AREA DE LA MAGDALENA
Calle Carlos Cañal.
Desde la confluencia de Méndez Núñez y
Albareda hasta la de Zaragoza y Cristóbal Morales.
A ella desembocan, por la derecha, las
calles Mateo Alemán y Teniente Zúñiga, y por la izquierda, la de Bilbao.
Calle
Carlos Cañal
La vía aparece documentada al menos
desde 1379 con el nombre de Catalanes, denominación que probablemente sea
anterior y que alude al asentamiento en la zona de personas procedentes de
Cataluña. En 1881 pasó a rotularse como Albareda, y en 1938 adoptó su nombre
actual en homenaje al político sevillano Carlos Cañal y Migolla (1879-1938),
quien fue escritor, diputado a Cortes, director general de la Administración,
presidente del Ateneo y fundador de la Asociación de Caridad. Residió durante
muchos años en esta misma calle.
Rotulo de Catalanes
Su trazado describe una ligera
curvatura. La configuración actual apenas difiere de la que presentaba en el
siglo XVIII, aunque con el tiempo se alinearon algunas viviendas aisladas y
desaparecieron ciertos rincones. Entre las transformaciones más destacadas
figura la desaparición del callejón de San Buenaventura, que comunicaba
lateralmente con el convento y enlazaba con la actual calle Zaragoza. Como en
otros espacios semejantes, primero se solicitó su cierre mediante postigos en
1729, alegando motivos de higiene y moralidad, y finalmente acabó integrado en
nuevas edificaciones. Este callejón, representado en el plano de Olavide de
1771, ya no aparece en el de Álvarez-Benavides de 1868, lo que indica su
progresiva absorción durante el siglo XIX, probablemente por dependencias
conventuales o por viviendas colindantes.
Las fuentes históricas describen la
calle como un lugar muy transitado. Un documento de 1663 la califica como una
de las más concurridas, mientras que el viajero decimonónico Antonio de Latour
la consideró una de las más aristocráticas de Sevilla. No obstante, su historia
estuvo marcada durante siglos por la presencia de un caño o husillo que
discurría junto al convento de San Francisco, canalizando aguas residuales
desde Catalanes hasta la laguna de la Pajería. Existen referencias a este
conducto desde comienzos del siglo XV, así como frecuentes quejas por suciedad
y malos olores, con peticiones reiteradas de limpieza hasta bien entrado el siglo
XIX.
El caserío está formado
mayoritariamente por edificaciones de principios y mediados del siglo XX, de
tres plantas, que alternan casas con patio, cancela y cierres hacia la calle
con otras de distribución por escalera. A pesar de la presencia de algunas
construcciones modernas, el conjunto conserva en buena medida su carácter
tradicional. Destaca la casa número 22, en la esquina con Mateo Alemán, ejemplo
notable de arquitectura historicista, así como la número 8, con balcón y ático,
probablemente del siglo XVIII.
En la acera izquierda se sitúan la
iglesia y la casa conventual de San Buenaventura, cuya fachada luce un
destacado azulejo de la Virgen de la Soledad. El edificio se levantó en 1605
tras el traslado del colegio franciscano desde la antigua calle de la Mar. El
templo, del siglo XVII, sufrió la pérdida de una de sus naves a comienzos del
XIX, siendo posteriormente reconstruido. En 1802 albergó un museo de pinturas y
esculturas. Los frailes regresaron más tarde y permanecieron hasta la exclaustración
de 1835; desde entonces, aunque la iglesia continuó abierta al culto, las
dependencias conventuales se destinaron a usos militares.
Otra edificación de interés es la
número 28, con fachada de ladrillo visto y azulejería, donde se ubica el Horno
de San Buenaventura, documentado al parecer desde finales del siglo XIV. En la
calle existieron también, al menos hasta comienzos del siglo XVI, unas
carnicerías conocidas como las de los Catalanes.
Actualmente, la calle cumple una
función principalmente residencial, aunque alberga pequeños comercios,
servicios y oficinas. Diversas referencias históricas la vinculan además con
figuras destacadas: el humanista renacentista Juan de Mal Lara impartió aquí su
cátedra antes de trasladarse a la Alameda de Hércules; el embajador veneciano
Andrea Navagero se alojó en una de sus posadas en el siglo XVI; y en el siglo
XVIII tuvo su taller el impresor Félix de la Puerta.
Carlos Cañal numero 8
Carlos Cañal numero 18


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