tres altares: el central, destinado al Crucificado acompañado por San Juan y las Tres Marías, y los laterales ocupados por las imágenes de los ladrones, obras del escultor Pedro Nieto.

Durante los primeros años del siglo XVIII, la Hermandad experimentó una notable etapa de prosperidad, favorecida por su estrecha relación con el gremio de mercaderes de lienzos, que le prestó un apoyo económico continuado. Gracias a estas ayudas y a las aportaciones de sus devotos, se enriquecieron la capilla y los enseres, y la cofradía pudo realizar con regularidad su estación de penitencia a la Catedral.

Sin embargo, a finales de esa centuria comenzó un progresivo declive. El gremio de mercaderes de lienzos asumió entonces la custodia del templo y de las imágenes, cesando la estación de penitencia y produciéndose la venta de pasos e insignias, entre ellos el célebre paso atribuido a Martínez Montañés, que pasó a la Hermandad del Valle.

La recuperación llegó en 1849, cuando un grupo de jóvenes impulsó la reorganización de la corporación, una vez resuelto favorablemente el litigio mantenido con el gremio de mercaderes de lienzos, inicialmente reacio a devolver las imágenes y el templo.

Al año siguiente se reformaron las Reglas, y en 1851 fueron nombrados Hermanos Mayores Antonio de Orleans, duque de Montpensier, y su esposa María Luisa de Borbón, infanta de España. Bajo el amparo de la corte de los Montpensier y con el respaldo de la burguesía sevillana, la Hermandad vivió una nueva etapa de esplendor, llegando a figurar entre las corporaciones más numerosas de la ciudad y atesorando un destacado patrimonio artístico.

En septiembre de 1867, por decreto del cardenal De la Lastra, se produjo la fusión con la desaparecida Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de la parroquia de la Magdalena, pasando a contar la corporación con tres imágenes titulares. No obstante, la Hermandad del Rosario mantuvo sus cultos de forma independiente y finalmente se reconstituyó en 1941, separándose de la de Montserrat.

En 1910 accedió al cargo de Hermano Mayor el infante don Carlos de Borbón-Dos Sicilias, actuando como teniente el marqués Guillermo Pickman, quien ejerció en la práctica la dirección efectiva de la Hermandad. Este periodo aportó estabilidad y continuidad a la vida corporativa.

Un episodio decisivo se produjo en 1938, cuando la histórica capilla fue demolida con motivo del ensanche de la calle San Pablo, obligando a la Hermandad a trasladarse a su actual sede, antigua capilla de la extinguida Hermandad de la Antigua y Siete Dolores.

Ya en el siglo XXI, en el año 2006, la Hermandad volvió a fusionarse con la de Nuestra Señora del Rosario de la parroquia de la Magdalena, que se encontraba entonces al borde de la desaparición, al contar únicamente con un hermano vivo.

En la actualidad, la Hermandad realiza su estación de penitencia con dos pasos. El primero representa el misterio del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, con la imagen del Crucificado presidiendo la escena central, flanqueado por los dos ladrones. 

Paso de misterio

Tras él avanza el paso de palio de Nuestra Señora de Montserrat, que cierra el cortejo penitencial como símbolo de la devoción mariana que ha acompañado a la corporación desde sus orígenes.

Paso de palio de Nuestra Señora de Montserrat

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