jueves, 16 de abril de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Calle Carlos Cañal.

Desde la confluencia de Méndez Núñez y Albareda hasta la de Zaragoza y Cristóbal Morales.

A ella desembocan, por la derecha, las calles Mateo Alemán y Teniente Zúñiga, y por la izquierda, la de Bilbao.

Calle Carlos Cañal

La vía aparece documentada al menos desde 1379 con el nombre de Catalanes, denominación que probablemente sea anterior y que alude al asentamiento en la zona de personas procedentes de Cataluña. En 1881 pasó a rotularse como Albareda, y en 1938 adoptó su nombre actual en homenaje al político sevillano Carlos Cañal y Migolla (1879-1938), quien fue escritor, diputado a Cortes, director general de la Administración, presidente del Ateneo y fundador de la Asociación de Caridad. Residió durante muchos años en esta misma calle.

Rotulo de Catalanes

Su trazado describe una ligera curvatura. La configuración actual apenas difiere de la que presentaba en el siglo XVIII, aunque con el tiempo se alinearon algunas viviendas aisladas y desaparecieron ciertos rincones. Entre las transformaciones más destacadas figura la desaparición del callejón de San Buenaventura, que comunicaba lateralmente con el convento y enlazaba con la actual calle Zaragoza. Como en otros espacios semejantes, primero se solicitó su cierre mediante postigos en 1729, alegando motivos de higiene y moralidad, y finalmente acabó integrado en nuevas edificaciones. Este callejón, representado en el plano de Olavide de 1771, ya no aparece en el de Álvarez-Benavides de 1868, lo que indica su progresiva absorción durante el siglo XIX, probablemente por dependencias conventuales o por viviendas colindantes.

Las fuentes históricas describen la calle como un lugar muy transitado. Un documento de 1663 la califica como una de las más concurridas, mientras que el viajero decimonónico Antonio de Latour la consideró una de las más aristocráticas de Sevilla. No obstante, su historia estuvo marcada durante siglos por la presencia de un caño o husillo que discurría junto al convento de San Francisco, canalizando aguas residuales desde Catalanes hasta la laguna de la Pajería. Existen referencias a este conducto desde comienzos del siglo XV, así como frecuentes quejas por suciedad y malos olores, con peticiones reiteradas de limpieza hasta bien entrado el siglo XIX.

El caserío está formado mayoritariamente por edificaciones de principios y mediados del siglo XX, de tres plantas, que alternan casas con patio, cancela y cierres hacia la calle con otras de distribución por escalera. A pesar de la presencia de algunas construcciones modernas, el conjunto conserva en buena medida su carácter tradicional. Destaca la casa número 22, en la esquina con Mateo Alemán, ejemplo notable de arquitectura historicista, así como la número 8, con balcón y ático, probablemente del siglo XVIII.

En la acera izquierda se sitúan la iglesia y la casa conventual de San Buenaventura, cuya fachada luce un destacado azulejo de la Virgen de la Soledad. El edificio se levantó en 1605 tras el traslado del colegio franciscano desde la antigua calle de la Mar. El templo, del siglo XVII, sufrió la pérdida de una de sus naves a comienzos del XIX, siendo posteriormente reconstruido. En 1802 albergó un museo de pinturas y esculturas. Los frailes regresaron más tarde y permanecieron hasta la exclaustración de 1835; desde entonces, aunque la iglesia continuó abierta al culto, las dependencias conventuales se destinaron a usos militares.

Otra edificación de interés es la número 28, con fachada de ladrillo visto y azulejería, donde se ubica el Horno de San Buenaventura, documentado al parecer desde finales del siglo XIV. En la calle existieron también, al menos hasta comienzos del siglo XVI, unas carnicerías conocidas como las de los Catalanes.

Actualmente, la calle cumple una función principalmente residencial, aunque alberga pequeños comercios, servicios y oficinas. Diversas referencias históricas la vinculan además con figuras destacadas: el humanista renacentista Juan de Mal Lara impartió aquí su cátedra antes de trasladarse a la Alameda de Hércules; el embajador veneciano Andrea Navagero se alojó en una de sus posadas en el siglo XVI; y en el siglo XVIII tuvo su taller el impresor Félix de la Puerta.

Carlos Cañal numero 8




Carlos Cañal numero 17



Carlos Cañal numero 18




Carlos Cañal numero 22








Carlos Cañal numero 28



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