domingo, 10 de mayo de 2026

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Iglesia del Sagrario.

Hermandad de la Pura y Limpia Concepción del Postigo del Aceite.

La Hermandad de la Pura y Limpia Concepción del Postigo del Aceite constituye una de las devociones marianas más singulares y entrañables de Sevilla. Su historia, profundamente ligada al barrio del Arenal y al antiguo acceso portuario de la ciudad, resume siglos de religiosidad popular, fervor concepcionista y amor constante a la Virgen María bajo la advocación de la Inmaculada.

Sus orígenes se remontan al siglo XVII, aunque la devoción parece incluso anterior. Como ocurrió con muchas corporaciones sevillanas, no nació inicialmente de grandes fundaciones nobiliarias ni de complejas instituciones eclesiásticas, sino de la sencilla piedad del pueblo.

En torno al antiguo Postigo del Aceite, puerta por donde entraban mercancías procedentes del río y del Aljarafe, los vecinos comenzaron a venerar una pintura de la Virgen colocada en un pequeño retablo junto al arco. Aquel lugar de tránsito, frecuentado por comerciantes, marineros, cargadores y trabajadores del puerto, terminó convirtiéndose en un espacio de oración cotidiana para quienes atravesaban la muralla sevillana.

Antiguo Postigo del Aceite

Antiguo Postigo del Aceite

La iconografía de aquella primitiva representación respondía plenamente al fervor inmaculista que impregnaba Sevilla desde finales del siglo XVI. Rodeada de símbolos marianos tomados de la Letanía Lauretana —la fuente, el espejo, la luna o el pozo—, la imagen evocaba la pureza de María en una ciudad que ya defendía con apasionamiento el privilegio concepcionista mucho antes de su proclamación dogmática.

A lo largo del siglo XVIII la devoción fue adquiriendo una organización más estable hasta desembocar en la creación formal de la Hermandad. En aquellos años se levantó la pequeña capilla que aún hoy preside el entorno del Postigo y se encargó el retablo barroco que habría de albergar a la actual imagen titular. 

Capilla

Retablo barroco

La talla, de apenas ochenta centímetros, representa a la Virgen sobre la media luna, con las manos unidas sobre el pecho y un delicado movimiento ascensional que le confiere una apariencia casi ingrávida. Aunque su autor permanece desconocido, tradicionalmente se ha relacionado con el círculo artístico de Pedro Duque Cornejo por la elegancia de sus formas y la dulzura de su expresión.

Detalle de la Virgen

La corporación obtuvo reconocimiento eclesiástico a finales del siglo XVIII, aprobándose sus reglas tras un largo y costoso proceso ante el Consejo de Castilla. Desde entonces, la Hermandad centró su vida espiritual en el culto a la Inmaculada Concepción y en el rezo público del Rosario, una práctica profundamente arraigada en la Sevilla barroca. Los hermanos recorrían las calles del Arenal rezando y cantando alabanzas a la Virgen, mientras la pequeña capilla permanecía como un faro de fe abierto al paso diario de la ciudad.

Sin embargo, como tantas hermandades sevillanas, la corporación atravesó épocas difíciles durante los siglos XVIII y XIX. Las crisis económicas, las epidemias, los cambios políticos y la progresiva transformación de la sociedad afectaron gravemente a su estabilidad. Hubo momentos de decadencia en los que apenas podían mantenerse los cultos o sufragarse los entierros de los hermanos. Aun así, la devoción nunca desapareció del todo. Los vecinos del barrio continuaron cuidando la capilla y sosteniendo el culto a la Virgen incluso en los periodos en que la Hermandad languidecía institucionalmente.

El resurgir definitivo llegó a finales del siglo XIX y, sobre todo, durante el siglo XX. La reorganización de la corporación impulsó una nueva etapa de esplendor marcada por el aumento de los cultos, la restauración de la capilla y una creciente presencia en la vida religiosa sevillana. La celebración anual de la Novena, los besamanos, las salves y los actos en honor de la Inmaculada consolidaron nuevamente la devoción popular hacia la pequeña Virgen del Postigo.

Especial relevancia adquirió la Hermandad tras la profunda reorganización promovida en los años cuarenta por el canónigo don Antonio Lorán Fernández, figura decisiva para la revitalización de numerosas corporaciones sevillanas. Desde entonces, la Hermandad experimentó un notable crecimiento espiritual y patrimonial, manteniendo siempre un carácter sencillo y profundamente mariano.

La capilla del Postigo se convirtió así en uno de los rincones más queridos de Sevilla. Su reja abierta permite contemplar permanentemente a la Virgen desde la calle, haciendo realidad el deseo de acercar la imagen al pueblo. Sobre el arco puede leerse la tradicional jaculatoria “Bendita sea tu pureza”, síntesis perfecta del espíritu concepcionista que anima a la corporación desde sus orígenes.

A lo largo de las últimas décadas, la Hermandad ha protagonizado algunos momentos especialmente significativos. En 1993 la imagen participó en la Statio Orbis del Congreso Eucarístico Internacional presidido por Juan Pablo II, quien oró de rodillas ante la Virgen, gesto profundamente recordado por los sevillanos. Pero el acontecimiento culminante de su historia reciente fue la Coronación Canónica de la Pura y Limpia Concepción el 8 de diciembre del año 2000 en la Catedral de Sevilla, ceremonia presidida por el cardenal Carlos Amigo Vallejo.

Hoy, la Hermandad continúa siendo una de las expresiones más auténticas de la religiosidad popular sevillana. Su vida gira en torno al culto constante a la Inmaculada, la conservación de sus tradiciones y las obras de caridad, manteniendo vivo el espíritu de aquel pequeño grupo de vecinos del Arenal que, siglos atrás, decidió honrar a la Virgen en un humilde rincón junto a la muralla y el puerto de Sevilla.

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