AREA DE LA MAGDALENA
Iglesia del Santo Ángel.
HISTORIA
En la calle
Rioja, entre la plaza de la Magdalena y la calle Tetuán, se alza la iglesia del
Santo Ángel, un templo que suele pasar inadvertido al viandante. Su discreción
se debe, en buena medida, a que se encuentra retranqueado respecto a la
alineación de los edificios colindantes y flanqueado por construcciones
modernas de notable altura, lo que atenúa su presencia en el paisaje urbano.
Forma parte del antiguo convento-colegio de los Carmelitas Descalzos, dedicado
a Nuestra Señora de la Misericordia del Carmen y al Santo Ángel de la Guarda.
La fundación de
este establecimiento religioso se remonta a finales del siglo XVI y estuvo
vinculada al convento de Nuestra Señora de los Remedios, creado en 1574 en el
arrabal de Triana, edificio que hoy se conserva como Museo de Carruajes. En
aquellos años, la comunicación entre Triana y Sevilla se realizaba únicamente a
través del antiguo puente de barcas, lo que suponía frecuentes incomodidades
para los frailes en sus desplazamientos cotidianos a la ciudad.
Con el permiso
del provincial de la orden en Andalucía, Agustín de los Reyes, así como del
arzobispo y del cabildo municipal, los carmelitas adquirieron unas casas en la
calle Rosario, donde se establecieron el 30 de agosto de 1587. Al año siguiente
se trasladaron a un solar de la entonces llamada calle Ancha de la Magdalena,
hoy calle Rioja, terreno que fue comprado al Hospital de la Santa Cruz de
Jerusalén.
El
crecimiento del colegio hizo pronto necesaria la construcción de nuevas
dependencias. En un primer momento se intentó obtener el patrocinio de los
cónsules genoveses, quienes impusieron como condición que el convento se
dedicara al Ángel de la Guarda y a San Jorge. Este acuerdo no llegó a
concretarse, ya que en 1601 se instituyó un nuevo patronato encabezado por
Martín Ruiz de Vernui, oidor de la Chancillería de Granada, y su esposa Beatriz
de Montoya. Ambos dotaron al colegio conventual con una renta anual de 2.000
ducados y donaron varias casas anexas. A iniciativa suya, el establecimiento
pasó a denominarse convento de Nuestra Señora de la Misericordia del Carmen y
del Ángel de la Guarda.
Al
carecer los patronos de descendencia directa, los derechos de patronazgo
recayeron posteriormente en los señores de Benamejí, el mariscal de Alcalá y
diversos cargos de la Real Audiencia de Sevilla, como regentes, oidores,
alcaldes y el fiscal. Estos tenían derecho a celebrar funciones religiosas en
el templo y a recibir sepultura en la capilla mayor.
El
edificio que ha llegado hasta nuestros días fue levantado siguiendo las trazas
del arquitecto Alonso de Vandelvira (ver), entonces maestro mayor de obras de la Casa Lonja. La dirección de los
trabajos recayó en el albañil Diego Rodríguez, con la participación del maestro
de obras Juan de Segarra y del arquitecto Pedro Sánchez Falconete.
El
templo fue bendecido el 16 de noviembre de 1608 por el cardenal arzobispo de
Sevilla, Fernando Niño de Guevara, probablemente cuando aún no estaba
completamente terminado, y permaneció siempre bajo la custodia de la Orden del
Carmen Descalzo.
Fernando Niño
de Guevara (ver) (CC BY 3.0)
En sus inicios, el
convento contó con un noviciado, para transformarse más adelante en un colegio
donde se impartían enseñanzas de Teología Escolástica y Teología Moral.
La historia del
edificio se vio alterada en 1810, con la invasión francesa de Sevilla, cuando
el convento fue exclaustrado. En marzo de 1811 pasó a ser ocupado por una
comisión de la Real Escuela de las Tres Nobles Artes, aunque poco después el
gobernador general francés, Agustín Darricau, lo destinó a cuartel del Cuarto
Batallón Cívico. Durante este periodo se mantuvo el culto en la iglesia,
atendido por el párroco de la Magdalena.
Como ocurrió
con muchos otros templos y conventos sevillanos, el edificio sufrió saqueos y
la pérdida de buena parte de su patrimonio artístico durante los años de la
dominación francesa.
Tras la
expulsión de las tropas napoleónicas, el convento fue devuelto a los religiosos
en 1813, aunque estos volverían a ser expulsados con motivo de la
desamortización de 1835.
A partir de
entonces, el inmueble tuvo diversos usos civiles, entre ellos cuartel de
carabineros, sede de la Sociedad de Jurisprudencia, de la Real Sociedad
Sevillana de Amigos del País, Liceo Universitario y casa de vecinos. Pese a
ello, los carmelitas exclaustrados continuaron atendiendo el culto de la
iglesia en calidad de capellanes.
Durante el periodo
posterior a la Revolución de 1868 (ver), el edificio fue incautado con la intención de ser
demolido para abrir una nueva calle entre Rioja y Lombardos, proyecto que
finalmente no se llevó a cabo.
En 1880, la Orden
del Carmen solicitó su regreso al antiguo convento, petición que finalmente se
hizo efectiva en 1904, con la correspondiente autorización de la Santa Sede y
del arzobispado. Ese mismo año, siendo cardenal arzobispo de Sevilla don
Marcelo Spínola (ver), lo que restaba del templo —prácticamente la nave
central— volvió a ser propiedad de los Carmelitas Descalzos.
Cardenal arzobispo de Sevilla don Marcelo
Spínola
En 1917 se llevó a
cabo una profunda remodelación del edificio, que afectó tanto al interior como
a la fachada principal. Las obras estuvieron dirigidas por el arquitecto Aníbal
González (ver), quien además adosó una pequeña
portada posterior con acceso por la calle Muñoz Olivé.
En 1972 se
procedió al derribo de parte del antiguo colegio anexo para levantar un nuevo
inmueble que incorporó un pasaje comercial. En la actualidad se conservan del
siglo XVII el templo, la sacristía y algunas dependencias vinculadas a esta, y
junto a ellos continúa existiendo un convento de la Orden del Carmen.
El templo está
dedicado a las distintas devociones propias de la Orden Carmelita y es sede de
la Orden Tercera Seglar. Asimismo, fue fusionado con la Archicofradía del
Milagroso Niño Jesús de Praga, fundada a comienzos del siglo XX, y con la
Esclavitud del Glorioso Corazón del Señor San José, instituida en 1744 por
canónigos de la Catedral y miembros de la nobleza sevillana.
EXTERIOR
El acceso al
templo se realiza desde la calle Rioja. Tras franquear una reja de hierro se
llega a un reducido atrio que precede a la portada principal, fechada en el
siglo XVII. A la derecha de este espacio se levanta el edificio que alberga el nuevo
convento, inaugurado en 1983 por el entonces arzobispo de Sevilla, fray Carlos
Amigo Vallejo.
Este
conjunto conventual presenta una discreta fachada hacia la calle Muñoz Olivé,
caracterizada por el uso de vidrieras y un diseño atribuido al arquitecto
Aníbal González, ya en el siglo XX, integrándose con sobriedad en el entorno
urbano.
Detalle de la fachada
La portada principal, ejecutada en
piedra y datada en torno a 1640, se articula en un solo cuerpo. En el dintel de
la puerta destaca la presencia de un querubín que sostiene una cartela con la
inscripción latina: “Angelis suis Deus mandavit te ut custodiant te in omnibus
viis tuis”, cuya traducción recuerda que Dios encomendó a sus ángeles la misión
de proteger al hombre en todos su sus caminos.
Detalle de la cartela
Sobre la puerta
se dispone un frontón partido que acoge en su centro una hornacina avenerada.
En ella se encuentra la imagen del titular del templo, el Ángel de la Guarda,
representado en actitud protectora junto a un niño. El conjunto se remata con
un segundo frontón de forma triangular, coronado por una cruz de piedra. En
este nivel se abre una ventana que proporciona iluminación natural al coro
alto.
Frontón superior
Detalle del santo Ángel
En el
muro lateral izquierdo del templo pueden contemplarse varios paneles cerámicos,
entre los que destacan los dedicados a la Virgen de la Estrella y a San
Expedito. En el lado derecho se desarrolla la fachada del convento, adornada
con un notable azulejo de la Virgen del Carmen Coronada, junto al que se sitúa
el acceso al museo vinculado al conjunto.
Virgen de la
Estrella
Rotulo
Virgen del Carmen
Coronada
Virgen del Carmen
Coronada
Finalmente, en el exterior del muro
lateral derecho se alza una espadaña con cuatro campanas, visible desde el
patio del cercano centro comercial, que completa la silueta exterior de este
histórico enclave religioso.
INTERIOR
El
interior presenta la típica organización en cruz latina con tres naves, siendo
las dos laterales de una reconstrucción moderna, y crucero de brazos muy cortos.
Vista
general desde los pies del templo
Vista
general desde la cabecera del templo
La nave central está iluminada por
óculos y se cubre con bóveda de
cañón. En su fondo, cubierta por el Coro alto, está iluminada por una
vidriera dedicada al Ángel de la
guarda.
Detalle del coro alto
En el centro del crucero se alza una
gran bóveda semiesférica, iluminada por una linterna, cuyo centro se decora con un gran florón. Numerosos detalles de decoración
en bóvedas delatan el diseño directo de Vandelvira.
Detalle de la bóveda
Las naves laterales, cubiertas por bóvedas de arista, están sujetadas por
pilastras cuadrangulares que soportan arcos de medio punto y se exornan con decoración de yeserías.
Detalle de una nave lateral
En los muros podemos ver
numerosos cuadros.
Destacar a la izquierda, en el
lado del evangelio, San Isidro y los bueyes ayudado por el ángel, San Rafael y Tobías, y la Visión
de Abraham con los tres ángeles.
En el
lado de la epístola, desde los pies al presbiterio, vemos Santa Teresa asistida por los
Ángeles, la Virgen del Carmen amparando
la orden, y la lucha de Jacob y el ángel.
Todas
estas obras son de Francisco y Miguel Polanco, escuela de Zurbarán, de mediados
del XVII, entre 1646 y 1649.
En las
pilastras hay pinturas modernas de Santos Carmelitas: el polaco San Rafael Kalinoswki, la
española Santa Maravillas de Jesús,
la francesa Santa Teresita del
Niño Jesús, la chilena Santa
Teresa de los Andes y la italiana Santa Teresa Margarita Redi.
Recordando las piezas que fueron sustraídas en la
desamortización, donde salieron once pinturas de pacheco, una de Zurbarán, otra
de Rubens, y se han perdido tallas de Roldán, Montañés, Mesa y Ocampo, entre
otros.
Nave de la
Epístola
Sobre la
primera pilastra del lado derecho se sitúa un Crucificado conocido como el Cristo de la Buena Muerte, atribuido a
Andrés de Ocampo (ver).
Cristo de la Buena Muerte
A continuación, se dispone una vitrina
que alberga una imagen de Ecce Homo
del siglo XVIII, presentada para la veneración privada. Sobre ella cuelga un
lienzo de San José con el Niño, de
la escuela de Murillo, obra de carácter doméstico y devocional, que subraya la
espiritualidad familiar y protectora del santo patriarca.
Ecce Homo
San José con el Niño
A los pies de
la nave de la Epístola se abre la capilla
de la Virgen del Carmen, fundada por la Orden en 1558 y conocida como
“la de la portería”. Se ubica en un antiguo espacio, donde los cartujos tenían
una hospedería y una capilla donde podían quedarse al venir a Sevilla desde la
cartuja. Resto de la misma es el magnífico artesonado que la cubre, organizado
en celdillas hexagonales de gran belleza y notable efecto decorativo, de
finales del siglo XVI con piñas y motivos de grutesco. El frontal del altar es
del siglo XVIII.
Está presidida
por la imagen de la titular. Se trata de una talla anónima de mediados del
siglo XVIII, concebida para salir en procesión, representada según la
iconografía carmelitana tradicional. El Niño Jesús que sostiene en brazos es
también de autor desconocido. Sus rasgos parecen coincidir con la escuela
italiana del siglo XVIII.
Capilla de la Virgen del Carmen
Virgen del Carmen
Virgen del Carmen
Detalle de la Virgen del Carmen
Detalle de la Virgen del Carmen
A ambos lados
de la Virgen se disponen las imágenes de Santa María Magdalena de Pazzi (ver) y del beato Franco de Siena (ver), esculturas
igualmente anónimas del siglo XVIII, vinculadas espiritualmente a la orden del
Carmen.
Santa María Magdalena de Pazzi
Detalle de Santa María Magdalena de Pazzi
Beato Franco de Siena
Detalle del Beato Franco de Siena
En el muro izquierdo cuelga un lienzo
con una representación de la Inmaculada
Concepción (ver), claramente inspirada en los modelos murillescos. La
decoración pictórica de la capilla se completa con una Inmaculada del siglo
XVII, una pintura de Santa Filomena del siglo XIX y la imagen del Niño Jesús
conocido como el Consuelito, conjunto que refuerza el carácter devocional y
mariano de este espacio.
Inmaculada Concepción
Le sigue la capilla de Santa Teresita del Niño Jesus y la Santa Faz (ver), con un retablo del último tercio del
siglo XVIII, que se articula mediante columnas de orden corintio que alberga
una hornacina central para la titular. Destaca la calidad de los marmorizados
con una variedad gama cromática, desde los ocres hasta los carmesíes, azules y
verdes.
Retablo
La talla procede de los talleres
levantinos y muestra la santa carmelita descalza con el Niño Jesús. Posiblemente
se encargó para su canonización en 1925. Es la patrona de la Misiones de la
Iglesia desde 1927 y Doctora dela Iglesia en 1997.
Santa Teresita del Niño Jesús
Detalle de Santa Teresita del Niño Jesús
A los lados
destaca dos pinturas ovaladas, obras Isabel de Sola, de los padres de Santa
Teresita, San Luis Martín y Celia Guerin, beatificados en 2008 por Benedicto
XVI, canonizados por el Papa Francisco el 18 de octubre de 2015.
Luis Martín
Celia Guerin
El retablo se remata con una pintura
del siglo XVII que representa la Santa Faz, ubicada aquí cuando se colocó a la
Santa Carmelita que tomo este atributo de la Pasión como nombre religioso.
En la mesa un escudo del Carmen
Descalzo.
Santa Faz
Le sigue la Capilla de San Antonio de Padua (ver). El retablo es uno de los más bellos del templo, se
atribuye a Francisco de Acosta, de estilo rococó y que presenta grandes
similitudes con los que talló para la Capilla del Palacio Arzobispal en 1781.
Se trata de un gran retablo con hornacina central para cobijar la imagen del
titular. Se remata con una pequeña hornacina que alberga la talla de San Blas (ver).
Retablo
Hornacina de san Blas
La imagen de San Antonio de Padua se
puede relacionar con la producción de Benito Hita del Castillo (ver). Lleva en su mano izquierda un libro sobre el que
aparece el Niño Jesús, imagen de plomo montañesina de mediados del siglo XVII.
San Antonio de Padua
Detalle de San Antonio de Padua
Detalle del pie de San Antonio de Padua
A los lados las efigies de San Ángelo
de Sicilia (ver) y san Bruno (ver). San Ángelo es obra de Francisco Antonio Ruiz Gijón (ver),
sobre 1657, y representa al mártir carmelita del siglo XIII que sufrió el
martirio al ser atravesado por las flechas y por una cimitarra en la cabeza.
San Ángelo
Detalle de San Ángelo
San Bruno es el fundador de los
cartujos, ataviado con su hábito blanco. Es una talla del siglo XVII y pudo
pertenecer a la capilla que los cartujos tenían en este templo.
San Bruno
En la hornacina inferior se presenta
una imagen de terracota del Niño Jesús del Sillón, sentado, del siglo XVIII. Le
acompañan los santos del Carmelo, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, obras en
terracota para vestir debidas a José Manuel Bonilla.
Niño Jesús con Santa Teresa y San Juan de la Cruz
A continuación, se abre la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús (ver), presidida por un retablo de notable valor histórico
y artístico. Esta obra fue realizada en 1819 por José de Acosta y Valdés y
reformada posteriormente, en 1830, por José Ximénez y Francisco Escacena,
quienes adaptaron su estructura y ornamentación a los gustos de la época. El
retablo perteneció originalmente a la hermandad de la Lanzada (ver), que lo estrenó
durante su estancia en el convento de San Francisco de Paula. En 1851 fue
trasladado a este templo, coincidiendo con la acogida de la corporación en el
mismo, permaneciendo aquí hasta 1916, año en que fue vendido a la Esclavitud
del Sagrado Corazón de Jesús del templo carmelitano. Como testimonio de su
origen, aún conserva el resplandor con el escudo de la hermandad penitencial.
Retablo
Detalle del ático del retablo con el resplandor y el
escudo de la hermandad penitencial
La imagen del
Sagrado Corazón de Jesús que preside la capilla está considerada una de las más
bellas de la ciudad. Pertenece a la escuela levantina de principios del siglo
XX y representa al Sagrado Corazón Eucarístico, tal como evidencian los ángeles
que, a los pies de la imagen, portan los atributos propios de la Sagrada
Eucaristía. Se trata de una escultura de gran calidad artística, con un rostro
sereno y una mirada profunda que transmite cercanía y confianza al fiel.
Destacan los delicados detalles de pedrería en las vestiduras, ricamente policromadas
con motivos vegetales y florales de clara inspiración modernista. Según la
tradición conventual, esta imagen habría sido distinguida con un premio
nacional de escultura, lo que refuerza su relevancia dentro del patrimonio
devocional y artístico del templo.
Sagrado Corazón de Jesús
Detalle del Sagrado Corazón de Jesús
Detalle de los ángeles a los pies de la imagen
Le sigue la Capilla del Profeta san Elías (ver). El retablo es el más antiguo de la Iglesia, de mediados del siglo XVII, presenta columnas salomónicas y parece que se concibió para albergar una imagen de crucificado, pues presenta los atributos de la Pasión de Cristo en su interior. Se remata con una cartela que ostenta el escudo de la cartuja. Puede corresponder a que la Orden de los Cartujos contaba con una capilla propia en este templo. La mesa de altar pertenece al siglo XVIII.
Retablo
Cartela
La imagen se
atribuye al escultor valenciano Blas Molner (ver), de 1791, autor de las imágenes de los
arcángeles del presbiterio. Representa al profeta sosteniendo el libro de la
ley y la espada flamígera que lo identifica por su celo en la defensa del Señor
Dios de los Ejércitos. Es venerado por los carmelitas porque fue precisamente
en el monte Carmelo donde se enfrentó y derrotó a la malvada Jezabel y sus
cuatrocientos cincuenta profetas (Libro de los Reyes). Viste túnica y capa de
piel con las tonalidades del hábito de los carmelitas, como inspirador de la
Orden y modelo de oración y defensa del único Dios. Destaca la calidad de la
escultura, especialmente en la expresividad del rostro.
Profeta Elías
Detalle del Profeta Elías
Detalle del rostro
Detalle de los pies
Cierra
esta nave la Capilla de Nuestra Señora
de Lourdes y Santa Bernadette (ver).
Capilla que reproduce la Gruta de Massabielle, cerca de Lourdes, donde la
Santísima Virgen se apareció a la joven Bernardita Soubitous en el año 1858. La
Virgen se le apareció un total de 18 veces, la ultima el día 16 de julio del
mismo año, Solemnidad del Carmen, donde exclamó: ”Nunca la vi tan hermosa”.
La
Capilla fue costeada por Don Francisco de Recur, con un magnifico retablo de
mármoles decorado con oro, donde destaca el mármol de ágata, al estilo neoclásico. Los pintores Gonzalo
Bilbao y Antonio Cavallinio trabajaron en su decoración. Gonzalo Bilbao pintó
dos grandes lienzos de medio punto (Stella Matutina Y Regina Virginum), que
actualmente se conservan en el Protectorado de la Infancia en Triana.
Capilla
La
imagen de la capilla se trajo de Francia en 1887, habiendo sido tocada en la
Gruta de Lourdes. En la aureola lleva las palabras que la Virgen dijo a
Bernardita en la aparición del 25 de marzo de 1858: ”Yo soy la Inmaculada
Concepción”.
Detalle de la Virgen
y san Bernardita
Detalle de la Virgen
Detalle de san
Bernardita
En el brazo del crucero de esta
nave derecha, se muestra el Retablo de
la Inmaculada (ver). El
retablo puede datarse hacia 1860, coetáneo con el retablo mayor del templo, ya
que presenta los mismos elementos arquitectónicos y decorativos. Policromado en
tonos ocres y dorados, presenta detalles marianos en el resplandor superior y
en la mesa de altar, todo ello vinculado a su titular mariana. En la parte
superior lleva dos angelotes sedentes. A los lados,
las imágenes de Ángeles y
en el ático un gran resplandor con el nombre de María.
Retablo
Detalle de la parte
superior
Detalle de un ángel
lateral
La
Inmaculada Concepción es una talla de 1,95 m., genial creación de Pedro Duque
Cornejo (ver), una de las
más bellas imágenes de la Inmaculada en el arte hispalense. Fue encargada por
el Convento Casa Grande de san Francisco en 1743 como imagen procesional.
Destaca por el movimiento de sus ropajes, la exquisita policromía y estofado en
oro y la belleza de su rostro que refleja su pureza, limpia de todo pecado. Fue
donada por el Beato Marcelo Espínola (ver) a la comunidad
para establecer las Hijas de María y que le dieran culto.
Inmaculada
Concepción
Detalle de la
Inmaculada Concepción
Le sigue
un “Tríptico de la Coronación de la
Virgen del Carmen” de Jonathan Sánchez Aguilera datado en 2015,
acompañado por el Ángel de la Guarda (derecha) y el Arcángel San Rafael
(Izquierda)
Tríptico de la
Coronación de la Virgen del Carmen
En el muro
lateral hay cuadros modernos de San
Ángelo de Sicilia y El
Encuentro de Elías con el rey Acab, obras de
Matías Arteaga.
“San
Ángelo Mártir” es una pintura del siglo XVIII que representa al mártir
carmelita siciliano que sufrió martirio en el siglo XVIII.
“El
Encuentro de Elías con el rey Acab” es una pintura de principios del siglo
XVIII que representa el momento en que el Profeta Elías, vestido de carmelita,
reprende al rey Acab por haber abandonado al Señor.
A
continuación, vemos el Retablo de la
Virgen del Pilar (ver). Se
trata de un original retablo de la segunda mitad del siglo XVIII, en que se
mezclan elementos como los estípites con una decoración de marmorizados creando
una obra singular. Antiguamente destinado a San Juan de la Cruz, se destinó a
la Virgen del Pilar a finales del siglo XIX.
Vista del retablo al
fondo de la nave de la epístola
Espacio del retablo
Detalle del retablo
En el
ático presenta un curioso relieve de la Conversión de Santa María Magdalena,
que aparece arrodillada ante una figura femenina, una de las santas mujeres,
que le muestra un cuadro del Crucificado.
Conversión de Santa
María Magdalena
Encima del
retablo, el cuadro de San Juan de
la Cruz y la Trinidad,
estilo barroco de
segunda mitad del XVIII.
San Juan de la Cruz y la Trinidad
La
Virgen del Pilar está realizada en plata de ley a finales del siglo XIX, de
medidas idénticas a la de Zaragoza. Tuvo una asociación que cuidaba de ella, hoy le hacen un homenaje el día 12 de
octubre la comunidad aragonesa en Sevilla. Posee
una interesante colección de mantos bordados y un fajín obsequio del rey
Alfonso XIII. Fue camarera de esta imagen Dona María de las Mercedes de Borbón
y Orleans, madre del rey Juan Carlos I.
Camarín de la Virgen
del Pilar
Detalle de la Virgen
del Pilar
La
Virgen del pilar está flanqueada por las efigies de Santa Isabel de la Trinidad
(izquierda, mirando de frente) y Santa Edith Stein (a la derecha).
Santa
Isabel de la Caridad nació en Bourgeos, Francia, en 1880 y falleció a los 27 años
dejando escritos referidos a la Trinidad. El autor de esta efigie es Romero
Zafra del año 2006, coincidiendo con el centenario de la muerte de la santa.
Santa
Teresa Benedicta de la Cruz o Edith Stein es una obra tallada por Luis Álvarez
Duarte en el año 2000. Realizada en madera de caoba representa a la Santa
carmelita descalza de origen judío, convertida al catolicismo leyendo a Santa
Teresa y murió en la cámara de gas de Auschwitz.
Santa Isabel de la
Trinidad
Santa Edith Stein
El Grupo
de Santiago Apóstol, es un conjunto de terracota del siglo XVIII, representa la
famosa aparición del apóstol en la batalla de Clavijo el 23 de mayo del año 844
para vencer a las tropas sarracenas. Es una verdadera miniatura en cada uno de
sus detalles.
Grupo de Santiago
Apóstol
Ver también
el cuadro renacentista de la Virgen de la Pera, obra renacentista de Luis de Vargas, siglo XVI,
recientemente donado a este convento carmelita.
Junto al
retablo vemos un lienzo que representa a San Ángelo.
En el
interior del arco tenemos la pintura moderna de los precursores de Cristo, el
profeta Elías y San Juan Bautista.
Al pie de la
pilastra que sostiene el arco toral del lado de la Epístola, aparece una
vitrina que contiene una imagen de vestir de tamaño natural de la Virgen de la Candelaria (ver), anónimo del siglo XVIII.
Vitrina con la
Virgen de la Candelaria
Detalle
de la Virgen de la Candelaria
Presbiterio y Altar Mayor
Vista general
del Presbiterio y Altar Mayor
El presbiterio está separado de la nave
central por un gran arco toral. En los laterales
hay dos ángeles lampadarios atribuidos
a la Roldana (ver), siglo XVII, procedentes del convento Regina Angelorum.
El presbiterio está decorado en la zona
derecha con un cuadro de la Inmaculada
Concepción, atribuido a Juan
del Castillo (ver) de 1.630, en tanto que en el izquierdo está la Virgen de Guadalupe, obra firmada por José
Cruz en 1688.
Ángel lamparario
Detalle del rostro del ángel lamparario
Inmaculada
Concepción
Virgen de Guadalupe
El fondo del presbiterio está ocupado en su
totalidad por el Retablo Mayor,
de estilo neoclásico (primera mitad del XIX) que sustituye al de 1625 que había
contratado Luis de Figueroa y destruido durante la invasión francesa. El actual, de 1862, se hizo por mediación del fraile
exclaustrado capellán del templo el P. Jose María de la Santísima Trinidad
Campos, y costeado por D. Manuel Ramos Calonge.
Se
compone de banco, sotobanco, un cuerpo con tres calles (más ancha la central) y
ático. Consta de cuatro grandes columnas de orden corintio que sostienen un
entablamento, rematado por un gran resplandor con el Ave María Reina. Destacan
las excelentes labores marmolizadas que simulan al mármol original.
Altar Mayor
En su cuerpo
central se abre un amplio camarín, decorado con pinturas del pintor Maireles del siglo XX, que alberga una
talla de la Virgen del Carmen, en
posición sedente, sujetando al Niño Jesús con el brazo izquierdo, obra de
Cristóbal Ramos del año 1780, cuando se encontraba en plena transición del
periodo barroco al neoclásico, y en la obra se aprecian ambos estilos,
manteniendo el barroco en el movimiento de los ropajes, cuyos pliegues se ven
favorecidos por la ductilidad de la tela encolada, material con el que están
realizados, en tanto que el rostro de la
Virgen se parece más a una diosa griega que a una Virgen clásica sevillana.
Con la mano
izquierda María toma a su Hijo. Abre sus brazos para captar la devoción del
espectador. Con su mano izquierda toma la bola del Mundo y con la diestra el
escapulario. María viste hábito carmelita y Jesús túnica roja con vueltas
verdes. Todo este conjunto da muestra del insigne escultor que fue Cristóbal
Ramos (ver), por su perfecta ejecución tanto desde el punto de vista formal como
compositivo.
Es tal su devoción que ha sido coronada canónicamente el 10 de octubre de
2015.
A los
pies del camarín se sitúan dos angelotes que sostienen el escapulario, obras de
Lourdes Hernández en 2011, destacan por las posturas y gracia infantiles.
Detalle de la Virgen del Carmen
A los lados del camarín, en sendas hornacinas, se nos muestra a Santa
Teresa de Jesús (ver) y San Juan de la Cruz, originalmente colocadas en otros retablos de la iglesia. Antiguas imágenes de candelero para ser vestidas, a
las que Juan Abascal hizo los cuerpos de talla en los años setenta. La imagen
de santa Teresa es barroca del siglo XVIII, mientras que la del Santo puede ser
atribuida a Pedro Roldan (ver).
Santa Teresa
Detalle de Santa Teresa
San Juan de la Cruz
Detalle de San Juan de la Cruz
En el banco del retablo se sitúan las esculturas
de San Rafael y el Ángel de la Guarda, tallas de Blas Molner realizada en 1792
para el presbiterio del templo. Obras que suponen ya la entrada en el
neoclasicismo, con menor presencia de labores en oro, y con una composición
elegante y solemne.
San Rafael
Detalle de San Rafael
Ángel de la Guarda
Detalle del Ángel de la Guarda
El Niño Jesús de la Espina es
una imagen del siglo XVIII que preside el manifestador del retablo. Posiblemente
sea una talla de procedencia italiana.
Niño Jesús de la Espina
Nave del Evangelio
A la izquierda del presbiterio, ante la
pilastra correspondiente al evangelio, del arco toral, se muestra una vitrina
acristalada con el grupo escultórico de “La
Coronación de la Virgen”, atribuido a Cristóbal Ramos (ver).
La Coronación de la Virgen
Detalle
En la
cabecera de la nave del Evangelio está la Capilla
Sacramental, del siglo XX, diseñada por Aníbal González (ver), con retablo trazado por Hernández
Díaz.
Capilla Sacramental con la Virgen María Salud de los Enfermos
Capilla Sacramental con el Cristo de los Desamparados
Sobre la
entrada hay dos cuadros de Santa
Teresa con San José, siglo XVII, y confortado por el Nazareno siglo XX.
Santa Teresa con San José
Confortado por el
Nazareno
Antiguamente,
esta capilla estuvo presidida por santa Teresa (ver) por lo
que el interior está totalmente decorado y cubierto por una cúpula con murales
dedicados a esta santa,
obra de Manuel Cañas siglo
XX. En las pechinas se muestra el escudo de armas su familia. Se complementa
con los zócalos de azulejos de
Triana, fábrica de Mensaque y Cía, donde vemos junto a los episodios de
la vida de la Santa, escenas de la vida de Cristo.
Cúpula
Detalle de la Cúpula
Azulejo con la Adoración de los pastores
Decoración de las paredes
Decoración de las paredes
Esta capilla se complementa por un magnífico Sagrario, obra de Gabella
Baeza de 1962.
Sagrario
La capilla suele
estar presidida por el crucificado, Cristo de los Desamparados
o de la Sopa (leer
mas) aunque en una
visita estaba situada la Virgen María Salud de los Enfermos, dolorosa de
vestir que se atribuye a Juan de Astorga (ver) (imagen que recuerda mucho a las Vírgenes que
procesionan en Semana Santa).
Cristo de los
Desamparados o de la Sopa
Virgen María Salud de los Enfermos
Detalle de la Virgen María Salud de los Enfermos
El
crucero del lado del Evangelio está ocupado por el retablo de la Esclavitud del Señor san
José, cotitular de la Hermandad. Realizado entre 1813 y
1818, con la participación de Miguel Albín, acogió a los tres titulares de la
Hermandad del Valle cunado estuvieron en este templo entre 1893 y 1970.
Es
de estilo clásico del siglo XIX, con altar, banco, un solo cuerpo
de tres calles separadas por columnas estriadas corintias y ático.
Vista
del tramo del evangelio correspondiente al retablo de san José.
Lo preside, al centro, talla de San José
con el Niño (ver) realizada en 1806. Fue encargada por la hermandad de Esclavitud
de San José, fundada en 1744. Se trata de una imagen de aire clásico que
muestra al Santo Patriarca sosteniendo en brazos a un Niño Jesús. El escultor Juan
de Mesa (ver) contrató con el prior y comunidad de este convento el
8 de agosto de 1620 la ejecución de una imagen de San José que no se ha
conservado en la actualidad.
San José con el Niño
Detalle de San José con el Niño
La flanquean el grupo de Santa Ana (ver) enseñando a leer a la Virgen, obra documentada de Pedro
Roldán (ver), donada por Doña Ana María de Paivaen 1694 al convento.
Representa la educación de la Virgen Niña, siendo una de las obras maestras de
Roldan en cada uno de sus detalles, destacando los rostros de las imágenes y
las labores de estofado.
Santa Ana enseñando a leer a la Virgen
En el otro lateral, un San Joaquín (ver) de principios del siglo XVIII, obra de Hita del Castillo (ver). Representa al padre de la Virgen
sosteniendo en brazos a la Niña María, ataviada con vestiduras concepcionistas
y coronada de estrellas. Obra de gusto plenamente rococó en las formas y en la
decoración de rocalla.
San Joaquín
En el centro, en una pequeña hornacina se
sitúa una talla del Niño Jesús de estilo montañesino. Es el Niño Jesús “El Custodio”, talla siglo XVIII, que perteneció a Fray Humberto, sacristán del convento. Lleva
las llaves del convento en su mano, ya que es su custodio.
Hornacina con el Niño Jesús
Detalle del Niño Jesús
El ático se decora con pintura de la
Verónica con el paño de la Santa Faz del XIX, obra de Andrés Rossi en 1818, recuerdo de la estancia en el templo de la hermandad
penitencial del Valle
Detalle del ático
Pintura de la Verónica
En el lado
derecho los cuadros del XVII de Ecce Homo (ver), Santa María Magdalena de Pazzi (ver)
y la cabeza de San Pablo.
Ecce Homo
Santa María Magdalena de Pazzi
Cabeza de San Pablo
En el muro izquierdo
vemos los cuadros del XVII de Santa
Teresa y la cabeza de
San Juan.
Santa Teresa
Cabeza de San Juan
Continuando
hacia los pies aparece un retablo del siglo XIX con una dolorosa de vestir titulada
Virgen María de la Salud de los enfermos
(Maria Salus Infirmorum), que se atribuye a Juan de Astorga Cubero (ver) y que hemos
comentado su situación provisional en la Capilla Sacramental. En su lugar su
sitúa aquí la Inmaculada del Corazón de
María (ver), imagen que se
venera en la clausura del convento y colocada provisionalmente en este altar de
la Virgen de la Salud.
Retablo con la Virgen María de la Salud de los Enfermos
Retablo con la Inmaculada del Corazón de María
Virgen María de la Salud de los Enfermos
Inmaculada del Corazón de María
La
flanquean tallas de Teresa de Redi (izquierda mirando de frente) y la beata
María de Jesus, del siglo XVIII.
La
primera fue una monja carmelita italiana del siglo XVIII, que murió a los 23
años, tras dedicarse a cuidar enfermos, practicar la caridad y hacer
penitencia.
Teresa
de Redi
Detalle
María de Jesús nació en Guadalajara en 1560. Ingresó en la
Fundación Teresiana de San José en Toledo y fundó el Carmelo de Cuerva en Toledo,
ciudad en la que falleció a los ochenta años.
Beata María de Jesús
Detalle
El siguiente hito del recorrido es el
retablo, neoclásico en mármol, dedicado a santa
Teresa de Jesús (ver). Se trata de una obra de creación reciente, cuyo
grupo escultórico fue entregado por su autor, Francisco Romero Zafra, en mayo
de 2007.
La escena representada alude a uno de
los episodios más conocidos y significativos de la vida espiritual de la santa:
la Transverberación, experiencia mística que ella misma dejó relatada con
palabras de gran fuerza expresiva mientras se hallaba en oración: “Veía un
ángel junto a mí, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los
ángeles muy subidos. Veíale en las manos un dardo y al fin me parecía tener un
poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón y me dejaba toda abrasada
en amor grande de Dios”.
El conjunto escultórico plasma el
instante culminante de ese arrobamiento, cuando el ángel se dispone a clavar en
el corazón de Teresa el dardo del Amor divino. La santa aparece consumida por
ese fuego interior, símbolo de su unión plena con Dios, y en su pecho se
inscribe el nombre de Cristo como expresión visible de esa entrega absoluta. El
ángel actúa movido por la inspiración del Espíritu Santo, presente en la escena
como origen y garante de la experiencia mística, susurrándole el inicio de esta
profunda manifestación interior que transforma el alma de la carmelita.
La imagen de santa Teresa responde a la
tipología de candelero, con un notable cuidado en la talla de la cabeza, las
manos y, de manera poco habitual, también de los pies. Se presenta ataviada con
un rico hábito y capa, siguiendo la tradición iconográfica de las imágenes de
la santa veneradas en los conventos, tanto femeninos como masculinos, de la
Orden del Carmelo. No obstante, en los días ordinarios recibe una indumentaria más
austera, confeccionada en estameña basta, evocando con fidelidad la sencillez
del hábito que ella misma vistió en vida.
El ángel, por su parte, está realizado
en talla completa. Viste ropajes de carácter textil, ceñidos a la cintura, que
dejan al descubierto el torso y las piernas, aportando dinamismo y ligereza a
la figura. Apoyado sobre un conjunto de nubes, inclina y gira la cabeza hacia
la representación del Espíritu Santo, de quien recibe la indicación para lanzar
el dardo ardiente sobre el corazón de Teresa, cerrando así una escena de
intensa carga simbólica y espiritual.
Retablo
Detalle de Santa Teresa y el ángel
En los laterales se muestran las
Imágenes de San Francisco de Paula (ver), atribuido a Cristóbal Ramos, y san José con el Niño, del taller de Roldan, sustituida
temporalmente por San Juanito.
San Jose es la gran devoción que
fomenta santa Teresa en su época, poniendo todos los conventos carmelitas
descalzos bajo su protección. Ella nos dice sobre el “Santo Patriarca”:
“Tomé por abogado y Señor al glorioso
San José, y me encomendé mucho a Él … “
San Francisco de Paula
Detalle de San Francisco de Paula
San José con el Niño
San Juanito
Otro de los retablos del templo, muy
semejante en traza y proporciones al anterior, está dedicado a uno de los
cotitulares de la Hermandad: el Milagroso
Niño Jesús de Praga. Esta advocación del Niño Dios es la más extendida y
universal dentro del ámbito carmelitano, difundida por los Carmelitas Descalzos
desde su célebre santuario de la ciudad de Praga.
Retablo
La imagen primitiva, de origen español,
fue donada en 1628 por doña Polixena de Lobkowicz al convento carmelita de
Praga. Pronto alcanzó gran fama por los numerosos favores y milagros atribuidos
a su intercesión, lo que motivó que fuese conocida popularmente como el
“Milagroso” Niño Jesús. La iconografía lo presenta revestido con ricas
vestiduras imperiales, en alusión a su realeza como Señor del Cielo y de la
Tierra, coronado y sosteniendo el orbe en su mano, símbolo de su soberanía
universal.
Milagroso Niño Jesús de Praga
Detalle
Dicha imagen original fue trasladada en
2006 al convento de las Teresas de Écija, tras ser sustituida por la actual
escultura, realizada por el imaginero sevillano Fernando Aguado. Esta nueva
talla es la que hoy recibe culto en el retablo y la que participa en la salida
procesional del 17 de julio, acompañando a la Virgen del Carmen de la entrada.
El conjunto se completa con un
interesante programa pictórico, obra del imaginero, pintor y restaurador sevillano
Antonio Díaz Arnido. Las pinturas, dispuestas de abajo hacia arriba y de
izquierda a derecha siguiendo el sentido de las agujas del reloj, representan
al Venerable Francisco del Niño Jesús, conocido como “el Indigno”; a doña
Polixena de Lobkowicz en el momento de entregar la imagen del Niño Jesús a los
Carmelitas Descalzos de Praga; en el ático, una gloria de ángeles que portan el
lema fundamental de esta devoción: “Cuanto más me honréis, más os favoreceré”;
la escena de la Sagrada Familia visitando a los ermitaños del Monte Carmelo; y,
finalmente, la figura del beato Eufrasio del Niño Jesús.
El retablo fue bendecido el 15 de
noviembre de 2008 por el cardenal don Carlos Amigo Vallejo, con motivo de la
conmemoración del IV Centenario del templo.
Francisco del Niño Jesús, conocido como “el Indigno”
Doña Polixena de Lobkowicz entrega la imagen del Niño
Jesús a los Carmelitas Descalzos de Praga
Rompimiento de gloria, de ángeles que portan el lema
fundamental de esta devoción: “Cuanto más me honréis, más os favoreceré”
Detalle
Sagrada Familia visitando a los ermitaños del Monte
Carmelo
Beato Eufrasio del Niño Jesús.
Le sigue uno de los espacios
devocionales más frecuentados de este templo, es el altar dedicado a san Expedito (ver), tradicionalmente
invocado como protector y abogado de las causas difíciles y urgentes. La
devoción al santo se apoya en la tradición que lo presenta como un militar
romano que vivió a comienzos del siglo IV y que llegó a ser comandante de una
legión durante el gobierno del emperador Diocleciano.
Según la leyenda hagiográfica, el
momento decisivo de su vida llegó cuando, tocado por la gracia divina, decidió
abrazar el cristianismo, profundamente impresionado por la serenidad y
fortaleza con que los cristianos afrontaban el martirio. En ese instante, el
espíritu del mal se le habría aparecido bajo la forma de un cuervo,
repitiéndole insistentemente la palabra “mañana”, invitándolo a posponer su
conversión. Expedito, rechazando cualquier dilación, aplastó al cuervo y
proclamó con determinación: “¡Hoy, sin aplazamientos!”. Este gesto simbólico
explica que sea considerado intercesor en situaciones que requieren una
respuesta inmediata, cuando la demora puede acarrear graves consecuencias.
Junto con santa Rita y san Judas Tadeo, san Expedito es también uno de los
santos más invocados en lo que popularmente se conocen como causas imposibles.
El retablo que acoge esta devoción es
de estilo neogótico y fue sufragado en 1894 por doña Margarita Lugo de Viñas,
viuda de Power. Su ejecución se debe al tallista y dorador Rossy, en
colaboración con el pintor Antonio Cavallini, conformando un conjunto armónico
que responde al gusto historicista propio de finales del siglo XIX.
Retablo
La imagen de san Expedito es una talla
en madera realizada a mediados del siglo XX. Porta una cruz con la inscripción
"Hoy" y aplasta un cuervo, que clama por escapar con la palabra
"cras".
San Expedito
Flanquean al santo, a la izquierda del
espectador, la figura de san Nicolás de Bari (ver) y, a la derecha, la del beato Francisco Palau y Quer.
Este último fue un sacerdote carmelita descalzo que desarrolló su ministerio en
un periodo especialmente convulso para la Iglesia, durante la primera mitad del
siglo XIX. Sufrió el exilio en Francia y posteriormente el confinamiento en la
isla de Ibiza. A él se le atribuyen dones de profecía y de curación, lo que le
acarreó denuncias y procesos judiciales por ejercer sanaciones sin ser médico.
Asimismo, practicó en diversas ocasiones exorcismos que, según las fuentes,
resultaron exitosos. En 1860 fundó dos congregaciones religiosas: las Hermanas
Carmelitas Misioneras y las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas.
San Nicolás de Bari
Beato Francisco Palau y Quer
Remata el retablo una pintura de
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (ver). Una de las advocaciones más populares y difundidas, no
solo en España, sino en el resto del mundo. La difusión de su devoción se debe
a los padres de la congregación del Santísimo Redentor.
Se trata de una representación
inspirada en el célebre icono bizantino, ya muy venerado en el siglo XV y
trasladado a Roma en 1499, donde quedó bajo la custodia de la Congregación del
Santísimo Redentor, responsable de su difusión universal. La imagen que aquí se
contempla, conocida también como la Virgen del Santo Ángel, es una copia
realizada por el pintor Antonio Cavallini a partir del icono original que se
venera en Roma, en la casa principal de la orden redentorista.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
Continuamos ante el retablo de Nuestra Señora de los Siete Dolores (ver), advocación mariana que presenta a la
Virgen como madre y consuelo de cuantos sufren. Se trata de una obra de estilo
neoclásico, concebida por fray Juan Dobado, cuya policromía fue realizada por
Antonio Díaz Arnido y cuyo dorado corresponde a Manuel Antonio Ruiz-Berdejo,
trabajos concluidos en el año 2009.
Retablo
El conjunto está presidido por un busto
de la Dolorosa, con el corazón traspasado por siete puñales, símbolo de los
padecimientos que marcaron toda la vida de María. La imagen se erige como una
síntesis magistral del dolor materno de la Virgen y, al mismo tiempo, como
refugio espiritual para quienes atraviesan momentos de aflicción en este valle
de lágrimas.
Esta escultura constituye la primera
obra realizada para Sevilla por el imaginero cordobés Francisco Romero Zafra.
Fue ejecutada en 2005 siguiendo los modelos tradicionales de la escuela barroca
española en las Dolorosas de medio cuerpo, reinterpretados con un lenguaje
contemporáneo. El intenso realismo de la talla, especialmente en la expresión
del rostro y la mirada, ha propiciado una rápida y profunda devoción, a pesar
de su relativamente reciente incorporación al templo.
Busto de la Dolorosa
Detalle
La imagen se alza sobre una cuidada
peana dorada y policromada que imita el carey, cuyo dorado fue llevado a cabo
por Rafael Barón Jiménez. En 2006 se enriqueció el conjunto con una diadema y
un corazón realizados en plata de ley, piezas cinceladas por el orfebre
cordobés Emilio León Salina, que refuerzan el simbolismo y la dignidad
devocional de la imagen.
Flanqueando la urna de la Virgen se
disponen dos ángeles pasionarios pintados sobre tabla por Sergio Cornejo Ortiz
en 2009. El situado a la izquierda porta la escalera empleada para el
descendimiento del cuerpo de Cristo, mientras que el otro, dirigiendo su mirada
hacia María, le ofrece la sábana destinada a envolver el cuerpo sin vida de su
Hijo.
Ángel de la izquierda
Ángel de la derecha
Como fondo del retablo, tras la imagen
mariana, cuelga un lienzo atribuido a la escuela de Zurbarán, datado en el
siglo XVII. En él se representa a Cristo crucificado, con María Magdalena a los
pies de la Cruz recogiendo su sangre, mientras al fondo se perfila la ciudad de
Jerusalén, aportando profundidad y contexto a la escena.
Cristo crucificado con María Magdalena
El frontal del altar se completa con
una pintura de Ricardo Suárez, realizada igualmente en 2009, que muestra a
Cristo Yacente. En su cuerpo se evidencian las huellas de la Pasión, mientras
un pequeño ángel, abatido por el dolor, recoge con delicadeza las últimas gotas
de su sangre, cerrando así un discurso iconográfico centrado en el sacrificio,
el duelo y la esperanza.
Cristo Yacente
Llegamos a los pies de la nave, donde
se abre una hornacina que alberga, tras un cristal protector, la imagen del
Santo Ángel de la Guarda. La escultura lo muestra en su iconografía más extendida:
el ángel, de gesto sereno y protector, conduce de la mano a un niño, símbolo
del amparo divino y de la guía espiritual a lo largo del camino de la vida. Se
trata de una talla anónima, atribuida a la escuela italiana del siglo XVIII,
cuya delicadeza en las formas y suave expresividad reflejan el gusto devocional
y artístico propio de la época.
Santo Ángel de la Guarda
Detalle
Finalmente, nos encontramos con la
imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad, a su izquierda, sobre una peana,
una pequeña talla de la Virgen de Fátima y a su derecha, igualmente sobre
peana, aparece la Virgen en su advocación de María Auxiliadora, patrona de la
familia salesiana.
A los pies del templo, Nuestro Padre Jesús de la Humildad, la Virgen de Fátima y María
Auxiliadora
Nuestro Padre Jesús de la Humildad
La imagen de Nuestro Padre Jesús de la
Humildad es una creación del escultor e imaginero Antonio Luis Troya y recibe
culto en la Iglesia del Santo Ángel de Sevilla, donde se presenta como una obra
de profunda carga expresiva y cuidada ejecución técnica (Leer mas).
Detalle de Nuestro Padre Jesús de la Humildad
Finalmente recordemos el Patrimonio procedente del
convento y actualmente desaparecido o ubicado en otro lugar.
El retablo de la capilla funeraria de Francisca de León, realizado por Juan Martínez Montañés en 1605, se encuentra desaparecido. En el mismo estaban las estatuas de la Virgen María y San José, de la misma fecha y autor, que se encuentran en la Iglesia de San Antonio Abad, en Sevilla.
Virgen María
San José
También se encontraban en este retablo cuatro cuadros de Francisco Pacheco de 1605, que se encuentran en el Museo del Prado, en Madrid: San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santa Catalina y Santa Inés.
El retablo de San Alberto de Sicilia, realizado por Juan Martínez Montañés en 1605, también se encuentra desaparecido. En el centro hubo una estatua de San Alberto de Sicilia, de Martínez Montañés de 1608, y en la parte superior estuvo cuadro Muerte de san Alberto, de Francisco Pacheco de entre 1610 y 1612, que se encuentra en el Museo de Pontevedra.
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