ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA
Ciriaco Esteban García.
Ciriaco Esteban
García, médico y escritor nacido en Santander, pero vinculado a Sevilla desde
su infancia, desempeñó un papel fundamental en la historia de la asistencia
sanitaria y social de la ciudad. Fue, junto a otros dos prestigiosos médicos
sevillanos, uno de los impulsores del Consultorio de Niños de Pecho y Gota de
Leche de Sevilla, una institución benéfica creada a comienzos del siglo XX con
el propósito de combatir los elevados índices de mortalidad infantil y prestar
ayuda a los sectores más vulnerables de la población sevillana.
Esta obra
asistencial se convirtió en un referente en la protección de la infancia,
proporcionando atención médica, alimentación adecuada y apoyo a numerosas
familias sin recursos. Su labor fue esencial en una época en la que las
condiciones higiénico-sanitarias y la pobreza hacían especialmente frágil la
supervivencia de muchos recién nacidos. En la actualidad, el legado de aquella
institución perdura a través de la Fundación Gota de Leche, heredera directa de
aquella admirable iniciativa social.
Fundación Gota de Leche
Como
reconocimiento a su entrega profesional y humanitaria, el Ayuntamiento de
Sevilla dedicó en 1935 una calle a su memoria, apenas un año después de su
fallecimiento. Sin embargo, el azulejo que rotula esta vía presenta una curiosa
incorrección iconográfica: aparece decorado con la Copa de Higía, símbolo
universal de la Farmacia, representado por una serpiente enroscada en una copa.
Rotulo
Este
emblema, asociado a Higía, diosa griega de la salud y la higiene, resulta
inapropiado para homenajear a Ciriaco Esteban, cuya trayectoria estuvo ligada a
la medicina, concretamente a la obstetricia y la puericultura, y no a la
profesión farmacéutica. El símbolo que habría correspondido de forma más
precisa sería la Vara de Asclepio o Esculapio, tradicional representación de la
medicina, compuesta por una vara con una única serpiente enroscada. La
serpiente, que muda periódicamente la piel, simboliza el rejuvenecimiento.
La Vara de
Asclepio tiende a confundirse con el Caduceo de Hermes -dos serpientes rampando
simétricamente alrededor de una vara coronada por dos alas-. El Caduceo de
Hermes es el Símbolo del Comercio.
Asclepio, conocido por los romanos como Esculapio, era
hijo del dios Apolo y fue considerado en la mitología clásica como la divinidad
de la medicina y la curación. Según la tradición, recibió sus conocimientos del
centauro Quirón, célebre maestro de héroes y sabio conocedor de las artes
curativas. Gracias a esta formación, Asclepio alcanzó una extraordinaria
habilidad para sanar enfermedades y aliviar el sufrimiento humano.
Los relatos mitológicos atribuyen a su poder
facultades tan extraordinarias que, en algunos casos, llegó incluso a devolver
la vida a los muertos. Esta capacidad provocó la preocupación de Hades —Plutón
en la tradición romana—, soberano del inframundo, quien veía amenazado el
equilibrio natural al disminuir el número de almas que llegaban a su reino.
Ante esta situación, Hades recurrió a Zeus, padre de
los dioses, para denunciar el peligro que suponía alterar el orden establecido
entre la vida y la muerte. Zeus, considerando que la resurrección excedía los
límites permitidos a la medicina, decidió intervenir para restaurar el
equilibrio cósmico, restringiendo así el poder de Asclepio exclusivamente al
arte de curar, pero no al de resucitar.
De este modo, el mito simboliza la concepción antigua
de la medicina como una ciencia destinada a preservar y restaurar la salud,
pero sometida siempre a los límites impuestos por la naturaleza y el destino.
La figura de Asclepio quedó desde entonces como emblema universal del ejercicio
médico, representado por su célebre vara con una serpiente enroscada, símbolo
de renovación, sabiduría y curación.
Finalmente, este singular error convierte la rotulación de la calle en uno de los pequeños “gazapos” del callejero sevillano, donde la belleza artística del azulejo contrasta con su falta de rigor histórico. Aun así, este detalle no empaña el merecido tributo rendido a un hombre cuya labor fue decisiva para mejorar la salud infantil y la asistencia social en Sevilla, dejando una huella perdurable en la historia de la ciudad.

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