AREA DE LA MAGDALENA
Calle O´Donnell.
Desde la confluencia de Campana y San
Eloy hasta la plaza de la Magdalena. A lo largo de su recorrido recibe, por la
derecha, el pasaje Manuel Alonso Vicedo y la calle Olavide, y por la izquierda
Pedro Caravaca e Itálica.
El trazado
actual de la calle O’Donnell es el resultado de una larga evolución histórica
en la que han quedado reflejados distintos nombres y usos. Ya en documentos del
siglo XIII aparece mencionada como calle de la Muela, denominación que
probablemente aludía al primer tramo, desde su inicio hasta las inmediaciones
de la actual calle Itálica. En el siglo XV se documenta también con los nombres
de Martín Cerón o Martín Hernández Cerón, aplicados al sector comprendido
aproximadamente entre Itálica y la actual calle Murillo. Estas denominaciones
convivieron durante los siglos XVI y XVII, lo que evidencia la complejidad de
la toponimia urbana sevillana.
Azulejo
El origen del
nombre “Muela” no es completamente seguro. Según la interpretación del
historiador Santiago Montoto, podría proceder de una gran piedra de molino
situada a modo de guardacantón en la entrada de una vivienda. En cuanto a
Martín Hernández Cerón, las crónicas de Diego Ortiz de Zúñiga lo identifican
como un caballero asentado en Sevilla a finales del siglo XIV, cuyo nombre
habría quedado vinculado a este sector de la vía. Con el tiempo, el topónimo
Muela terminó extendiéndose a toda la calle, tal como recoge el plano de
Olavide de 1771, mientras que la denominación Martín Cerón cayó en desuso.
En 1860 la
calle recibió el nombre de O’Donnell, en honor al general Leopoldo O’Donnell (Leer mas), héroe de la
guerra de África y figura destacada de la política española del siglo XIX y
fundador de la Unión Liberal. Durante el breve periodo de la Primera República,
en 1873, se intentó sustituir esta denominación por las de Doce de Febrero y
Once de Febrero, conmemorando la proclamación republicana, aunque estos cambios
tuvieron una duración efímera. Con la Restauración borbónica, en 1875, se
recuperó definitivamente el nombre de O’Donnell.
Desde el punto de vista urbano, la
calle presenta una configuración singular, articulada en dos tramos claramente
diferenciados. El primero, desde Campana hasta la confluencia con Pedro
Caravaca y Velázquez, es más corto, ancho y rectilíneo. A partir de ese punto,
la calle describe una ligera curvatura y se prolonga en un segundo tramo más
largo y estrecho hasta desembocar en la plaza de la Magdalena. Este quiebro
genera una disposición en ángulo que define su fisonomía y en la que se sitúa
la estatua dedicada a Pastora Imperio (ver).
Zona ancha
Zona estrecha
Ensanchamiento con la estatua dedicada a Pastora Imperio
Ensanchamiento con la estatua dedicada a Pastora Imperio
Estatua dedicada a Pastora Imperio
Detalle
La amplitud actual del primer tramo
contrasta con la estrechez que tuvo en épocas anteriores. Ya en 1586 se
documenta la intervención de otro Martín Hernández Cerón, propietario de una
casa principal en las cercanías de Sierpes, quien accedió a demoler parte de su
vivienda para facilitar el tránsito en una calle que, pese a su intensa actividad,
presentaba notables estrechamientos. No obstante, las transformaciones más
decisivas se produjeron entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, con las
obras de ensanche y alineación en la Campana y la calle Velázquez, que
modificaron profundamente este sector. El resto del trazado ha experimentado
menos cambios, salvo la apertura de la calle Itálica en el siglo XIX y la
desaparición de la antigua parroquia de la Magdalena.
A pesar de su marcado carácter
comercial, la calle conserva aún un caserío de notable calidad arquitectónica.
Predominan los edificios de tres y cuatro plantas levantados a comienzos del
siglo XX, junto a algunas construcciones más recientes. En el primer tramo
destacan varias fachadas de ladrillo visto con elegantes cierres acristalados.
Entre los inmuebles más significativos figuran el número 13, obra de estilo
neomudéjar atribuida al arquitecto López Sáez; el número 23, de dos plantas,
con pilastras y un destacado balcón de hierro forjado; el número 25, con
portada nobiliaria y escudo heráldico que parece apuntar al Mayorazgo fundado por Martin Cerón y
que fue el origen del Vizcondado de la Torre de Guadiamar; y el número 32,
de carácter popular, con un interesante balcón.
Numero 9
Numero 10
Numero 10
Detalle de relieves cerámicos
Detalle de relieves cerámicos
Detalle de relieves cerámicos
Detalle de relieves cerámicos
Numero 13
Numero 13. Neomudejar
Numero 23
Numero 23
Detalle superior
Detalle del herraje del balcón
Detalle del interior
Numero 25
Numero 25
Detalle del escudo heráldico
Detalle del patio
Numero 32
Detalle del herraje del balcón
En la esquina con Campana se levantó en
su día un edificio proyectado por Aníbal González, donde se instaló el célebre
Café París (ver), posteriormente demolido. En el solar del actual
pasaje Manuel Alonso Vicedo estuvo la casa de la familia Concha y Sierra, y en
otra vivienda de la calle tuvo su sede la revista El Folklore Andaluz durante
el siglo XIX.
Históricamente, O’Donnell ha sido una
de las calles más activas y concurridas de Sevilla. Ya en 1852 el periódico El
Porvenir la describía como la vía más céntrica, transitada y distinguida de la
ciudad. A lo largo de los siglos ha albergado numerosos establecimientos y
actividades relevantes. En el siglo XVII tuvo su taller el impresor Alonso Rodríguez
Gamarra y, según la tradición, residió en ella el escultor Juan Martínez
Montañés. En el siglo XVIII funcionó un teatro en la esquina con la entonces
calle San Acacio (actual Pedro Caravaca), gestionado por la actriz Ana
Sciomeri. Sobre ese mismo emplazamiento se construyó en 1834 el Teatro Cómico,
posteriormente denominado Teatro Principal, que fue derribado en 1866 y
sustituido por un conjunto residencial diseñado por Balbino Marrón, donde más
tarde se instaló el cine Palacio Central.