RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes
Virgen de la Merced.
En España, la invasión musulmana de la Península Ibérica en el año 711 y la posterior resistencia cristiana dieron origen a un prolongado conflicto de más de siete siglos.
En este contexto, tanto en batallas como en razzias, era frecuente la captura de prisioneros que eran reducidos a servidumbre y corrían el riesgo de perder la fe.
Ante esta realidad, las autoridades cristianas organizaron
sistemas para la redención de cautivos, y la propia Iglesia ofreció
indulgencias de Cruzada a quienes defendieran a los cristianos frente a los
ataques musulmanes, como hizo el papa Clemente III en 1188 con los defensores
de Tarragona.
En este marco
histórico, la advocación de
la Virgen de la Merced tiene su inicio el 1 de agosto de 1218, cuando la Virgen
María (en su advocación de Virgen de la Merced) se apareció por separado a tres
ilustres personajes de Barcelona: a Pedro Nolasco (ver), quien
sería el fundador de la Orden de la Merced; al rey Jaime I de Aragón, conocido
como el Conquistador, y reinante en aquel momento en la Corona de Aragón, y a
Berenguer de Palou, Obispo Titular de Barcelona.
Diez días después de la aparición, los tres caballeros
se encontraron en la catedral de Barcelona y compartieron haber tenido la misma
aparición: la Virgen María les pedía la fundación de una orden religiosa
dedicada a la redención de los cautivos. Sería la Orden de la Merced para la
redención de los cautivos, fundada en ese año de 1218 y aprobada por el papa Gregorio IX en 1235.
La devoción a la Virgen de la Merced se difundió muy
pronto por Cataluña y de ahí al resto de España, a Francia y a Italia, a partir
del siglo XIII, extendiéndose más tarde a América, con la labor de redención de
estos religiosos y sus cofrades.
La iconografía usada para representar a la Virgen de la
Merced queda definida a partir del siglo XVI, consistiendo fundamentalmente en
el hábito mercedario: túnica, escapulario y capa, todo en color blanco, con el
escudo mercedario en el pecho. Otros elementos recurrentes son las cadenas y el
grillete, símbolos también del cautiverio. Normalmente, además del escapulario
del hábito, lleva otro pequeño en la mano que ofrece a los fieles como
auxiliadora de los cautivos.
Suele aparecer tocada con corona de reina y también con
el cetro en la mano derecha. En muchas ocasiones sostiene en la izquierda al
Niño Jesús, que también puede llevar un escapulario en las manos. Otro modelo
iconográfico es el de la Virgen Comendadora, sedente en el coro, sin niño ni
cetro, con las constituciones de la Orden en una mano.
Iglesia de san Gregorio
Esta imagen llega a esta iglesia en 1940 procedente de
Marchena, donde según la tradición oral había sido depositada tras la
exclaustración de los Mercedarios del antiguo convento Casa Grande y actual
Museo de Bellas Artes.
La imagen es de autor anónimo, del siglo
XVIII, es realizada en madera de pino, con ojos de vidrio y pestañas de pelo
natural. Es una imagen de vestir de 155 cm.
A lo largo del siglo XX sufrió diversas
intervenciones, entre las que destaca la realizada por Antonio Eslava
Rubio (ver) hacia
1960, ejecutando la policromía y las actuales manos.
Es venerada por los Mercedarios, Comunidad
religiosa y Fraternidad Seglar, de la que es titular, con sede en esta iglesia conventual.
Virgen de la Merced
Detalle de la Virgen de la Merced
Capilla del Museo
Virgen Comendadora de la Merced, que debió pertenecer al
patrimonio del convento, donde presidiría el coro de los mercedarios.
Se trata de una imagen completa, en actitud sedente,
revestida con ropajes tallados y decorados con ricos estofados, una túnica
escapulario y manto cerrado con un broche adornado con el escudo de la
Merced.
Sostiene en su mano izquierda el Libro de las Horas mientras
que la derecha la apoya sobre su pecho en una actitud de profunda reflexión.
Está atribuida con mucho fundamento a José Montes de Oca (ver), y fechada sobre el año de 1732, aunque otros autores la atribuyen a Jerónimo Hernández (ver), con policromía del siglo XVIII y también a Benito Hita del Castillo de 1750 (ver).
Su iconografía representa una antigua tradición mercedaria que narra cómo San Pedro Nolasco y sus monjes se retrasaron en su obligación de acudir al coro, pues se quedó dormido el encargado de hacer sonar la campana que los convocaba habitualmente al rezo de las horas en el templo conventual. Cuando llegaron se encontraron a los ángeles ocupando sus respectivos sitiales y a la Virgen presidiendo el Coro y dirigiendo el oficio de maitines. Es por ello que, desde entonces, se la tuvo como La Comendadora, portando en su mano el libro de Horas. En el caso de esta talla sevillana, fue también conocida, popularmente, como la Virgen del Rayo por haber salido indemne tras una terrible tormenta que destrozó el Coro de la Iglesia conventual.
Virgen Comendadora
de la Merced
Detalle de la Virgen
Comendadora de la Merced
Detalle de la Virgen
Comendadora de la Merced
Detalle de la mano
derecha
Detalle de la mano
izquierda
Detalle del escudo
mercedario
Detalle de los querubines a sus pies
Capilla de la Hermandad de Pasión
Virgen de la Merced
La imagen de la Virgen de la Merced de
la Hermandad de Pasión tiene su origen en un periodo de transición para la
corporación, que quedó privada de su antigua titular mariana en la década de
1840. Ante esta circunstancia, y movidos por el deseo de mantener vivo el culto
a la Santísima Virgen, un grupo de hermanos decidió donar una nueva imagen
realizada hacia 1800, obra de autor anónimo sevillano.
No obstante, antes de la incorporación
definitiva de esta talla, la hermandad intentó sin éxito obtener la cesión de
una Dolorosa perteneciente a la parroquia de San Ildefonso, gestionando la
petición ante el Gobernador Eclesiástico del Arzobispado. Fracasada esta vía,
varios cofrades adquirieron en diciembre de 1842, sufragándola con recursos
propios, una imagen mariana que originalmente había sido concebida como
representación de una santa. Esta escultura, adaptada posteriormente a la
iconografía dolorosa, se integró como cotitular de la corporación durante más
de un siglo.
A lo largo del tiempo, sin embargo,
comenzaron a surgir dudas sobre la idoneidad artística y devocional de la
talla, que, pese al cariño que le profesaban los hermanos, era considerada de
escaso valor estético y con limitada capacidad expresiva dentro del lenguaje
propio de las Dolorosas sevillanas. Por ello, a comienzos de 1966, la Junta de
Gobierno presidida por Juan Fernández Rodríguez García del Busto impulsó un
proceso de renovación de la imagen titular.
En el transcurso de estas gestiones, los
responsables de la hermandad tuvieron conocimiento de la existencia de una
escultura en el taller del reconocido imaginero Sebastián Santos Rojas. Con el
fin de fundamentar la decisión, solicitaron informes a destacadas
personalidades del ámbito artístico sevillano, quienes valoraron positivamente
tanto la calidad formal como la adecuación devocional de la obra. A la vista de
estos dictámenes, se convocó un Cabildo General Extraordinario el 6 de febrero
de 1966, en el que se sometió a votación la sustitución de la antigua imagen.
La propuesta fue aprobada por aclamación, reflejo del consenso alcanzado entre
los hermanos.
Virgen de la Merced
La nueva imagen de Nuestra Madre y
Señora de la Merced, tallada en madera de ciprés, destaca por un equilibrio muy
logrado entre serenidad y contenido dolor. Su rostro presenta una expresión
recogida, en la que la emoción se manifiesta de manera contenida, sin
estridencias. Los ojos, de cristal y ligeramente mayores de lo habitual en la producción
del escultor, aportan una mirada profunda y verosímil, matizada por pestañas
postizas y cejas de trazo descendente que refuerzan el carácter melancólico del
conjunto.
Detalle de la Virgen
de la Merced
Las mejillas aparecen surcadas por
siete lágrimas de cristal, símbolo tradicional de los dolores de la Virgen,
mientras que los labios, apenas entreabiertos, permitiendo
incluso la visión de la lengua, sugieren un suspiro contenido que humaniza la
expresión. El modelado del cuello, de líneas suaves y elegantes, demuestra un
cuidado estudio anatómico, al igual que las manos, también de ciprés, donde se
aprecia una evolución en el lenguaje plástico del autor. En ellas, la
disposición de los dedos rompe con esquemas anteriores, generando un movimiento
más natural y expresivo.
Detalle de la Virgen
de la Merced
La policromía, aplicada con tonos
pálidos y suaves matices rosáceos, evoca las primeras etapas creativas de
Sebastián Santos, aportando a la imagen una delicadeza que contribuye a su
intensa capacidad devocional. Tras su sustitución, la antigua talla fue trasladada
al convento de las Madres Mercedarias de la calle Levíes, donde continúa
recibiendo culto, cerrando así un capítulo significativo en la historia de la
hermandad.
Detalle de la Virgen
de la Merced


Muy interesante la descripción de la Virgen de la Merced en la capilla del museo. Virgen del Rayo no lo había escuchado munca
ResponderEliminarMuy interesante,Andrés,como todo lo q publicas
ResponderEliminarGracias
Muy interesante como todos tus textos. Saludos. Carmen
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