martes, 28 de abril de 2026

 RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen con el Niño.  Museo del santo Ángel.

Guirnalda de flores en la Virgen y el Niño. Daniel Seghers. 1590-1661. Óleo sobre lienzo

Guirnalda de flores en la Virgen y el Niño.  Detalle

Virgen con el Niño. Cornelius Schut. 1629-1685. Óleo sobre lienzo

Virgen con el Niño. Detalle

Virgen con el Niño y San Juanito. Pedro Pablo Rubens. Óleo sobre tabla. Donación anónima

Virgen con el Niño y San Juanito. Detalle

Virgen con el Niño y San Juanito. Detalle

Virgen con el Niño. Pedro Atanasio Bocanegra. 1638-1689. Óleo sobre lienzo

Virgen con el Niño. Detalle

 RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen de la Soledad y de los Dolores en el Museo del Santo Ángel.

Dolorosa al pie de la Cruz. Anónimo. S. XVIII. Óleo sobre lienzo.

Soledad de la Victoria. Anónimo novohispano. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo

Virgen de los Dolores. Escuela Napolitana. Siglo XVIII. Madera tallada y policromada
Virgen de los Dolores. Detalle del rostro

Virgen de los Dolores. Detalle de las manos y el corazón

Virgen de los Dolores. Escuela italiana. Siglo XVIII. Candelero, madera tallada y policromada

Virgen de los Dolores. Detalle
Virgen de los Dolores. Detalle
Dolorosa. Anónimo. Siglo XVIII. Candelero, madera tallada y policromad
Dolorosa. Detalle
Dolorosa. Detalle
Dolorosa. Escuela castellana. Siglo XVIII. Candelero, madera tallada y policromada
Dolorosa. Detalle
Virgen de la Soledad. Escuela granadina. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo
Virgen de la Soledad. Detalle
Dolorosa. Gutiérrez de León. Siglo XIX. Candelero, madera tallada y policromada

Dolorosa. Detalle
Dolorosa. Detalle

Dolorosa. Anónimo. Siglo XVIII. Óleo sobre cristal

RUTAS POR SEVILLA: Ruta Artística. Pintores  

Bartolomé Esteban Murillo.

La calle Murillo se extiende desde la confluencia de la plaza de la Magdalena y Josefa Reina Puerto hasta la de San Pablo y Bailén. En la década de 1940 recibió el nombre de Murillo, en atención a la antigua tradición que sitúa en una de sus casas el nacimiento del pintor Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682).

Estatua de Murillo en la plaza del Museo (leer mas)

Detalle de Murillo

Bartolomé Esteban Murillo nació en Sevilla a finales de diciembre de 1617 y fue bautizado el 1 de enero de 1618. Último de los catorce hijos del matrimonio formado por Gaspar Esteban, barbero-cirujano de profesión, y María Pérez Murillo, creció en el seno de una familia modesta pero estable. Sin embargo, su infancia quedó marcada por la tragedia cuando, en 1626, perdió a ambos padres en un corto espacio de tiempo. Huérfano con apenas nueve años, quedó bajo la tutela de su cuñado Juan Agustín de Lagares, esposo de su hermana Ana, quien asumió su cuidado.

Placa conmemorativa del bautismo de Murillo en la Capilla Bautismal de la Iglesia de la Magdalena

De su juventud se conocen pocos detalles, aunque consta que, en 1633, con quince años, intentó viajar a América, proyecto que finalmente no se realizó. Su verdadera vocación se orientó hacia la pintura, iniciando su formación artística en el taller de Juan del Castillo, pariente de su familia, donde adquirió una sólida base en el dibujo y en una pintura de formas elegantes y expresivas. Esta etapa fue decisiva para el desarrollo de su sensibilidad artística, especialmente en el tratamiento amable de las figuras y en su interés por temas infantiles, rasgos que definirían gran parte de su obra futura.

En 1645 contrajo matrimonio con Beatriz Cabrera y ya figuraba profesionalmente como pintor. Durante estos años comenzó a consolidarse como artista en Sevilla, realizando importantes encargos religiosos. Su primer gran reconocimiento llegó con la serie de pinturas para el claustro del convento de San Francisco de Sevilla, donde mostró una notable evolución técnica y una creciente riqueza cromática.

A lo largo de su carrera, Murillo supo asimilar influencias de maestros como Zurbarán, Herrera el Viejo, Herrera el Joven y Juan de Roelas, integrando además elementos de la pintura flamenca e italiana. Todo ello le permitió desarrollar un estilo propio, caracterizado por la dulzura emocional, la elegancia compositiva, el uso magistral de la luz y una religiosidad cercana y humanizada.

En 1658 realizó un viaje a Madrid, donde amplió horizontes artísticos al entrar en contacto con las colecciones reales y con figuras como Velázquez, Alonso Cano y Zurbarán. Aunque su estancia fue breve, enriqueció notablemente su lenguaje pictórico. Dos años más tarde, en 1660, fundó junto a Francisco Herrera el Joven la Academia de Pintura de Sevilla, institución destinada a elevar el nivel artístico local.

La muerte de su esposa en 1663, a consecuencia de un parto, marcó profundamente su vida personal. Murillo no volvió a casarse y permaneció en Sevilla hasta el final de sus días, rechazando incluso una oferta de la corte de Carlos II para convertirse en pintor real. Su arraigo a la ciudad fue absoluto, y en ella desarrolló las obras más importantes de su producción.

Murillo alcanzó fama extraordinaria gracias a sus composiciones religiosas, especialmente sus Inmaculadas, consideradas entre las más bellas de la historia del arte occidental. También sobresalió en escenas de género protagonizadas por niños pobres y pícaros, donde reflejó con ternura y naturalismo la vida cotidiana sevillana. Obras como La Sagrada Familia del pajarito, Niño espulgándose o sus célebres versiones de la Inmaculada revelan su extraordinaria capacidad para unir espiritualidad, belleza y observación social.

Entre sus encargos más destacados figuran los ciclos pictóricos para los Capuchinos de Sevilla, la Catedral hispalense y, de manera sobresaliente, las obras para el Hospital de la Santa Caridad, donde desarrolló algunas de las representaciones más profundas de la caridad cristiana y las obras de misericordia en el Barroco español.

Su estilo evolucionó desde una primera etapa de mayor severidad hacia una pintura cada vez más luminosa, vaporosa y delicada, anticipando en cierto modo la sensibilidad rococó del siglo XVIII. Murillo consiguió transformar la pintura religiosa barroca, suavizando su dramatismo y acercando lo divino al espectador mediante imágenes llenas de gracia, compasión y esperanza.

Murió en Sevilla el 3 de abril de 1682. La leyenda de su muerte, tal como la refiere Antonio Palomino, se relaciona como consecuencia de una caída del andamio cuando pintaba, en el propio convento gaditano, el cuadro grande de los “Desposorios de Santa Catalina” (Leer mas).

Plaza de santa Cruz

Lapida de Murillo en la plaza de Santa Cruz


La figura de Murillo permanece como símbolo de la Sevilla del Siglo de Oro, de su espiritualidad, su refinamiento y su sensibilidad social. Su obra, admirada internacionalmente, sigue siendo una de las cumbres más altas de la pintura española, capaz de combinar maestría técnica, humanidad y profunda emoción estética.