ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA
La Ultima Cena.
Tanto Jesús como sus discípulos
pertenecían al pueblo judío, por lo que el banquete que compartieron se
desarrolló en el marco de sus tradiciones religiosas. La última cena con los
apóstoles aparece narrada en los cuatro evangelios canónicos (Mt 26,17–30), Mc 14,12–26), Lc 22,7–39)
y Jn 13,1: 17,26) y se sitúa en estrecha
relación con la celebración de la Pascua judía, que Jesucristo compartió con sus discípulos antes de
su pasión.
Esta comida
pascual, conocida como Séder de Pésaj, es un rito que conmemora la liberación
del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, tal como se relata en el libro
del Éxodo. Su origen se encuentra en el mandato divino de sacrificar un cordero
y marcar con su sangre las puertas de las casas para que el ángel exterminador
“pasara de largo”. El término Pésaj (pesar) alude precisamente a ese paso,
mientras que Séder significa “orden”, en referencia a la estructura ritual que
guía la celebración mediante la Hagadá, texto que conduce el relato del éxodo y
da sentido a cada gesto.
La cena se
celebraba siguiendo normas concretas: los participantes vestidos de
blanco en señal de pureza y santidad, sentados en el suelo, adoptaban una
postura reclinada, signo de libertad, recordando que ya no eran esclavos. Así
se describe también al inicio de la cena de Jesús, cuando se sienta a la mesa
con sus apóstoles y expresa su deseo de compartir aquella Pascua con ellos.
“He deseado ardientemente comer esta Pascua con
vosotros…” (Lc 22: 14-20).
Los alimentos del
Séder no son arbitrarios, sino que poseen un significado simbólico que remite a
la experiencia de la esclavitud y a la posterior liberación. Se disponen en una
bandeja especial llamada “keará”.
La matzá es el pan
sin levadura, que evoca la prisa con la que los israelitas abandonaron Egipto,
sin tiempo para que la masa fermentara. También recuerda la dureza de la vida
en cautiverio y expresa sencillez y humildad (Deut 16-3).
El maror,
compuesto por hierbas amargas (rábano picante o lechuga), representa la
amargura de la esclavitud.
El jaroset es una mezcla dulce de
frutas, frutos secos, especias y vino que simboliza el barro utilizado para
fabricar ladrillos, aunque su dulzura sugiere la presencia de esperanza incluso
en medio del sufrimiento.
El karpas,
normalmente perejil o apio, se moja en agua salada, evocando las lágrimas del
pueblo durante su opresión; al mismo tiempo, su color verde alude a la primavera, a la vida y la
renovación.
El zeroa, un hueso
de cordero asado, recuerda el sacrificio pascual ofrecido en el Templo de
Jerusalén y remite al relato del Éxodo, cuando la sangre del cordero protegió a
los israelitas.
El
beitzá, un huevo cocido, simboliza el duelo por la destrucción del Templo y, a
la vez, la continuidad de la vida.
A ello se añade el
afikomán, un trozo de pan que se reserva durante la cena y cuya búsqueda final
tiene un valor simbólico ligado a la redención.
Durante la comida,
Jesús realiza un gesto decisivo: toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte
y lo entrega a sus discípulos diciendo: "Tomad,
comed; esto es mi cuerpo" (Mt, 26:26). con ello realizó La bendición del pan.
Otro elemento
significativo del Séder es que se deja un lugar vacío y una copa llena de
vino, es la copa reservada al profeta Elías, signo de la esperanza en la
redención futura anunciada por la tradición profética.” He aquí, yo os
envío al Profeta Elías antes que venga el día del Señor”. (Malaquías 4: 5)
La celebración
incluye también la obligación de tomar cuatro copas de vino. Cada una de ellas se bebe inclinándose hacia la izquierda y tiene un momento específico y un
significado simbólico profundo, relacionado con la liberación del pueblo de
Israel de la esclavitud en Egipto.
La primera es la copa de la Liberación. Kiddush
(Santificación). Se bebe al inicio de la cena. Simboliza
la santificación de la fiesta y el comienzo del tiempo sagrado. También se asocia con la primera promesa
divina: “Yo soy el Señor; y os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os
libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido y con grandes
juicios.” (Éxodo 6:6). La frase “os sacaré” es una promesa divina de liberación.
La segunda, es la copa de la
Salvación. Maguid (Narración). Se bebe después
de relatar la historia del Éxodo y recordaba las diez plagas de Egipto. Simboliza la memoria de la historia de
la liberación, relacionada con la promesa: “Yo soy el Señor; y
os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su
servidumbre, y os
redimiré con brazo extendido y con grandes juicios.” (Éxodo 6:6). Os libraré…” indica romper la opresión, es decir, quitar el yugo de la esclavitud.
La tercera es la copa de la
Redención. Birkat Hamazón (Bendición después de la comida). Se bebe al
terminar la comida y las bendiciones. Simboliza el agradecimiento a Dios por
la liberación y los alimentos. Vinculada con: “Yo soy el Señor; y os sacaré de debajo de las cargas de
Egipto, y os libraré de su servidumbre, y
os redimiré con brazo extendido y con grandes juicios” (Exodo 6:6). Aquí, “os redimiré”
añade un matiz aún más profundo: no solo
liberar, sino rescatar pagando un precio y manifestando el poder salvador de Dios
sobre Egipto.
Al finalizar la cena (según algunas
interpretaciones, coincidiendo con la tercera copa de la Pascua judía), Jesús tomó una copa de
vino, dio gracias y se la pasó diciendo: "Bebed todos de ella; porque esto es mi
sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los
pecados" (Mt 26: 27-28).
Al añadir el
mandato "Haced
esto en memoria mía" (Lc 22:19), Jesús no solo instituye
el rito de la Eucaristía, sino que confiere a los apóstoles el poder de
repetirlo, estableciendo así también el Sacramento del Orden Sacerdotal.
Y
luego dice algo sorprendente: “No
beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios” (Mc
14:25).
Entre la tercera y la cuarta copa los
judíos tenían prohibido beber.
La cuarta es la copa de la
Consumación. Hallel (Alabanza). Se bebe al final, luego de cantar los salmos de
alabanza. Simboliza la alegría y la alabanza por la salvación, por la
consumación del plan de Dios. Con esta última
se daba por terminada la celebración, concluyendo el “Rito Pascual”. Relacionada
con: “Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios, y sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios,
que os sacó de debajo de las cargas de Egipto ”(Éxodo 6:7).
Pero,
Mateo refiere: “Después del canto de los salmos, antes de tomar la cuarta
copa, salieron hacia el Monte de los Olivos” (MT 26: 30-41). En este supuesto,
Jesús habría abandonado el cenáculo sin tomar la última copa y por tanto
dejando inconclusa la Cena de Pascua, algo impensable en la tradición judía.
En el monte de los olivos exclama:”
Padre mío, si es posible pase de mí este cáliz”, poco después suplicó: “Padre
mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad”
y nuevamente oró por tercera vez repitiendo las mismas palabras (Mt: 26:
39-44). Es posible que cuando habla de ese cáliz se refiere a la cuarta copa.
Posteriormente Jesús se niega a beber
la copa que le ofrecen en el Gólgota, una bebida con intención de aliviar el
dolor: “Le dieron de beber vino con hiel, pero Él no quiso tomarlo” (Jn 19: 30).
Finalmente, en la cruz Jesús dijo:”
Tengo sed”. “Había allí un recipiente lleno de vinagre, empaparon en él una
esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después
del beber el vinagre Jesús dijo: “Todo se ha cumplido e inclinando la cabeza, entregó
su espíritu” (Jn: 19: 23-30). Esto recuerda
al hisopo usado en la Pascua judía para rociar la sangre del cordero
pascual (Éxodo 12:22), reforzando la idea de Jesucristo
como el Cordero pascual.
Así culminaría la celebración pascual que no había terminado en el cenáculo y podemos decir que la Celebración de la Sagrada Cena culminó en el Monte Calvario. Por lo que muchos estudiosos (especialmente en teología bíblica moderna) proponen que: Jesús interrumpe el Séder y deja la cuarta copa sin beber. La cena queda “abierta”. El rito no se completa en ese momento. La “bebió” simbólicamente en la cruz, al aceptar el vino antes de morir, pues es la copa de la alabanza y consumación. Esto refuerza la idea de que la Última Cena y la crucifixión forman un único acto pascual continuo.
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