AREA DE LA MAGDALENA
Calle Rioja.
Calle Rioja
La calle Rioja constituye hoy uno
de los ejes comerciales más transitados del centro de Sevilla, conectando la
calle Sierpes con la plaza de la Magdalena. Su origen documental se remonta a
comienzos del siglo XV: en 1405 aparece ya citada como el camino que unía la
plazuela de la Cerrajería con la entonces denominada calle Ancha de la
Magdalena, lo que evidencia su temprana importancia dentro del entramado
urbano.
A lo largo de su historia, esta vía ha
recibido diversas denominaciones que reflejan los usos y referencias de cada
época. El primer tramo, comprendido entre Sierpes y Velázquez, fue conocido en
el siglo XVI como calle de los Perros, nombre que, según el cronista Peraza,
procedía de la presencia de perros de caza mantenidos allí para servir a
monteros y cazadores. Posteriormente adoptó el nombre de Dueñas, en alusión a
un convento de monjas mínimas situado en la esquina con Sierpes. No sería hasta
1845 cuando se le asignó el nombre actual, en honor al clérigo, humanista y
poeta sevillano Francisco de Rioja (Leer mas), figura destacada de la lírica del
Siglo de Oro.
El segundo tramo, desde Velázquez hasta
la plaza de la Magdalena, aparece documentado desde 1515 como calle Ancha de la
Magdalena, debido a su proximidad a la antigua parroquia del mismo nombre. Ya
en el siglo XVII era conocida como calle del Ángel, por el convento del Santo
Ángel Custodio allí establecido. Incluso existen referencias anteriores que
apuntan a la denominación Mesón de los Ángeles, vinculada a documentos de
principios del siglo XVI. En 1869 el nombre de Rioja se extendió a todo el
recorrido, unificando la vía bajo una sola denominación, aunque en 1935 se
intentó ampliarlo a Francisco de Rioja, decisión que fue posteriormente
revertida.
Desde el punto de vista urbanístico, la
calle presenta dos tramos claramente diferenciados, separados por el cruce con
Tetuán y Velázquez. El primero es más estrecho y sinuoso, con un pequeño
ensanche inicial que formaba parte de la antigua plaza de la Cerrajería,
espacio que también fue conocido como plazuela del Hospital de Santiago. El
segundo tramo, en cambio, es más amplio y rectilíneo, resultado de sucesivas
reformas y alineaciones.
El trazado actual es fruto de numerosas
transformaciones a lo largo de los siglos. En época moderna existieron
callejones secundarios que con el tiempo desaparecieron al ser absorbidos por
nuevas edificaciones. Sin embargo, las alteraciones más significativas se
produjeron entre finales del siglo XIX y el siglo XX, especialmente con los
proyectos de ensanche vinculados al eje Reyes Católicos–San Pablo y las
intervenciones de las décadas de 1970 y 1980, que implicaron expropiaciones y
derribos. Pese a ello, ya en el siglo XIX era considerada una calle amplia y
destacada dentro de la ciudad.
En la actualidad, la calle está
atravesada por el eje Tetuán-Velázquez y cuenta con varios pasajes comerciales cubiertos
en su lado izquierdo, como el pasaje del Ateneo, el pasaje Rioja y el Centro
Rioja, que la conectan con calles adyacentes. Estos espacios, dedicados a
tiendas, oficinas y algunas viviendas, refuerzan su carácter eminentemente
comercial.
El caserío tradicional, antaño de
notable calidad arquitectónica, ha sido en gran medida sustituido por edificios
modernos, consecuencia del intenso desarrollo comercial de la zona. No
obstante, aún se conservan algunos ejemplos de interés, como el edificio de la
esquina con Sierpes, de los años veinte, decorado con un azulejo dedicado al
dios Mercurio (Leer mas), o el inmueble número 11, obra del
arquitecto Aníbal González, realizado en ladrillo visto a comienzos del siglo
XX.
Edificio de la esquina con Sierpes
Retablo cerámico del dios Mercurio
Edificios de la esquina con Velázquez
Entre los edificios desaparecidos
destaca el convento de las monjas mínimas o de la Victoria, así como el célebre
Salón Llorens, inaugurado en 1911 como teatro de variedades y posteriormente
adaptado como cine por el arquitecto José Espiau y Muñoz en estilo regionalista
con influencias islámicas. Este espacio mantuvo su uso cinematográfico durante
décadas antes de convertirse en establecimiento comercial.
Otro enclave relevante fue el antiguo
colegio del Santo Ángel Custodio, fundado en el siglo XVI. Su iglesia,
perteneciente a los carmelitas descalzos y datada a comienzos del siglo XVII,
logró conservarse tras la exclaustración de 1835, mientras que el convento fue
destinado a usos militares. En sus dependencias se instalaron posteriormente
instituciones culturales y académicas, como la Sociedad Económica de Amigos del
País o el Ateneo, donde en 1927 tuvieron lugar actos literarios vinculados a la
Generación del 27. Parte de este conjunto fue reformado por Aníbal González a
principios del siglo XX, aunque más tarde sería demolido para dar paso a nuevas
construcciones comerciales.
Históricamente, la calle Rioja ha sido
un espacio de intensa actividad social. En ella se ubicaron casinos, teatros,
cafés y paradas de carruajes, lo que la convirtió en un lugar de encuentro y
tránsito constante. Ya en el siglo XVII se la describía como una de las calles
más concurridas de Sevilla. Además, formaba parte del recorrido habitual de
procesiones, desfiles y celebraciones públicas, especialmente aquellas
procedentes de Triana.
La vida cotidiana de la calle también
dejó estampas pintorescas, como la presencia de mendigos en torno a la iglesia
del Santo Ángel en el siglo XIX, cuya concentración generó quejas vecinales, o
el bullicio provocado por los carruajes y los primeros servicios de transporte
urbano. En los años 1950 y 1960 estuvo en una de sus casas la sede del Frente
de Juventudes.
En tiempos más recientes, la calle ha
mantenido su dinamismo, con un intenso tráfico peatonal favorecido por su
carácter comercial y su condición de vía peatonal. Durante años, la presencia
de vendedores ambulantes incrementó aún más su actividad, aunque esta práctica
fue posteriormente regulada. Hoy continúa siendo un espacio de gran vitalidad,
especialmente en su tramo más ancho, donde se concentra buena parte del flujo
de compradores.
Diversos escritores (Juan Sierra y Joaquín Romero Murube) han evocado la atmósfera de esta calle en momentos significativos de la vida sevillana, destacando su papel como escenario de la Semana Santa y otras celebraciones, donde el bullicio cotidiano puede transformarse en silencio expectante ante el paso de las procesiones.