martes, 17 de marzo de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Ruta de las Cruces

Cruz de los Polaineros.

En el Patio de los Naranjos de la Iglesia Colegial del Salvador se conserva la Capilla del Cristo de los Desamparados (ver). En uno de los muros laterales de esta capilla se encuentra adosada una cruz de jaspe conocida tradicionalmente como la Cruz de los Polaineros. No debe confundirse con la llamada Cruz de Culebras (ver), situada en las inmediaciones, en la confluencia de la calle Villegas con el entorno del templo.

Muro lateral de la Capilla del Cristo de los Desamparados

Cruz de los Polaineros

A diferencia de otras cruces que existieron en la ciudad y que estuvieron vinculadas a los antiguos cementerios parroquiales de las distintas collaciones sevillanas, la Cruz de los Polaineros no desempeñó esa función funeraria.

Su denominación procede de la antigua plaza de los Polaineros, espacio urbano que se encontraba al inicio de la actual calle Álvarez Quintero y que, como muchas otras plazas del casco histórico, desapareció o cambió de fisonomía con las reformas urbanísticas de los siglos posteriores.

Los polaineros eran artesanos gremiales, particularmente en Sevilla, dedicados a la fabricación y venta de polainas (prendas de cuero o paño para cubrir piernas) y calza. 

Sobre el origen de esta cruz se han transmitido dos versiones diferentes. Según una de ellas, en la plaza de los Polaineros existía antiguamente una cruz que, con el paso del tiempo, fue sustituida por iniciativa de los vecinos del barrio por otra de mármol. Aquella cruz desapareció posteriormente, por lo que se decidió colocar una nueva pieza realizada en jaspe. Esta última sería trasladada en el año 1840 al lugar donde hoy puede contemplarse, adosada a la capilla del Patio de los Naranjos del Salvador.

La segunda tradición sitúa su origen en un suceso trágico ocurrido durante una procesión del Corpus Christi. Según este relato, en el transcurso de la celebración se produjo un altercado en la calle que terminó con la muerte de uno de los parroquianos. Como acto simbólico de reparación y con la intención de purificar el lugar donde había ocurrido el hecho, se decidió levantar una cruz en memoria del suceso. Esa cruz, con el paso del tiempo, sería la que terminaría instalada en el Patio de los Naranjos del Salvador, donde permanece desde 1840 como discreto testimonio de la religiosidad popular y de la memoria histórica del entorno.