domingo, 29 de marzo de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Calle Rioja.

Calle Rioja

Calle Rioja
Calle Rioja

La calle Rioja constituye hoy uno de los ejes comerciales más transitados del centro de Sevilla, conectando la calle Sierpes con la plaza de la Magdalena. Su origen documental se remonta a comienzos del siglo XV: en 1405 aparece ya citada como el camino que unía la plazuela de la Cerrajería con la entonces denominada calle Ancha de la Magdalena, lo que evidencia su temprana importancia dentro del entramado urbano.

A lo largo de su historia, esta vía ha recibido diversas denominaciones que reflejan los usos y referencias de cada época. El primer tramo, comprendido entre Sierpes y Velázquez, fue conocido en el siglo XVI como calle de los Perros, nombre que, según el cronista Peraza, procedía de la presencia de perros de caza mantenidos allí para servir a monteros y cazadores. Posteriormente adoptó el nombre de Dueñas, en alusión a un convento de monjas mínimas situado en la esquina con Sierpes. No sería hasta 1845 cuando se le asignó el nombre actual, en honor al clérigo, humanista y poeta sevillano Francisco de Rioja (Leer mas), figura destacada de la lírica del Siglo de Oro.

El segundo tramo, desde Velázquez hasta la plaza de la Magdalena, aparece documentado desde 1515 como calle Ancha de la Magdalena, debido a su proximidad a la antigua parroquia del mismo nombre. Ya en el siglo XVII era conocida como calle del Ángel, por el convento del Santo Ángel Custodio allí establecido. Incluso existen referencias anteriores que apuntan a la denominación Mesón de los Ángeles, vinculada a documentos de principios del siglo XVI. En 1869 el nombre de Rioja se extendió a todo el recorrido, unificando la vía bajo una sola denominación, aunque en 1935 se intentó ampliarlo a Francisco de Rioja, decisión que fue posteriormente revertida.

Desde el punto de vista urbanístico, la calle presenta dos tramos claramente diferenciados, separados por el cruce con Tetuán y Velázquez. El primero es más estrecho y sinuoso, con un pequeño ensanche inicial que formaba parte de la antigua plaza de la Cerrajería, espacio que también fue conocido como plazuela del Hospital de Santiago. El segundo tramo, en cambio, es más amplio y rectilíneo, resultado de sucesivas reformas y alineaciones.

El trazado actual es fruto de numerosas transformaciones a lo largo de los siglos. En época moderna existieron callejones secundarios que con el tiempo desaparecieron al ser absorbidos por nuevas edificaciones. Sin embargo, las alteraciones más significativas se produjeron entre finales del siglo XIX y el siglo XX, especialmente con los proyectos de ensanche vinculados al eje Reyes Católicos–San Pablo y las intervenciones de las décadas de 1970 y 1980, que implicaron expropiaciones y derribos. Pese a ello, ya en el siglo XIX era considerada una calle amplia y destacada dentro de la ciudad.

En la actualidad, la calle está atravesada por el eje Tetuán-Velázquez y cuenta con varios pasajes comerciales cubiertos en su lado izquierdo, como el pasaje del Ateneo, el pasaje Rioja y el Centro Rioja, que la conectan con calles adyacentes. Estos espacios, dedicados a tiendas, oficinas y algunas viviendas, refuerzan su carácter eminentemente comercial.

El caserío tradicional, antaño de notable calidad arquitectónica, ha sido en gran medida sustituido por edificios modernos, consecuencia del intenso desarrollo comercial de la zona. No obstante, aún se conservan algunos ejemplos de interés, como el edificio de la esquina con Sierpes, de los años veinte, decorado con un azulejo dedicado al dios Mercurio (Leer mas), o el inmueble número 11, obra del arquitecto Aníbal González, realizado en ladrillo visto a comienzos del siglo XX.

Edificio de la esquina con Sierpes

Retablo cerámico del dios Mercurio

Edificios de la esquina con Velázquez

Edificios de la esquina con Velázquez

Entre los edificios desaparecidos destaca el convento de las monjas mínimas o de la Victoria, así como el célebre Salón Llorens, inaugurado en 1911 como teatro de variedades y posteriormente adaptado como cine por el arquitecto José Espiau y Muñoz en estilo regionalista con influencias islámicas. Este espacio mantuvo su uso cinematográfico durante décadas antes de convertirse en establecimiento comercial.

Otro enclave relevante fue el antiguo colegio del Santo Ángel Custodio, fundado en el siglo XVI. Su iglesia, perteneciente a los carmelitas descalzos y datada a comienzos del siglo XVII, logró conservarse tras la exclaustración de 1835, mientras que el convento fue destinado a usos militares. En sus dependencias se instalaron posteriormente instituciones culturales y académicas, como la Sociedad Económica de Amigos del País o el Ateneo, donde en 1927 tuvieron lugar actos literarios vinculados a la Generación del 27. Parte de este conjunto fue reformado por Aníbal González a principios del siglo XX, aunque más tarde sería demolido para dar paso a nuevas construcciones comerciales.

Históricamente, la calle Rioja ha sido un espacio de intensa actividad social. En ella se ubicaron casinos, teatros, cafés y paradas de carruajes, lo que la convirtió en un lugar de encuentro y tránsito constante. Ya en el siglo XVII se la describía como una de las calles más concurridas de Sevilla. Además, formaba parte del recorrido habitual de procesiones, desfiles y celebraciones públicas, especialmente aquellas procedentes de Triana.

La vida cotidiana de la calle también dejó estampas pintorescas, como la presencia de mendigos en torno a la iglesia del Santo Ángel en el siglo XIX, cuya concentración generó quejas vecinales, o el bullicio provocado por los carruajes y los primeros servicios de transporte urbano. En los años 1950 y 1960 estuvo en una de sus casas la sede del Frente de Juventudes.

En tiempos más recientes, la calle ha mantenido su dinamismo, con un intenso tráfico peatonal favorecido por su carácter comercial y su condición de vía peatonal. Durante años, la presencia de vendedores ambulantes incrementó aún más su actividad, aunque esta práctica fue posteriormente regulada. Hoy continúa siendo un espacio de gran vitalidad, especialmente en su tramo más ancho, donde se concentra buena parte del flujo de compradores.

Diversos escritores (Juan Sierra y Joaquín Romero Murube) han evocado la atmósfera de esta calle en momentos significativos de la vida sevillana, destacando su papel como escenario de la Semana Santa y otras celebraciones, donde el bullicio cotidiano puede transformarse en silencio expectante ante el paso de las procesiones.

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA 

Francisco de Rioja.

Retrato de un clérigo, supuesto retrato de Francisco de Rioja, atribuido a Diego Velázquez. Colección particular. Madrid. (ver) (CC BY 3.0)

Francisco de Rioja nació en Sevilla hacia el año 1583. El 22 de noviembre de ese mismo año fue bautizado en la iglesia de Omnium Sanctorum como “Francisco, hijo de Antón García Rioja y de Leonor Rodrigues”. De origen humilde, orientó pronto su vida hacia la carrera eclesiástica, cursando estudios de Teología y Humanidades. Se licenció en leyes, recibió las órdenes sacerdotales y llegó a ser canónigo de la catedral de Sevilla.

Francisco de Rioja. Biblioteca Nacional de España. (ver) (CC BY 3.0)


Desde joven ocupó un lugar destacado en los círculos cultos sevillanos, especialmente en torno al taller del pintor Francisco Pacheco, quien lo consideraba uno de sus amigos más cualificados y recurría a él para solicitar opiniones eruditas sobre su obra poética. En este ambiente intelectual comenzó a forjarse también su estrecha amistad con Gaspar de Guzmán, surgida entre 1607 y 1615, cuando el futuro valido alternaba sus estancias cortesanas con largas temporadas en Sevilla. Rioja le dedicó incluso algunos sonetos, dirigiéndose a él con el nombre arcádico de Manlio.

La subida al trono de Felipe IV consolidó el poder del conde-duque de Olivares, quien reclamó a Rioja a la corte madrileña como consejero y colaborador cercano. Allí desempeñó funciones de gran responsabilidad: actuó como redactor de cámara, corrigiendo y puliendo los documentos del valido, y ejerció como su confidente. Según Gregorio Marañón, Rioja fue un “sesudo abogado y confidente”, además de bibliotecario del propio Olivares.

En la corte obtuvo importantes cargos y beneficios. Fue nombrado cronista real y, en 1634, bibliotecario del rey, acumulando numerosas rentas y prebendas. También formó parte del Consejo de la Suprema Inquisición, tras haber sido previamente inquisidor en Sevilla. Su influencia creció al compás del poder de su protector.

Durante la crisis política que afectó a la monarquía en 1640, con las rebeliones de Cataluña y Portugal, Rioja participó activamente en la defensa escrita del conde-duque, redactando impugnaciones a textos contrarios como la Proclamación Católica. Sin embargo, la caída de Olivares en 1643 arrastró consigo a su círculo más cercano. Rioja acompañó a su amigo en su destierro a Loeches y permaneció fiel a él hasta su muerte.

Tras estos acontecimientos, se retiró a Sevilla, donde vivió un largo periodo de relativa oscuridad. Años después regresó a Madrid, probablemente por instancias superiores, ya en edad avanzada. Allí residía en la calle de San Mateo junto a Alonso Fajardo de Roda, a quien nombró heredero universal de sus bienes.

Francisco de Rioja falleció en Madrid el 8 de agosto de 1659. Su trayectoria vital refleja el ascenso y declive ligados a la fortuna política del conde-duque de Olivares, así como su papel destacado en la vida intelectual y cortesana del Siglo de Oro.

Como escritor, cultivó principalmente la poesía. Se le atribuyen unos treinta sonetos amorosos y otros de carácter filosófico, centrados en temas como la fugacidad de la vida y la inestabilidad de la fortuna. También escribió en prosa, en ocasiones para defender la figura de su amigo Olivares. Su poesía incluye composiciones dedicadas a la naturaleza —árboles, plantas o el río Guadalquivir— y a las ruinas de Itálica y la mítica Atlántida, temas muy apreciados por los poetas de su tiempo.

Calle Rioja