domingo, 10 de mayo de 2026

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Iglesia del Sagrario.

Archicofradía Sacramental

La Archicofradía Sacramental del Sagrario de la Catedral de Sevilla hunde sus raíces en los albores del siglo XVI, en una época en la que la devoción eucarística comenzaba a adquirir una extraordinaria fuerza en los reinos hispánicos.

La tradición atribuye su fundación a doña Teresa Enríquez de Alvarado, conocida por la historia y la religiosidad popular como “La Loca del Sacramento”, noble castellana estrechamente vinculada a la corte de los Reyes Católicos y ferviente impulsora de las cofradías sacramentales en España.

Su llegada a Sevilla en 1511, acompañando al rey Fernando el Católico y a Germana de Foix, marcó el inicio de una institución destinada a convertirse en una de las corporaciones eucarísticas más antiguas y prestigiosas de la ciudad.

Doña Teresa trajo consigo la bula Pastoris Aeternis, concedida por el papa Julio II en 1508, documento que otorgaba privilegios e indulgencias a las hermandades dedicadas al culto del Santísimo Sacramento. Aquella iniciativa favoreció la expansión de las cofradías sacramentales por numerosas ciudades españolas, y Sevilla, profundamente marcada por el espíritu religioso de la época, acogió con entusiasmo la creación de esta hermandad vinculada a la Catedral.

Desde sus primeros años, la Archicofradía mantuvo una estrecha relación con el Cabildo Catedralicio, acompañando las grandes celebraciones litúrgicas del templo metropolitano y participando de manera activa en las solemnidades eucarísticas de la ciudad. Con el paso de los siglos fue consolidando su relevancia espiritual y ceremonial, hasta convertirse en una referencia indispensable del culto al Santísimo Sacramento en Sevilla.

Las primitivas reglas de la corporación desaparecieron a finales del siglo XVI, circunstancia que obligó a redactar nuevos estatutos aprobados en 1589 por las autoridades eclesiásticas hispalenses. Posteriormente, las ordenanzas serían revisadas y ratificadas en distintas ocasiones, reflejando la continuidad y vitalidad de la hermandad a lo largo del tiempo.

En 1615 la Archicofradía acordó celebrar anualmente una fiesta en honor de la Inmaculada Concepción, adelantándose así a la proclamación dogmática y convirtiéndose en una de las primeras corporaciones sevillanas que defendieron públicamente la pureza de María. Décadas después, en 1653, sus hermanos realizaron incluso voto solemne en defensa de este privilegio mariano.

La historia de la Archicofradía está también unida a importantes personalidades de la Iglesia. Entre sus hermanos figuraron los pontífices León XII y san Juan XXIII, este último responsable de concederle el título de pontificia. Del mismo modo, fue costumbre durante siglos que los arzobispos de Sevilla ingresaran como hermanos de la corporación, signo de la consideración y prestigio alcanzados dentro de la diócesis.

La sede de la hermandad se encuentra en la Iglesia del Sagrario, integrada en el conjunto monumental de la Catedral de Sevilla. Desde allí desarrolla una intensa vida cultual centrada en la adoración eucarística y en la participación en las grandes procesiones organizadas por el Cabildo. Entre todas ellas destaca la solemne procesión del Corpus Christi, una de las manifestaciones religiosas más importantes de la ciudad, en la que la Archicofradía desempeña un papel histórico y ceremonial de primer orden.

Sin embargo, uno de los actos más singulares y entrañables de la corporación tiene lugar en la mañana de la “Dominica in albis”, el segundo domingo de Pascua. En esa jornada se celebra la tradicional procesión de impedidos, destinada a llevar la comunión a enfermos y personas imposibilitadas para acudir al templo. La comitiva recorre las calles de la feligresía acompañando al Santísimo Sacramento en una manifestación de fe profundamente humana y caritativa, donde la solemnidad se mezcla con la cercanía y el recogimiento.

Abren el cortejo los célebres “niños carráncanos”, figuras inseparables de esta tradición sevillana. Vestidos con una indumentaria peculiar que hunde sus orígenes en el siglo XVIII, portan cirios rojos mientras avanzan con paso pausado delante del Santísimo. Su presencia aporta un aire ceremonial y antiguo que convierte la procesión en una de las estampas más evocadoras de la religiosidad hispalense.

Además de la procesión de impedidos y de su participación en el Corpus, la Archicofradía organiza numerosos cultos a lo largo del año. Entre ellos sobresalen la Función Principal de Instituto, celebrada tras la festividad del Corpus, y la procesión eucarística por el Patio de los Naranjos, donde el sonido de las campanas de la Giralda envuelve uno de los actos más íntimos y bellos del calendario sevillano. También rinde culto al Niño Jesús, a san Sebastián, al Cristo del Perdón, a santas Justa y Rufina y a otros titulares vinculados a su historia espiritual.

El patrimonio artístico que conserva la corporación constituye uno de los conjuntos más notables de la Sevilla barroca. La pieza más emblemática es el Niño Jesús realizado por Juan Martínez Montañés en 1606, obra maestra de la escultura española y modelo repetido innumerables veces por la imaginería posterior.

Niño Jesús. Martínez Montañés. 1606.

Detalle

La hermandad custodia además valiosas pinturas de Francisco Herrera el Viejo, Herrera el Mozo y Matías de Arteaga, así como bordados, insignias y piezas de orfebrería de extraordinaria riqueza. Entre ellas sobresalen el antiguo guion sacramental del siglo XVIII, el simpecado bordado en oro y diversas custodias y ostensorios empleados en las celebraciones eucarísticas.

Abraham y Melchisedec. Matías de Arteaga y Alfaro. 1690-1691. Óleo sobre lienzo. 

El racimo de la Tierra de Promisión. Matías de Arteaga y Alfaro. 1690-1691. Óleo sobre lienzo.

El paso del Jordán. Matías de Arteaga y Alfaro. 1690-1691. Óleo sobre lienzo. 230 x 295 cm. 

La ofrenda de Abigail a David. Matías de Arteaga y Alfaro. 1690-1691. Óleo sobre lienzo. 230 x 192 cm. 

El traslado del Arca de la Alianza a Jerusalén. Matías de Arteaga y Alfaro. 1690-1691. Óleo sobre lienzo. 230 x 295 cm.

Elías y el Ángel. Matías de Arteaga y Alfaro. 1690-1691. Óleo sobre lienzo. 230 x 295 cm.

Esther ante Asuero. Matías de Arteaga y Alfaro. 1690-1691. Óleo sobre lienzo. 230 x 333 cm.

La parábola de los invitados a la boda. Matías de Arteaga y Alfaro. 1690-1691. Óleo sobre lienzo. 230 x 291 cm.

La adoración del Cordero Místico. Matías de Arteaga y Alfaro. 1690-1691. Óleo sobre lienzo. 230 x 291 cm.

Triunfo de la Eucaristía. Francisco de Herrera el Mozo. 1655-1656. Óleo sobre lienzo.

La Archicofradía conserva asimismo la memoria de antiguas ceremonias y tradiciones desaparecidas en otros lugares. Durante siglos dispuso de un carruaje destinado a proteger el Santísimo en caso de lluvia durante las procesiones, una carroza de origen regio vinculada a la corte de los Montpensier que hoy se conserva como pieza histórica.

Más de cinco siglos después de su fundación, la Archicofradía Sacramental del Sagrario continúa siendo un símbolo de la devoción eucarística sevillana. Su historia resume buena parte de la espiritualidad, el arte y las tradiciones de Sevilla, manteniendo vivo un legado que ha atravesado generaciones y que aún hoy sigue llenando de solemnidad las naves catedralicias y las calles de la ciudad.

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