miércoles, 15 de abril de 2026

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

La fuente de la Plaza de la Magdalena.

En un rincón de la Plaza de la Magdalena (ver) se encuentra esta modesta fuente, que a menudo pasa desapercibida. Su reducido tamaño hacen que muchos transeúntes apenas reparen en ella.

Fuente. Vista posterior

Fuente. Vista anterior

La plaza tomó su configuración actual a partir de 1811, tras el derribo de la antigua iglesia de Santa María Magdalena durante la ocupación francesa. Años más tarde, entre 1840 y 1850, se llevaron a cabo trabajos de reordenación y ampliación del espacio, en cuyo marco se instaló la fuente en 1844, fecha que aún puede leerse en una inscripción conservada en la propia estructura.

Inscripción en la base de la fuente

En la parte inferior del vaso destacan cuatro chorros de cabezas de atlantes.

Cabezas de atlantes

En el pedestal, se observan imágenes de dioses y una corona.

Detalle del pedestal 
Detalle del pedestal
Detalle del pedestal

Detalle de la corona

Aunque discreta, esta fuente destaca por la escultura que la remata: una representación de la musa Calíope, procedente del Museo de Bellas Artes de Sevilla. Este detalle le confiere un especial interés artístico, convirtiéndola en una de las piezas más delicadas y singulares del entorno, pese a no ser un lugar de paso frecuente al situarse en el centro de la plaza.

Musa Calíope

Musa Calíope
Musa Calíope

En la mitología griega, Calíope —cuyo nombre significa “la de la hermosa voz”— es la musa de la poesía épica y de la elocuencia. Se dice que inventó el canto. Calíope preside la razón del gobernante. Da a los poetas las coronas de laureles y otorga la sabiduría en general. Tradicionalmente se la representa como una figura de porte noble y aire majestuoso, coronada con una diadema que simboliza su primacía sobre las demás musas, según la tradición recogida por Hesíodo. Suele aparecer adornada con guirnaldas y portando atributos como una trompeta o un rollo escrito, en alusión a su relación con la palabra y la creación literaria.

Musa Calíope. Detalle

Como las demás musas es hija de Zeus y de Mnemósine, personificación de la memoria, Calíope ocupa un lugar destacado entre las musas.  Hesíodo dice que es la más importante de todas, pues ella asiste a los venerables reyes. La tradición le atribuye diversos vínculos y descendencias: con Eagro habría sido madre de Orfeo, así como de otras figuras como Lino a quien mató Heracles; con Estrimón nació el rey tracio Reso, caído durante la Guerra de Troya, a manos de Diomedes. Algunas versiones afirman que fue madre con Zeus de los Coribantes o con Himeneo, asociado a los esponsales y cantos nupciales.  En algunos casos fue la madre de las sirenas en unión con el Aqueloo. El poeta Virgilio la invoca para escribir sus versos de la Eneida.

Más allá de estas genealogías, la figura de Calíope simboliza la inspiración y el poder de la palabra, cualidades que, de manera simbólica, parecen acompañar a esta pequeña fuente sevillana, discreta pero cargada de historia y significado.

AREA DE LA MAGDALENA

Plaza de la Magdalena.

Entre O’Donnell, José de Velilla, Rioja, Méndez Núñez, San Pablo, Pedro Campaña, Murillo y Josefa Reina Puerto.

Plaza de la Magdalena

El nombre actual de la plaza debió de emplearse ya desde el siglo XIII, cuando se estableció la parroquia, aunque en la segunda mitad del siglo XV también fue conocida como plaza de la Iglesia. En 1866 pasó a denominarse plaza del Pacífico, en alusión a la campaña naval española en aguas americanas. En 1936 se sustituyó por el nombre de General Franco, coincidiendo con el inicio del levantamiento militar que lo llevaría a convertirse en jefe del Estado. Finalmente, en 1980 recuperó su denominación tradicional de plaza de la Magdalena, que en realidad nunca dejó de usarse en el habla popular.

El aspecto actual de la plaza es fruto de una importante intervención urbanística desarrollada entre 1840 y 1850 sobre el antiguo espacio y el solar de la primitiva parroquia. El templo, que había sido derribado durante la ocupación francesa, comenzó a reconstruirse en 1816, aunque las obras se abandonaron en 1840. Tras su demolición definitiva, se proyectó la ampliación y reorganización de la zona. Se regularizó el perímetro prolongando la actual calle José de Velilla y creando una nueva manzana alineada con el final de la calle Rioja. Más recientemente, la ampliación de Josefa Reina Puerto ha contribuido a abrir la perspectiva de la plaza, haciéndola más despejada.

En el centro se diseñó un paseo de forma elíptica que, aunque inicialmente se pensó sobreelevado, quedó finalmente al nivel del suelo. Este espacio se dotó de bancos, arbolado y una fuente central fechada en 1844, que sustituyó a otra anterior alimentada por los Caños de Carmona y que abastecía de agua a la zona desde al menos el siglo XVI. La fuente actual parece haberse construido con elementos reutilizados, posiblemente procedentes de la Alameda de Hércules, e incorpora mármoles del antiguo palacio arzobispal de Umbrete. Su figura principal representa a una mujer de inspiración clásica, vestida a la manera griega y portando una corona de laurel (ver).

Fuente central

El trazado romántico original se modificó en 1882 para mejorar el tránsito peatonal, con la creación de amplias aceras laterales y la sustitución de los naranjos por palmeras. También desaparecieron los tradicionales puestos de agua que habían dado carácter al lugar, descritos con admiración por el barón de Davillier como uno de los elementos más pintorescos y animados de la ciudad. A pesar de estas transformaciones, la plaza mantiene hoy su configuración general, de planta rectangular y gran amplitud.

El caserío de la plaza ha experimentado profundas transformaciones, especialmente desde la década de 1960, cuando los edificios decimonónicos fueron sustituidos por construcciones modernas de carácter comercial, generalmente de cuatro o cinco plantas y diseño funcional. Entre ellas destaca el inmueble situado en la esquina con San Pablo, obra racionalista de Rafael Arévalo Carrasco (1938), popularmente conocido como “Cabo Persianas”, por su configuración en esquina y la ausencia de balcones.

A lo largo de su historia, la plaza ha sido un espacio de intensa actividad. En el siglo XVI se celebraban en ella almonedas, prohibidas en días festivos. Más tarde se documenta la venta de carbón y la instalación de puestos para la comercialización de alimentos. La vida del lugar giraba en torno a la parroquia, que contaba con cementerio propio y una casa para niñas huérfanas desde finales del siglo XVI.

En la segunda mitad del siglo XIX se convirtió en uno de los espacios más elegantes de la ciudad, muy frecuentado como paseo nocturno, con paradas de carruajes y establecimientos de prestigio como las fondas de Madrid y de París. En su paseo central se ofrecían serenatas y, contó con paradas de tranvías, lo que incrementó notablemente la afluencia de público. También fue escenario de celebraciones, procesiones y actos festivos.

En la actualidad, la plaza cumple principalmente funciones comerciales, con la presencia de bancos, grandes almacenes y oficinas. Su zona central se encuentra parcialmente ocupada por un quiosco de prensa, un puesto de flores y otros elementos provisionales, lo que, unido al tráfico constante de vehículos y peatones, genera un ambiente muy dinámico, especialmente en horario comercial.

La antigua parroquia de la Magdalena, construida en el siglo XIII, albergó el enterramiento del escultor Martínez Montañés, recordado mediante una lápida en una de las fachadas. 

Placa a Martínez Montañez

Además, este espacio aparece en los recuerdos de infancia de Antonio Machado, quien evocó en sus escritos una escena vivida en esta plaza en torno a una caña de azúcar. Aquel episodio, aparentemente trivial, fue para el poeta una experiencia decisiva que marcó su forma de entender la vida, vinculando para siempre su memoria personal con este lugar sevillano.

La Plaza del Pacífico, hoy de la Magdalena, contemplando el transitar de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura. De izquierda a derecha el primero de los rótulos que vemos es que nos da el nombre de la plaza, "Plaza del Pacífico", el segundo el que cuelga de la esquina de una de las casas y pienso que el más bello en el que podemos leer "Pasaje de la Magdalena" y el tercero es el que le da nombre a la calle por donde viene procesionando la cofradía, "Calle Méndez Núñez". En la esquina derecha vemos algunas letras "TEL D", que corresponden al rotulo del Hotel, el impresionante "Hotel Madrid"

"Tintorería Larios", un negocio centenario que por desgracia a finales de los 70 tuvo que claudicar bajo el yugo urbanístico desapareciendo con ella también el edificio que la acogía. Llama también la atención el negocio que ejercía en el local contiguo que hacía de esquina con la Calle Méndez Núñez. 

Calle san Pablo llegando a la plaza de la Magdalena. Imagen de la década de 1960, antes del derribo del Hotel Madrid

Calle San Pablo con la fachada al fondo que sería derribada para dar amplitud a la plaza de la Magdalena Hacia donde se dirige el tranvía

Plaza del Pacifico, hoy plaza de la Magdalena. Año 1898

Plaza de la Magdalena. Año 1925

Restaurante del Gran Hotel de Paris. 1930