lunes, 27 de abril de 2026

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Ciriaco Esteban García. 

Ciriaco Esteban García, médico y escritor nacido en Santander, pero vinculado a Sevilla desde su infancia, desempeñó un papel fundamental en la historia de la asistencia sanitaria y social de la ciudad. Fue, junto a otros dos prestigiosos médicos sevillanos, uno de los impulsores del Consultorio de Niños de Pecho y Gota de Leche de Sevilla, una institución benéfica creada a comienzos del siglo XX con el propósito de combatir los elevados índices de mortalidad infantil y prestar ayuda a los sectores más vulnerables de la población sevillana.



Esta obra asistencial se convirtió en un referente en la protección de la infancia, proporcionando atención médica, alimentación adecuada y apoyo a numerosas familias sin recursos. Su labor fue esencial en una época en la que las condiciones higiénico-sanitarias y la pobreza hacían especialmente frágil la supervivencia de muchos recién nacidos. En la actualidad, el legado de aquella institución perdura a través de la Fundación Gota de Leche, heredera directa de aquella admirable iniciativa social.

Fundación Gota de Leche

Fundación Gota de Leche
Fundación Gota de Leche. Patio central

Como reconocimiento a su entrega profesional y humanitaria, el Ayuntamiento de Sevilla dedicó en 1935 una calle a su memoria, apenas un año después de su fallecimiento. Sin embargo, el azulejo que rotula esta vía presenta una curiosa incorrección iconográfica: aparece decorado con la Copa de Higía, símbolo universal de la Farmacia, representado por una serpiente enroscada en una copa.

Rotulo

Este emblema, asociado a Higía, diosa griega de la salud y la higiene, resulta inapropiado para homenajear a Ciriaco Esteban, cuya trayectoria estuvo ligada a la medicina, concretamente a la obstetricia y la puericultura, y no a la profesión farmacéutica. El símbolo que habría correspondido de forma más precisa sería la Vara de Asclepio o Esculapio, tradicional representación de la medicina, compuesta por una vara con una única serpiente enroscada. La serpiente, que muda periódicamente la piel, simboliza el rejuvenecimiento.

La Vara de Asclepio tiende a confundirse con el Caduceo de Hermes -dos serpientes rampando simétricamente alrededor de una vara coronada por dos alas-. El Caduceo de Hermes es el Símbolo del Comercio.

Asclepio, conocido por los romanos como Esculapio, era hijo del dios Apolo y fue considerado en la mitología clásica como la divinidad de la medicina y la curación. Según la tradición, recibió sus conocimientos del centauro Quirón, célebre maestro de héroes y sabio conocedor de las artes curativas. Gracias a esta formación, Asclepio alcanzó una extraordinaria habilidad para sanar enfermedades y aliviar el sufrimiento humano.

Los relatos mitológicos atribuyen a su poder facultades tan extraordinarias que, en algunos casos, llegó incluso a devolver la vida a los muertos. Esta capacidad provocó la preocupación de Hades —Plutón en la tradición romana—, soberano del inframundo, quien veía amenazado el equilibrio natural al disminuir el número de almas que llegaban a su reino.

Ante esta situación, Hades recurrió a Zeus, padre de los dioses, para denunciar el peligro que suponía alterar el orden establecido entre la vida y la muerte. Zeus, considerando que la resurrección excedía los límites permitidos a la medicina, decidió intervenir para restaurar el equilibrio cósmico, restringiendo así el poder de Asclepio exclusivamente al arte de curar, pero no al de resucitar.

De este modo, el mito simboliza la concepción antigua de la medicina como una ciencia destinada a preservar y restaurar la salud, pero sometida siempre a los límites impuestos por la naturaleza y el destino. La figura de Asclepio quedó desde entonces como emblema universal del ejercicio médico, representado por su célebre vara con una serpiente enroscada, símbolo de renovación, sabiduría y curación.

Finalmente, este singular error convierte la rotulación de la calle en uno de los pequeños “gazapos” del callejero sevillano, donde la belleza artística del azulejo contrasta con su falta de rigor histórico. Aun así, este detalle no empaña el merecido tributo rendido a un hombre cuya labor fue decisiva para mejorar la salud infantil y la asistencia social en Sevilla, dejando una huella perdurable en la historia de la ciudad.

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