lunes, 13 de abril de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Calle Itálica.

Desde O´Donnell a José de Velilla.

Calle Itálica

Esta vía se abrió en 1845 con motivo de la ampliación de la plaza de la Magdalena, en un espacio que anteriormente se conocía como plaza de la Leña. Según recoge González de León, recibía ese nombre porque en ella se vendía leña hasta pocos años antes. El nuevo enclave adoptó la denominación de la antigua ciudad romana de Itálica, situada en las proximidades de Sevilla.

La configuración de la calle fue posible tras el derribo de unas antiguas hospederías pertenecientes a los monjes cartujos, con el fin de levantar en su lugar una de las principales casas de baños de la ciudad. Por este motivo, el lugar también fue conocido como Hospedería de la Cartuja. González de León describía en 1839 este edificio destacando su portada, en la que figuraba una imagen de San Bruno realizada en barro cocido, entonces atribuida a Torrigiano. No se descarta que, a comienzos del siglo XVIII, este espacio fuera denominado también callejuela del Monte.

Se trata de una calle corta y recta. El caserío es escaso y, en muchos casos, las plantas superiores permanecen deshabitadas o se destinan a almacenes vinculados a los comercios. Esto se debe a que gran parte de la calle está ocupada por los laterales de grandes establecimientos cuyas entradas principales se sitúan en O’Donnell y en la plaza de la Magdalena. Como consecuencia, se trata de un espacio con escasa personalidad propia, que cumple fundamentalmente una función auxiliar y que, fuera del horario comercial, resulta silencioso y poco transitado. Hasta hace algunos años tuvo su sede en esta calle el Lar Gallego.

 A mediados del siglo XIX, la zona compartía el ambiente de prostitución que caracterizaba a su entorno. Una crónica periodística de la época, en tono irónico, aludía a esta circunstancia señalando que en calles como Encomienda, Velázquez o Itálica era frecuente la presencia nocturna de mujeres que abordaban a los transeúntes con insistencia.

AREA DE LA MAGDALENA

Calle O´Donnell.

Desde la confluencia de Campana y San Eloy hasta la plaza de la Magdalena. A lo largo de su recorrido recibe, por la derecha, el pasaje Manuel Alonso Vicedo y la calle Olavide, y por la izquierda Pedro Caravaca e Itálica.

El trazado actual de la calle O’Donnell es el resultado de una larga evolución histórica en la que han quedado reflejados distintos nombres y usos. Ya en documentos del siglo XIII aparece mencionada como calle de la Muela, denominación que probablemente aludía al primer tramo, desde su inicio hasta las inmediaciones de la actual calle Itálica. En el siglo XV se documenta también con los nombres de Martín Cerón o Martín Hernández Cerón, aplicados al sector comprendido aproximadamente entre Itálica y la actual calle Murillo. Estas denominaciones convivieron durante los siglos XVI y XVII, lo que evidencia la complejidad de la toponimia urbana sevillana.

Azulejo

El origen del nombre “Muela” no es completamente seguro. Según la interpretación del historiador Santiago Montoto, podría proceder de una gran piedra de molino situada a modo de guardacantón en la entrada de una vivienda. En cuanto a Martín Hernández Cerón, las crónicas de Diego Ortiz de Zúñiga lo identifican como un caballero asentado en Sevilla a finales del siglo XIV, cuyo nombre habría quedado vinculado a este sector de la vía. Con el tiempo, el topónimo Muela terminó extendiéndose a toda la calle, tal como recoge el plano de Olavide de 1771, mientras que la denominación Martín Cerón cayó en desuso.

En 1860 la calle recibió el nombre de O’Donnell, en honor al general Leopoldo O’Donnell (Leer mas), héroe de la guerra de África y figura destacada de la política española del siglo XIX y fundador de la Unión Liberal. Durante el breve periodo de la Primera República, en 1873, se intentó sustituir esta denominación por las de Doce de Febrero y Once de Febrero, conmemorando la proclamación republicana, aunque estos cambios tuvieron una duración efímera. Con la Restauración borbónica, en 1875, se recuperó definitivamente el nombre de O’Donnell.

Desde el punto de vista urbano, la calle presenta una configuración singular, articulada en dos tramos claramente diferenciados. El primero, desde Campana hasta la confluencia con Pedro Caravaca y Velázquez, es más corto, ancho y rectilíneo. A partir de ese punto, la calle describe una ligera curvatura y se prolonga en un segundo tramo más largo y estrecho hasta desembocar en la plaza de la Magdalena. Este quiebro genera una disposición en ángulo que define su fisonomía y en la que se sitúa la estatua dedicada a Pastora Imperio (ver).

Zona ancha

Zona estrecha

Ensanchamiento con la estatua dedicada a Pastora Imperio

Ensanchamiento con la estatua dedicada a Pastora Imperio

Estatua dedicada a Pastora Imperio

Detalle


Detalle

La amplitud actual del primer tramo contrasta con la estrechez que tuvo en épocas anteriores. Ya en 1586 se documenta la intervención de otro Martín Hernández Cerón, propietario de una casa principal en las cercanías de Sierpes, quien accedió a demoler parte de su vivienda para facilitar el tránsito en una calle que, pese a su intensa actividad, presentaba notables estrechamientos. No obstante, las transformaciones más decisivas se produjeron entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, con las obras de ensanche y alineación en la Campana y la calle Velázquez, que modificaron profundamente este sector. El resto del trazado ha experimentado menos cambios, salvo la apertura de la calle Itálica en el siglo XIX y la desaparición de la antigua parroquia de la Magdalena.

A pesar de su marcado carácter comercial, la calle conserva aún un caserío de notable calidad arquitectónica. Predominan los edificios de tres y cuatro plantas levantados a comienzos del siglo XX, junto a algunas construcciones más recientes. En el primer tramo destacan varias fachadas de ladrillo visto con elegantes cierres acristalados. Entre los inmuebles más significativos figuran el número 13, obra de estilo neomudéjar atribuida al arquitecto López Sáez; el número 23, de dos plantas, con pilastras y un destacado balcón de hierro forjado; el número 25, con portada nobiliaria y escudo heráldico que parece apuntar al Mayorazgo fundado por Martin Cerón y que fue el origen del Vizcondado de la Torre de Guadiamar; y el número 32, de carácter popular, con un interesante balcón.

Numero 9

Numero 10

Numero 10

Detalle de relieves cerámicos
Detalle de relieves cerámicos
Detalle de relieves cerámicos
Detalle de relieves cerámicos

Numero 13

Numero 13. Neomudejar

Numero 23

Numero 23

Detalle superior

Detalle del herraje del balcón
Detalle del interior

Numero 25

Numero 25

Detalle del escudo heráldico
Detalle de la cancela

Detalle del patio

Detalle de la fuente

Numero 32


Numero 32

Detalle del herraje del balcón

En la esquina con Campana se levantó en su día un edificio proyectado por Aníbal González, donde se instaló el célebre Café París (ver), posteriormente demolido. En el solar del actual pasaje Manuel Alonso Vicedo estuvo la casa de la familia Concha y Sierra, y en otra vivienda de la calle tuvo su sede la revista El Folklore Andaluz durante el siglo XIX.


Históricamente, O’Donnell ha sido una de las calles más activas y concurridas de Sevilla. Ya en 1852 el periódico El Porvenir la describía como la vía más céntrica, transitada y distinguida de la ciudad. A lo largo de los siglos ha albergado numerosos establecimientos y actividades relevantes. En el siglo XVII tuvo su taller el impresor Alonso Rodríguez Gamarra y, según la tradición, residió en ella el escultor Juan Martínez Montañés. En el siglo XVIII funcionó un teatro en la esquina con la entonces calle San Acacio (actual Pedro Caravaca), gestionado por la actriz Ana Sciomeri. Sobre ese mismo emplazamiento se construyó en 1834 el Teatro Cómico, posteriormente denominado Teatro Principal, que fue derribado en 1866 y sustituido por un conjunto residencial diseñado por Balbino Marrón, donde más tarde se instaló el cine Palacio Central.