lunes, 12 de enero de 2026

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Estigmas. 

Sobre la estigmatización podemos comentar que después de la crucifixión y según el Evangelio de Juan (Jn, 20:27-29) cuando Jesús entra en el Cenáculo, con las puertas cerradas, y saluda a los discípulos, muestra los estigmas para identificarse y luego dice a Tomás: “Mete tu dedo aquí, y ve mis manos y alarga acá tu mano, y métela en mi costado y no seas incrédulo, sino fiel”.

La palabra estigma proviene del latín “stigma” y este a su vez del griego “στίγμα”. Son heridas de aparición espontánea y que son similares las que infligieron a Jesús durante la Pasión.

Tradicionalmente, se presentan en el costado (donde Jesús fue atravesado con la lanza para confirmar que estaba muerto) y en ambas manos y ambos pies (las heridas causadas por los clavos de la crucifixión). 

Es curioso que las heridas son similares a las mostradas en la iconografía cristiana tradicional, o sea suelen ser marcas en las palmas de las manos y no en el antebrazo, donde debió producirse el enclavado de los miembros superiores. 

Excepcionalmente, incluyen representaciones de las heridas de la espalda causadas por la flagelación y de las heridas de la cabeza causadas por la corona de espinas.

Además de su localización en las áreas de la Pasión de Jesús, tienen otras características especiales, tales como que aparecen de forma instantánea, causando gran sorpresa e impresión en quienes las reciben, sangran copiosamente y por largos periodos o en determinadas fechas, su sangre se mantiene siempre fresca y limpia, no se infectan, no emiten olores fétidos o incluso desprenden aromas, se acompañan de fuertes dolores tanto físicos como morales y  no se curan nunca con ningún procedimiento médico, por lo que permanecen un gran número de años sin que pueda darse una explicación médica o científica.

Los estigmatizados lo consideran una inmensa gracia, pero se siente indignos y ocultan sus lesiones.

Se considera que el primer estigmatizado fue Francisco de Asís (ver), pero en realidad el primer caso en la historia es el de la beata María de Oignies (1177-1213) que recibió los estigmas en su cuerpo doce años antes que Francisco de Asís.

María de Oignies pertenecía a las beguinas, una asociación de mujeres contemplativas y activas que dedicaron su vida al cuidado de los enfermos y a los necesitados. Trabajaban para mantenerse y eran libres de dejar la asociación en cualquier momento para casarse.

La segunda persona en recibir los estigmas fue efectivamente Francisco de Asís, que en las heridas de las manos y de los pies presentaban raspaduras de carne en forma de clavos. Los de un lado tenían cabezas redondas y las del otro tenían puntas largas que se doblaban para arañar la piel. 

Por considerarse indigno de ser portador de las señales de la Pasión de Cristoocultaba sus heridas llevando las manos dentro de las mangas del hábito y usando medias y zapatos, pero muchos de sus hermanos en la Orden fueron testigos de la existencia de tales heridas.

Desde entonces hasta el beato Pío de Pietrelcina (1887-1968), uno de los últimos casos, cuyas llagas permanecían cerradas todos los días y sólo se abrían y sangraban los viernes, se han dado unos 250 casos de personas con estigmas, en la mayoría de los casos con comprobación científica.

Algunos médicos, tanto católicos como librepensadores, han sostenido que las heridas pueden haber sido causadas de modo enteramente natural, aunque científicamente inexplicables.

La psiquiatría experimental afirma que la imaginación puede acelerar o retardar las corrientes nerviosas, pero no hay constancia de su acción sobre los tejidos.

Schnabel (1993) encontró un paralelismo entre los estigmas y el Síndrome de Munchaussen, que es un trastorno emocional en que se finge o provoca enfermedades.

En conjunto representan un fenómeno místico extraordinario y por tanto se han convertido en el centro de un debate teológico y científico muy importante.

Santa Lutgarda 

En Bélgica, Cristo le concedió otro tipo de estigmas a una santa cisterciense de nombre Lutgarda. En 1235 ella quedó ciega tras rogar por vivir más profundamente la pasión del Señor.

Cierto día, Santa Lutgarda, rezando a su santa favorita Santa Inés, sintió que una vena que estaba por su corazón se reventó y la sangre se derramó hacia el exterior a través de una herida abierta en su costado. En otras ocasiones, sudaba gotas de sangre al pensar en la Pasión de Cristo.

Santa Catalina de Siena

Hay dos tipos de estigmas, las visibles y las invisibles, en los que se padecen “los sufrimientos, sin mostrar señal externa alguna”. Esto último le sucedió a Santa Catalina de Siena (1347-1380), laica dominica y gran Doctora de la Iglesia. Ella “comenzó teniendo estigmas visibles, pero, por humildad, oró para que le fueran cambiadas por unas invisibles y su oración fue escuchada.

Santa Rita de Casia

Santa Rita de Casia (1381-1457) tenía en la frente “una herida causada por una espina arrancada de la corona del Crucificado” y que el olor que se desprendía de allí era insoportable. Además, indica que esta es una excepción porque las heridas de los estigmatizados “no emiten olores fétidos”, por ello, la religiosa agustina permanecía alejada de la gente pero cuando murió el estigma desapareció, quedando en su lugar “una mancha roja como un rubí, la cual tenía una deliciosa fragancia”.

Santa Catalina de Ricci

En 1542 la dominica Santa Catalina de Ricci tuvo un desposorio místico con Cristo en la Pascua de Resurrección. Según indica el dominico Fray Paulino Alvarez, más adelante Cristo le otorgó los estigmas, pero la de la lanza del costado se le apareció en el lado izquierdo “sobre el corazón” y era tan dolorosa que ella sentía que iba a morir. El sacerdote cuenta que los que vieron los estigmas de la santa afirmaban que “las de las manos eran coloradas, tenían como un borde levantado y que en el medio se veía una cosa negra, redonda, como la cabeza de un clavo; y las de los pies tenían la carne hundida y desigual, en una parte baja y en otra alta, y que entre la carne y la piel se veían hilos de sangre, y que salía de ellas olor suavísimo”. 

San Carlos de Sezze

Otro santo varón que recibió estigmas fue San Carlos de Sezze. La colección de libros Año Cristiano de la Biblioteca de Autores Católicos (BAC) señala que este franciscano ostenta el título de “Serafín de la Eucaristía”. En el libro se describe que cierto día el santo entró a la Iglesia de San José, que queda por la actual plaza de España en Roma, y participó de la Santa Misa. Cuando llegó el momento de la elevación “un rayo luminoso partió de la Hostia Sagrada hiriendo el costado del Santo hasta penetrar su corazón”. Más adelante, precisa que la marca de la cruz quedó impresa en su corazón, el cual permanece incorrupto.

Santa Verónica Giuliani

La clarisa capuchina Santa Verónica Giuliani (1660-1727) es otra de las impresionantes místicas en la historia de la Iglesia. La web italiana de vidas de santos Santi e Beati indica que en 1694 la santa “recibió la impresión de espinas en la cabeza”. Antes de morir, ella contó que imágenes de algunos elementos de la Pasión de Cristo habían aparecido en su corazón. Cuando se le hizo la autopsia, varios fueron los testigos del extraordinario milagro.

San Pío de Pietrelcina

De acuerdo al escritor Francesco Castelli, en el libro titulado “El Padre Pío bajo interrogatorio: La autobiografía secreta”, el santo recibió los estigmas el 20 de septiembre de 1918, tras celebrar la Eucaristía. De esta manera se convirtió en el primer sacerdote estigmatizado. Todos los anteriores fueron laicos y consagrados. “Me sentí lleno de compasión por los dolores del Señor y le pregunté qué podía hacer. Oí esta voz: “te asocio a mi Pasión”. Y en seguida, desaparecida la visión, he vuelto en mí, en razón, y vi estos signos de los que salía sangre. No los tenía antes", narró San Pío de Pietrelcina, según lo que refiere Castelli.

El Padre Pío de Pietrelcina con los estigmas de sus manos expuestos. Se trata de una de las primeras fotos de las heridas, hecha en un estudio fotográfico de la zona en el verano de 1919. (ver) (CC BY 3.0)

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