domingo, 26 de abril de 2026

 RUTAS POR SEVILLA: Ruta Artística. Dramaturgos 

Leandro Eulogio Melitón Fernández de Moratín y Cabo.

La calle Moratín se extiende desde la confluencia de Méndez Núñez y Rosario hasta la calle Zaragoza, en pleno casco histórico sevillano. La denominación actual se adoptó durante la reforma del nomenclátor de 1868-1869, cuando pasó a llamarse Moratín en honor al dramaturgo ilustrado Leandro Fernández de Moratín.

Retrato del dramaturgo y escritor español Leandro Fernández de Moratín. (ver) (CC BY 3.0)

Leandro Eulogio Melitón Fernández de Moratín y Cabo nació en Madrid el 10 de marzo de 1760, en el seno de una familia vinculada a la cultura y al pensamiento ilustrado. Hijo del poeta, dramaturgo y jurista Nicolás Fernández de Moratín, una de las figuras esenciales del reformismo literario del siglo XVIII, creció en un ambiente intelectual privilegiado, rodeado de tertulias, debates y figuras destacadas de las letras españolas. Su madre, Isidora Cabo Conde, procedía de Pastrana, localidad con la que Moratín mantendría una estrecha relación a lo largo de su vida.
Desde su infancia, marcada por una grave enfermedad de viruela que debilitó su salud y acentuó un carácter reservado y melancólico, mostró una inclinación precoz hacia la lectura. Se sumergió en los clásicos españoles, en la narrativa cervantina, en la literatura picaresca y en textos históricos, desarrollando una sólida formación autodidacta. Aunque inicialmente siguió el oficio familiar de joyero, muy pronto se orientó hacia la creación literaria.

Su talento se manifestó tempranamente al obtener en 1779 un accésit de la Real Academia Española por su poema La toma de Granada, y en 1782 alcanzó un nuevo reconocimiento con Lección poética, una sátira en defensa del buen gusto literario y de los ideales neoclásicos. Estas primeras obras lo situaron como una prometedora figura dentro del panorama ilustrado español.

La muerte de su padre en 1780 agravó la situación económica familiar, obligándolo a sostener a su madre mientras consolidaba su carrera literaria. Gracias a la protección de Gaspar Melchor de Jovellanos y posteriormente de Manuel Godoy, pudo desarrollar una intensa actividad intelectual y emprender diversos viajes por Europa. Francia, Inglaterra, Alemania, Suiza e Italia ampliaron decisivamente su horizonte cultural, permitiéndole conocer de primera mano las corrientes teatrales europeas, especialmente el clasicismo francés y la dramaturgia de Molière y Goldoni, que influirían profundamente en su obra.

Durante estos años escribió sátiras, diarios de viaje, traducciones y adaptaciones teatrales, además de integrarse en importantes círculos culturales. Su estancia en Inglaterra le permitió estudiar el teatro shakespeariano, mientras que en Italia fue reconocido por la Academia de la Arcadia de Roma.

A su regreso a España, Moratín se convirtió en el principal reformador del teatro español de su tiempo. Defendió una escena regida por la verosimilitud, la utilidad moral y la corrección estética, en oposición al teatro barroco tardío y a las fórmulas populares que consideraba excesivas o vulgares. Obras como La comedia nueva o El café, El barón y La mojigata evidencian su compromiso con la crítica social y la renovación escénica.

Su consagración definitiva llegó en 1806 con El sí de las niñas, considerada su obra maestra y una de las cumbres del teatro neoclásico español. En esta comedia denunció los matrimonios concertados y la desigualdad de edad entre esposos, defendiendo la libertad de elección de la mujer dentro de un marco ilustrado. La pieza alcanzó un éxito extraordinario y consolidó su prestigio como dramaturgo.

La invasión napoleónica y la convulsa situación política española marcaron profundamente sus últimos años. Su vinculación con el gobierno de José Bonaparte, para quien ejerció como bibliotecario mayor, provocó que fuese señalado como afrancesado tras la restauración absolutista. Esta condición lo obligó a vivir entre el exilio y la inestabilidad, pasando por Valencia, Barcelona, Francia e Italia.

En sus últimos años residió en Burdeos y París, acompañado por amigos fieles como Manuel Silvela, y mantuvo su relación con Francisco de Goya, quien lo retrató magistralmente. Aunque siguió escribiendo, traduciendo y trabajando en estudios históricos sobre el teatro español, su vida estuvo marcada por la nostalgia, el desencanto político y el progresivo deterioro de su salud.

Retrato de Leandro Fernández de Moratín.  Francisco de Goya. 1824.  Museo de Bellas Artes de Bilbao. (ver) (CC BY 3.0)

Falleció en París el 21 de junio de 1828. Sus restos fueron trasladados posteriormente a Madrid, donde descansan en el Cementerio de San Isidro.

Leandro Fernández de Moratín representa la culminación del teatro neoclásico en España y una de las figuras más relevantes de la Ilustración española. No solo destacó como dramaturgo, poeta y traductor, sino también como historiador del teatro y promotor de una profunda reforma cultural. Su legado literario, presidido por la defensa de la razón, la educación y las buenas costumbres, convirtió su obra en un referente imprescindible de la modernización intelectual española.

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