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Iglesia del Sagrario.
Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo de la Corona y Nuestra Señora del Rosario.
La Hermandad y Cofradía del Santísimo
Cristo de la Corona y Nuestra Señora del Rosario constituye una de las
corporaciones más singulares de la Sevilla contemporánea, tanto por la
antigüedad de sus raíces históricas como por el proceso de recuperación que permitió
devolver a la vida una devoción prácticamente extinguida durante más de un
siglo.
Su sede se encuentra en la Iglesia del
Sagrario de la Catedral de Sevilla, espacio estrechamente unido desde antiguo
al culto del Cristo de la Corona y escenario de buena parte de la historia
espiritual de la hermandad.
Los orígenes de la corporación se
remontan a la Baja Edad Media, existiendo noticias documentales de la
advocación de la Corona desde el año 1340. Aunque se desconoce la fecha exacta
de fundación de la antigua cofradía, ya a finales del siglo XVI aparecen
referencias claras a la “capilla de la Corona” situada en el entorno del
Sagrario catedralicio. Aquella primitiva hermandad, conocida en algunos
documentos como del Cristo de la Corona y Cruz a Cuestas, alcanzó una notable
popularidad entre los sevillanos y gozó de considerable prestigio durante los
siglos XVII y XVIII.
La corporación desarrolló una intensa
vida religiosa vinculada a la contemplación de la Pasión de Cristo. Sus reglas
promovían el culto al Nazareno coronado de espinas y con la cruz a cuestas, así
como la celebración de sermones cuaresmales y actos penitenciales destinados a
fomentar la devoción popular. La hermandad mantuvo además una estrecha relación
con otras corporaciones del entorno catedralicio y contó entre sus miembros con
destacados artistas y personajes de la nobleza sevillana, como Pedro Roldán,
José Montes de Oca, Matías de Arteaga o los condes de Cantillana.
En 1716 la cofradía abandonó
definitivamente las dependencias de la Catedral para instalarse en la nueva
parroquia del Sagrario, donde adquirió capilla propia y vivió una de las etapas
de mayor esplendor de su historia. Durante aquel periodo reunió un importante
patrimonio artístico y económico, compuesto por enseres, propiedades y piezas
litúrgicas de gran valor.
Sin embargo, el siglo XIX trajo consigo
una profunda decadencia. Las dificultades económicas obligaron a vender parte
de sus bienes y la actividad de la corporación fue disminuyendo progresivamente
hasta desaparecer hacia 1860.
Paralelamente existió en el mismo
templo la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, una congregación de carácter
glorioso y marcada presencia femenina fundada probablemente en el siglo XVII.
Esta corporación organizaba rosarios públicos por las calles de la collación de
Santa María y alcanzó notable popularidad en la Sevilla barroca. Algunas
crónicas atribuyen incluso a uno de aquellos rosarios celebrados en 1694 el
final de una intensa sequía tras unas rogativas públicas. Con el tiempo también
esta hermandad fue decayendo, aunque la devoción a la Virgen del Rosario
permaneció viva en la parroquia durante generaciones.
La recuperación del culto al Santísimo
Cristo de la Corona comenzó en 1989 gracias al impulso del párroco del
Sagrario, José Gutiérrez Mora, y de un grupo de jóvenes feligreses que
decidieron rescatar del olvido aquella antigua devoción. Poco después
comenzaron a organizarse los primeros vía crucis y actos de culto, germen de
una nueva asociación parroquial aprobada oficialmente en 1994. En ese proceso
de reorganización se incorporó como titular mariana la imagen de Nuestra Señora
del Rosario, histórica advocación del templo que había permanecido durante años
sin culto público.
La definitiva erección canónica como
hermandad de penitencia llegó en el año 2000, consolidándose así la
recuperación de una corporación histórica desaparecida más de un siglo antes.
Desde entonces realiza estación de penitencia en la tarde del Viernes de
Dolores, convirtiéndose en una de las cofradías de vísperas más sobrias y
recogidas de Sevilla. Su cortejo destaca por la austeridad, el silencio y el
carácter intimista de su recorrido por el entorno catedralicio, acompañado
únicamente por música de capilla y escolanía.
El principal titular de la hermandad es
el Santísimo Cristo de la Corona, una extraordinaria talla manierista de
finales del siglo XVI atribuida a un autor anónimo. La imagen representa a
Cristo en el momento de recibir la cruz camino del Calvario, abrazando el
madero vertical mientras avanza con amplia zancada y gesto sereno de profundo
dramatismo contenido. Se trata de una de las imágenes cristíferas más antiguas
de Sevilla y posee una singularidad iconográfica poco frecuente: porta la cruz
“al revés” respecto a la disposición habitual de los nazarenos sevillanos,
rasgo propio de ciertas representaciones manieristas anteriores al barroco.
Cristo de la Corona y Cruz a Cuestas
Detalle del rostro
Detalle del pie derecho
Detalle del pie izquierdo
La advocación del Cristo de la Corona
se relaciona históricamente con la veneración de una reliquia de la Santa
Espina, circunstancia que contribuyó a incrementar la devoción hacia la imagen
durante siglos. Su presencia austera y silenciosa en la tarde del Viernes de
Dolores constituye hoy una de las estampas más evocadoras de la antesala de la
Semana Santa sevillana.
Junto al Cristo recibe culto Nuestra
Señora del Rosario, magnífica imagen barroca realizada en 1638 por el escultor
portugués Manuel Pereira. La Virgen aparece de pie sosteniendo al Niño Jesús
mientras ofrece el rosario a los fieles, en una composición elegante y serena
característica de la escultura del siglo XVII. Restaurada recientemente, la
imagen ha recuperado gran parte de su esplendor original y continúa siendo
centro de especial devoción en el mes de octubre, cuando la hermandad celebra
sus cultos dedicados a la advocación rosariana.
Virgen del Rosario
Detalle de la Virgen del Rosario
Detalle de cabeza de querubines a los pies dela imagen
En las últimas décadas la corporación
ha ido afianzando su presencia en la vida cofrade de Sevilla. El vía crucis
anual del Cristo de la Corona por las calles de la feligresía, la estación
penitencial al Palacio Arzobispal y la celebración de actos extraordinarios con
motivo de aniversarios fundacionales han contribuido a consolidar una hermandad
joven en su reorganización moderna, pero profundamente antigua en sus raíces
espirituales.
Así, la Hermandad del Cristo de la Corona y Nuestra Señora del Rosario representa hoy el renacer de una tradición histórica sevillana que parecía perdida. Entre las piedras centenarias del Sagrario catedralicio continúa viva una devoción marcada por el recogimiento, la austeridad y la contemplación silenciosa de Cristo camino del Calvario.
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