martes, 19 de mayo de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen del Buen Aire. Capilla del Palacio de san Telmo.

Retablo Mayor de la Capilla del Palacio de San Telmo

La devoción a la Virgen del Buen Aire constituye una de las advocaciones marianas más estrechamente ligadas a la historia marítima de Sevilla y a la Carrera de Indias. Su imagen, hoy venerada en el Palacio de San Telmo, resume siglos de religiosidad popular, tradición marinera y protección espiritual para quienes se aventuraban en los océanos desde el puerto sevillano.

El origen de esta advocación se encuentra en Italia, concretamente en la ciudad de Cagliari, en Cerdeña, donde desde el siglo XIV existía un santuario mercedario dedicado a la Vergine di Bonaria. Según la tradición, unos marineros sorprendidos por una terrible tempestad se vieron obligados a arrojar parte de la carga de su barco al mar para evitar el naufragio. Entre los objetos lanzados se encontraba una caja que, lejos de hundirse, quedó flotando sobre las aguas. Poco después el viento se calmó y la tormenta desapareció. La caja llegó hasta la costa cercana al convento mercedario, y al abrirla descubrieron una imagen de la Virgen María sosteniendo al Niño Jesús en el brazo izquierdo y una vela encendida en la mano derecha. Los marineros atribuyeron su salvación a la intervención de la Virgen, que desde entonces fue invocada como Nuestra Señora del Buen Aire o de Bonaria.

La advocación llegó pronto a Sevilla. Desde mediados del siglo XVI existía en Triana la Universidad de Mareantes, integrada por pilotos, capitanes y propietarios de navíos relacionados con la Carrera de Indias. Aunque sus ordenanzas fueron aprobadas oficialmente por Felipe II en 1569, la corporación ya estaba documentada desde años antes. Esta institución se asentaba en la Hermandad y Hospital de Nuestra Señora del Buen Aire, San Pedro y San Andrés, fundada por los propios hombres del mar para atender espiritualmente y socorrer a quienes dependían de la navegación y el comercio ultramarino.

La primera sede de la hermandad se encontraba junto al río, en Triana, donde en 1573 se inauguró una iglesia y hospital propios. Allí los mareantes acudían antes de emprender sus travesías oceánicas, confiando sus vidas y su regreso a la protección de la Virgen. Inicialmente el altar mayor estaba presidido por un crucificado, pero a finales del siglo XVI se decidió dedicar el retablo principal a Nuestra Señora del Buen Aire, acompañada por San Pedro y San Andrés, patronos vinculados igualmente al mundo marinero.

Para esta nueva disposición se encargó en 1600 un retablo al escultor y arquitecto Juan de Oviedo y de la Bandera (ver). En el centro del conjunto debía situarse la imagen de la Virgen del Buen Aire, realizada también por el propio Oviedo en 1606.

La escultura representa a la Virgen sedente, sobre un trono de nubes y ángeles, sosteniendo al Niño Jesús, de pie sobre el regazo, y portando en la mano derecha un galeón de plata, símbolo de su relación con el mar y con las flotas de Indias. La composición responde al modelo iconográfico de la “Mater Amabilis” o Virgen de la Ternura, difundido desde el siglo XV dentro de una sensibilidad más humana. La serenidad del rostro, la ligera inclinación de la cabeza y la suave sonrisa transmiten calma y protección. Juan de Oviedo concibió una imagen destinada a inspirar confianza y sosiego a quienes partían hacia lo desconocido.

Virgen del Buen Aire

Detalle de la Virgen

Detalle de la Virgen
Detalle de la Virgen

En 1681, por Real Cédula de Carlos II, se fundó el Real Colegio Seminario de San Telmo, destinado a formar a niños huérfanos como futuros pilotos y marinos de la Armada y de la Carrera de Indias. La Universidad de Mareantes fue nombrada administradora perpetua de la institución. Esta nueva fundación hizo necesaria la construcción de un gran edificio extramuros de la ciudad, entre la Puerta de Jerez y el río Guadalquivir, en unos terrenos conocidos como el haza de San Telmo.

Las obras comenzaron en 1682, aunque avanzaron lentamente. No fue hasta 1704 cuando las imágenes titulares de la antigua iglesia de Triana fueron trasladadas a la nueva capilla provisional del colegio. Posteriormente, la llegada del arquitecto Leonardo de Figueroa supuso un impulso decisivo para las obras del palacio y de su capilla, modificándose incluso la orientación original del edificio.

Durante el siglo XVIII la imagen experimentó importantes transformaciones. Diversos estudios y restauraciones realizadas por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico han demostrado que la talla presenta dos fases constructivas diferenciadas. La parte original de Juan de Oviedo fue modificada en 1725 por Pedro Duque Cornejo (ver), quien transformó la escultura para convertirla plenamente en una imagen de bulto redondo. También se renovó la policromía, atribuida a Domingo Martínez (ver), cuya intervención es la que domina actualmente el aspecto de la obra.

El ajuar de la Virgen posee igualmente un extraordinario valor artístico. El célebre galeón de plata y la media luna fueron realizados en 1721 por el prestigioso platero Juan de Garay. Las coronas de plata sobredorada, tanto de la Virgen como del Niño, corresponden a Antonio Méndez y datan de 1758.

La historia posterior de la imagen quedó ligada a los cambios sufridos por el propio Palacio de San Telmo. En 1849 el edificio fue vendido a los duques de Montpensier, quienes lo transformaron en residencia palaciega. Más tarde, en 1898, pasó al Arzobispado de Sevilla para convertirse en Seminario Diocesano. La Virgen del Buen Aire continuó entonces presidiendo la espiritualidad del lugar y se convirtió en protectora de generaciones de seminaristas.

Cuando la Junta de Andalucía adquirió el palacio en 1989, la imagen fue trasladada temporalmente a una capilla de la Catedral de Sevilla. En 1998 regresó finalmente a la capilla del Palacio de San Telmo, mientras que una copia exacta del profesor Miñaro quedó instalada en el Seminario Diocesano.

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