RUTAS POR SEVILLA: Ruta de las Cruces
Cruz de los Polaineros.
En el Patio de
los Naranjos de la Iglesia Colegial del Salvador se conserva la Capilla del
Cristo de los Desamparados (ver). En uno de los muros laterales de esta capilla se
encuentra adosada una cruz de jaspe conocida tradicionalmente como la Cruz de
los Polaineros. No debe confundirse con la llamada Cruz de Culebras (ver), situada en
las inmediaciones, en la confluencia de la calle Villegas con el entorno del
templo.
Muro lateral de la Capilla del Cristo de los Desamparados
Cruz de los Polaineros
A diferencia de
otras cruces que existieron en la ciudad y que estuvieron vinculadas a los
antiguos cementerios parroquiales de las distintas collaciones sevillanas, la
Cruz de los Polaineros no desempeñó esa función funeraria.
Su denominación
procede de la antigua plaza de los Polaineros, espacio urbano que se encontraba
al inicio de la actual calle Álvarez Quintero y que, como muchas otras plazas
del casco histórico, desapareció o cambió de fisonomía con las reformas
urbanísticas de los siglos posteriores.
Los polaineros eran artesanos gremiales, particularmente en Sevilla, dedicados a la fabricación y venta de polainas (prendas de cuero o paño para cubrir piernas) y calza.
Sobre el origen
de esta cruz se han transmitido dos versiones diferentes. Según una de ellas,
en la plaza de los Polaineros existía antiguamente una cruz que, con el paso
del tiempo, fue sustituida por iniciativa de los vecinos del barrio por otra de
mármol. Aquella cruz desapareció posteriormente, por lo que se decidió colocar
una nueva pieza realizada en jaspe. Esta última sería trasladada en el año 1840
al lugar donde hoy puede contemplarse, adosada a la capilla del Patio de los
Naranjos del Salvador.
La segunda
tradición sitúa su origen en un suceso trágico ocurrido durante una procesión
del Corpus Christi. Según este relato, en el transcurso de la celebración se
produjo un altercado en la calle que terminó con la muerte de uno de los
parroquianos. Como acto simbólico de reparación y con la intención de purificar
el lugar donde había ocurrido el hecho, se decidió levantar una cruz en memoria
del suceso. Esa cruz, con el paso del tiempo, sería la que terminaría instalada
en el Patio de los Naranjos del Salvador, donde permanece desde 1840 como
discreto testimonio de la religiosidad popular y de la memoria histórica del
entorno.
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