domingo, 31 de mayo de 2026

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Iglesia de la Anunciación. Hermandad del Valle.

La Pontificia, Real, Ilustre y Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa Mujer Verónica constituye una de las corporaciones penitenciales más antiguas, prestigiosas y ricas en historia de la Semana Santa de Sevilla. Su devenir secular resume buena parte de la evolución de las cofradías sevillanas desde la Baja Edad Media hasta nuestros días, conservando un extraordinario patrimonio artístico, devocional y cultural.

Los orígenes de la hermandad se remontan a dos antiguas corporaciones que florecieron en la Sevilla de los siglos XV y XVI.

La primera fue la Hermandad de la Santa Faz y Nuestra Señora de la Encarnación, fundada en 1450 por el cardenal Juan de Cervantes en el desaparecido convento del Valle para rendir culto a una representación del Santo Rostro de Cristo. Con el paso del tiempo, la imagen mariana venerada en aquel monasterio hizo que la corporación fuera popularmente conocida bajo la advocación de Nuestra Señora del Valle. En 1553 adoptó el título de Hermandad de la Santa Verónica y Nuestra Señora del Valle, transformándose en cofradía de penitencia conforme a las costumbres espirituales de la época.

La segunda corporación fue la Hermandad de la Coronación de Cristo, fundada en 1540 en la parroquia de San Martín. Su nacimiento estuvo estrechamente ligado a la veneración de una reliquia excepcional: una espina atribuida a la Corona de Cristo, hallada en la primera década del siglo XV, durante las obras de reedificación del templo, en una caja de plomo con un escrito que la acreditaba con estas letras “Soy de la Iglesia de San Martín”. Esta hermandad desarrolló una intensa vida religiosa y penitencial, participando activamente en las manifestaciones de fe que caracterizaron la Sevilla del Renacimiento. En 1566 la Hermandad se traslada al Convento de Montesión, que los frailes dominicos poseían en la collación de San Juan de la Palma, y en 1567 se aprueba el nuevo Libro de Reglas de la Coronación de Cristo. En 1576 se traslada al Hospital de San Cosme y San Damián, pero al estar incluido este hospitalen la reducción de los hospitales de Sevilla establecida por mandato del Cardenal Rodrigo de Castro, en el año 1588 la Hermandad de la Coronación regresa a la Iglesia de San Martín.

El 7 de abril de 1590 ambas corporaciones acordaron su fusión, dando origen a la Hermandad de la Coronación y Nuestra Señora del Valle y Santa Verónica. La nueva institución quedó establecida en el convento del Valle, desde donde inició una etapa de crecimiento y esplendor. Desde finales del siglo XVI realizaba estación de penitencia con varios pasos procesionales que representaban escenas de la Pasión de Cristo, consolidándose como una de las cofradías más relevantes de la ciudad.

En el Sínodo Diocesano de 1604, el Cardenal Niño de Guevara instituye el Cabildo de Horas de Salida. A partir de este Sínodo, la Autoridad Eclesiástica ordena que todas las hermandades de Sevilla hagan estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, a excepción de las hermandades de Triana, que lo harán a la parroquia de Santa Ana.

Durante los siglos XVII y XVIII la hermandad afianzó su prestigio y enriqueció notablemente su patrimonio. En torno a 1627 se realizó la imagen de Nuestra Señora del Valle, una de las dolorosas más admiradas de Sevilla, tradicionalmente atribuida al círculo de Juan de Mesa. En 1687 el escultor Agustín de Perea talló la imagen del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, mientras que ya por aquellas fechas la corporación contaba también con la imagen de Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro. En 1697 la Hermandad adquiere una nueva capilla en el Convento del Valle que había pertenecido a la cofradía del Gran Poder.

La influencia de la hermandad llegó a ser tan notable que el gremio de los Maestros Cereros mantuvo una estrecha vinculación con ella durante gran parte del siglo XVIII, de tal modo que ningún cerero puede abrir tienda en Sevilla si antes no se ha recibido como hermano en la cofradía.

Las dificultades no estuvieron ausentes de su historia. El terremoto de 1755 causó importantes daños en sus dependencias conventuales, mientras que las reformas ilustradas y las sucesivas restricciones impuestas a las procesiones obligaron a la corporación a adaptarse a los nuevos tiempos. Aun así, la devoción a sus titulares permaneció firme y la cofradía continuó ocupando un lugar destacado en la religiosidad sevillana.

El siglo XIX resultó especialmente complejo. La invasión napoleónica provocó el cierre del convento del Valle y la dispersión temporal de la hermandad, que hubo de trasladarse en primer lugar a la Iglesia de San Román y al poco tiempo a la Iglesia de los Menores. Sin embargo, también fue una centuria de importantes reconocimientos. En 1808 el rey Carlos IV concedió a la corporación el título de Real, y el propio Rey y su hijo Don Fernando ingresan como hermanos en la Cofradía, mientras que en 1817 el papa Pío VII le otorgó la dignidad de Archicofradía, siendo la primera hermandad sevillana en recibir tal privilegio. Posteriormente, en 1825, el papa León XII le concedió el título de Pontificia. Estos honores explican la singular composición de su escudo, donde se integran símbolos de la monarquía española y del pontificado junto a referencias a la Pasión de Cristo.

En el año 1829 la Hermandad se traslada a la Parroquia de San Andrés. Los cambios políticos de 1868 y la resolución de la Junta Revolucionaria de suprimir varias parroquias de Sevilla, entre ellas la de San Andrés, hace que la Hermandad se traslade a la Iglesia de San Román, y pasada esta situación, vuelve a la Parroquia de San Andrés, en 1870.

A finales del siglo XIX, en 1892, la hermandad se estableció en el convento del Santo Ángel y vivió una importante revitalización artística. En 1897 el compositor Vicente Gómez Zarzuela dedicó a la Virgen la marcha procesional "Virgen del Valle", una de las composiciones más emblemáticas y admiradas del patrimonio musical cofrade sevillano.

Durante el siglo XX la corporación continuó enriqueciendo su patrimonio y consolidando su personalidad estética. El 5 de julio de 1909, la imagen de Nuestra Señora del Valle estuvo a punto de ser destruida por un incendio, lo que evitó con riesgo de su vida el hermano Don Carlos Bernáldez. En 1910 Joaquín Bilbao restauró los daños y realizó el conjunto escultórico que acompaña al Cristo de la Coronación de Espinas, configurando uno de los misterios más reconocibles de la Semana Santa hispalense.

Tras la proclamación de la II República Española en 1931, y como consecuencia de la ola de violencia que se desencadenó contra la Iglesia, con la quema de conventos y parroquias, las hermandades de Sevilla se organizan en defensa de sus congregaciones creando la Federación de Hermandades. En los meses anteriores al inicio de la Guerra Civil, la comunidad carmelita abandona la Iglesia del Santo Ángel, lo que hace que los hermanos de la Archicofradía se turnen durante el día y la noche para impedir que, en las revueltas que se venían produciendo, se provocaran daños a las Sagradas Imágenes.

La Guerra Civil obligó a ocultar las imágenes para preservarlas de posibles daños, el Cristo de la Coronación de Espinas, en la casa de las Hermanas Rosa, Tula y Lola Piazza en la plaza de la Magdalena; Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, en la casa de los Jiménez Placer en la calle Rodríguez Marín; y la Virgen del Valle, en la casa de D. Segismundo López de Rueda y D. Luís Piazza de la Paz en la calle Jimios 10 y 12, una circunstancia que testimonia la entrega y el compromiso de sus hermanos con la conservación de su patrimonio.

En 1964 el Cardenal de Sevilla, José María Bueno Monreal, concede a la Hermandad la custodia de la Reliquia de la Santa Espina de la Corona de Nuestro Señor Jesucristo, que se encontraba en la Iglesia de San Martín y en 1970 la Archicofradía se trasladó definitivamente a la iglesia de la Anunciación, antiguo templo de la Casa Profesa de los jesuitas y actual sede canónica de la corporación.

En el Jueves Santo de 1996, la Hermandad saca por primera vez en la estación de penitencia la reliquia de la Santa Espina, portada en andas, en un ostensorio de oro y plata que labra en 1977 el orfebre Manuel Seco Velasco.

La Virgen del Valle alcanzó uno de los momentos culminantes de su historia reciente el 1 de noviembre de 2002, solemnidad de Todos los Santos, cuando fue coronada canónicamente en la Catedral de Sevilla. Aquel acontecimiento constituyó el reconocimiento oficial a una devoción arraigada durante siglos en el corazón de los sevillanos.

Cada Jueves Santo la Archicofradía realiza estación de penitencia con tres pasos. El primero es de estilo rocalla, decorado con espejos e iluminado por cuatro faroles. Representa a Jesús coronado de espinas mientras un soldado romano dos sayones y un sanedrita se burlan de Él.


En el segundo paso estilo barroco, dorado, e iluminado por cuatro faroles dorados en las esquinas y dos plateados en el centro se representa a Jesús con la Cruz al hombro en el momento del encuentro con las Santas Mujeres y con la Verónica. Por una iniciativa del hermano y pintor Don Francisco Maireles Vela, desde el año 1980, la Santa Mujer Verónica lleva en sus manos un paño con la Santa Faz, que cada año reproduce un notable pintor. 


Y el tercero lleva bajo palio a Nuestra Señora del Valle, en un paso de los más antiguos  de la Semana Santa (siglo XVII),  de color granate y con bordados de hojillas de plata en las bambalinas, en uno de los conjuntos procesionales más elegantes y evocadores de la Semana Santa sevillana.
La Hermandad del Valle representa hoy la perfecta síntesis entre historia, arte y devoción. Heredera de más de cinco siglos de tradición, continúa siendo una de las corporaciones más respetadas de Sevilla, custodio de un legado espiritual y cultural que forma parte inseparable de la identidad de la ciudad.

viernes, 29 de mayo de 2026

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Retablo Cerámico del Santísimo Cristo de la Buena Muerte. Iglesia de la Anunciación.

En el lateral de la Iglesia de la Anunciación, que da a la Plaza de la Encarnación se encuentra un gran retablo cerámico dedicado al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, titular histórico de la Hermandad de los Estudiantes, que tuvo su sede en este templo hasta mediados del siglo XX. La obra fue realizada en 1949 por Antonio Kiernam Flores para conmemorar las bodas de plata de la corporación.

Retablo cerámico del Santísimo Cristo de la Buena Muerte

Detalle

RUTA DE LOS CAMPANARIOS Y VELETAS 

Iglesia de la Anunciación.

Iglesia de la Anunciación

Junto a la cabecera del templo se eleva la torre, situada a la izquierda del presbiterio. Su aspecto resulta peculiar por carecer de chapitel o remate superior, circunstancia que le proporciona una apariencia de inacabada. Está formada por un sencillo cuerpo de campanas con vanos de medio punto abiertos entre pilastras.

Detalle de la cúpula y la torre-campanario

Torre campanario

Torre campanario

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Panteón de Sevillanos Ilustres.

La antigua cripta de la iglesia de la Anunciación, restaurada y acondicionada para su conservación, alberga hoy el Panteón de Sevillanos Ilustres, uno de los espacios funerarios y memoriales más significativos de Sevilla. El acceso se realiza desde la Facultad de Bellas Artes, junto a la portada lateral del templo diseñada por Hernán Ruiz II, que en otro tiempo comunicaba la iglesia con el claustro de la antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús. Desde allí, dos tramos de escaleras conducen a un recinto subterráneo de planta de cruz latina, cubierto con bóvedas y revestido con granito pulido: gris en los muros y rosado jaspeado en el pavimento.

La historia del lugar quedó marcada por la expulsión de los jesuitas decretada por Carlos III en 1767. Tras aquella medida, Pablo de Olavide, asistente de Sevilla y figura clave de la Ilustración española, solicitó al monarca la cesión de la Casa Profesa y de la iglesia de la Anunciación para destinarlas a sede de la nueva universidad. La Real Orden promulgada en 1768 y aplicada definitivamente en 1771 convirtió el antiguo conjunto jesuítico en sede de la Universidad Literaria, germen de la actual Universidad de Sevilla, mientras que el templo pasó a utilizarse para ceremonias académicas y religiosas.

Décadas más tarde, en 1836, el deán Manuel López Cepero promovió la recuperación de sepulcros, lápidas y monumentos funerarios procedentes de conventos e iglesias saqueados durante la ocupación napoleónica o afectados por las desamortizaciones. Aunque inicialmente se pensó reunir estas piezas en la Catedral, finalmente fue la iglesia de la Anunciación la encargada de custodiar este importante legado funerario, incrementado posteriormente con nuevos enterramientos y traslados.

Ya en la década de 1970, bajo el impulso de Florentino Pérez Embid desde la Dirección General de Bellas Artes, se acometieron importantes obras de ampliación, limpieza y protección arquitectónica que dieron forma definitiva al actual Panteón de Sevillanos Ilustres. A este recinto fueron trasladados los monumentos funerarios que hasta entonces permanecían dispersos por la iglesia.

En la zona más cercana al crucero se encuentran las lápidas de Pedro Ponce de León, su esposa Sancha de Baeza y otros miembros de la familia, procedentes del desaparecido convento de San Agustín. 


Coronadas por el escudo heráldico familiar, recuerdan el protagonismo de los Ponce de León en la Sevilla bajomedieval, especialmente durante las luchas nobiliarias del siglo XV y en la conquista del reino de Granada al servicio de los Reyes Católicos.

María Alonso Pimentel Girón y Ponce de León

Rodrigo Ponce de León

Pedro Ponce de León

Pedro Ponce de León

Pedro Ponce de León

Frente a ellas, adosado al muro, destaca un magnífico relieve funerario en bronce dedicado a Francisco Duarte de Mendicoa y a su esposa Catalina de Alcocer. Duarte, militar navarro al servicio de Carlos I, ejerció en Sevilla como proveedor general de armadas y ejércitos. La obra, de inspiración renacentista y con ecos del arte funerario borgoñón, procede del antiguo convento de la Victoria de Triana, fundado por el propio matrimonio. Las figuras yacentes reposan sobre almohadones y apoyan sus pies en leones que simbolizan el dominio cristiano de las pasiones, mientras la armadura del caballero luce el águila bicéfala de la Casa de Austria.

Francisco Duarte de Mendicoa

En el pavimento se conservan los sarcófagos reconstruidos de Lorenzo Suárez de Figueroa y Benito Arias Montano.

El primero, maestre de la Orden de Santiago y fundador del convento sevillano de Santiago de la Espada, aparece representado con el hábito santiaguista y acompañado a sus pies por un perro identificado con la inscripción “Amadís”, símbolo de fidelidad. 

Lapida de Lorenzo Suárez de Figueroa

Sarcófago

Detalle del perro

La figura yacente de Arias Montano, en cambio, responde ya al lenguaje renacentista y muestra al célebre humanista vestido con birrete y ropajes eclesiásticos, sosteniendo un libro entre las manos.

Benito Arias Montano (ver), nacido en Fregenal de la Sierra en 1527 y fallecido en Sevilla en 1598, fue una de las grandes figuras intelectuales del Siglo de Oro. Humanista, teólogo, filólogo y erudito de amplísimos conocimientos, colaboró con Felipe II en numerosos proyectos de enorme trascendencia cultural y política. Dirigió la edición de la célebre Biblia Regia o Biblia Políglota de Amberes, impresa en los talleres de Christophe Plantin, y participó activamente en asuntos diplomáticos y religiosos vinculados a los Países Bajos y Portugal. 

Lapida de Arias Montano

Sarcófago

Detalle del rostro


Presidiendo la nave principal del panteón se alza un crucificado atribuido al círculo de Juan de Giralte o a Roque Balduque, escultor flamenco afincado en Sevilla durante el siglo XVI.

Vista general con el crucificado al fondo

Crucificado

Detalle del rostro

Detalle de la mano izquierda

Detalle del paño de pureza

Detalle de los pies


A ambos lados se distribuyen diversos mausoleos y lápidas dedicados a destacadas figuras de la política, la literatura, la ciencia y la cultura sevillanas.

Entre los sepulcros neoclásicos sobresalen los de Jerónimo Girón de Moctezuma y Ahumada y Salcedo, III marqués de las Amarillas (1741-1819) y Antonio Desmaisieres Flores Rasoir y Peán y Manuela Fernández de Santillán, marqueses de la Motilla y Valencina.


Jerónimo Girón, descendiente de Moctezuma, desarrolló una brillante carrera militar y participó en campañas tan relevantes como la guerra de Independencia de los Estados Unidos junto a Bernardo de Gálvez.

Antonio Desmaisieres Flores Rasoir también tuvo sepultura en el monasterio de San Jerónimo, siendo trasladado a la Anunciación por su hijo y en 1973 al Panteón.

Jerónimo Girón de Moctezuma

Escudo

 

Antonio Desmaisieres

Escudo

Frente a estos, el de Luis José Sartorius y Tapia, conde de San Luis y vizconde de Priego, que fue una de las figuras políticas más controvertidas del reinado de Isabel II. Ministro de Gobernación y presidente del Consejo de Ministros, impulsó medidas como la regulación de los derechos de autor y la implantación del sello postal en España, aunque sus métodos autoritarios provocaron una fuerte oposición política.

De madre española, María Joaquina Tapia Sánchez, y padre alemán, Andrés Schneider Trier, joven militar, que emigró a Cádiz tras la derrota en Jena frente al ejército de Napoleón, y que, siguiendo la tradición habitual en Alemania, latinizó el apellido Schneider (Sastre) en Sartorius, nació Luis José Sartorius y Tapia en la Isla de León, actual San Fernando (Cádiz), en 1815, y falleció en Sevilla en 1871.

Tras su muerte, en 1871, fue enterrado en la iglesia de San Lorenzo, y trasladado posteriormente sus restos a la Anunciación. Comparte enterramiento en el Panteón con Nicolás María Rivero su encarnizado rival político.

Luis José Sartorius y Tapia


Lapida


Detalle

El panteón conserva asimismo las lápidas de destacados intelectuales sevillanos del siglo XIX, entre ellos Alberto Lista (ver)  y Félix Reinoso.

Lista ejerció una enorme influencia sobre varias generaciones de escritores románticos españoles y dejó una profunda huella en la formación intelectual de Gustavo Adolfo Bécquer. Reinoso, igualmente poeta y erudito, vivió el complejo periodo de la invasión francesa y el debate entre afrancesados y patriotas, circunstancias que marcaron profundamente su trayectoria vital e intelectual.

Vista general

Alberto Lista

Félix Reinoso

Una pequeña placa recuerda también a Rodrigo Caro, humanista, poeta y arqueólogo utrerano, autor de la célebre Canción a las ruinas de Itálica y de importantes estudios históricos sobre Sevilla. Su labor como coleccionista y anticuario lo convirtió en uno de los pioneros de la arqueología sevillana.

Sus restos fueron traídos a la Anunciación desde la iglesia de San Miguel, destruida durante la revolución de la Gloriosa en 1868.

Entre los personajes vinculados al mundo de la política y la cultura figura Nicolás María Rivero, licenciado en Medicina y Derecho, fundador del Partido Demócrata y alcalde de Madrid

Rodrigo Caro

Nicolás María Rivero


De grandes dimensiones es el motivo funerario de Federico Sánchez Bedoya, militar y político conservador (1844-1898), y su esposa, Regla Manjón, condesa de Lebrija (18511938), interesada en el arte y en la arqueología, en cuya casa palacio de la calle Cuna reunió esculturas, ánforas, columnas y extraordinarios mosaicos romanos, surgidos en el transcurso de los trabajos de excavación en las ruinas de Itálica, además de una amplia biblioteca, una apreciable pinacoteca y valioso mobiliario.

Federico Sánchez Bedoya

Detalle

Detalle

José Gestoso (ver), gran estudioso del patrimonio artístico sevillano; autor de Sevilla monumental y artística (1899-1902), y del Catálogo de pinturas y esculturas del Museo Provincial Hispalense.


José Gestoso y Pérez

José Amador de los Ríos, nacido en Baena y discípulo en Madrid de Alberto Lista, destacó como poeta, editor, historiador, protector de la arqueología y pionero en el estudio del arte mudéjar.

José Amador de los Ríos


Jorge Díez, catedrático de Filosofía en la Universidad de Sevilla en la segunda mitad del XIX, de apreciada labor docente.

Jorge Díez


Francisco Mateos Gago (1827-1890), catedrático de Teología de la Universidad de Sevilla y fundador de la Academia Sevillana de Estudios Arqueológicos y miembro de la Comisión de Monumentos Históricos. La destrucción de la iglesia de San Miguel, joya gótica en la Plaza del Duque, en tiempos de la Gloriosa le enfrentó al arquitecto Juan Talavera que ordenó la destrucción del templo durante la noche.

Francisco Mateos Gago


El médico forense Antonio Lecha Marzo que estudió becado en Bélgica con Corin y Stokis y siguió con interés los trabajos de Lombroso y todo lo relativo a la Antropología criminal, siendo pionero en España de la Medicina Legal.

Antonio Lecha Marzo 

José María Izquierdo (ver), poeta, ensayista, profesor, periodista y activo ateneísta, con una rica obra cultural, promotor, asimismo, de la popular Cabalgata de los Reyes Magos.

José María Izquierdo


El rector Mota Salado, que asumió el cargo en la Sevilla ocupada por el bando alzado contra el gobierno de la República, en 1936, destacando en su dilatada y compleja gestión la ayuda prestada a los estudiantes universitarios con menos recursos.

Rector Mota Salado


Especial relevancia posee la presencia de Cecilia Böhl de Faber, más conocida por el seudónimo de Fernán Caballero (ver). Novelista fundamental del realismo español del siglo XIX, fue una de las primeras autoras en incorporar al relato literario las costumbres populares y el folclore andaluz. Sus restos fueron trasladados al panteón en 1999 desde el cementerio de San Fernando.

Cecilia Böhl de Faber

Sin embargo, el conjunto funerario más visitado y emotivo es el dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer (ver) y a su hermano Valeriano. Ambos fueron trasladados desde Madrid a Sevilla en 1913. El monumento funerario, diseñado en estilo neogótico por Eduardo Muñoz, muestra un ángel sosteniendo el libro de las Rimas y un escudo conmemorativo. La base aparece decorada con golondrinas y motivos ornamentales que evocan la poética becqueriana.

Conjunto funerario dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer y a su hermano Valeriano


Ángel sosteniendo el libro de las Rimas

Detalle

Detalle
Detalle
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Hoy, el Panteón de Sevillanos Ilustres constituye no solo un espacio funerario, sino también un recorrido por la memoria cultural, política y artística de Sevilla. Entre esculturas, lápidas y mausoleos, se encuentra reunidas algunas de las personalidades que contribuyeron decisivamente a construir la historia intelectual de la ciudad y de España.