martes, 30 de junio de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen del Voto Concepcionista.  Iglesia del Salvador.

Virgen del Voto Concepcionista

La Virgen del Voto es una de las imágenes marianas de mayor significado histórico y doctrinal de la Iglesia Colegial del Divino Salvador de Sevilla. Bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, esta talla representa el profundo compromiso de la ciudad con la defensa del privilegio concepcionista de María, una devoción que marcó la espiritualidad sevillana durante los siglos XVI y XVII y que convirtió a Sevilla en uno de los principales baluartes de esta causa mucho antes de la proclamación oficial del dogma por el papa Pío IX en 1854.

La historia de la imagen está estrechamente ligada a la Archicofradía Sacramental del Salvador. Ya en sus reglas de 1543 la corporación celebraba la festividad de la Concepción de María, reflejando una temprana adhesión a esta creencia. Sin embargo, el momento decisivo llegó en 1653, cuando los hermanos realizaron el denominado Voto Concepcionista, un solemne juramento público mediante el cual se comprometían a defender que la Virgen María había sido concebida libre de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su existencia.

Para perpetuar aquel acontecimiento, al año siguiente se encargó una imagen de la Inmaculada, realizada por un escultor cuyo nombre permanece desconocido. La documentación conserva el pago de 300 reales por la talla, aunque la elevada calidad artística de la obra hace pensar que pudo salir de las manos de alguno de los grandes maestros activos en la Sevilla barroca.

La creación de la Virgen del Voto se produjo en uno de los momentos de mayor fervor inmaculista de la ciudad. Desde comienzos del siglo XVII, Sevilla se había convertido en el centro de un poderoso movimiento espiritual encabezado por destacados eclesiásticos como Mateo Vázquez de Leca y Bernardo de Toro, quienes defendieron en Roma la causa concepcionista ante los papas Paulo V, Gregorio XV y Urbano VIII. A esta corriente se unieron intelectuales y artistas como Juan Martínez Montañés, Francisco Pacheco, Juan Bautista Vázquez el Viejo y el poeta Miguel Cid, autor de la célebre copla “Todo el mundo en general, a voces Reina escogida, diga que sois concebida sin pecado original.

La imagen responde plenamente al modelo iconográfico de la Inmaculada desarrollado por la escuela sevillana. María aparece representada como una joven de delicada belleza, con las manos unidas en actitud orante y la mirada elevada hacia el cielo, simbolizando su absoluta pureza.

Detalle de la Virgen del Voto 

Detalle de la Virgen del Voto 

Detalle de la Virgen del Voto 

Durante los siglos XVII y XVIII la Virgen del Voto recibió un importante patrimonio artístico fruto de la devoción de los fieles. En origen contó con una ráfaga y una media luna de plata, hoy desaparecidas, así como un magnífico ajuar compuesto por manto, saya, corpiño y mangas, todos ellos realizados con extraordinaria riqueza técnica. Estas piezas constituyen algunos de los mejores ejemplos del bordado barroco sevillano y sirvieron de inspiración para numerosos talleres posteriores.

Entre todas ellas sobresale el excepcional manto bordado realizado en terciopelo azul y enriquecido con bordados de oro. La tradición lo fecha en 1687 y presenta la singularidad de conservar bordadas tanto la inscripción con el nombre de su posible autor, Felipe de Morales, como la del mayordomo de la Archicofradía, Juan José de la Barrera, junto con la fecha de su ejecución, circunstancia muy poco frecuente en este tipo de obras. Su elegante composición reproduce además el collar de la Orden de Carlos III y el Toisón de Oro, símbolos de la especial protección dispensada por la monarquía española a la causa de la Inmaculada Concepción. A lo largo de los siglos ha sido objeto de diversas intervenciones de conservación, entre ellas una destacada restauración realizada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, que permitió recuperar la riqueza de sus materiales y bordados.

Manto bordado

La imagen luce también una magnífica corona de plata labrada en estilo rococó por el platero José Alexandre y Ezquerra en 1771, una de las piezas más refinadas de su ajuar.

En el ámbito devocional resulta especialmente significativa la presencia, entre los atributos de la imagen, de un pequeño Libro de Horas. Estos manuscritos, muy difundidos en la Europa medieval y renacentista, reunían los rezos que marcaban las distintas horas canónicas del día, junto con salmos penitenciales, letanías y, sobre todo, el Oficio de la Virgen. Eran utilizados tanto por religiosos como por numerosos fieles laicos para ordenar su vida de oración cotidiana. La inclusión de este libro en la iconografía de la Virgen del Voto simboliza a María como modelo de contemplación y de escucha de la Palabra de Dios, al tiempo que recuerda la profunda dimensión espiritual de la devoción concepcionista.

Detalle del libro de la Virgen del Voto 

La Hermandad de Pasión heredó y continúa custodiando este valioso patrimonio. Su presencia constituye un permanente recuerdo del compromiso de la corporación con la defensa de la Inmaculada Concepción, una tradición compartida por otras hermandades históricas de Sevilla, como la Hermandad del Silencio, que desde 1615 había abrazado igualmente la causa concepcionista.

 ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Cirineo de la Hermandad de Pasión.

El Cirineo de la Hermandad de Pasión que recibe culto en la Iglesia del Salvador es obra del imaginero Sebastián Santos Rojas de 1969. Se estrenó en la Semana Santa de 1970. pero actualmente, el Señor de Pasión procesiona solo, ya que el cirineo dejó de salir tras un cabildo en 1974, donde Peláez del Espino culpó al Cirineo de los daños que sufría la imagen del Señor, por el contrapeso que ejercía.

Al verdadero Simón de Cirene, hombre fuerte y rudo, le obligaron a llevar la cruz. Se supone que no tenía ganas de ayudar al Señor, ni creía en Él; pero, cuando lo hizo, sintió que aquel hombre era víctima de una injusticia. Y así lo que había empezado como una obligación penosa acabó al revés. Fue Jesús, con su entrega, quien ayudó a Simón de Cirene para creer y cambiar su vida. Al Cirineo de Pasión le ocurrió lo contrario que al verdadero. Fue realizado expresamente para que ayudara al Señor de Pasión a llevar la cruz. Pero lo apartaron, cuando se decidió que el Señor quedaba mejor solo.

Situación actual del Cirineo en la puerta de acceso a la Sacristía

La figura de Simón de Cirene es un elemento clave en la historia de esta hermandad sevillana, con diferentes piezas patrimoniales asociadas a lo largo de los años:

En 1844, la hermandad de Pasión adquirió la cabeza y las manos de un San Isidoro procedente de la Antigua Casa Profesa de los Jesuitas (la iglesia de la Anunciación) para emplearlo como cirineo. Por la postura de su cabeza, se le llamó popularmente “el mirabalcones”. Al ser sustituido, se vendió en 1951, tal como nos informó José Aragón Gutiérrez, a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Aguilar de la Frontera (Córdoba).

En 1950, la Hermandad adquirió un Cirineo, cuya cabeza y una de sus manos se atribuyen a la gubia de Juan de Mesa, mientras que el resto del cuerpo lo comenzó José Rodríguez Fernández Andes y lo concluyó Luis Ortega Bru, encargándose de su policromía Juan Miguel Sánchez; figuró en el paso hasta 1969, siendo sustituido al año siguiente por la espléndida escultura de talla completa debida a Sebastián Santos Rojas, que hemos comentada fue suprimida del paso procesional en 1974.

Cabeza del Cirineo de Juan de Mesa

Cirineo de Sebastián Santos Rojas

Detalle del rostro

Visión frontal de los pies

Visión lateral del pie derecho

Visión lateral del pie izquierdo

lunes, 29 de junio de 2026

 RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Nuestra Señora del Socorro. 

La Virgen del Socorro representa el consuelo y la esperanza en medio del dolor, una advocación que, desde hace más de cuatro siglos, continúa despertando la devoción de generaciones de sevillanos y constituye uno de los grandes tesoros del patrimonio religioso de la ciudad.

Es la dolorosa titular de la Hermandad del Amor y una de las imágenes marianas de mayor personalidad artística y devocional de la Iglesia Colegial del Divino Salvador de Sevilla. Su serena expresión de dolor, la delicadeza de sus facciones y la elegancia con la que tradicionalmente se presenta al culto y procesiona bajo palio la han convertido en una de las grandes referencias de la Semana Santa sevillana.

Nuestra Señora del Socorro

La historia de la imagen se encuentra rodeada de un interesante debate artístico. La Hermandad sostiene que se trata de la misma Virgen contratada por Juan de Mesa y Velasco junto con el Santísimo Cristo del Amor. En efecto, la escritura otorgada ante el escribano Baltasar de Valdés el 13 de mayo de 1618, por la que el escultor se comprometía a realizar el crucificado, incluía también la ejecución de “una hechura de imagen de Nuestra Señora” de dos varas de altura, con brazos articulados y tallada hasta medio cuerpo, especificando que debía ser “de tristeza acabada en toda perfección”. Dos años más tarde, el 4 de junio de 1620, la carta de pago acreditaba la entrega tanto del Cristo como de la imagen de la Virgen, que vuelve a aparecer citada en el inventario de bienes de la corporación realizado en 1623.

Detalle de Nuestra Señora del Socorro

Detalle de Nuestra Señora del Socorro
Detalle de Nuestra Señora del Socorro
Detalle de Nuestra Señora del Socorro

Aunque diversos historiadores han atribuido la imagen a intervenciones posteriores, especialmente a Gabriel de Astorga durante el siglo XIX, la documentación conservada y el análisis de algunos elementos originales permiten mantener abierta la hipótesis de que el núcleo esencial de la talla corresponda realmente a Juan de Mesa. De ser así, constituiría una de las escasas dolorosas documentadas del gran discípulo de Juan Martínez Montañés, lo que aumentaría notablemente su importancia dentro del patrimonio escultórico sevillano.

A lo largo de los siglos la imagen ha experimentado diversas restauraciones. La primera de la que existe constancia documental data de 1804. En un libro de cuentas de la Hermandad, el mayordomo Marcos Álvarez de Valcárcel dejó constancia de haber sufragado personalmente los 450 reales que costó renovar la escultura y volver a estofarla. Aunque no existe certeza sobre el autor de esta intervención, algunos investigadores consideran posible que fuera realizada por Juan de Astorga, quien pertenecía a la Archicofradía desde 1803 y desarrolló diversos trabajos para ella.

Ya en el siglo XX, Antonio Castillo Lastrucci intervino la imagen en 1934, retocando la zona de los ojos y realizando un nuevo juego de manos. Sin embargo, la Virgen continúa luciendo habitualmente las manos consideradas originales por la mayoría de los especialistas, conservándose las realizadas por Lastrucci en el patrimonio de la corporación. Posteriormente, en 1967, Francisco Buiza efectuó una nueva restauración en la que refinó las facciones del rostro, renovó la policromía y sustituyó el candelero.

domingo, 28 de junio de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen de las Aguas. Iglesia del Salvador.

Virgen de las Aguas

La Virgen de las Aguas es una de las imágenes marianas más antiguas y veneradas de la Iglesia Colegial del Divino Salvador de Sevilla. Se trata de una talla sedente de la Virgen con el Niño, realizada en la segunda mitad del siglo XIII, que forma parte del grupo de las llamadas "vírgenes fernandinas", estrechamente vinculadas a la conquista cristiana de la ciudad por el rey Fernando III en 1248. Su historia, envuelta en tradición y devoción, la convirtió durante siglos en una de las principales protectoras de Sevilla y en un símbolo de la estrecha relación entre la monarquía castellana y la antigua Colegial del Salvador.

La tradición sostiene que fue el propio San Fernando quien donó la imagen al templo levantado sobre la antigua mezquita de Ibn Adabbás tras la conquista de la ciudad. Del mismo modo que la Virgen de los Reyes quedó vinculada a la nueva Catedral, la Virgen de las Aguas pasó a ser la gran imagen mariana del Salvador, considerado entonces el segundo templo en importancia de Sevilla.

El origen de su advocación ha dado lugar a diversas leyendas. La más difundida relata que, durante el asedio de Sevilla, una prolongada sequía amenazaba tanto a los sitiadores como a la población de la ciudad. Fernando III imploró la intercesión de la Virgen y, tras una aparición milagrosa, comenzaron las lluvias que pusieron fin a la escasez de agua. En agradecimiento, el monarca mandó realizar la imagen, que desde entonces recibió el nombre de Virgen de las Aguas.

Otra tradición, igualmente popular, cuenta que el rey soñó con la Virgen y encargó a varios escultores que reprodujeran la imagen contemplada en la visión. Cuando le presentaron las esculturas, dudó entre dos de extraordinaria belleza: la futura Virgen de los Reyes y la que hoy se conoce como Virgen de las Aguas. Incapaz de decidirse de inmediato, habría pronunciado la expresión “estoy entre dos aguas”, frase que, según la leyenda, dio origen a la advocación. Aunque carece de base documental, este relato pretendía situar a la imagen del Salvador en un plano de igualdad artística y devocional con la venerada patrona de la Catedral.

Más allá de las leyendas, la Virgen de las Aguas adquirió una enorme importancia en la religiosidad sevillana. Fue considerada protectora frente a las calamidades relacionadas con el agua, tanto por exceso como por defecto. Durante siglos presidió numerosas rogativas públicas organizadas para pedir el fin de las sequías o para implorar el cese de lluvias torrenciales e inundaciones. También era invocada para proteger los galeones que cruzaban el Atlántico hacia las Indias, así como a viajeros, navegantes y personas expuestas a los peligros de ríos, pozos y corrientes de agua. Crónicas antiguas recogen numerosos testimonios de gracias y favores atribuidos a su intercesión, consolidando una devoción que alcanzó su mayor esplendor entre los siglos XVI y XVIII.

La imagen conserva la serenidad y solemnidad propias de la escultura medieval, aunque fue transformada en época barroca, especialmente mediante una nueva policromía y adaptaciones estéticas que suavizaron algunos de sus rasgos originales. Aun así, mantiene las características esenciales de las imágenes fernandinas: una Virgen sedente que sostiene al Niño Jesús sobre su regazo, evocando el modelo de trono de la Sabiduría tan característico del arte medieval.

Virgen de las Aguas

Detalle de la Virgen de las Aguas

Detalle de la Virgen de las Aguas

El magnífico retablo que la alberga constituye una de las obras maestras del barroco sevillano del siglo XVIII. Fue contratado en 1726 al escultor y ensamblador José Maestre, quien concluyó la talla en 1731, aunque el conjunto no quedó completamente terminado hasta 1757, cuando Francisco Lagraña realizó el dorado. La arquitectura del retablo enmarca la imagen con una rica decoración de columnas salomónicas, exuberante ornamentación vegetal y abundante simbología mariana, creando un escenario de gran teatralidad que exalta la antigüedad y prestigio de la advocación.

Retablo de la Virgen de las Aguas

En el ático del retablo se desarrolla un interesante relieve dedicado al origen legendario de la imagen. 

Ático con relieve policromado que representa la aparición de la Virgen a San Fernando durante el asedio de Sevilla

La escena representa al rey San Fernando bajo una tienda de campaña adornada con flores, que sitúa la escena en el campamento de los cristianos, contemplando a la Virgen durante el cerco de Sevilla, rodeado por soldados y religiosos.  

Detalle de san Fernando

Al fondo aparece una idealizada representación de la Sevilla almohade, mientras la Virgen ocupa el centro de la composición, irradiando luz y presidiendo el episodio como auténtica protectora de la futura ciudad cristiana. 

Detalle de la Virgen

A la derecha de la imagen mariana aparecen otros cuatro personajes, algunos de los cuales podrían tratarse de los escultores de la leyenda, tal y como nos sugiere el más situado al extremo, un joven aprendiz que porta un martillo.

Detalle de los escultores

Detrás del retablo se encuentra uno de los espacios más singulares del templo: el camarín barroco, proyectado en el siglo XVIII por Diego Antonio Díaz gracias al mecenazgo del cardenal Luis de Salcedo y Azcona, conocido como cardenal Solís. Se trata de un recinto de extraordinaria riqueza decorativa, concebido para resaltar el carácter sagrado de la imagen mediante una compleja escenografía de pinturas, yeserías y efectos de iluminación natural.

La Virgen se dispone sobre una peana giratoria que permite contemplarla desde distintos espacios. Habitualmente mira hacia el interior del templo, aunque puede girarse para orientarla hacia el camarín o hacia la ventana abierta a la calle Villegas, desde donde tradicionalmente recibía la veneración popular durante determinadas solemnidades, especialmente en la festividad del Corpus Christi. Este ingenioso sistema constituye una muestra del refinamiento técnico y litúrgico alcanzado por el barroco sevillano.

La antesala del camarín está decorada con pinturas que representan la aparición de la Virgen a San Fernando y una vista histórica de Sevilla, reforzando visualmente el relato fundacional de la devoción. Todo el conjunto fue concebido como una exaltación de la antigua imagen medieval y de su estrecha vinculación con la historia religiosa y política de la ciudad.

Hoy, la Virgen de las Aguas continúa siendo una de las joyas patrimoniales y devocionales de la Iglesia del Salvador. Su antigüedad, la calidad de su retablo y de su camarín, junto con el rico conjunto de tradiciones y leyendas que la rodean, la convierten en un testimonio excepcional de la religiosidad sevillana desde la Edad Media hasta nuestros días y en una de las imágenes más representativas del legado fernandino conservado en Sevilla.

sábado, 27 de junio de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Santos y Santas Mártires 

San Cristóbal.

La imagen de San Cristóbal constituye una de las representaciones hagiográficas más populares del cristianismo y resume, mediante un poderoso lenguaje simbólico, el ideal del servicio a Cristo a través de la ayuda al prójimo. Su nombre, procedente del griego Christophoros, significa “portador de Cristo”, una denominación estrechamente vinculada a la célebre leyenda que dio origen a su iconografía y que alcanzó una enorme difusión durante la Edad Media gracias, entre otras obras, a la Leyenda Áurea de Jacobo de la Vorágine.

Según la tradición occidental, antes de su conversión se llamaba Reprobo y era un hombre cananeo de 5 codos de altura (unos 2,30 metros) de extraordinaria fortaleza física. Tras servir en el reino de Canaán, se le ocurrió que deseaba servir al “señor más poderoso del mundo”. Tras comprobar que incluso el demonio temía el poder de la cruz, comprendió que Cristo era el verdadero Rey. Un ermitaño le aconsejó entonces que pusiera su fuerza al servicio de los demás ayudando a los viajeros a cruzar un río de peligrosa corriente. Un día, un pequeño niño le pidió que lo llevara sobre sus hombros. Conforme avanzaba por las aguas, el peso del infante aumentó hasta hacerse casi insoportable. Al alcanzar la otra orilla, el niño reveló su verdadera identidad: era Jesucristo, quien le explicó que no solo había cargado con un niño, sino con el peso del mundo entero. Desde aquel momento recibió el nombre de Cristóbal, "el que lleva a Cristo".

Este episodio dio lugar a la iconografía más conocida del santo: un gigante barbado apoyado en un robusto bastón mientras atraviesa un río con el Niño Jesús sobre sus hombros. El Niño suele aparecer sosteniendo el orbe, símbolo de su dominio sobre la creación, subrayando así el profundo significado espiritual de la escena. Más que un relato histórico, la leyenda expresa la idea de que quien sirve con humildad a los demás está sirviendo al propio Cristo.

Junto a esta tradición occidental, las iglesias orientales conservaron otra versión de su historia, según la cual San Cristóbal habría sido un soldado romano convertido al cristianismo que sufrió el martirio por negarse a renunciar a su fe. Algunas representaciones bizantinas incluso lo muestran con cabeza de perro, una singular iconografía cuya interpretación ha sido objeto de diversas teorías y que refleja la riqueza y complejidad de las antiguas tradiciones orientales.

El examen histórico de las leyendas sugiere que Reprobo vivió durante las persecuciones cristianas del emperador romano Decio, y que fue capturado y martirizado por el gobernador de Antioquía. El historiador David Woods propuso que los restos de san Cristóbal habían sido llevados a Alejandría por el papa Pedro I de Alejandría, donde se identificó con el mártir egipcio san Menas.

El martirio de san Menas se corresponde con el de la leyenda de san Cristóbal. La teoría que identifica a los dos santos como la misma persona concluye que el nombre de Cristóbal, fue un título dado al valiente Menas, que murió en Antioquía. Como él no era nativo de esa tierra, su nombre no era conocido y simplemente se le conocía con su título: Christophoros o “portador de Cristo”. San Menas se convirtió en el patrón de los viajeros en la tradición copta, lo que también establece una asociación con san Cristóbal, que es el patrón de los viajeros en las tradiciones griega y latina.

Su leyenda, también se puede relacionar con la antigua mitología griega (sería la cristianización de la barca de Caronte), y se lo considera el santo patrón de los viajeros, y su efigie se lleva en medallas al cuello, brazaletes o en figuras para vehículos por parte de los cristianos.

La devoción a San Cristóbal se extendió extraordinariamente por toda Europa desde la Baja Edad Media. Fue invocado como protector de caminantes, peregrinos, barqueros, comerciantes y, con el paso del tiempo, de todos los viajeros. De esta antigua tradición deriva la costumbre, todavía muy arraigada, de bendecir vehículos el 25 de julio, festividad del santo, y de portar medallas o estampas con su imagen como signo de protección durante los desplazamientos.

Iglesia del Salvador

La presencia de San Cristóbal en la Iglesia del Salvador recuerda la profunda religiosidad popular de la Sevilla histórica y la estrecha relación entre el templo y las antiguas corporaciones de artesanos y mercaderes que transitaban constantemente por la ciudad. Su figura continúa transmitiendo un mensaje plenamente vigente: la auténtica grandeza no reside en la fuerza física, sino en poner los propios dones al servicio de los demás, llevando a Cristo en el corazón y haciéndolo presente mediante las obras de caridad y entrega.

La monumental imagen de San Cristóbal, en la Iglesia del Salvador, es considerada la primera obra documentada y conservada de Juan Martínez Montañés. Realizada en 1597 por encargo del gremio de los guanteros, que tenía al santo como patrón y contaba con hermandad propia en el templo, la escultura alcanza aproximadamente los 2,25 metros de altura y constituye una demostración temprana del extraordinario talento del maestro alcalaíno.

La imagen muestra al santo avanzando con firmeza mientras sostiene sobre sus hombros al Niño Jesús. La composición posee una gran fuerza expresiva: San Cristóbal dirige la mirada hacia el Niño, mientras este bendice al espectador con su mano derecha. A pesar de tratarse de una obra juvenil, ya se aprecian en ella las cualidades que convertirían a Martínez Montañés en una de las figuras más importantes de la escultura española de la Edad Moderna: equilibrio compositivo, naturalismo anatómico y una exquisita capacidad para dotar de vida a la madera policromada.

San Cristóbal

San Cristóbal
Detalle de San Cristóbal y el Niño
Detalle de San Cristóbal y el Niño
Detalle del rostro de San Cristóbal 
Detalle del Niño 
Detalle del pie de San Cristóbal 
Detalle del pie de San Cristóbal 

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús

Fachada a la calle Jesús del Gran Poder
San Cristóbal

Iglesia de San Vicente

Encima de la Virgen del Carmen se encuentra un lienzo de san Cristóbal fechado en la segunda mitad del siglo XVIII