lunes, 1 de junio de 2026

AREA CENTRO 2

Facultad de Bellas Artes.

La Facultad de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de la Universidad de Sevilla constituye uno de los principales centros de enseñanza artística de Andalucía y hunde sus raíces en la propia historia universitaria de la ciudad. Sus instalaciones se distribuyen actualmente entre dos inmuebles situados en el casco histórico sevillano: el edificio principal de la calle Laraña y un edificio anexo en la calle Gonzalo de Bilbao, incorporado al centro en 2006 tras un proceso de rehabilitación integral destinado a ampliar los espacios docentes y de investigación.

La sede principal ocupa el solar de la antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús, uno de los conjuntos religiosos y educativos más relevantes de la Sevilla moderna. Los orígenes del edificio se remontan a 1565, cuando comenzaron las obras del Colegio de Humanidades de los jesuitas en la entonces denominada calle de la Compañía. En su diseño intervinieron destacados arquitectos y religiosos de la orden, entre ellos Bartolomé de Bustamante y Giuseppe Valeriani, siendo posteriormente reformado y concluido por Juan Bautista Villalpando y por el maestro mayor de la Catedral, Hernán Ruiz el Joven. El conjunto quedó terminado en 1579 y pasó a convertirse en la primera Casa Profesa de los jesuitas en Sevilla.

La residencia se articulaba en torno a un amplio patio porticado con columnas de mármol y dependencias distribuidas en tres alturas. Parte de aquellos elementos originales han llegado hasta nuestros días, destacando algunas de las columnas conservadas en los patios de la actual facultad. El complejo contaba además con un segundo patio de menores dimensiones y zonas ajardinadas que se extendían hacia la actual calle Compañía.

Uno de los episodios decisivos en la historia del inmueble tuvo lugar en 1767, cuando la expulsión de los jesuitas decretada por el rey Carlos III dejó vacías sus dependencias. Poco después, el ilustrado Pablo de Olavide promovió el traslado de la Universidad de Sevilla desde el antiguo Colegio de Santa María de Jesús (ver) (del que actualmente solo queda la capilla, sita en la Puerta Jerez, esquina con la Avda. de la Constitución) hasta este edificio, convirtiéndolo en la nueva sede universitaria. La operación permitió ampliar notablemente los espacios académicos y modernizar la enseñanza conforme a los ideales reformistas de la Ilustración.

Durante casi dos siglos, entre 1771 y 1954, el antiguo edificio jesuítico albergó el Rectorado y buena parte de la actividad universitaria sevillana. La cercana Iglesia de la Anunciación permaneció vinculada a la institución como capilla universitaria y fue además sede de la Hermandad de los Estudiantes hasta mediados del siglo XX.

Entre los espacios históricos más destacados del conjunto figuraba su monumental escalera principal, coronada por una magnífica armadura ochavada de lacería mudéjar realizada a finales del siglo XVI. Asimismo, el antiguo claustro llegó a albergar una escultura en bronce de Rodrigo Fernández de Santaella, obra del escultor Joaquín Bilbao, que posteriormente fue trasladada a la antigua Fábrica de Tabacos.

En 1924, dentro de las actuaciones urbanísticas emprendidas con motivo de la preparación de la Exposición Iberoamericana de 1929, el arquitecto José Gómez Millán dirigió una profunda reforma de la fachada principal, otorgándole una estética regionalista acorde con las tendencias arquitectónicas del momento.

Tras el traslado de la Universidad a la antigua Real Fábrica de Tabacos durante la década de 1950, el edificio quedó sin uso y acabó siendo demolido en gran parte. Únicamente sobrevivieron la Iglesia de la Anunciación (ver), algunos restos del antiguo claustro y la cripta situada bajo el templo, convertida posteriormente en el célebre Panteón de Sevillanos Ilustres (ver). Sobre el solar resultante se levantó el actual edificio de la Facultad de Bellas Artes, proyectado por el arquitecto José Galnares Sagastizábal (ver) y concluido en 1970.

Fachada a la calle Laraña

La moderna facultad dispone de más de 23.000 metros cuadrados distribuidos en cuatro plantas y tres niveles subterráneos. En ella se concentran los servicios administrativos y académicos del centro, incluyendo el Decanato, la Secretaría y los departamentos de Dibujo, Pintura y Escultura e Historia de las Artes Plásticas. Sus instalaciones albergan además aulas especializadas, talleres artísticos, espacios de investigación, dependencias técnicas, aparcamientos y servicios para estudiantes.

Destaca el patio principal porticado con columnas que sostienen arcos de medio punto. El espacio de forma aproximadamente triangular que se genera entre los lados de dos arcos contiguos (enjuta), se ocupa con azulejos de diferentes artistas.

Detalles del patio

Detalles del patio

Cristóbal Ramos

Francisco de Zurbarán

Diego Velázquez

Juan de Mesa

Juan Martínez Montañés

Francisco Pacheco

Francisco de Ocampo

Bartolomé Esteban Murillo

Pedro Roldan 

Juan de Valdés Leal

Luisa Roldan La Roldana

Francisco de Herrera el Mozo

Virgilio Mattoni

Blas Molder

José García y Ramos

Juan de Astorga

Cornelio Schult

Joaquín Bilbao

Joaquín Cabral

Sebastián Santos

Juan de Espinal

Enrique Pérez Comendador


 Y contiene diferentes esculturas.






Gracias a esta singular combinación de patrimonio histórico y equipamientos contemporáneos, la Facultad de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría representa hoy uno de los focos fundamentales para la formación de artistas, restauradores e investigadores del arte en Andalucía, manteniendo viva una tradición docente que se desarrolla en uno de los enclaves con mayor carga histórica de la Sevilla universitaria.

AREA CENTRO 2

Palacio de la Condesa de Lebrija.

El Palacio de la Condesa de Lebrija constituye uno de los ejemplos más singulares del patrimonio civil sevillano, de estilo mudéjar-renacentista. Situado en el número 8 de la calle Cuna, en pleno centro histórico de Sevilla, este edificio reúne en un mismo espacio la esencia de la casa-palacio andaluza, el coleccionismo artístico de comienzos del siglo XX y una de las más importantes colecciones privadas de antigüedades romanas conservadas en España.

Sus orígenes se remontan al siglo XVI, cuando fue construido como residencia señorial siguiendo el modelo característico de la arquitectura doméstica sevillana. 

Inicialmente perteneció a la familia Pabia, pasando posteriormente a los condes de Miraflores. Sin embargo, la personalidad que hoy define al palacio se debe fundamentalmente a la intervención de doña Regla Manjón y Mergelina, condesa de Lebrija, quien adquirió la propiedad en 1901 y emprendió una profunda restauración que se prolongó durante trece años.

Doña Regla Manjón fue una figura excepcional en la vida cultural española de su tiempo. Nacida en Sanlúcar de Barrameda en 1851, destacó por su formación intelectual, su interés por la arqueología y su labor como mecenas. Fue la primera mujer en ingresar en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y más tarde fue nombrada académica correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Asimismo, formó parte de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, desempeñando un papel relevante en la defensa y difusión del patrimonio cultural.

La condesa concibió el edificio como una auténtica casa-museo. Lejos de limitarse a decorar sus estancias con obras de arte, transformó la arquitectura del inmueble para adaptarla a las piezas arqueológicas y artísticas que iba incorporando a su colección. Muros, salas y patios fueron modificados para albergar mosaicos, esculturas, artesonados, azulejos y elementos arquitectónicos procedentes de distintos lugares de Andalucía. El resultado fue una residencia única donde la arquitectura y las colecciones forman un conjunto inseparable.

Exterior

La entrada renacentista está flanqueada por columnas que sostienen un entablamento sobre el que apoya el balcón central, con antepecho de hierro de forja y rematado por un frontón curvo. La puerta de madera es maciza de caoba del siglo XVI. 

Portada

Entrada

Balcón

Detalle

Detalle
Detalle

Zaguán

Al atravesar el zaguán, el visitante encuentra una muestra del carácter excepcional del edificio. El pavimento está formado por un magnífico mosaico romano tipo "opus sectile" hallado en el año 1902 en el corral de la casa número 23 de la calle de la Alegría, en Santiponce, a una profundidad de cinco metros, en las proximidades de la antigua ciudad de Itálica. 

Zaguán

Vista del zaguán desde el interior

Detalle de la reja

Detalle del pavimento

Detalle del artesonado

Las paredes aparecen revestidas con azulejos del siglo XVIII, procedentes de una finca de los abuelos de doña Regla, que representan alegorías de las estaciones del año, los continentes, las artes (poesía, música, escultura y pintura) y diversas virtudes (la Fe y la Paz). 

Detalle de los azulejos

La Fe

La Paz

África

Asia

Europa

América

La Paz

Ver, Oír, Palpar

Gusto, Oler

La música

La poesía

Detalle del arco

La escultura

La pintura

A ello se suman pinturas religiosas (una Virgen de la Antigua, una cruz, un Santo Tomas del siglo XVII) y los escudos heráldicos familiares, creando un conjunto de gran riqueza visual.

Virgen de la Antigua

Cruz

Santo Tomas

Escudos heráldicos familiares

Detalle del artesonado

Sala de piezas de barro

Desde el zaguán, por una puerta lateral se accede a una pequeña habitación que contiene una colección de piezas de barro. 

Se trata de un grupo de figuras, la mayoría de pequeño formato, que decoraban algunas estancias de la planta superior del Palacio. 

Entre las piezas, destacan seis obras del escultor sevillano Antonio Susillo (1855 - 1896), una de las grandes figuras del panorama escultórico español del último cuarto del siglo XIX. 

Muy difícil de fotografiar porque el cristal que las protege hace reflejos.

Puerta de acceso

Vitrina

Cuadro de la Adoración de los pastores

Jarrón de barro cocido sin policromar. A. Rodríguez del Villar. 1903

Detalle del Jarrón de barro

Detalle del Jarrón de barro

Juan Martínez Montañés. Boceto en barro cocido sin policromar. Antonio Susillo. 1894

La primera contienda. Boceto en barro cocido sin policromar. Antonio Susillo 1884

Fray Bartolomé de las Casas. Boceto en barro cocido sin policromar. Antonio Susillo. 1894

Recuerdo al ángel Manuel Rodríguez Martin. Relieve en barro cocido sin policromar. Antonio Susillo. 1882

Boceto Monumento al Agua. Enrique Pérez Comendador. 1963

La distribución del palacio responde a una costumbre tradicional de las residencias nobiliarias andaluzas, con distribución a entorno a un patio principal. La planta alta estaba destinada a vivienda de invierno, mientras que la planta baja se utilizaba durante los meses más cálidos del año.

Patio Principal

Así, el corazón del palacio es su patio principal, considerado uno de los espacios más impresionantes de la arquitectura doméstica sevillana. 

Sus galerías conservan pavimentos romanos realizados con mármoles de diversos colores, serpentinas y pórfidos procedentes de excavaciones realizadas en un corral de Santiponce en 1904.

El patio está rodeado de columnas dieciochescas, con éntasis y capiteles toscano, excepto las dos más cercanas a la puerta del zaguán que ostentan capiteles tallados al estilo del siglo XVI, adornándose con yeserías mudéjares, inspiradas en modelos históricos sevillanos.

Al igual que ocurre en el zaguán, la solería de las galerías del Patio Principal está realizada mediante la técnica del "opus sectile" y se fecha en el siglo III d. C. Los pavimentos de las galerías de Levante y Poniente, compuestos por una rica combinación de mármoles de gran calidad, serpentinas y pórfidos, proceden de los restos hallados en un corral de Santiponce en 1904. Por su parte, los pavimentos de las galerías Norte y Sur fueron recuperados en distintos puntos de los olivares que rodean esta histórica localidad, vinculada al antiguo asentamiento romano de Itálica.

Vista general del patio

Vista general del patio
Vista general del patio
Vista general del patio

Vista de una galería

En el centro destaca el célebre mosaico de Pan y Galatea, procedente de una zona de Santiponce conocida como “Olivar de los Palacios”, propiedad de la Condesa de Lebrija y que instaló en su casa en 1914. 

Se trata de un mosaico de “opus tessellatum”, es decir, pequeños cubos o teselas de mármoles y piedras de diversos colores con los que se dibujan personajes y escenas mitológicas. 

Es una obra monumental (6,85 x 6,82 metros) de finales del siglo II o comienzos del III d. C. que representa, en el centro, al dios Pan cortejando a la ninfa Galatea tocando la flauta. Alrededor de la escena principal diversos episodios mitológicos relacionados con Leda recibiendo a Zeus en forma de cisne, Europa dispuesta a ser raptada por Zeus transformado en forma de toro, Ganímedes dando de beber una copa a Zeus como águila y Dánae recogiendo en su seno a Zeus hecho lluvia de oro, Calisto transformada en una osa que va a ser cazada por su propio hijo Arcas. Los medallones de las esquinas representan los bustos de las cuatro estaciones del año: Invierno (juncos en la cabeza), Primavera (flores), Verano (espigas) y Otoño (pámpanos). 

Su tamaño, calidad artística y excelente estado de conservación lo convierten en una de las piezas más destacadas del mosaico romano hispano.

Vista del mosaico desde una galería del patio

Vista del mosaico desde el piso superior

Dios Pan

Leda recibiendo a Zeus en forma de cisne

Ganimedes dando de beber una copa a Zeus como águila

Dánae recogiendo en su seno a Zeus hecho lluvia de oro

Europa dispuesta a ser raptada por Zeus transformado en forma de toro

Leda recibiendo a Zeus 

Leda recibiendo a Zeus en forma de cisne

Verano (espigas)

Primavera (flores)

Invierno (juncos )

Otoño (pámpanos

Rodeando el patio se dispone una interesante colección de tinajas pertenecientes a distintas épocas, de los siglos XII y XIII. Entre ellas destacan cinco ejemplares de origen andalusí, algunas decoradas con representaciones de caballos y perros, motivos de clara influencia persa que pueden relacionarse con los primeros tiempos del arte islámico, cuando aún era habitual el uso de figuras animales en determinados contextos decorativos. Estas piezas se alternan con numerosos brocales de pozo, unos de procedencia islámica y otros pertenecientes a épocas más antiguas, cuyo origen exacto permanece desconocido. 

Pilas, tinajas y brocales islámicos y mudéjares de los siglos XII y XIII

Pilas, tinajas y brocales islámicos y mudéjares de los siglos XII y XIII
Pilas, tinajas y brocales islámicos y mudéjares de los siglos XII y XIII
Pilas, tinajas y brocales islámicos y mudéjares de los siglos XII y XIII
Pilas, tinajas y brocales islámicos y mudéjares de los siglos XII y XIII
Pilas, tinajas y brocales islámicos y mudéjares de los siglos XII y XIII
Pilas, tinajas y brocales islámicos y mudéjares de los siglos XII y XIII
Pilas, tinajas y brocales islámicos y mudéjares de los siglos XII y XIII

La presencia del arte musulmán se completa con el contenido de varios armarios expositores instalados en las galerías del patio, donde se conservan diversos objetos de esta misma tradición cultural. 

Objetos diversos de hueso de época romana. Siglo II, d.C.

Objetos de bronce. Monedas romanas. Asas de calderos. Fragmento de una ley municipal. . Siglo I d.C.

Arte Califal. Placa de mármol decorada con un león atacando a una gacela. Encargada por Almanzor en Medina Azahara. Año 987

Arqueología Americana. Cerámica precolombina de Méjico y Perú. Siglo XII a XV. Objetos de arte tradicional centroamericano

Cerámica musulmana. Fragmentos de tinajas, ánforas y brocales de pozos. Siglo X-XII

Cerámica musulmana. Cerámica común modelada y a torno. Candiles de aceite para iluminación doméstica. Siglos X-XIII.

Cerámica musulmana. Fuentes policromadas árabe. Candiles de aceite para iluminación doméstica. Cerámica común modelada y a torno. Siglos X-XIII.

Cerámica musulmana. Fuentes policromadas árabe. Candiles de aceite para iluminación doméstica. Cerámica común modelada y a torno. Siglos X-XIII.

Estatua romana

Detalle de la Estatua romana
Detalle del rostro de la Estatua romana
Detalle de un pie de la Estatua romana
Estatua romana
Estatua romana
Detalle del rostro de la Estatua romana
Detalle de un pie de la Estatua romana

Cabeza romana

Detalle

Cabeza romana
Detalle

La presencia de esta extraordinaria colección está estrechamente vinculada al auge del coleccionismo arqueológico que caracterizó los primeros años del siglo XX. En aquellos años numerosos hallazgos procedentes de Itálica salían a la luz de forma fortuita en huertos, olivares y corrales de Santiponce. La condesa adquirió muchas de estas piezas y llegó incluso a comprar terrenos donde sospechaba la existencia de restos arqueológicos. Aunque algunas de estas actuaciones dieron lugar a disputas legales con el Estado, su interés no respondía únicamente al afán coleccionista, sino también al deseo de preservar y estudiar un patrimonio que en muchos casos corría peligro de desaparecer.

Sala de la Condesa de Lebrija y la Arqueología

“Doña Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, fue un baluarte de la Arqueología y de la Cultura en la Sevilla de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Hizo de su Palacio un museo, del que dejó una preciosa descripción literaria, preciosamente ilustrada.

Su legado histórico y cultural ha sido recientemente revitalizado por su sobrina-bisnieta, Doña Isabel de León Borrero, Marquesa de Méritos, heredera de las dotes de mecenas de su antecesora. Este espacio museográfico ha sido ideado por la Marquesa de Méritos, para perpetuar en el Palacio el espíritu artístico de la Condesa de Lebrija.

Doña Regla se consideraba una apasionada de la Arqueología y de hecho el objeto de sus desvelos fue la ciudad romana de Itálica (Santiponce, Sevilla). Los hallazgos arqueológicos espléndidos, que forman el núcleo de la Colección Lebrija, proceden de Itálica, donde llegó a emprender alguna excavación arqueológica. En este primer espacio se exhiben varias piezas escultóricas, cuya calidad artística es apreciable, a pesar del deterioro y de las consecuencias de alguna reelaboración. Atraídos por el interés de la Colección, acudieron a visitarla historiadores del arte como Manuel Gómez Moreno y arqueólogos como Frederik Poulsen.

Como artista se la evoca en el segundo espacio. Lo preside su retrato vestida a la egipcia y a ambos lados se ven cuadros pintados por ella misma, uno de los cuales representa su estudio. En él vibra la personalidad de la autora, pues, aunque la mezcla de objetos artísticos quiere aparentar un desorden de corte bohemio, no oculta la organización propia de un sentido estético sensible al refinamiento y a la armonía. De su amistad con artistas de la época se conservan cartas y escritos, algunos de los cuales se muestran en una vitrina. En otra se pueden contemplar objetos de su uso personal, en los que se reconocen el buen gusto y la finura que la caracterizaban.

Doña Regla en persona. Eso es lo que el tercer espacio depara al visitante. El retrato del gran pintor Joaquín Sorolla nos la muestra como probablemente ella quería ser vista y el pintor comprendió. La personalidad de la artista, de la coleccionista, de la amante de las antigüedades arqueológicas, está maravillosamente captada y representada por los apuntes y bocetos que llenan las paredes del fondo y por la cerámica romana que sostiene en las manos. La atmósfera del cuadro, reposada y serena, sugiere la intimidad de su estudio, de la que emerge serena y satisfecha la mecenas, la académica, la entusiasta de la Arqueología, la poetisa. De todas esas facetas hay pruebas en vitrinas exquisitas, como también las hay de las actividades benéficas y de las obras sociales, que nunca dejó de realizar.

Al final del recorrido el visitante saldrá con mayor curiosidad e interés por adentrarse en las colecciones y ambientes, que aún evocan a la Condesa de Lebrija”.

El estudio. Óleo sobre lienzo. Regla Manjón. 1880

Retrato de Doña Regla Manjón. Vestida de egipcia. Antonio Rivas. 1882

Detalle

La cacatúa ninfa. Óleo sobre lienzo. Regla Manjón. 1880

Acto en que Carlos III conde al marqués de Méritos el ingreso en la Orden de Calatrava. Óleo sobre lienzo. Anónimo 1762

Chica tocando la guitarra. Óleo sobre lienzo. Condesa de Lebrija. 1880

Cabeza de un Dios joven. De Itálica

Torso femenino de diosa o personificación. De Itálica. Época Adriana-antoniniana 

Cabeza masculina de un Dios joven. De Itálica

Retrato de Doña Regla Manjón, condesa de Lebrija. Joaquín Sorolla. 1914

Detalle

Sala de Ganímedes

Esta sala recibe el nombre de Ganímedes, que deriva de un mosaico que recubre el suelo.

En el centro se halla una circunferencia, dentro de la cual, aparece Ganímedes en el momento en que es raptado por Zeus en forma de águila, para hacerlo su amante y servidor en el Olimpo, mientras su perro contempla asustado el secuestro.

Contiene el mosaico tres semicírculos que se conservan en buen estado, el tigre, el león y la pantera, pero el resto ha tenido que ser muy restaurado, lo que se aprovechó para incluir la palabra SALVE, como signo de bienvenida a todos los visitantes de la casa.

En esta estancia también encontramos una extraordinaria colección de restos epigráficos y una inscripción honorífica dedicada a Adriano y a su esposa Sabina.

Mosaico

Mosaico

Detalle de Ganímedes en el momento en que es raptado por Zeus en forma de águila

Detalle del tigre

Detalle de la pantera

Detalle del león

Salón de las columnas

Es la sala de mayores dimensiones del conjunto de estancias. Destacan dos columnas romanas, una de mármol de color verde y la otra de una gran variedad de colores. Sobre una de ellas hay un hermoso capitel blanco de la misma procedencia.

El suelo está recubierto por un mosaico que originalmente estaba instalado en el salón central y tiene un tapiz continuo de esvásticas enmarcadas en círculos, en cuyo centro se ve un cuadro formado por corazones y puntas labradas de piedras rojas y verdes; este pavimento esta rodeado de una franja de grandes teselas de cerámica que forman una U alrededor del tema geométrico; la disposición corresponde a un “triclinium” o comedor con las tres zonas reservadas a los divanes o “clines” de los comensales.

Adosados en las paredes se han colocado fragmentos de mosaicos procedentes todos del mismo lugar, pero muy deteriorados. Debió este pavimento contener cinco medallones, de los cuales solo quedan dos, incompletos uno y el otro en perfecta conservación. Enmarcado y de mayor tamaño es el que representa a Baco, cabalgando sobre una pantera.

El techo está decorado con yeserías clasicistas.

Vista general del salón de columna.

Vista general del salón de columna.

Imagen central

Detalle

Estatua

Detalle

Sala de la Medusa

La Sala de la Medusa debe su nombre al magnífico mosaico, excepcionalmente bien conservado y de notable riqueza compositiva, que cubre la totalidad de su pavimento. Esta pieza fue hallada en 1907 en el olivar de Los Palacios y constituye uno de los conjuntos más destacados de la colección. Las paredes de la estancia se enriquecen asimismo con diversos mosaicos de menores dimensiones, dispuestos como si fueran cuadros y enmarcados mediante delicadas yeserías, creando un conjunto decorativo de gran armonía y evocador del refinamiento artístico del mundo romano.

Mosaico

Detalle de la Medusa

Sala Dionisos

La Sala de Dionisos, antiguamente un patio, conserva mosaicos geométricos procedentes de un patio de corral de la calle Trajano, cerámicas, vidrios y numerosos objetos procedentes de excavaciones arqueológicas.

Los mosaicos más interesantes cuelgan de las paredes. Hay dos trozos de mosaicos incompletos, que pertenecían al suelo de uno de gran tamaño encontrado en 1908, que representa en el centro un árbol, a la derecha de este un jabalí y más arriba un patito y un jilguero, el otro a la izquierda del árbol presenta un caballito y más arriba un pájaro. El nombre de Dionisio procede de un torso masculino de mármol.  

Vista general de la sala Dionisos

Mosaico del suelo

Mosaico del suelo

Mosaico de la pared

Mosaico de la pared
Mosaico de la pared
Mosaico de la pared

Busto de Dionisos. Sobre un brocal de pozo

Salón Ochavado

Se trata de un pavimento en un patio octogonal con fuente, para el que se remodeló la habitación que comunica el salón principal con la sala Dionisos. En el centro, la taza de la fuente está cubierta por un ajedrezado de rombos verdes, negros y blancos.

Es el primer mosaico adquirido por la condesa en el año 1901 y se sitúa en época de Adriano.

Se expone un cuadro con el triunfo de Baco, se reconocen los dos tigres que tiran del carro en el que Baco regresa triunfante de su viaje a la India.

Mosaico del suelo

Mosaico de la pared. Triunfo de Baco

Mosaico de la pared

Comedor de verano

Varios paneles de azulejos y guardillas, pintados en azul que revisten las paredes. En las paredes destacan varios platos de Talavera de la Reina, de los siglos XVI y XVII, dos platos azules de Delf del siglo XVIII y otros más de Manises del siglo XIX. El techo pintado a mano,  con los mismos dibujos del zócalo.

Vista general

Vista general

Escalera principal

La escalera principal constituye otro de los espacios más sobresalientes del edificio. En ella se integran un espectacular artesonado mudéjar procedente del antiguo palacio de los duques de Osuna y Arcos en Marchena, realizado en caoba y oro.  El friso renacentista, hecho de yesería, procede del mismo palacio. Los azulejos son de los siglos XVI y XVII, y provienen del Convento de San Agustín, de Sevilla, que estaba en ruinas. 

Este espacio resume perfectamente el espíritu de la restauración impulsada por la condesa, basada en la recuperación y reutilización de elementos artísticos de gran valor histórico.

Escalera principal

Escalera principal

Detalle

Escalera principal
Escalera principal

Detalle y visión del friso

Detalle y visión del friso
Detalle

Detalle del tapiz

D. Antonio Caballero de Illecas

Detalle del artesonado

Detalle de azulejo

Patio de verano

El llamado Patio de Verano, o jardín interior, es un espacio más íntimo y reposado que aporta luz y frescura a las dependencias del palacio. 

La fuente que originalmente ocupaba el centro del Patio Principal fue trasladada a esta zona durante las reformas promovidas por la condesa, creando un ambiente de carácter doméstico que contrasta con la monumentalidad del patio central. 

Desde este ámbito se establecen relaciones visuales con varios de los salones arqueológicos de la planta baja, reforzando la sensación de continuidad entre arquitectura, jardín y colección artística.










Planta Superior

La planta superior, donde no permiten las fotografías, conserva el ambiente residencial de la familia y permite conocer el modo de vida de la aristocracia sevillana de finales del siglo XIX y comienzos del XX. 

Salones decorados con mobiliario de época, colecciones de porcelana, abanicos, pinturas, tapices y objetos de artes decorativas evocan las reuniones culturales que tuvieron lugar en el palacio. 

Por sus estancias pasaron intelectuales, artistas y personalidades de la vida social sevillana, atraídos por la personalidad de su propietaria y por la riqueza de sus colecciones.

Pasillo 

Pasillo 

Capilla (ver) CC BY 3.0)

Salita (ver) CC BY 3.0)

Comedor principal (ver) CC BY 3.0)

El Salón del Obispo, donde se alojó un Obispo durante un Congreso Eucarístico que se organizó en la época en Sevilla, en él ahora hay muebles de estilo imperio y pinturas españolas del siglo XIX. 

El Salón Español debe su nombre a que el mobiliario que contiene, es, la mayoría, de arte español, además de un sofá de arte portugués del siglo XVII. 

En el Salón Heráldico se encuentran todos los escudos de armas con los apellidos de la familia. 

Posteriormente, en el Salón Árabe se puede apreciar un rico artesonado de estilo mudéjar pintado sobre madera, tapices bordados en oro y piezas originales de los países orientales. Este lugar solía ser el salón de té y de fumar. 

El Salón Barroco contiene una gran colección de pinturas españolas y religiosas del siglo XIX, un artesonado de estilo mudéjar y varias vitrinas doradas que contienen objetos personales y coleccionados por la Condesa. También hay que destacar en este salón la gran colección de “Cloisoné” chino con figuras talladas en marfil del siglo XIX. Éste era un salón de recepción, sólo para ocasiones formales.

Especial relevancia posee la biblioteca, con su artesonado original del siglo XVI, que conserva varios miles de volúmenes reunidos por la condesa y su esposo, Federico Sánchez Bedoya. 

Junto a ella destacan las galerías decoradas con bargueños, retratos familiares y piezas de arte europeo que testimonian el refinado gusto coleccionista de sus propietarios.

Hoy, convertido en museo y abierto al público, el Palacio de la Condesa de Lebrija sigue siendo uno de los lugares más fascinantes de Sevilla. Su singular combinación de arquitectura renacentista y mudéjar, colecciones arqueológicas, artes decorativas y memoria histórica lo convierten en una visita imprescindible para comprender la riqueza cultural de la ciudad y la extraordinaria labor de una mujer que dedicó gran parte de su vida a la conservación y difusión del patrimonio artístico.