RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes
Virgen del Buen Aire. Capilla del Palacio de san Telmo.
Retablo
Mayor de la Capilla del Palacio de San Telmo
La devoción a la Virgen del Buen Aire constituye una de
las advocaciones marianas más estrechamente ligadas a la historia marítima de
Sevilla y a la Carrera de Indias. Su imagen, hoy venerada en el Palacio de San
Telmo, resume siglos de religiosidad popular, tradición marinera y protección
espiritual para quienes se aventuraban en los océanos desde el puerto
sevillano.
El origen de esta advocación se encuentra en Italia,
concretamente en la ciudad de Cagliari, en Cerdeña, donde desde el siglo XIV
existía un santuario mercedario dedicado a la Vergine di Bonaria. Según la
tradición, unos marineros sorprendidos por una terrible tempestad se vieron
obligados a arrojar parte de la carga de su barco al mar para evitar el
naufragio. Entre los objetos lanzados se encontraba una caja que, lejos de
hundirse, quedó flotando sobre las aguas. Poco después el viento se calmó y la
tormenta desapareció. La caja llegó hasta la costa cercana al convento
mercedario, y al abrirla descubrieron una imagen de la Virgen María sosteniendo
al Niño Jesús en el brazo izquierdo y una vela encendida en la mano derecha.
Los marineros atribuyeron su salvación a la intervención de la Virgen, que
desde entonces fue invocada como Nuestra Señora del Buen Aire o de Bonaria.
La advocación llegó pronto a Sevilla. Desde mediados
del siglo XVI existía en Triana la Universidad de Mareantes, integrada por
pilotos, capitanes y propietarios de navíos relacionados con la Carrera de
Indias. Aunque sus ordenanzas fueron aprobadas oficialmente por Felipe II en
1569, la corporación ya estaba documentada desde años antes. Esta institución
se asentaba en la Hermandad y Hospital de Nuestra Señora del Buen Aire, San
Pedro y San Andrés, fundada por los propios hombres del mar para atender
espiritualmente y socorrer a quienes dependían de la navegación y el comercio
ultramarino.
La primera sede de la hermandad se encontraba junto al
río, en Triana, donde en 1573 se inauguró una iglesia y hospital propios. Allí
los mareantes acudían antes de emprender sus travesías oceánicas, confiando sus
vidas y su regreso a la protección de la Virgen. Inicialmente el altar mayor
estaba presidido por un crucificado, pero a finales del siglo XVI se decidió
dedicar el retablo principal a Nuestra Señora del Buen Aire, acompañada por San
Pedro y San Andrés, patronos vinculados igualmente al mundo marinero.
Para esta nueva disposición se encargó en 1600 un
retablo al escultor y arquitecto Juan de Oviedo y de la Bandera (ver). En el centro del conjunto debía situarse la imagen de
la Virgen del Buen Aire, realizada también por el propio Oviedo en 1606.
La escultura representa a la Virgen sedente, sobre un
trono de nubes y ángeles, sosteniendo al Niño Jesús, de pie sobre el regazo, y
portando en la mano derecha un galeón de plata, símbolo de su relación con el
mar y con las flotas de Indias. La composición responde al modelo iconográfico
de la “Mater Amabilis” o Virgen de la Ternura, difundido desde el siglo XV
dentro de una sensibilidad más humana. La serenidad del rostro, la ligera
inclinación de la cabeza y la suave sonrisa transmiten calma y protección. Juan
de Oviedo concibió una imagen destinada a inspirar confianza y sosiego a
quienes partían hacia lo desconocido.
Virgen
del Buen Aire
Detalle
de la Virgen
En 1681, por Real Cédula de Carlos II, se fundó el Real
Colegio Seminario de San Telmo, destinado a formar a niños huérfanos como
futuros pilotos y marinos de la Armada y de la Carrera de Indias. La
Universidad de Mareantes fue nombrada administradora perpetua de la
institución. Esta nueva fundación hizo necesaria la construcción de un gran
edificio extramuros de la ciudad, entre la Puerta de Jerez y el río
Guadalquivir, en unos terrenos conocidos como el haza de San Telmo.
Las obras comenzaron en 1682, aunque avanzaron
lentamente. No fue hasta 1704 cuando las imágenes titulares de la antigua
iglesia de Triana fueron trasladadas a la nueva capilla provisional del
colegio. Posteriormente, la llegada del arquitecto Leonardo de Figueroa supuso un
impulso decisivo para las obras del palacio y de su capilla, modificándose
incluso la orientación original del edificio.
Durante el siglo XVIII la imagen experimentó
importantes transformaciones. Diversos estudios y restauraciones realizadas por
el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico han demostrado que la talla
presenta dos fases constructivas diferenciadas. La parte original de Juan de
Oviedo fue modificada en 1725 por Pedro Duque Cornejo (ver), quien
transformó la escultura para convertirla plenamente en una imagen de bulto
redondo. También se renovó la policromía, atribuida a Domingo Martínez (ver), cuya
intervención es la que domina actualmente el aspecto de la obra.
El ajuar de la Virgen posee igualmente un
extraordinario valor artístico. El célebre galeón de plata y la media luna
fueron realizados en 1721 por el prestigioso platero Juan de Garay. Las coronas
de plata sobredorada, tanto de la Virgen como del Niño, corresponden a Antonio
Méndez y datan de 1758.
La historia posterior de la imagen quedó ligada a los
cambios sufridos por el propio Palacio de San Telmo. En 1849 el edificio fue
vendido a los duques de Montpensier, quienes lo transformaron en residencia
palaciega. Más tarde, en 1898, pasó al Arzobispado de Sevilla para convertirse
en Seminario Diocesano. La Virgen del Buen Aire continuó entonces presidiendo
la espiritualidad del lugar y se convirtió en protectora de generaciones de
seminaristas.
Cuando la Junta de Andalucía adquirió el palacio en 1989, la imagen fue trasladada temporalmente a una capilla de la Catedral de Sevilla. En 1998 regresó finalmente a la capilla del Palacio de San Telmo, mientras que una copia exacta del profesor Miñaro quedó instalada en el Seminario Diocesano.




