RUTAS POR SEVILLA: Ruta de la Tauromaquia
Temeridad de Martincho en la plaza de Zaragoza. Francisco de Goya.
La escena
recoge una de las acciones más arriesgadas atribuidas al diestro aragonés
Francisco Antonio Ebassún Martínez, conocido como Martincho (1708-1772), figura
célebre por su arrojo extremo y por la fama que alcanzó en la tradición taurina
de Aragón. En esta ocasión, Goya representa el momento en que el torero,
sentado en una silla y con los pies sujetos por grilletes, se dispone a dar
muerte al toro justo cuando este sale por la puerta de toriles. El animal, al
advertir su presencia, inicia la embestida, mientras Martincho, con el estoque
en una mano y el sombrero en la otra, mantiene una actitud desafiante y serena
ante la inminencia del peligro.
Detalle
Uno de los
aspectos más notables de la composición es el cambio de punto de vista respecto
al resto de la serie. Goya abandona aquí la perspectiva habitual para construir
una escena de gran tensión dramática mediante ángulos inesperados que
intensifican la relación entre los tres protagonistas del episodio: el toro, el
torero y los espectadores. La barrera de la plaza se sitúa en el lado
izquierdo, tras la cual el público observa con expectación el desarrollo de la
suerte, mientras la acción principal se concentra en la zona derecha, donde se
encuentra el diestro.
Desde el punto
de vista técnico, domina una atmósfera de tonalidades grises, característica de
la aguatinta bruñida, que envuelve casi toda la escena. En contraste, la
chaquetilla del torero actúa como principal foco de luz y atrae inmediatamente
la mirada del espectador. La intensidad oscura del toro y las sombras
proyectadas sobre el suelo refuerzan la sensación de dramatismo, destacando
especialmente la sombra del ángulo superior izquierdo, recurso que Goya utiliza
para dirigir la atención hacia el núcleo de la composición.
El primer
título manuscrito dado por el propio artista, Matar sentado, con grillos,
resume con la habitual concisión goyesca la singularidad de la escena: la
ejecución de la suerte con el torero inmóvil, sentado y con los pies trabados.
Esta representación alude a una práctica extrema de la lidia tradicional
aragonesa, entendida como una demostración máxima de destreza, audacia y
temeridad.
la imagen no solo exalta la valentía casi insensata de Martincho, sino que también revela la capacidad de Goya para transformar un episodio taurino en una reflexión visual sobre el riesgo, la violencia y la fascinación colectiva ante el peligro.
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