RUTAS POR SEVILLA: Ruta Artística. Dramaturgos
Leandro Eulogio Melitón Fernández de Moratín y Cabo.
La calle
Moratín se extiende desde la confluencia de Méndez Núñez y Rosario hasta la
calle Zaragoza, en pleno casco histórico sevillano. La denominación actual se
adoptó durante la reforma del nomenclátor de 1868-1869, cuando pasó a llamarse
Moratín en honor al dramaturgo ilustrado Leandro
Fernández de Moratín.
Retrato del dramaturgo y escritor español Leandro Fernández de Moratín. (ver) (CC BY
3.0)
Leandro Eulogio
Melitón Fernández de Moratín y Cabo nació en Madrid el 10 de marzo de 1760, en
el seno de una familia vinculada a la cultura y al pensamiento ilustrado. Hijo
del poeta, dramaturgo y jurista Nicolás Fernández de Moratín, una de las
figuras esenciales del reformismo literario del siglo XVIII, creció en un
ambiente intelectual privilegiado, rodeado de tertulias, debates y figuras
destacadas de las letras españolas. Su madre, Isidora Cabo Conde, procedía de
Pastrana, localidad con la que Moratín mantendría una estrecha relación a lo largo
de su vida.
Desde su
infancia, marcada por una grave enfermedad de viruela que debilitó su salud y
acentuó un carácter reservado y melancólico, mostró una inclinación precoz
hacia la lectura. Se sumergió en los clásicos españoles, en la narrativa
cervantina, en la literatura picaresca y en textos históricos, desarrollando
una sólida formación autodidacta. Aunque inicialmente siguió el oficio familiar
de joyero, muy pronto se orientó hacia la creación literaria.
Su talento se
manifestó tempranamente al obtener en 1779 un accésit de la Real Academia
Española por su poema La toma de Granada, y en 1782 alcanzó un nuevo
reconocimiento con Lección poética, una sátira en defensa del buen gusto
literario y de los ideales neoclásicos. Estas primeras obras lo situaron como
una prometedora figura dentro del panorama ilustrado español.
La muerte de su padre en 1780 agravó la situación
económica familiar, obligándolo a sostener a su madre mientras consolidaba su
carrera literaria. Gracias a la protección de Gaspar Melchor de Jovellanos y
posteriormente de Manuel Godoy, pudo desarrollar una intensa actividad
intelectual y emprender diversos viajes por Europa. Francia, Inglaterra,
Alemania, Suiza e Italia ampliaron decisivamente su horizonte cultural,
permitiéndole conocer de primera mano las corrientes teatrales europeas,
especialmente el clasicismo francés y la dramaturgia de Molière y Goldoni, que
influirían profundamente en su obra.
Durante estos años escribió sátiras, diarios de viaje,
traducciones y adaptaciones teatrales, además de integrarse en importantes
círculos culturales. Su estancia en Inglaterra le permitió estudiar el teatro
shakespeariano, mientras que en Italia fue reconocido por la Academia de la
Arcadia de Roma.
A su regreso a España, Moratín se convirtió en el
principal reformador del teatro español de su tiempo. Defendió una escena
regida por la verosimilitud, la utilidad moral y la corrección estética, en
oposición al teatro barroco tardío y a las fórmulas populares que consideraba
excesivas o vulgares. Obras como La comedia nueva o El café, El barón y La
mojigata evidencian su compromiso con la crítica social y la renovación
escénica.
Su consagración definitiva llegó en 1806 con El sí de
las niñas, considerada su obra maestra y una de las cumbres del teatro
neoclásico español. En esta comedia denunció los matrimonios concertados y la
desigualdad de edad entre esposos, defendiendo la libertad de elección de la
mujer dentro de un marco ilustrado. La pieza alcanzó un éxito extraordinario y
consolidó su prestigio como dramaturgo.
La invasión napoleónica y la convulsa situación
política española marcaron profundamente sus últimos años. Su vinculación con
el gobierno de José Bonaparte, para quien ejerció como bibliotecario mayor,
provocó que fuese señalado como afrancesado tras la restauración absolutista.
Esta condición lo obligó a vivir entre el exilio y la inestabilidad, pasando
por Valencia, Barcelona, Francia e Italia.
En sus últimos años residió en Burdeos y París,
acompañado por amigos fieles como Manuel Silvela, y mantuvo su relación con
Francisco de Goya, quien lo retrató magistralmente. Aunque siguió escribiendo,
traduciendo y trabajando en estudios históricos sobre el teatro español, su
vida estuvo marcada por la nostalgia, el desencanto político y el progresivo
deterioro de su salud.
Falleció
en París el 21 de junio de 1828. Sus restos fueron trasladados posteriormente a
Madrid, donde descansan en el Cementerio de San Isidro.
Leandro Fernández de Moratín representa la culminación del teatro neoclásico en España y una de las figuras más relevantes de la Ilustración española. No solo destacó como dramaturgo, poeta y traductor, sino también como historiador del teatro y promotor de una profunda reforma cultural. Su legado literario, presidido por la defensa de la razón, la educación y las buenas costumbres, convirtió su obra en un referente imprescindible de la modernización intelectual española.
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