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Costurero de la Reina.
Costurero de la Reina
En el corazón de Sevilla, junto a los
jardines de María Luisa y muy cerca del río Guadalquivir, se alza uno de los
edificios más singulares y evocadores de la ciudad: el Costurero de la Reina, un pequeño edificio de planta hexagonal con forma de
castillo. Considerado por muchos como el primer edificio de
estilo neomudéjar de Sevilla, esta pequeña construcción destaca no solo por su
delicada arquitectura, sino también por el halo de romanticismo y leyenda que
la rodea.
Fue construido
en 1893 por encargo de Antonio de Orleans, duque de Montpensier, que estaba casado con la Infanta María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de
la Reina Isabel II, siguiendo el diseño del arquitecto Juan Talavera de la Vega,
para el
guardabosques de los enormes jardines del Palacio, que serían adaptados
conforme a los gustos románticos.
El 23 de enero de 1878 la hija del Duque de
Montpensier, María de las Mercedes de Orleans, contrae matrimonio con el Rey Alfonso XII, convirtiéndose en reina consorte de España.
En 1890
fallece el duque de Montpensier y en 1893 su esposa, Luisa Fernanda de Borbón, cede los jardines del Palacio a la ciudad de
Sevilla, salvo una pequeña extensión al norte que continuará siendo jardín
privado del palacio de San Telmo. La mayor parte de los jardines pasarían a
convertirse en el Parque de María Luisa, y el
castillete y una pequeña extensión de jardín circundante se cercarían.
La leyenda que le da el
nombre de Costurero de la Reina despierta la curiosidad de sevillanos y
foráneos. Según ella, la reina María de las Mercedes
de Orleans, debido a su delicado estado de salud, pasaba largos ratos en
los aposentos del castillete tomando el sol mientras cosía junto a sus damas,
recibiendo allí la visita de Alfonso XII.
Sin embargo, esta historia carece de fundamento histórico, ya que resulta
imposible, pues el edificio fue construido en 1893, y la reina falleció el 26
de junio de 1878, en el Palacio Real.
El
inmueble presenta una marcada influencia neomudéjar, visible en el uso del
ladrillo visto, los arcos de herradura, las ventanas geminadas y la
ornamentación cerámica. Su aspecto recuerda a una pequeña torre palaciega, casi
de cuento, integrada armoniosamente en el paisaje urbano sevillano.
La
estructura combina elementos decorativos islámicos reinterpretados desde la
sensibilidad romántica decimonónica. Esta fusión convierte al edificio en una
muestra temprana de una corriente arquitectónica que alcanzaría gran
protagonismo en Sevilla durante la Exposición Iberoamericana de 1929.
Su reducida escala, lejos de restarle importancia,
refuerza su singularidad, convirtiéndolo en una pieza arquitectónica
excepcional dentro del patrimonio local.
Situado en el Paseo de las Delicias, el Costurero de la
Reina ocupa un enclave estratégico entre el casco histórico y los espacios
ajardinados del sur de la ciudad. En su entorno confluyen algunos de los
lugares más emblemáticos de Sevilla, como el Parque de María Luisa, el Palacio
de San Telmo y la ribera del Guadalquivir.
Esta localización ha favorecido que, a lo largo del
tiempo, el edificio haya permanecido como un referente visual para sevillanos y
visitantes, integrándose en uno de los paisajes urbanos más representativos de
la capital andaluza.
A lo largo de su historia, el edificio ha tenido
diversas funciones administrativas y culturales. Más allá de su origen
ornamental, ha servido como oficina de información turística y como espacio
institucional, adaptándose a las necesidades de cada época sin perder su
esencia histórica.



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