sábado, 28 de marzo de 2026

 ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

La Ultima Cena.

Tanto Jesús como sus discípulos pertenecían al pueblo judío, por lo que el banquete que compartieron se desarrolló en el marco de sus tradiciones religiosas. La última cena con los apóstoles aparece narrada en los cuatro evangelios canónicos (Mt 26,17–30), Mc 14,12–26), Lc 22,7–39) y Jn 13,1: 17,26) y se sitúa en estrecha relación con la celebración de la Pascua judía, que Jesucristo compartió con sus discípulos antes de su pasión.

Esta comida pascual, conocida como Séder de Pésaj, es un rito que conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, tal como se relata en el libro del Éxodo. Su origen se encuentra en el mandato divino de sacrificar un cordero y marcar con su sangre las puertas de las casas para que el ángel exterminador “pasara de largo”. El término Pésaj (pesar) alude precisamente a ese paso, mientras que Séder significa “orden”, en referencia a la estructura ritual que guía la celebración mediante la Hagadá, texto que conduce el relato del éxodo y da sentido a cada gesto.

La cena se celebraba siguiendo normas concretas: los participantes vestidos de blanco en señal de pureza y santidad, sentados en el suelo, adoptaban una postura reclinada, signo de libertad, recordando que ya no eran esclavos. Así se describe también al inicio de la cena de Jesús, cuando se sienta a la mesa con sus apóstoles y expresa su deseo de compartir aquella Pascua con ellos.He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros…” (Lc 22: 14-20).

Los alimentos del Séder no son arbitrarios, sino que poseen un significado simbólico que remite a la experiencia de la esclavitud y a la posterior liberación. Se disponen en una bandeja especial llamada “keará”.

La matzá es el pan sin levadura, que evoca la prisa con la que los israelitas abandonaron Egipto, sin tiempo para que la masa fermentara. También recuerda la dureza de la vida en cautiverio y expresa sencillez y humildad (Deut 16-3).

El maror, compuesto por hierbas amargas (rábano picante o lechuga), representa la amargura de la esclavitud.

El jaroset es una mezcla dulce de frutas, frutos secos, especias y vino que simboliza el barro utilizado para fabricar ladrillos, aunque su dulzura sugiere la presencia de esperanza incluso en medio del sufrimiento.

El karpas, normalmente perejil o apio, se moja en agua salada, evocando las lágrimas del pueblo durante su opresión; al mismo tiempo, su color verde alude a la primavera, a la vida y la renovación.

El zeroa, un hueso de cordero asado, recuerda el sacrificio pascual ofrecido en el Templo de Jerusalén y remite al relato del Éxodo, cuando la sangre del cordero protegió a los israelitas.

El beitzá, un huevo cocido, simboliza el duelo por la destrucción del Templo y, a la vez, la continuidad de la vida.

A ello se añade el afikomán, un trozo de pan que se reserva durante la cena y cuya búsqueda final tiene un valor simbólico ligado a la redención.

Durante la comida, Jesús realiza un gesto decisivo: toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y lo entrega a sus discípulos diciendo: "Tomad, comed; esto es mi cuerpo" (Mt, 26:26). con ello realizó La bendición del pan. 

Otro elemento significativo del Séder es que se deja un lugar vacío y una copa llena de vino, es la copa reservada al profeta Elías, signo de la esperanza en la redención futura anunciada por la tradición profética.” He aquí, yo os envío al Profeta Elías antes que venga el día del Señor”. (Malaquías 4: 5)

La celebración incluye también la obligación de tomar cuatro copas de vino. Cada una de ellas se bebe inclinándose hacia la izquierda y tiene un momento específico y un significado simbólico profundo, relacionado con la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto.

La primera  es la copa de la Liberación. Kiddush (Santificación). Se bebe al inicio de la cena.  Simboliza la santificación de la fiesta y el comienzo del tiempo sagrado.  También se asocia con la primera promesa divina: “Yo soy el Señor; y os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido y con grandes juicios.” (Éxodo 6:6). La frase “os sacaré” es una promesa divina de liberación.

La segunda, es la copa de la Salvación.  Maguid (Narración). Se bebe después de relatar la historia del Éxodo y recordaba las diez plagas de Egipto. Simboliza la memoria de la historia de la liberación, relacionada con la promesa: Yo soy el Señor; y os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido y con grandes juicios.” (Éxodo 6:6). Os libraré…” indica romper la opresión, es decir, quitar el yugo de la esclavitud.

La tercera es la copa de la Redención. Birkat Hamazón (Bendición después de la comida). Se bebe al terminar la comida y las bendiciones. Simboliza el agradecimiento a Dios por la liberación y los alimentos. Vinculada con: Yo soy el Señor; y os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido y con grandes juicios (Exodo 6:6). Aquí, “os redimiré” añade un matiz aún más profundo: no solo liberar, sino rescatar pagando un precio y manifestando el poder salvador de Dios sobre Egipto.

Al finalizar la cena (según algunas interpretaciones, coincidiendo con la tercera copa de la Pascua judía), Jesús tomó una copa de vino, dio gracias y se la pasó diciendo: "Bebed todos de ella; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (Mt 26: 27-28).

Al añadir el mandato "Haced esto en memoria mía" (Lc 22:19), Jesús no solo instituye el rito de la Eucaristía, sino que confiere a los apóstoles el poder de repetirlo, estableciendo así también el Sacramento del Orden Sacerdotal.

Y luego dice algo sorprendente: “No beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios” (Mc 14:25).

Entre la tercera y la cuarta copa los judíos tenían prohibido beber.

La cuarta es la copa de la Consumación. Hallel (Alabanza). Se bebe al final, luego de cantar los salmos de alabanza.  Simboliza la alegría y la alabanza por la salvación, por la consumación del plan de Dios.  Con esta última se daba por terminada la celebración, concluyendo el “Rito Pascual”. Relacionada con: Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios, y sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios, que os sacó de debajo de las cargas de Egipto ”(Éxodo 6:7).

Pero, Mateo refiere: “Después del canto de los salmos, antes de tomar la cuarta copa, salieron hacia el Monte de los Olivos” (MT 26: 30-41). En este supuesto, Jesús habría abandonado el cenáculo sin tomar la última copa y por tanto dejando inconclusa la Cena de Pascua, algo impensable en la tradición judía.

En el monte de los olivos exclama:” Padre mío, si es posible pase de mí este cáliz”, poco después suplicó: “Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad” y nuevamente oró por tercera vez repitiendo las mismas palabras (Mt: 26: 39-44). Es posible que cuando habla de ese cáliz se refiere a la cuarta copa.

Posteriormente Jesús se niega a beber la copa que le ofrecen en el Gólgota, una bebida con intención de aliviar el dolor: “Le dieron de beber vino con hiel, pero Él no quiso tomarlo” (Jn 19: 30).

Finalmente, en la cruz Jesús dijo:” Tengo sed”. “Había allí un recipiente lleno de vinagre, empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después del beber el vinagre Jesús dijo: “Todo se ha cumplido e inclinando la cabeza, entregó su espíritu” (Jn: 19: 23-30). Esto recuerda al hisopo usado en la Pascua judía para rociar la sangre del cordero pascual (Éxodo 12:22), reforzando la idea de Jesucristo como el Cordero pascual.

Así culminaría la celebración pascual que no había terminado en el cenáculo y podemos decir que la Celebración de la Sagrada Cena culminó en el Monte Calvario. Por lo que muchos estudiosos (especialmente en teología bíblica moderna) proponen que: Jesús interrumpe el Séder y deja la cuarta copa sin beber. La cena queda “abierta”. El rito no se completa en ese momento.  La “bebió” simbólicamente en la cruz, al aceptar el vino antes de morir, pues es la copa de la alabanza y consumación. Esto refuerza la idea de que la Última Cena y la crucifixión forman un único acto pascual continuo.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Azulejo de Mercurio en la calle Rioja.

No nos fijamos por la altura, pero en la fachada del número 1 de la calle Rioja, esquina con la calle Sierpes, se alza un edificio levantado en la década de 1920 que conserva uno de los ejemplos más llamativos de publicidad cerámica en Sevilla. 

Se trata de un gran panel de azulejos, de aproximadamente 1,40 por 3 metros, realizado en 1910 por el ceramista José Recio del Rivero en la prestigiosa fábrica sevillana de José Mensaque y Vera. Esta obra constituye no solo un reclamo comercial, sino también una pieza de notable valor artístico e iconográfico.

Número 1 de la calle Rioja, esquina con la calle Sierpes

Detalle de la fachada

Detalle del panel cerámico

El inmueble fue durante años sede de la zapatería “La Ciudad del Betis”, establecimiento perteneciente a una cadena hoy desaparecida que llegó a contar con varios locales en la ciudad. Su casa matriz se encontraba en la calle Don Alonso el Sabio, junto a Puente y Pellón, y disponía además de sucursales en la calle Feria y en la calle Callao, en el barrio de Triana, además de este punto estratégico en pleno corazón comercial.

El panel cerámico presenta una escena de inspiración mitológica en la que se exalta la actividad mercantil. En el centro aparece Mercurio, dios romano del comercio y mensajero de los dioses (identificado con Hermes en la tradición griega), representado en actitud dinámica, con una rodilla en tierra mientras ofrece diversos productos a la figura de la Abundancia, diosa romana personificación de la prosperidad y la riqueza. 

Detalle de Mercurio y la diosa Abundancia

A la composición se suma otra figura femenina que avanza portando una bandeja, sobre la cual un pequeño genio alado vierte el contenido de una copa, símbolo de generosidad y plenitud. 

Detalle de la otra figura femenina

En la zona superior, dos genios sostienen un espejo, elemento que puede interpretarse como alusión a la vanidad o al reflejo del éxito comercial. Coronando la escena aparece el emblema de la ciudad de Sevilla, el conocido NO-DO.

Detalle de los dos genios con un espejo

La elección de Mercurio no es casual, ya que su figura estaba estrechamente vinculada al mundo del comercio. Su nombre deriva del término latino merx, que significa mercancía, y era considerado protector de comerciantes, viajeros y oradores, así como de quienes cruzaban fronteras. Sin embargo, su carácter también incluía atributos más ambiguos, como la astucia y el ingenio, cualidades asociadas igualmente a ladrones y embaucadores. En la iconografía clásica se le reconoce fácilmente por el pétaso (sombrero o casco alado) y por sus sandalias provistas de alas, que simbolizan la rapidez y la capacidad de desplazarse entre distintos ámbitos.

Detalle de Mercurio con el pétaso y las sandalias aladas

Este azulejo publicitario constituye un valioso testimonio de la importancia del comercio en la Sevilla de principios del siglo XX, así como del uso del arte cerámico como medio de expresión estética y herramienta publicitaria en el paisaje urbano.