viernes, 17 de abril de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Calle Murillo.

Se extiende desde la confluencia de la plaza de la Magdalena y Josefa Reina Puerto hasta la de San Pablo y Bailén.

Calle Murillo
Calle Murillo

La primera mención conocida de este espacio aparece en un documento de 1515, donde se describe sin nombre como la vía que iba desde la plaza de San Pablo hasta la entonces calle de la Muela (actual O’Donnell).

Según Santiago Montoto, en los padrones de pecheros de 1533 ya figura como calle de las Tiendas, denominación que probablemente aludía a la abundancia de comercios en la zona.

Rotulo

En la década de 1940 recibió el nombre de Murillo, en atención a la antigua tradición que sitúa en una de sus casas el nacimiento del pintor Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682).

La calle describe una leve curvatura y, en el pasado, fue algo más corta, ya que parte de su trazado pertenecía a la plaza de la Magdalena antes del derribo de la parroquia durante la ocupación francesa. En ella desemboca Santa Justa y, en su tramo final, en el lado de los números pares, se abre una estrecha barreduela, ya reflejada en el plano de Olavide de 1771, que se encuentra en mal estado de conservación. En un solar de este callejón sin salida, propiedad del cabildo eclesiástico, existía en 1805 un juego de pelota. A finales del siglo XIX, la prensa recogía quejas vecinales por el uso nocturno del lugar como refugio de mala vida. Como otras calles del entorno, Murillo ha experimentado diversas alineaciones y ensanches, especialmente en 1879 y 1912, que modificaron notablemente su aspecto.

Las edificaciones muestran una tipología variada. Conviven inmuebles de principios del siglo XX, en muchos casos deteriorados y parcialmente desocupados, con edificios comerciales más recientes de hasta cinco plantas, especialmente en las proximidades de la plaza de la Magdalena. Destaca la casa número 10, de dos plantas y ático, actualmente cerrada y en mal estado de conservación.

La calle mantiene una marcada función comercial, con pequeños establecimientos en los bajos de los edificios. En su extremo, en el chaflán formado con San Pablo y Bailén, subsiste un diminuto local que en otro tiempo fue una tienda de caramelos y que hoy funciona como puesto de churros.

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