viernes, 17 de abril de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Puerta de Triana.

Puerta de Triana en 1868


La Puerta de Triana fue uno de los accesos más importantes del recinto amurallado de Sevilla, tanto por su valor estratégico como por su significado simbólico. Situada en el entorno de la actual calle Reyes Católicos, en la confluencia con Santas Patronas, Zaragoza, Julio César y Gravina, marcaba el punto de conexión entre el núcleo urbano y el arrabal de Triana, al que se accedía a través del antiguo puente de barcas sobre el río Guadalquivir.

Su origen se remonta a época islámica, probablemente bajo dominio almorávide o almohade, cuando formaba parte del sistema defensivo de la ciudad, debió ser, como las restantes puertas de la ciudad, un baluarte con entrada acodada. Aquella primera puerta respondía a criterios militares, aunque con el paso del tiempo fue adquiriendo una función más representativa.

A finales del siglo XVI, en un contexto de renovación urbana, el acceso fue completamente transformado. En torno a 1585-1588, durante el reinado de Felipe II, se reconstruyó en un nuevo emplazamiento, más al oeste, a la altura de Julio César y Santas Patronas, y con un lenguaje arquitectónico renacentista que reflejaba el poder y la prosperidad de la ciudad.

La nueva Puerta de Triana presentaba una estructura monumental organizada en varios cuerpos. Constaba de un bello cuerpo de arquitectura de orden dórico, atribuido por algunos autores a Juan de Herrera. Contaba con dos fachadas prácticamente idénticas, orientadas al interior y al exterior de la ciudad, y un gran arco de medio punto como eje central. A ambos lados se disponían columnas estriadas que sostenían una cornisa sobre la que se extendía un balcón corrido. El conjunto se remataba con un ático en forma de frontón triangular, decorado con elementos escultóricos, escudos y remates piramidales. En la fachada interior destacaba la presencia del escudo de la ciudad, reforzando su carácter institucional.

Bajo este remate se colocó una inscripción conmemorativa que recordaba la intervención municipal y el patrocinio de la obra, así como la autoridad del monarca. En ella se mencionaba también la participación de Don Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán, Conde de Orgaz, figura destacada en la supervisión de los trabajos. Este tipo de inscripciones no solo cumplía una función informativa, sino que también actuaba como propaganda del poder político y urbano.

 “Siendo poderosísimo Rey de las Españas y de nuestras provincias por la parte del orbe Felipe II, el amplísimo regimiento de Sevilla juzgó deber, ser adornada esta puerta nueva de Triana, puesta en nuevo sitio, favoreciendo la obra y asistiendo a su perfección Don Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán, Conde de Orgaz, superior vigilantísimo de la misma floreciente ciudad en el año de la salud cristiana de 1588”.

Además de su función como puerta de acceso, el edificio tenía usos complementarios. En su parte superior albergaba el llamado Salón del Castillo, destinado a prisión de nobles o personas de alto rango. Este espacio estaba bajo la custodia de autoridades vinculadas a casas nobiliarias como los duques de Alcalá, lo que refleja la compleja organización social y judicial de la época.

La Puerta de Triana también desempeñó un papel destacado en ceremonias públicas. Era el lugar habitual de entrada de los monarcas en sus visitas a la ciudad, como ocurrió en 1729 con Felipe V, quien accedió a Sevilla acompañado de una gran comitiva. Estas entradas solemnes reforzaban el carácter representativo de la puerta como escenario de bienvenida oficial.

A pesar de su importancia histórica y artística, la puerta fue demolida en 1868, en un momento de profundas transformaciones urbanas, para agilizar el tráfico de la zona, y facilitar la circulación, especialmente tras la apertura de la calle Reyes Católicos.

La expansión de la ciudad, la construcción del nuevo Puente de Triana y la estación ferroviaria de Plaza de Armas, junto con el deseo de modernizar los accesos, motivaron su desaparición. La decisión coincidió además con un contexto político convulso, marcado por la caída de Isabel II y el inicio de un periodo revolucionario que impulsó la eliminación de elementos asociados al pasado monárquico.

El derribo provocó una notable oposición popular, consciente de la pérdida patrimonial que suponía. Sin embargo, en pocos días la puerta desapareció por completo. Sus restos tuvieron destinos diversos: parte de los materiales se reutilizaron en la construcción de una vivienda en la calle San Eloy, propiedad del contratista encargado de la demolición, mientras que otros fragmentos, como columnas, fueron trasladados a Jerez de la Frontera, donde aún se conservan.

Hoy, la Puerta de Triana pervive únicamente en grabados, descripciones y en la memoria histórica de la ciudad. Su desaparición se considera uno de los ejemplos más significativos de la pérdida del patrimonio monumental sevillano durante el proceso de modernización del siglo XIX.

Puerta de Triana. Entrada triunfal de Felipe V

Puerta de Triana. Grabado de Richard Ford. Siglo XIX

Fotografía dela Puerta de Triana en 1850

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Calle Reyes Católicos.

De la confluencia de San Pablo, Julio César y Santas Patronas hasta el paseo de Cristóbal Colón, el puente de Isabel II y la calle Arjona. Desembocan en ella, por la derecha, Marqués de Paradas y Trastamara, y por la izquierda, Pastor y Landero.

Calle Reyes Católicos

La calle fue trazada en 1859 y desde su origen recibió el nombre de Reyes Católicos, en honor a los monarcas Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

Se sitúa en la antigua zona extramuros próxima al río, conocida tradicionalmente como la Ribera y, ya en el siglo XIX, como la Alamedilla de la Puerta de Triana, desde donde se accedía al puente.

Su configuración actual responde al importante plan urbanístico diseñado en ese mismo año por el arquitecto Balbino Marrón, que transformó profundamente el entorno de las denominadas “afueras de la Puerta de Triana” y el antiguo barrio de la Cestería.

Desde su origen se concibió como una vía amplia y rectilínea, a modo de paseo, con andenes laterales y doble alineación de árboles, aunque parte de este arbolado fue eliminado pocos años después a petición de los vecinos.

Inicialmente partía de la desaparecida Puerta de Triana, cuyo derribo en 1869 se vio favorecido por la apertura de esta calle, que eliminaba un obstáculo clave en el eje natural de comunicación entre el oeste y el centro urbano, desde el puente de Isabel II hasta la zona de la Magdalena.

Desde sus primeros años, la calle presentó edificaciones de cierta entidad. La expansión urbana hacia el río impulsó la construcción de viviendas de calidad, que se alquilaban con facilidad, como ya señalaban crónicas de la época. Aunque muchos de los edificios del siglo XIX y comienzos del XX han sido sustituidos por construcciones más recientes de mayor altura, aún se conserva en algunos tramos, especialmente en la acera izquierda, un conjunto de notable interés, con casas de tres plantas bien conservadas. Entre ellas destaca el número 11, de estilo historicista, con fachada de ladrillo visto, elementos escultóricos y una cuidada rejería. También sobresale el pabellón de la Asociación Sevillana de Caridad, obra de los arquitectos Aníbal González y Aurelio Gómez Millán. En la casa núm. 21 tiene su sede el Parlamento de Andalucía, y en otra vivió algunos años el poeta Rafael Montesinos.

Asociación Sevillana de Caridad

Asociación Sevillana de Caridad
Asociación Sevillana de Caridad

Detalles

Detalles

Reyes Católicos numero 25







Antes de su urbanización, este espacio estuvo condicionado por la cercanía del río, lo que provocaba frecuentes inundaciones, acumulación de arenas y dificultades de tránsito, problemas que ya denunciaban los vecinos desde el siglo XVI.

Con la apertura de la calle, el área experimentó una profunda transformación y se convirtió en uno de los principales ejes de comunicación de la ciudad. Durante el siglo XIX y buena parte del XX fue paso obligado hacia Triana, con tránsito constante de carruajes, caballerías, tranvías y, más tarde, vehículos. En sus inmediaciones se establecieron paradas de diligencias y servicios de transporte hacia el Aljarafe y otras comarcas, actividad que dejó huella en establecimientos tradicionales de la zona.

Además, fue escenario de numerosos acontecimientos públicos, como recepciones oficiales, desfiles y celebraciones. Resulta llamativo el acuerdo municipal de 1910 para instalar una valla que impidiera el paso de ganado bravo por la calle, ya que era habitual trasladarlo a pie hacia la plaza de toros de la Maestranza y el matadero.

En la actualidad, la calle Reyes Católicos combina funciones residenciales, comerciales y de servicios. Alberga hoteles, entidades bancarias, comercios especializados —especialmente ferreterías, tiendas de repuestos y bazares—, así como numerosos bares con veladores en las aceras. Presenta un intenso tráfico en ambos sentidos, al conectar el paseo de Cristóbal Colón y el puente de Isabel II con el centro de la ciudad y otras vías principales. El tránsito peatonal es igualmente elevado, especialmente en horario comercial. Durante la Semana Santa adquiere un protagonismo especial, al ser recorrido habitual de las cofradías procedentes de Triana.

Reyes Católicos en 1890

Reyes Católicos en 1902

Reyes Católicos en la década de 1940

Reyes Católicos, vista desde el puente ce Triana. Finales del siglo XIX. (Fotografía de Hauser y Menet) (Biblioteca Nacional de España)

Vendedor de naranjas en el puente de Triana. Al fondo, la calle Freyes Católicos. Década de 1900

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Calle Cristo del Calvario.

De San Pablo Canalejas. Por su lado izquierdo desemboca la calle Virgen de la Presentación.

Calle Cristo del Calvario

En la cartografía de finales del siglo XIX y comienzos del XX figura como un tramo de la calle Magdalena, aunque esta denominación debió de ser poco firme o acabó perdiéndose en el uso común. Así lo sugiere la solicitud presentada por la Hermandad del Calvario, con sede en la cercana parroquia de la Magdalena, en la que se pedía que la vía recibiera el nombre de su titular, alegando que carecía de rótulo previo. El Ayuntamiento aprobó dicha petición en 1928.

Por entonces, la calle —abierta sobre los terrenos de un antiguo convento— era más corta que en la actualidad y se extendía únicamente desde San Pablo hasta el edificio de la Delegación de Hacienda, que permaneció en pie hasta la década de 1940 a la altura de lo que hoy es Virgen de la Presentación. Se trataba, por tanto, de un fondo de saco. A finales de los años cincuenta se prolongó hasta Canalejas, y en 1960 se acordó la urbanización de este nuevo tramo.

Presenta un trazado rectilíneo y una anchura relativamente holgada. La acera de los números pares está ocupada en su totalidad por las fachadas laterales de la parroquia de la Magdalena y del hotel Colón. En el lado opuesto destaca la capilla barroca de Montserrat, sede de la Hermandad del Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat, que realiza su estación de penitencia en la tarde del Viernes Santo.

Aunque cumple en parte una función residencial, solo cuenta con tres edificios de viviendas, todos de construcción reciente. Además, actúa como vía de salida del entorno de la Campana hacia la ronda a través de Canalejas, lo que genera una notable intensidad de tráfico en determinados momentos del día. En esta calle estuvo situado el colegio de los Hermanos Maristas.

Placa dedicada al colegio de los Hermanos Maristas

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Calle Bobby Deglané.

De la confluencia de Rafael González Abreu y Virgen de la Presentación a San Pablo.

Calle Bobby Deglané

La calle fue abierta en 1984, tras el derribo de varias viviendas que cerraban la prolongación de Rafael González Abreu. Su cercanía a los estudios de Radio Sevilla influyó en la elección de su nombre, dedicado a Bobby Deglané, como era conocido popularmente el locutor chileno Roberto Deglané Rodríguez-Portocarrero (1906-1983). Mantuvo una estrecha vinculación con Sevilla tanto por motivos personales como por su implicación en iniciativas solidarias, entre ellas la conocida “Operación Clavel”, organizada tras la inundación del Tamarguillo en 1961.

Se trata de una vía muy breve y de trazado recto. Es peatonal y adopta en parte el carácter de una pequeña plaza, con bancos de fundición, naranjos y farolas.

Los edificios que la delimitan son de construcción reciente, con cuatro plantas y locales comerciales en la planta baja.

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Calle Santa Justa.

De Murillo a San Pablo.

Calle Santa Justa

Se abrió en 1845 y recibió su denominación por la creencia, carente de base histórica, de que en este lugar habrían sido martirizadas las santas patronas de Sevilla.

En sus inicios presentaba un trazado en ángulo e incluía también el espacio que hoy corresponde a la calle Pedro Campaña. Por entonces, la calle Santa Justa se prolongaba hasta San Pablo, que en la actualidad desemboca en ella.

Se trata de una vía corta y estrecha, con una ligera curvatura en su tramo final.

No cuenta con accesos directos a viviendas, ya que los huecos visibles —ventanas y balcones— pertenecen a edificios de calles adyacentes, en su mayoría de uso comercial. Esto le otorga un carácter secundario dentro del tejido urbano, funcionando como espacio auxiliar de la zona comercial en la que se integra.

En el pasado, su estado de abandono e insalubridad fue motivo de frecuentes quejas en la prensa, que la describía con términos muy duros debido a su uso como lugar de alivio público. Un artículo de El Porvenir, fechado el 18 de julio de 1854, denunciaba las condiciones del lugar, señalando que resultaba difícil transitar por él, especialmente a primeras horas del día, por los malos olores y la suciedad acumulada. La cercanía a la plaza de la Magdalena y el escaso tránsito favorecían este uso indebido, proponiéndose como solución la instalación de urinarios en calles próximas para paliar, al menos en parte, el problema.

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Calle Murillo.

Se extiende desde la confluencia de la plaza de la Magdalena y Josefa Reina Puerto hasta la de San Pablo y Bailén.

Calle Murillo
Calle Murillo

La primera mención conocida de este espacio aparece en un documento de 1515, donde se describe sin nombre como la vía que iba desde la plaza de San Pablo hasta la entonces calle de la Muela (actual O’Donnell).

Según Santiago Montoto, en los padrones de pecheros de 1533 ya figura como calle de las Tiendas, denominación que probablemente aludía a la abundancia de comercios en la zona.

Rotulo

En la década de 1940 recibió el nombre de Murillo, en atención a la antigua tradición que sitúa en una de sus casas el nacimiento del pintor Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682).

La calle describe una leve curvatura y, en el pasado, fue algo más corta, ya que parte de su trazado pertenecía a la plaza de la Magdalena antes del derribo de la parroquia durante la ocupación francesa. En ella desemboca Santa Justa y, en su tramo final, en el lado de los números pares, se abre una estrecha barreduela, ya reflejada en el plano de Olavide de 1771, que se encuentra en mal estado de conservación. En un solar de este callejón sin salida, propiedad del cabildo eclesiástico, existía en 1805 un juego de pelota. A finales del siglo XIX, la prensa recogía quejas vecinales por el uso nocturno del lugar como refugio de mala vida. Como otras calles del entorno, Murillo ha experimentado diversas alineaciones y ensanches, especialmente en 1879 y 1912, que modificaron notablemente su aspecto.

Las edificaciones muestran una tipología variada. Conviven inmuebles de principios del siglo XX, en muchos casos deteriorados y parcialmente desocupados, con edificios comerciales más recientes de hasta cinco plantas, especialmente en las proximidades de la plaza de la Magdalena. Destaca la casa número 10, de dos plantas y ático, actualmente cerrada y en mal estado de conservación.

La calle mantiene una marcada función comercial, con pequeños establecimientos en los bajos de los edificios. En su extremo, en el chaflán formado con San Pablo y Bailén, subsiste un diminuto local que en otro tiempo fue una tienda de caramelos y que hoy funciona como puesto de churros.

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Calle Pedro de Campaña.

De la Plaza de la Magdalena a Santa Justa.

Calle Pedro de Campaña

En su origen formaba parte de la calle Santa Justa. En 1943, tras la remodelación de todo el entorno de San Pablo y la Magdalena, se le asignó su denominación actual. Con la ampliación de Santa Justa, se decidió dar el nombre de Pedro Campaña al breve tramo que desemboca en la plaza de la Magdalena, en homenaje al pintor, escultor y arquitecto flamenco del mismo nombre, establecido en Sevilla en el siglo XVI, autor, entre otras obras, del retablo de la iglesia de Santa Ana y del de la Purificación de la Catedral.

Se trata de una vía corta y rectilínea, que ni tiene acceso directo a viviendas, ya que queda delimitada por altos edificios de carácter mercantil y comercial vinculados a la plaza de la Magdalena. Todo ello le confiere un aspecto encajonado, algo sombrío y falto de personalidad.

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Calle Mesón de los Caballeros.

De la confluencia de Moratín y la plaza de Godínez hasta Carlos Cañal.

Calle Mesón de los Caballeros

Aunque Santiago Montoto indica que ya en el siglo XIV este lugar era conocido como Horno de la Parida, un documento de 1385 menciona la calleja sin denominación específica, mientras que otro de 1494 la recoge como calle de la Parida. En 1502 se describe como la vía que conduce a la calle de Catalanes, hoy Carlos Cañal. Durante ese mismo siglo, el horno allí situado aparece citado como Horno de la Parida, y en 1612 se la identifica como la calleja situada frente al monasterio de San Buenaventura, lo que sugiere que aún no tenía un nombre claramente fijado.

No será hasta el siglo XVIII cuando se documente de forma más estable, apareciendo indistintamente como calle del Horno, según el plano de Olavide, o como calle del Horno de San Buenaventura, en referencia tanto al horno como al cercano monasterio. Cabe la posibilidad de que el actual obrador de San Buenaventura sea heredero de aquella antigua actividad.

En 1800 figura con los nombres de Horno de la Parida y Mesón de los Caballeros. En 1921 se le otorgó nombre en homenaje al teniente José Vargas Zúñiga y Velarde, fallecido en la guerra de Marruecos y posteriormente recuperó su nombre actual de Mesón de los Caballeros.

Se trata de una calle de trazado irregular, dividida en tres tramos, siendo los dos últimos especialmente cortos y estrechos.

Está formada por viviendas de principios y mediados del siglo XX, algunas con acceso por escalera y otras organizadas en torno a patios, destacando la casa número 1. La fachada lateral del obrador del Horno de San Buenaventura se abre a esta calle.

De carácter recogido y silencioso, es una vía peatonal de uso principalmente residencial y con escaso tránsito. 

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Calle San Pablo.

Se extiende desde la confluencia de la plaza de la Magdalena y Méndez Núñez hasta el cruce con Julio César, Reyes Católicos y Santas Patronas.

A la calle desembocan, por la derecha, Santa Justa, Murillo, Bailén, Cristo del Calvario, Bobby Deglané y Gravina; y por la izquierda, Ciriaco Esteban, Mateo Alemán y Zaragoza.

Calle San Pablo

Aunque algunos autores, como González de León, sostienen que en época medieval fue conocida como calle del Rey, esta denominación resulta poco fiable, ya que en aquellos siglos los términos “real” o “del rey” se aplicaban con frecuencia a muchos espacios públicos. El primer nombre documentado con claridad, al menos desde comienzos del siglo XVI, es el de San Pablo, tomado del convento dominico fundado en el siglo XIII bajo esta advocación.

Este nombre convivió en el uso popular con el de Ancha de San Pablo, que aparece en el plano de Olavide de 1771. Probablemente surgió en contraposición a la llamada Chica de San Pablo, denominación que en la primera mitad del siglo XIX se aplicaba al tramo inicial de la vía.

En la zona comprendida entre las actuales calles Bailén, Murillo y Ciriaco Esteban existió desde al menos el siglo XV la plaza de San Pablo, conocida también como plaza de la Cruz Verde o de la Cruz de San Pablo, por una cruz allí situada. Parte del entorno recibió igualmente el nombre de calle del Pósito de San Antón.

El primer tramo de la calle incluía la antigua calle de la Magdalena, incorporada definitivamente a San Pablo en la década de 1940. Asimismo, cerca de Gravina existió hasta finales del siglo XVI la calle Majaderos, absorbida tras la construcción de la nueva Puerta de Triana. A finales del siglo XIX, la denominación San Pablo quedó fijada como única en planos y documentos oficiales.

Se trata de una vía amplia, especialmente en su inicio, que describe una ligera curva hasta Cristo del Calvario. A partir de ahí se estrecha y rectifica su trazado, para ensancharse de nuevo en su tramo final, aunque reformas recientes han reducido la calzada en favor de aceras más amplias. Su configuración actual es fruto de sucesivas transformaciones, derribos y alineaciones realizadas a lo largo de los siglos.

Durante siglos, la calle estuvo condicionada por la Puerta de Triana, que marcaba el acceso occidental de la ciudad y la conexión con el arrabal y el Aljarafe. Desde mediados del siglo XVIII se planteó ensanchar el entorno de esta puerta, situada desde el siglo XVI en el cruce actual de Julio César, Reyes Católicos y Santas Patronas. Esta primitiva puerta debió ser, como las restantes puertas de la ciudad, un baluarte con entrada acodada. En 1588 se construyó una nueva, más al oeste,  a la altura de Julio César y Santas Patronas. Constaba de un bello cuerpo de arquitectura de orden dórico, atribuido por algunos autores a Juan de Herrera. Tras la apertura de varios portillos y diversas propuestas de ampliación para agilizar el tráfico de la zona, fue demolida en 1868, para facilitar la circulación, especialmente tras la apertura de la calle Reyes Católicos.

En el extremo opuesto, en 1889 se eliminó el compás del convento de San Pablo, y en los años treinta del siglo XX se integró la antigua calle de la Magdalena. Estas actuaciones configuraron un eje amplio de comunicación entre el centro y Triana.

La calle presenta abundante arbolado: naranjos en los extremos, plátanos en el tramo central, además de setos, bancos y palmeras en el entorno donde se ubicaba la antigua Puerta de Triana.

El caserío es heterogéneo y ha experimentado profundas transformaciones. Muchos edificios de principios del siglo XX fueron reemplazados por construcciones más altas. Entre ellas los grandes almacenes (Galerías Preciados-actual Corte Ingles) levantados en el solar del desaparecido Hotel Madrid.

Aun así, se conservan ejemplos de interés.  La casa núm. 3, modernista, construida en 1908-9 por José Espiau y Muñoz, la 6, regionalista, de Juan Talavera (1923-24); la 17, del mismo arquitecto (1925-26); y la 22, una vivienda del s. XIX, de tres plantas y patio interior con columnas.

El edificio más relevante es la actual parroquia de la Magdalena (leer mas), antigua iglesia del convento dominico de San Pablo el Real, fundado tras la conquista de la ciudad por Fernando III.

Su función de vía principal convirtió a San Pablo en un espacio de intensa actividad. Por ella transitaban peatones, carruajes y caballerías, y proliferaban puestos de venta, freidurías y locales de ocio. También discurría uno de los principales cauces urbanos, "madres" o “husillos”, lo que provocaba frecuentes problemas de insalubridad. En el siglo XIX aumentó su dinamismo con el paso de tranvías de mulas y más tarde eléctricos, y la cercanía de la estación ferroviaria. Era además lugar habitual de paso de procesiones, actos públicos y comitivas oficiales. Por su proximidad al río, era también una de las zonas más vulnerables a las crecidas.

Cobra especial animación en los días de Semana Santa, por ser itinerario obligado de las cofradías de Triana. En el s. XVIII tuvieron allí su taller los impresores y libreros Gómez, y hasta hace poco se situaba el colegio de los Hermanos Maristas.

Placa dedicada al colegio de los Hermanos Maristas

Calle san Pablo, año de 1980

Calle san Pablo, año de 1949

Foto de los primeros años cuarenta en el cruce con la plaza de la Magdalena. A la derecha, un guardia parece regular el paso de una acémila que tira de un carro. A la izquierda un anuncio del Hotel Madrid que fue derribado en los años sesenta para edificar las antiguas “Galerías Preciados”

Foto de 1938. A lo lejos el edificio que subsiste actualmente en la esquina de la calle Murillo

Años treinta. Cruce de la calle San Pablo con la de Cristo del Calvario. La referencia es el edificio del fondo que es el chaflán con la calle Murillo